Capítulo 10.- Este maldotp sentido de la justicia.

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Arco I.- La muñeca de TianTian

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Capítulo 10.- Este maldito sentido de la justicia. 

Tras escuchar la “canción infantil” (?) que el hermano había entonado, cada nota perfectamente en su sitio, en la mente de Sheng Yi solo quedó un enorme signo de interrogación.

«¿Ya vas a revelar el acertijo? ¡Ni siquiera me has dejado disfrutar de la alegría de descifrarlo! ¿Y tú ya lo has revelado?»

Como no oyó la respuesta de Sheng Yi, el hermano pareció sonreír y repitió la pregunta: —Querido señor policía, ¿la tragedia volverá a repetirse?

Sheng Yi pensó: «¿Esto cuenta como activar el ataque de “si no me respondes te lo repito hasta que mueras”?».

Tras analizar rápidamente la situación, no pudo evitar un grito interior: «¡No pretendía hacer nada! ¿Por qué ha acabado todo así?».

Aunque moría por soltar una sarta de quejas, Sheng Yi debía mantener su papel, así que solo respondió con calma: —No quiero hacerles daño.

El hermano pareció sorprendido por su respuesta. Su mano, que descansaba sobre el hombro de Sheng Yi, se tensó de pronto, apretándolo con tanta fuerza que le arrancó un gesto de dolor.

«¿Por qué demonios está pasando esto?» pensó Sheng Yi. «Si grito ahora “prosperidad, democracia, civilización y armonía”, ¿el materialismo dialéctico todavía podrá protegerme?»

(Voz del autor: En una situación así, y aún tiene ánimos para quejarse… Qué mente tan templada, que gran corazón ¿eh? Je, je~)

No sabía si era gracias a la bendición del buff de los principios básicos del marxismo, pero Sheng Yi, que hacía apenas un momento temblaba ante aquella cosa que no era del todo humana ni del todo fantasma, se calmó de repente. En un destello de lucidez pensó: «¿No se suponía que tenía habilidades especiales?»

Pero al pensar en su habilidad degradada hasta el nivel –1, el enojo le subió al pecho.

El tipo de enfrente tenía una fuerza brutal; Sheng Yi sintió que los huesos del hombro estaban a punto de hacerse añicos. En un instante de desesperación, aprovechó el impulso y, con un movimiento hábil, logró zafarse del agarre.

Sin tiempo para lamentarse por el hombro amoratado, giró sobre los talones y echó a correr hacia la salida de la casa del terror.

El hermano, al verlo escapar, no se quedó atrás y fue tras él sin dudarlo.

Pero Sheng Yi, después de todo, había sido policía y tenía un físico excelente; en unas cuantas zancadas logró dejarlo atrás.

La oscuridad de la atracción no facilitaba la huida. En su carrera tropezó incontables veces, a punto de caer de bruces en más de una ocasión.

«¡Maldita sea! ¿Tenían que ponerlo tan oscuro y encima lleno de obstáculos? ¿Es que los fantasmas no eran lo suficientemente aterradores? ¡Esto no respeta ni un poco los valores de armonía social!»

Finalmente tropezó con algo desconocido y cayó rodando por el suelo. Soltando un juramento, se revolcó hasta quedar oculto tras algún objeto sin identificar, conteniendo la respiración.

En ese momento, se acordó de Devil.
«Si él estuviera aquí… su habilidad sí sería realmente útil en una situación como esta».

Aguzando el oído para escuchar con atención los ruidos del perseguidor que venía por detrás, Sheng Yi notó que el hermano no corría demasiado, pero no emitía el más mínimo sonido: parecía un fantasma medieval despegando del suelo y flotando, sin ruido alguno. Eso hacía difícil saber exactamente dónde estaba.

De pronto, su instinto de combate, afinado por años, le hizo deslizarse hacia un lado: una garra negra, como un tentáculo, acababa de atravesar el lugar donde había estado su cabeza; por poco, Sheng Yi hubiese ido a visitar a su abuela en el más allá.

Hizo una voltereta y, guiado por el silbido del tentáculo al cortar el aire y por su propio instinto de supervivencia, logró esquivar varios ataques por los pelos.

Mientras se movía, no pudo evitar pensar: «Pues vaya, hace un rato esto tenía forma humana, ¿ahora se ha convertido en un monstruo tentacular al estilo Cthulhu? En China tradicionalmente los muertos enfurecidos se convierten en espectros vengativos, ¿por qué viene a meterse aquí la mitología lovecraftiana?»

(Si no fuera por la perspectiva omnisciente, nadie imaginaría que el siempre serio oficial Sheng tiene semejante teatrillo interior.)

Tras esquivar otro ataque de tentáculo, Sheng Yi esperó a que el hermano no estuviera todavía preparando la siguiente acometida y echó a correr.

Pero esta vez no llegó muy lejos: la puerta de la casa del terror, que antes debía de estar abierta, ahora, de pronto, ¡estaba cerrada!

—Eh, eh —murmuró Sheng Yi—, ¿no hacía falta tanto dramatismo?

Con la ruta de fuga cortada, tuvo que volverse y enfrentarse al espíritu vengativo con forma de hermano transformado.

—¡Maldita sea! —exclamó, furioso—. ¡Que le den trucos al jefe, pero que me devuelvan mi habilidad!

La situación empeoró tanto que Sheng Yi ya no pudo seguir manteniendo su papel; empezó a desahogarse en voz alta:

—¡Oye, yo no tenía intención de venderlos ni nada de eso! Solo quería ayudarles a encontrar a sus padres. ¿Por qué la trama se ha convertido en esta porquería? ¡Si pudiera volver a la Tierra, me uniría al grupo anti secuestros y aniquilaría a todos esos secuestradores! ¿Quién me ha puesto este rol? ¡Si yo soy un fiel defensor de los valores fundamentales del socialismo!

Justo cuando Sheng Yi rompía por completo la compostura, la familiar voz mecánica del AI 666 sonó de nuevo en su oído:

[—Saltador F-DQ666-0007, Sheng Yi: nos complace informarle que, debido a su arrepentimiento y a su disposición a contribuir en la lucha contra las bandas de secuestradores, el sistema ha detectado la llama de la justicia en su corazón. Le comunicamos que su índice de justicia ha aumentado a 150 y su habilidad ha alcanzado el nivel 2. Por favor, siga esforzándose y desarrolle nuevas aplicaciones para su poder].

La pulsera en la muñeca de Sheng Yi emitió un leve brillo y la pantalla de información personal que tanto lo había atormentado reapareció; esta vez traía buenas noticias. Su nivel de habilidad había subido a lv.2, la duración de la habilidad aumentó de 5 minutos a 10 minutos y su índice de justicia por fin llegó a 150: ahora podía usar “Condensación: Lanza de la Justicia” y “Condensación: Espada de la Justicia”.

Conteniendo la vergüenza que le subía por dentro, Sheng Yi murmuró:

—En nombre de la justicia, te destruiré.

Apenas movió un pensamiento, y en la palma de Sheng Yi se materializó una pistola que irradiaba un fulgor deslumbrante, la “Luz de la Justicia”. Al mismo tiempo, en el campo visual de su ojo derecho apareció un contador regresivo de diez minutos. Debía de ser el tiempo límite para usar su habilidad. Sheng Yi no sabía si reírse por lo “considerado” del sistema o lamentar que le restregaran el tiempo que le quedaba como una burla luminosa.

El tacto familiar del arma lo transportó, de golpe, a los días en que había sido campeón de tiro en las competencias escolares. Sin dudarlo, alzó el brazo y disparó hacia la oscuridad.

La bala, envuelta en un resplandor dorado, surcó el aire hasta ser engullida por uno de los tentáculos. En un instante, una explosión de luz abrió un agujero enorme en la masa negra; el destello fue tan intenso que Sheng Yi tuvo que entrecerrar los ojos.

Los tentáculos, al contacto con la energía luminosa, se disolvieron como nieve al fuego, y el cuerpo del hermano cayó desde lo alto, desplomándose hacia el suelo.

Empuñando su arma aún resplandeciente, Sheng Yi se acercó, iluminando el entorno con aquella luz propia. 

No se sabía si era porque había estado enterrado demasiado tiempo bajo la casa embrujada, pero su piel tenía un tono pálido difícil de describir; combinada aquellas cuencas negras, vacías como pozos, que lo hacían parecer aún más escalofriante.

Tras asegurarse de que ya no representaba una amenaza, Sheng Yi se sentó junto a la pared, a poca distancia de él, con el dedo enganchado todo el tiempo en el gatillo del arma, por si despertaba y volvía a atacar.

No pasó mucho tiempo —ni siquiera había terminado la cuenta regresiva— cuando el hermano, tirado en el suelo, volvió en sí. Al ver al hombre sentado allí, envuelto en una luz dorada, primero se quedó inmóvil, desconcertado… y luego, como si de pronto lo comprendiera todo, giró bruscamente la cabeza para clavar su mirada en Sheng Yi.

Al sentir la fija mirada del otro, Sheng Yi no se inmutó; sus dedos largos jugueteaban de vez en cuando con la “Luz de la Justicia” que sostenía.

El hermano tragó saliva al ver el arma; parecía temer su poder. Rompió el silencio y dijo: —Lo… lo siento.

Sheng Yi alzó una ceja, dejó de juguetear con el arma y la sostuvo ligeramente en la palma: —¿Perdón? ¿Por qué pides perdón?

—Yo —el chico hizo una pausa, y luego añadió—, no debí atacarte sin haber preguntado primero. Lo siento.

La ceja de Sheng Yi se elevó aún más: —Chico, si no hubiera podido usar mi poder en ese momento crítico, ahora mismo tus tentáculos me habrían dejado hecho una brocheta.

Al oír aquello, el hermano bajó la cabeza de golpe, evitando su mirada, y respondió en voz baja: —No sé qué pasó… de pronto me convertí en eso. ¿Estás bien? —levantó entonces la vista de reojo, como para asegurarse de que Sheng Yi no estuviera herido.

—Um —dijo Sheng Yi con una media sonrisa—. Si yo estuviera gravemente herido, no estaríamos conversando aquí, ¿no? Parece que tu odio hacia los secuestradores te consumió hasta dejarte sin voluntad propia.

Al oír de nuevo la palabra “secuestradores”, el hermano alzó la cabeza de sopetón, y al ver el rostro de Sheng Yi volvió a bajar la mirada con miedo: —Ehm… creo que te oí decir que querías “matar a los secuestradores”.

Sheng Yi se acordó de su arrebato anterior al romper el papel que fingía representar; su rostro, que de por sí era poco expresivo, se puso tan grave como una tapa de ataúd. Respondió con frialdad: —Sí.

El chico pareció animarse al oír esa respuesta. Mirándolo con atención, tartamudeó: —¿Entonces eres un infiltrado? ¿O sea, un policía escondido entre los malos…? —hizo con las manos un gesto torpe, como intentando explicar lo que no sabía decir con palabras.

Sheng Yi pensó que, por fortuna, no había tenido que inventarse una identidad; el otro ya se la estaba atribuyendo solo. Y contestó en la misma línea: —Exacto. Tal como te lo imaginas.

Entonces Sheng Yi volvió a oír la voz mecánica y hierática de la IA 666:

[—Saltador F-DQ666-0007, Sheng Yi: nos complace informarle que, al detectar su ira y descontento hacia las bandas de secuestradores, ha obtenido el efecto «la aprobación del hermano». Le rogamos que investigue por su cuenta el alcance de este efecto; su duración se mantendrá hasta el final de este escenario].

—¿Se puede jugar así? —murmuró Sheng Yi.

Aviso del autor: je, je, este episodio está a punto de terminar.

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