Historia principal
Editado
Quédate, ¿de acuerdo?
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En el carruaje que regresaba al palacio con un suave vaivén, Lin Ling ya estaba completamente cansado de jugar. Se sentó en el carruaje y no tardó en cerrar los ojos.
Cuando Lin Ling se durmió y su conciencia desapareció por completo, a punto de caer hacia un lado sin control, Shi Changyuan lo sujetó firmemente, lo tumbó con suavidad y lo apoyó sobre sus propias rodillas.
Shi Changyuan miró al joven que descansaba sobre sus piernas y sintió por primera vez una sensación de dificultad.
Desde muy pequeño, supo que el poder era muy útil.
Fue elegido como rehén en el palacio abandonado, luego salió de entre los montones de cadáveres, peleó por todos los territorios y unificó el reino. Todo a través de la lucha, saqueo, usando medios que no podían considerarse bondadosos o benevolentes.
[palacio abandonado = palacio frio]
Incluso ahora, seguía manteniendo a raya a los antiguos súbditos y facciones residuales que intentaban restaurar el orden anterior mediante el miedo y la intimidación.
Pero descubrió que sus métodos habituales no funcionarían. No podía aprovecharse de la confianza del joven, ni presionarlo, ni tomar por la fuerza lo que quería, encerrándolo en lo profundo del palacio.
En este asunto, Shi Changyuan incluso se sentía algo perdido, y solo podía avanzar tanteando por instinto.
“Despierta”.
Cuando el carruaje se detuvo por completo, el cochero ya se había ido por su cuenta. Shunde, con solo saber la situación dentro, también se mantuvo muy conscientemente sin acercarse, dejando suficiente espacio para los dos.
“Hemos vuelto al palacio”.
Shi Changyuan lo llamó varias veces y finalmente Lin Ling reaccionó. Se incorporó aturdido, se frotó los ojos, miró confuso hacia fuera del carruaje y dijo con voz arrastrada: “¿Hemos llegado a casa?”
Al ver a Lin Ling con sueño, Shi Changyuan sintió como si algo blando le hubiera dado un golpecito en el corazón. Siguiendo las palabras del otro dijo: “Sí, hemos llegado a casa”.
Al recibir la respuesta de Shi Changyuan, Lin Ling se levantó lentamente para bajarse del carruaje. Pero en cuanto se incorporó, los pequeños objetos que llevaba encima empezaron a caer.
Lin Ling intentó recogerlos, pero descuidaba una cosa por atender la otra. Recogía uno de un lado y se le caía otro del otro.
“Su Majestad te ayudará”.
“Está bien, ¡gracias!”
Shi Changyuan sonrió y ayudó a Lin Ling a recogerlos, pero se los quedó en la mano, sin devolvérselos.
El hongo, que había extendido la mano para recibirlos, se quedó atónito.
“¿Dónde piensas poner estas cosas?” Shi Changyuan preguntó a propósito, con una sonrisa en los labios. “¿Vas a amontonarlas todas en la estrecha y pequeña viga del estudio imperial?”
Esta pregunta pilló a Lin Ling totalmente desprevenido.
¡Cierto! ¿Dónde las pondría?
Lin Ling agarró las cosas, saltó del carruaje y corrió hasta el estudio imperial. Miró a todas partes.
Todo el estudio imperial estaba lleno, tanto los estantes como la mesa de escritura de Shi Changyuan.
Lin Ling no encontraba dónde ponerlas, así que levantó la cabeza hacia el techo, como si realmente estuviera pensando en la posibilidad de colocar todas esas pequeñas cosas en la viga.
“Vaya idea que tienes”. Shi Changyuan iba detrás de Lin Ling y, antes de que el hongo pudiera siquiera pronunciar esa petición tan poco razonable, ya la había rechazado.
A Lin Ling se le cayó el ánimo al instante, hasta las comisuras de los ojos se le bajaron. “Entonces… entonces yo…”
“¿Qué te parece si Su Majestad te asigna un salón lateral?”
Lin Ling lo pensó durante un buen rato, algo indeciso: “¿No… no sería demasiado problema?”
Después de todo un palacio entero era demasiado grande para un hongo, aunque fuera un salón lateral. Quizás solo necesitaba una habitación pequeña… no, una cajita le bastaba.
“No es ningún problema”. Shi Changyuan miró a Lin Ling, con un tono que no admitiría un rechazo: “De todas formas, está vacío”.
Shunde, que estaba cerca, entendió al instante a qué palacio se refería Shi Changyuan.
“Mmm… bueno”. Al oír que Shi Changyuan lo decía así, Lin Ling ya no insistió. Recogió sus pequeños objetos y se puso junto a Shi Changyuan.
Ese palacio no estaba muy lejos del estudio imperial; de hecho, era la residencia más cercana.
Estaba decorado con gran lujo, completamente diferente de otros lugares que Lin Ling había visto antes.
Lin Ling levantó la cabeza y miró la placa del patio delante de él. Tres caracteres, ninguno de los cuales reconocía. Solo podía ver que el primero era muy complicado.
“Este es el Palacio Li’an”. Shi Changyuan iba detrás de Lin Ling y siguió su mirada hasta aquella placa.
“Li’an… bien, ¡lo recordaré!” los ojos de Lin Ling sonrieron al entrar.
El Palacio Li’an era muy grande y muy vacío, claramente llevaba mucho tiempo sin que nadie lo habitara, pero tenía de todo y estaba limpio y reluciente, como si esperara en cualquier momento a que alguien viniera a descansar.
Lin Ling miraba a todas partes, asomando la cabeza aquí y allá. El hongo no reconocía los materiales ni el valor de los objetos, solo le parecía que aquel palacio era exageradamente lujoso.
Sintió que esa residencia no era sencilla, así que le preguntó a escondidas a Shunde, pero Shunde le dijo que cada palacio tenía una disposición diferente y que era algo completamente normal.
El hongo se lo creyó a medias, pero como realmente no encontraba ningún defecto, eligió un salón lateral orientado al norte, húmedo y sombrío, y colocó allí sus cosas.
Al principio, Lin Ling solo probó a amontonar todas sus pertenencias sobre la mesa, pero Shi Changyuan, que estaba a su lado, parecía muy insatisfecho.
“¿No dijiste que este saquito perfumado lo ibas a colgar junto a tu cama?”
Lin Ling miró el molinillo de viento que Shi Changyuan había agarrado, dudó y dijo: “Esa era mi intención, pero…”
Lin Ling no se atrevió a terminar el resto de la frase, al ver la mirada de Shi Changyuan.
Bueno, quien había pagado era Shi Changyuan, así que él decidía.
Lin Ling tomó el saquito de las manos del otro, se dirigió detrás del biombo, junto al dosel de la cama y lo colgó.
Pero el hongo no imaginaba que aquello solo era el principio.
Bajo la exigencia obligatoria del monarca humano, Lin Ling colocó casi todos los pequeños objetos que había comprado exactamente en los lugares que había imaginado antes.
Al ver la habitación tan diferente, Lin Ling sintió de repente que aquella habitación estaba tan llena de sus cosas que ya le pertenecía por completo.
Shi Changyuan también estaba muy satisfecho. Asintió ligeramente y dijo a propósito: “El patio de este salón lateral también te pertenece. Puedes plantar lo que quieras”.
Llegados a este punto, Lin Ling ya no opuso la menor resistencia.
Miró el patio y al instante se le vino a la cabeza la imagen de plantarlo lleno de hongos. De repente se emocionó: “¡Bien!”
Lin Ling, ahora que tenía su propia habitación, lo primero que hizo fue quitarse esa túnica “discreta” que llevaba.
Aunque por dentro llevaba otra prenda más suave, la tela le molestaba y le resultaba incómoda.
Lin Ling se quitó la ropa exterior con prisas. Shi Changyuan, al ver al hongo completamente sin protección, sintió un vuelco en el corazón y rápidamente apartó el biombo para ocultarlo.
Pero él mismo no tuvo tiempo de salir y cuando se giró vio la espalda de Lin Ling, que estaba de espaldas a él, con una enorme zona amoratada en la zona lumbar.
Shi Changyuan frunció el ceño profundamente, levantó el borde de la ropa de Lin Ling, señaló el moretón y le reprochó: “Está claro que estás herido”.
Lin Ling giró la cabeza, adoptando una postura difícil pero muy flexible, para mirar su propia zona lumbar. Efectivamente, vio una mancha amoratada.
El hongo se quedó atónito y dijo extrañado: “Pero es verdad que no me duele nada”.
Al oír estas palabras otra vez, Shi Changyuan soltó de inmediato un resoplido frío y mandó a buscar ungüento.
Lin Ling iba a decir que una herida tan pequeña se curaría sola en un rato, que no hacía falta poner ungüento, pero al ver la fría expresión de Shi Changyuan, se tragó silenciosamente esas palabras.
“Para poner el ungüento, será mejor que lo haga yo mismo”.
Lin Ling intentó coger la pomada, pero entonces Shi Changyuan, con tono indiferente, le preguntó: “¿Estás seguro de que puedes hacerlo tú solo si la contusión está en la zona lumbar?”
Lin Ling solo pudo retirar la mano otra vez.
Shunde pensó que aquel trabajo sería para él, pero jamás imaginó que Su Majestad quisiera hacerlo personalmente.
“Levántate el borde de la ropa y túmbate en el diván”.
En cuanto el emperador abrió la boca, Shunde se retiró en silencio y se quedó vigilando fuera de la habitación.
Lin Ling estaba tumbado boca abajo en el diván, con el borde de la ropa levantado casi hasta la altura del pecho. Shi Changyuan bajó la mirada, extendió la mano y volvió a bajar la tela un poco, luego aplicó el ungüento y lo extendió suavemente con movimientos circulares.
De principio a fin, la palma de su mano no salió del área del moretón.
En cuanto empezó a extender el ungüento, Lin Ling soltó un “¡ay!” y casi salta de la cama, pero fue sujetado sin esfuerzo por una mano de Shi Changyuan.
Luego, quizás porque Shi Changyuan le estaba dando un masaje demasiado agradable, el hongo entrecerró los ojos y se quedó medio dormido.
Quizás porque la habitación estaba demasiado silenciosa, Shi Changyuan habló de repente y preguntó tentativamente: “Alrededor de la capital hay muchas montañas, tú… ¿a qué montaña profunda vas?”
Lin Ling tatareó un poco y respondió con los ojos cerrados: “No es una montaña cerca de la capital, es la montaña Kunlun”.
“Todo el mundo dice que en la montaña Kunlun apenas hay gente, que es el mejor lugar para que los espíritus cultiven. Por eso desde hace tiempo decidí ir allí”.
La montaña Kunlun…
Saliendo desde la capital, incluso en carruaje de caballos se necesitaban casi medio año. Estaba casi tan lejos como el exilio a Lingnan.
Y lo que es peor, el hongo no tenía carruaje, solo podía ir a pie.
Ir y volver llevaría un año entero, sin contar lo remoto del camino y los peligros desconocidos durante el trayecto.
La mano de Shi Changyuan se detuvo.
Calló un momento, cambió de tema y dijo: “Aún me debes una cosa que tienes que devolverme, ¿lo recuerdas?”
Lin Ling asintió y miró a Shi Changyuan.
“Entonces quédate un tiempo más”.
Shi Changyuan le acomodó el dobladillo de la ropa a Lin Ling, se puso de pie y dijo con voz pausada: “Ya ha entrado el otoño, pronto hará mucho frío y los caminos estarán malos”.
La voz del emperador sonaba muy, muy baja, como si estuviera tratando de persuadir con dulzura, temiendo que la persona que tenía delante saliera huyendo asustada.
“Puedes irte al empezar la primavera, el año que viene, ¿de acuerdo?”