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Después de esconderse dos días en la casa de Zhou Huai, el sábado por la mañana, Qin Yiyu fue echado de allí.
Por un lado, porque el nuevo novio de Zhou Huai iba a venir, y su presencia solo estorbaría y causaría malentendidos, así que no tuvo más remedio que largarse. Por otro lado, Zhou Huai lo acusó de haberse comido a escondidas su pastel de chocolate a medianoche, pero Qin Yiyu no se había levantado ni una sola vez en toda la noche, y durmió de un tirón hasta el amanecer. Así que, con resentimiento concluyó que esa era solo una excusa barata que Zhou Huai había inventado para echarlo.
Al llegar al pie de su edificio de apartamentos alquilados, Qin Yiyu bajó la vista casualmente y se detuvo en seco.
—¿Mm? —Descubrió una sospechosa mancha marrón en su camiseta blanca recién puesta.
—¿Qué demonios es esto?
Agarró el dobladillo de la camiseta, lo acercó a su nariz y olfateó. ¡Era chocolate!
—¿Era para tanto? —Qin Yiyu no lo entendía—. Si quería echarme, que me echara, pero no hacía falta incriminarme.
Subió las escaleras mientras enviaba mensajes insultando a Zhou Huai con la cabeza gacha. Su dedo presiono enviar justo cuando sus pasos lo arrastraron frente a la puerta de su casa. Qin Yiyu levantó la vista y volvió a caer directamente en el abismo.
La puerta de seguridad, las paredes y el suelo del apartamento alquilado estaban cubiertos de pintura roja escarlata, con palabras obscenas escritas por todas partes. Cada palabra parecía abrir una boca sangrienta, tan llamativas como las letras de las canciones en la pantalla de una livehouse, como las banderas que ondean los fans frenéticos bajo el escenario en un festival de música.
Pagar las deudas, ciertamente es lo justo y natural. Pero esto claramente no era su deuda, ¿por qué tenía él que pagarla?
Ser padre era la cosa más sencilla del mundo. Te diviertes, disparas dentro una vez y consigues un hijo gratis, sin tener que preocuparte del resto. Si al hijo le va bien, podrías chuparle la sangre; si es un fracaso, aun heredará tus deudas.
¿Quién dice que no existen los pasteles que caen del cielo? Aquí justamente había uno.
Probablemente porque había ocurrido demasiadas veces, estaba algo entumecido. La sorpresa duró solo un segundo. Qin Yiyu volvió a su estado de abandono, sintiéndose simplemente cansado. No es que no hubiera pensado que esto volvería a ocurrir, solo que no esperaba que fuera tan pronto. Llevaba menos de dos semanas viviendo allí, apenas había tenido unos días de paz, y ya estaban aquí de nuevo.
Qué fastidio.
Extendió la mano para tocar, la pintura estaba casi seca. Calculando el tiempo, debía haber sido hace uno o dos días.
Justo cuando no estaba en casa.
Realmente no sabía si era buena o mala suerte, y tenía pereza de averiguarlo. Planeaba primero abrir la puerta para sacar algo con qué limpiar, pero al bajar la cabeza para abrir la cerradura descubrió algo en el suelo. Estaba salpicado de pintura, un bulto rojo brillante, que casi no se veía.
Era un paraguas.
Se le cortó la respiración.
Resulta que era el que él le había dado.
Él había venido.
Nunca había visto ese paraguas cerrado tan ordenadamente.
Olvidando por completo la posibilidad de mancharse las manos de pintura, Qin Yiyu recogió el paraguas, lo abrió de golpe con un sonido seco y lo hizo girar. Inexplicablemente, un hilo de familiaridad surgió en su corazón. Inconscientemente, Qin Yiyu se puso el paraguas sobre la cabeza y levantó la vista, contemplando durante un largo rato esa mancha roja.
Últimamente, sus recuerdos solían regresar repentinamente a su época de secundaria.
En aquel entonces, al igual que ahora, solía tener sueño a menudo y siempre buscaba cualquier lugar para dormir y holgazanear. Aulas de estudio vacías, el patio, la azotea y los asientos del gimnasio, había dormido en todos ellos.
Recordaba una vez en la azotea. Ese día el clima era increíblemente bueno, el cielo era tan trasparente como un cristal azul, sin una sola nube. Durante el descanso del almuerzo, fue allí a escribir canciones y mientras escribía, se tumbó y se durmió.
Lo que lo despertó fue la lluvia.
Entre sueños, una gota de lluvia cayó en la punta de sus dedos, muy fría. Sus ojos soñolientos se abrieron con dificultad. En medio de la neblina, lo que apareció en su campo de visión no fue el cielo gris de lluvia, sino un refugio de color rojo.
Un paraguas rojo desconocido, apoyado en el suelo, se mecía ligeramente con el viento, como una solitaria flor de ceiba1 que acababa de caer para él.
Qin Yiyu, aún no completamente despierto, miró fijamente el paraguas que lo cubría y con retraso, se dio cuenta de que alguien también le había puesto encima un impermeable transparente.
El suelo de cemento grisáceo aún no estaba completamente mojado. La lluvia acababa de empezar.
¿Quién podría ser? Se levantó y sosteniendo el paraguas buscó alrededor, luego bajó las escaleras, pero no encontró nada.
Más tarde descubrió que en su adolescencia solían ocurrir cosas extrañas como esta, como escenas sacadas de un manhua paranormal.
Así que, en su corazón, le puso un apodo a esa persona: Pequeño fantasma.
Ese paraguas rojo fue solo la primera huella que dejó el pequeño fantasma.
Lo más interesante era que se daba cuenta perfectamente de que esa persona no quería que su existencia fuera descubierta. Por eso, en las sucesivas ocasiones en que se encontró con situaciones similares, Qin Yiyu empezó a hacerse el tonto, sin intentar atraparlo, sin intentar desvelar la verdad, tratándolo como un juego del gato y el ratón basado en un entendimiento tácito.
Hasta que el pequeño fantasma desapareció por completo.
Y él también se desprendió de su adolescencia para convertirse en un adulto aburrido.
—Salpicado de pintura… —dijo Qin Yiyu mirando el rojo sobre su cabeza, hablando solo—. Realmente se parece al paraguas del compañero fantasma.
Bajo la vista con cierto retraso, y descubrió que debajo del paraguas había un papel presionado. Debido a la pintura roja, la mayor parte de las palabras en el papel ya no se veían. Solo quedaba limpia una pequeña parte en la esquina inferior derecha.
Era una partitura de bajo escrita a mano.
Qin Yiyu recogió la partitura. Los latidos de su corazón se volvieron repentinamente pesados, como un redoble de caja golpeando su pecho. Sus oídos se llenaron inexplicablemente de una alucinación auditiva repentina, pero ya no era el sonido de una ambulancia, sino la línea de bajo de Nan Yi de aquella noche.
Desde que regresó hasta que presenció todo este desastre, no había soltado ni un insulto ni una sola queja. Pero ahora, no pudo evitar abrir la boca y maldecir: —Joder.
—¿Cómo voy a leer esto…?
La puerta de enfrente se abrió de repente. Un joven vecino salió con una bolsa de basura en la mano. También era la primera vez que la otra parte veía semejante escena y se quedó atónito durante un buen rato.
Qin Yiyu se aclaró la garganta, se levantó, se ajustó la visera de su gorra de béisbol y forzó una sonrisa relativamente amable, pidiendo disculpas repetidamente.
—En un momento lo limpiaré, tengo experiencia. No mancharon su puerta, ¿verdad? De verdad, lo siento mucho.
El chico estaba un poco asustado, agitó la mano y preguntó: —¿No hace falta llamar a la policía?
—No sirve de nada, ya lo intenté—. Qin Yiyu sonrió de nuevo—. Como mucho los retienen dos días. A veces incluso buscan a menores que no estudian, y así ni siquiera hay detención, como mucho les dan algunas palabras de advertencia.
Había hablado demasiado.
Qin Yiyu volvió a pedir disculpas, con la intención de dar por terminada la conversación, pero inesperadamente el vecino volvió a hablar.
—Hace un par de días todo estaba bien… Cuando bajé a comprar el desayuno, vi a un chico parado frente a tu puerta, estuvo tocando por un buen rato —hizo una pausa y temiendo que lo malinterpretaran, se apresuró a explicar—: Pero probablemente no fuera él, no llevaba pintura.
Era Nan Yi.
La sonrisa falsa en el rostro de Qin Yiyu desapareció inconscientemente. Preguntó:
—Alto, delgado y con una hilera de pendientes en la oreja, ¿verdad?
—¡Es el! Cuando subí después de comprar el desayuno todavía estaba allí. Incluso puso un papel contra la pared para escribir algo. —El chico sonrió alegremente y añadió—: Era bastante guapo, no pude evitar mirarlo un par de veces.
Qin Yiyu lo miró de reojo. Fue solo una mirada casual, pero quién iba a decir que el joven se llevaría tal susto que se apresuró a añadir: —¡Tú también eres muy guapo!
No se refería a eso.
—Gracias —Fue algo superficial—. Siento las molestias, lo limpiaré inmediatamente. Nos vemos.
Dicho esto, bajó la mirada y volteo la partitura casualmente. No esperaba que hubiera algo escrito detrás, pero no era una partitura, sino unas líneas de texto con trazos tan fuertes que casi traspasaban el papel.
Qin Yiyu nunca había leído nada con tanta atención.
Pero lamentablemente, la última línea estaba manchada de pintura. No importa cuán cuidadosamente leyera o acercara el papel, era imposible leerla.
—Me cago en tu abuelo —Qin Yiyu sacó su teléfono, miró la hora, lo desbloqueó y buscó el número de Zhou Huai.
Eran las cinco y media de la tarde.
—¡Exacto, me cago en tu maldito abuelo!
En la Isla de los Sueños, un fan masculino que lideraba la pelea maldijo especialmente fuerte con esta frase. La multitud a su alrededor inmediatamente se abalanzó y la situación estuvo a punto de volverse incontrolable.
Quien iba a pensar que justo en ese momento, otro miembro del personal con una credencial saldría corriendo de la entrada y gritaría jadeando que ya podían pasar. En un instante, los que estaban al frente de la fila corrieron hacia el control de entradas como si se hubieran abierto las compuertas de una presa, nadie podía detenerlos.
—¡De verdad va a empezar!
De hecho, estaba a punto de comenzar.
Nan Yi y sus compañeros ya habían sido empujados al escenario, obligados a hacer los últimos ajustes con el técnico de sonido para prepararse.
Chi Zhiyang había tenido una fuerte discusión con un operario del lugar. Uno de ellos se puso impertinente y casi llegan a los golpes si no hubieran sido detenidos por los demás.
Nan Yi estaba a un lado limpiando su bajo en silencio. Yan Ji, tras calmar a Chi Zhiyang, comenzó a hablar con el técnico de sonido.
El técnico explicó: —Es un problema del equipo. Durante la prueba de sonido, el efecto de la guitarra sonaba particularmente mal y todavía no hemos podido ajustarlo. Normalmente no importaría, pero hoy es una competición y no podemos hacerlo descuidadamente, hay que volver a reajustar todo. Su grupo no tiene guitarra, así que no los afectará mucho. Por eso adelantamos su actuación para abrir el show.
—¡Eso es pura mierda! ¿Cómo puede haber tanta casualidad? —Chi Zhiyang no había logrado contener completamente su ira, y al oír esto se le subió la sangre a la cabeza—. ¡¿Qué problemas de equipo?! ¡Seguro que alguien nos está saboteando!
Al técnico le dolían los oídos por los gritos, y solo pudo rascarse la cabeza. —No puedo hacer nada, el orden ya está fijado y no tengo autoridad para decidir.
Le entregó una hoja de papel—. Mira, es verdad que han adelantado a todos los que no tienen guitarra. Pero en total solo hay dos, el otro es un grupo de jazz y van después de ustedes. Dejen de hablar y confirmen el sonido de una vez, ya va a empezar, los jueces ya están sentados en el segundo piso.
No solo los jueces, incluso la batería ya estaba montada. Nan Yi sabía que esto era ya un hecho consumado y no tenía intención de discutir.
A través de la pared, escuchó el estruendo del público entrando. Se oían insultos de todo tipo, gritando consignas al unísono antes de que la actuación hubiera comenzado.
Pero no era “¡encore!”, sino “¡desembolso!”.
Aquello no parecía un livehouse, era un arsenal. En el que cualquier cosa que se lanzara ahora al escenario explotaría al menor contacto y todos ellos serían carne de cañón.
De pie en el backstage, Nan Yi escuchaba distraídamente la presentación del maestro de ceremonias.
—…Tras las audiciones, 20 bandas serán seleccionadas para entrar en la competencia oficial de Crazy Band…
—Además de los 1600 espectadores, contamos con dos jueces profesionales. Cada uno de sus votos equivale a 200 puntos, sumando un total de 2000. Al igual que las pulseras de color magenta del público, cuando los jueces voten, las columnas de luces en el techo se iluminarán en magenta hacia el escenario…
Tras el largo discurso, finalmente llegó el turno de presentar a la banda de apertura.
Al oír la voz del presentador, Nan Yi se sintió como si su alma abandonara su cuerpo.
—A continuación, recibamos a nuestro primer grupo, la banda encargada de abrir el show…
—¡Desembolso! ¡Desembolso! ¡Desembolso!
Siguiendo el camino que recorrieron durante el ensayo, los tres subieron al escenario. El lugar no era grande y las luces aún estaban apagadas. Todo estaba a oscuras, separados de la zona del público solo por una fila de vallas.
Antes de ponerse los monitores intrauriculares, Nan Yi podía escuchar claramente cada queja e insulto que venía de abajo.
Nan Yi rara vez usaba lentes de contactos, pero hoy los había usado y se sentían muy incómodos y secos. Giro los ojos intentando acostumbrarse.
Sinceramente, nunca imaginó que su primera actuación sería así.
Pero daba igual.
Abajo, una multitud de caras furiosas se fusionaron en un océano y la ola de violento calor casi les golpeaba la cara.
—¿Qué banda es esta? Nunca he oído hablar de ellos.
—Nadie los conoce, debe ser alguna nueva pequeña banda. ¡Desembolso, desembolso!
—No intenten engañarnos con una banda de aficionados ¡Desembolso!
—¿Cuándo sube Amígdala?
—¡¿Puedes bajar el puto celular?! ¡Venimos a ver el concierto o a mirarte la mano!
—¿Quiénes son los que abren el show?
¡Tu papá!
Chi Zhiyang se sentía agitado. El click en su monitor intraauricular golpeaba como un pez de madera electrónico y en cuanto más sonaba, más se irritaba.
Una vez posicionados, oyó la voz del realizador.
—Empezamos en tres, dos, uno…
En la oscuridad, Nan Yi se giró y por hábito, ladeó la cabeza hacia él, un gesto que hacían cada vez que ensayaban.
Chi Zhiyang respiró hondo, giró la cabeza y miró hacia su derecha. Yan Ji también lo miraba, con su habitual sonrisa amable.
De repente, se calmó.
Habían ensayado durante tanto tiempo, y no iba a rendirse por culpa de unos idiotas.
Estirando el cuello, Chi Zhizang levantó las manos y alzó las baquetas.
¡Bum—!
Con el golpe de las baquetas, las luces y las pantallas del escenario se encendieron simultáneamente.
En un instante, el espacio negro, la pantalla oscura, las luces rojas parpadeando al ritmo de la batería y las letras de un rojo carmesí salpicando la pantalla como sangre inundaron el lugar. El efecto visual era extremadamente opresivo.
Tres reflectores rojos cayeron sobre ellos. Detrás, la gran pantalla reproducía el vídeo de fondo que Yan Ji había preparado: un corazón rojo sangre latiendo con fuerza al ritmo de la batería, era el corazón de una bestia que aún no ha despertado.
Yan Ji llevaba una ajustada camisa gris, pantalones de traje negros y gafas de montura plateada. Tenía las mangas remangadas hasta los antebrazos y los botones del cuello desabrochados, dejando ver su clavícula. Llevaba colgado un teclado Roland AX-Edge en negro y rojo. Al tocar, fruncía ligeramente el ceño, perdiendo esa accesibilidad que mostraba en privado. La rebeldía y arrogancia arraigado en sus huesos se liberaban con el ritmo, creando un fuerte contraste entre su temperamento de élite y el aura del rock.
Chi Zhiyang llevaba una chaqueta vaquera gris claro, un choker de remaches dorados en el cuello y una muñequera roja fluorescente en la mano derecha. En cuanto empezaba a tocar la batería, entraba en un estado salvaje, entregándose por completo al ritmo. Con la cabeza baja, su cabello blanco platinado se agitaba con la música y su pequeña trenza volaba hacia su pecho como una fina cuerda de plata brillando sobre el escenario.
Tocaba con tal ferocidad desde el principio que el amplio cuello de su chaqueta se deslizó gradualmente hacia la derecha, revelando una camiseta de tirantes negra debajo y la mitad de su hombro.
Nan Yi estaba en pie en el frente izquierdo del escenario, junto a los monitores de piso.
Iba vestido de la forma más sencilla: camiseta negra de manga corta, vaqueros oscuros y botines de cuero. Llevaba el pelo recogido a medias. Los únicos colores brillantes en él eran la hebilla plateada del cinturón y el conjunto de pendientes metálicos en sus orejas. Puntos fríos que centelleaban como estrellas en la oscuridad, teñidos por una halo psicodélico bañado bajo la luz roja.
Los focos oscilantes perfilaban centímetro a centímetro el contorno de su figura: los hombros y cuello, la estrecha cintura, las piernas largas, los dedos alargados que se aferraban al mástil del bajo y los huesos marcados de sus muñecas.
En esta zona restringida de color rojo, cada detalle y cada sensación eran amplificados infinitamente por el rock.
—¿En serio el bajista es tan guapo? Es tan alto y tiene un aura increíble.
—Parece ser un guerrero de la nota tónica… Se nota que no sabe tocar.
—El cabello blanco y la trenza del batería son muy geniales.
—No me jodas, esta banda parece un grupo de caras bonitas. ¿Qué teclista decente sube al escenario con un traje?
—Bah, lo que más desprecio es a los que usan su cara para meterse en el círculo rockero…
Poco a poco, los sonidos abajo cambiaron de la ira inicial a comentarios sobre ellos, pero aún era demasiado temprano para conquistarlos. Abajo seguía siendo un mar negro muerto, sin un solo rayo de luz.
Nadie encendió su pulsera.
Justo en ese instante, el bajo grave irrumpió con fuerza. Nan Yi bajó la cabeza para alcanzar el micrófono, que estaba demasiado bajo y con el tono más frío anunció el título de la canción.
«Corazón de León.»
Abajo hubo un clamor instantáneo.
—No puede ser, ¿es la de Rincón Desordenado?
—¡No suena igual, el arreglo es completamente diferente!
—¿La cambiaron a post-punk?
—¿Están locos? ¿Hacer un cover de una canción de Qin Yiyu en una competencia no es acaso un suicidio? Y sin guitarra ¿se puede siquiera escuchar a Rincón desordenado sin guitarra?
—Si Qin Yiyu oyera esto, se reiría.
Antes de que estas dudas se asentaran, un potente riff de bajo lo aplastó todo.
Todo el recinto quedó en silencio durante tres segundos.
A través de los amplificadores de altavoces line array, el sonido grave del bajo era completamente evidente. El zumbido denso y pesado empujaba las ondas sonoras, expandiéndose hacia afuera, combinándose con la presión de la batería y el frío e hipnotizante sintetizador. Formaban una serie de golpes contundentes, golpeando salvajemente hacia el público, chocando violentamente contra cada corazón.
Al terminar la intro, el sintetizador tomó el protagonismo y el bajo se detuvo momentáneamente. Nan Yi agarró el soporte del micrófono y lo subió hasta sus labios con un movimiento rápido y despreocupado.
Inmediatamente después, finalmente levantó la vista, mirando por primera vez hacia la multitud abajo, y empezó a cantar.
En la pantalla, el corazón estalló, salpicando la pantalla con letras carmesí, escritas a mano por Nan Yi.
[Nacidos en la jungla de hormigón y acero, aquí se forjan con corazón productos en cadenas]
[Diferentes corazones, mismo molde, cortados en formas idénticas]
A la derecha, Yan Ji se inclinó ligeramente hacia adelante, haciendo coros en voz baja.
[Desecha el excedente, crea tragedia, todo el día en función continúa]
El juez Zhao Nan, sentado en el segundo piso, entrecerró los ojos fijándose en el joven sobre escenario y bajó la cabeza una vez más para confirmar la información de la banda.
Realmente solo tenía 18 años.
Como productor que había formado a muchas bandas consagradas, no era que no hubiera visto talentos antes, pero uno tan bueno como este era extremadamente raro.
Era una completa sorpresa.
Si se dice que el timbre metálico de Qin Yiyu y su estilo dramático de actuación eran como el fuego, uno lo suficientemente loco y cínico, como para que con un leve roce enciendan la energía en lo más profundo del corazón de los oyentes más indiferentes y los quemen por completo.
Entonces Nan Yi era el hielo.
No importaba qué emoción extrema tuviera la audiencia antes. Ya fuera agitación, aburrimiento, desprecio o indignación, tras su aparición todos serían conquistados, regresando al estado más esencial y primitivo de apreciar una actuación en vivo: mirando hacia arriba con asombro.
Aparte de eso, no podían hacer nada más.
[Aprieta, comprime, síncopa, maqueta]
[Palpitantes son enviados a la fábrica de piezas]
El timbre de voz de Nan Yi era muy frío por naturaleza. Tenía la barbilla ligeramente levantada y el rostro inexpresivo.
El abajo levantaban la cara para mirarlo. Veían las venas azules marcadas desde su antebrazo hasta el dorso de su mano, veían sus colmillos afilados y simétricos que se asomaban al cantar, y veían sus pupilas, que permanecían vacías a pesar de reflejar las luces deslumbrantes.
Esta persona emanaba indiferencia desde los huesos. Era como si todo le diera igual, ya fuera abrir el show, las pulseras de abajo que representaban el éxito o el fracaso, o la competencia en sí.
Debido a ese encanto escénico, muchos incluso pasaron por alto un punto crucial: el ritmo y el groove de la canción habían sido reescritos por completo.
Zhao Nan sabía que este cambio dominado por el bajo debió haber sido impulsado y realizado por este bajista.
La versión original tenía una fuerte “sensación de ira”, construida a base de baterías pesadas y guitarras distorsionadas repetitivas. Pero esta versión se alejaba completamente de eso, extrajo el esqueleto de la canción y la relleno con un nuevo pulso dominado por el bajo, más denso, más bajo, fusionándolo con la oscuridad y melancolía del post-punk. Los golpes de la batería no eran tan apresurados, sino más estables, y en timbre del sintetizador añadía un toque psicodélico.
Sin embargo, a pesar de este cambio radical, no habían alterado la esencia de la canción original.
Seguía siendo ira, pero transformada en una rabia fría e indiferente.
Cayendo desde un mar de fuego hacia una cueva de hielo.
[Ataca, muerde, lucha, resiste]
Nan Yi alzó la vista, la luz roja caía sobre sus pupilas claras, como los ojos sangrientos de un lobo.
Casi todos los fans entre el público habían escuchado esta canción, todos sabían cantarla. ¿Quién no había sido cautivado por el Qin Yiyu en el escenario de ese entonces?
Racionalmente, sentían un rechazo instintivo hacia ese nuevo arreglo subversivo y se resistían a esa interpretación completamente distinta, pero sus cuerpos eran honestos, especialmente ante ese rostro nuevo y frío, hacia este misterioso bajista y vocalista principal.
La multitud comenzó a agitarse. Del rechazo inicial y la ira, pasaron al asombro silencioso, y ahora, ya había quienes lograban salir de ese estupor para lanzarse de lleno hacia estas olas sonoras.
La zona oscura de la audiencia, previamente sumida en la penumbra, empezó a iluminarse gradualmente con puntos de luz magenta, como fuegos fatuos que formaban un incendio en la pradera, cada vez más numerosos, cada vez más brillantes.
Sobre el escenario, Nan Yi puso un pie sobre el amplificador bajo las luces deslumbrantes. El sudor cristalino resbalaba desde su mandíbula hacia el costado del cuello, mientras su brazo se alejaba tras el movimiento de pulsar las cuerdas. Abajo, los fans con las pulseras encendidas saltaban al ritmo de la música, como fieles creyentes guiados por él, cantando a todo pulmón e histéricamente el siguiente verso.
Era una letra que, en el pasado, Qin Yiyu solía gritar al cantar.
[Lástima que tenga un corazón demasiado salvaje]