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Capítulo 12 - Modelo de Pareja
Zhuo Yiran, con la misma expresión con la que un abuelo mira el celular en el metro, pasó rápidamente por una larga fila de adjetivos extraños como “virtuosa”, “esposa hogareña” y demás.
Ser beta ya era difícil, pero ser un beta que finge ser pareja de un alpha era todavía peor.
Lu Chen le mandó otro mensaje:
—¿Mañana temprano tienes tiempo?
Zhuo Yiran:
—¿?
Lu Chen:
—A correr por la mañana.
Zhuo Yiran:
—……
Tiempo tenía, porque al día siguiente era el único día de la semana en que no tenía clase a las ocho de la mañana.
Un momento de sueño tan precioso, y no solo que Lu Chen se negara a pasarlo bajo las sábanas, ¡sino que encima quería arrastrarlo a correr al amanecer!
Era una auténtica crueldad.
Lu Chen:
—Olvídalo si no quieres.
Lu Chen:
—Y después no digas que yo no tomo la iniciativa.
Zhuo Yiran:
—¡Voy, voy, voy!
Por presumir de pareja, hasta la dignidad podía sacrificarse; ¿qué era un par de horas de sueño matutino en comparación?
A la mañana siguiente, muy temprano, Zhuo Yiran llegó puntual a la pista de deportes. Para su vergüenza, parecía ser la primera vez que iba tan temprano. No esperaba encontrar tanta gente: jugando básquet, saltando la cuerda, e incluso algunos sobre colchonetas haciendo yoga en el césped. Tan aplicados que Zhuo Yiran no pudo evitar hacer un poco de autocrítica en su interior.
En la línea de salida de la pista se erguía una silueta familiar. Vestido con ropa deportiva, a la distancia sus piernas parecían interminables.
Zhuo Yiran, sin embargo, no tuvo tiempo de admirar al guapo; apenas podía entrecerrar los ojos y soltar un bostezo.
Al verlo en tal estado de desánimo, Lu Chen arqueó apenas la comisura de los labios.
—Recuerdo que en tu formulario pusiste que tu pasatiempo era el deporte.
—Así es —respondió Zhuo Yiran con desgano, pensando que no era raro que el sistema los hubiera emparejado automáticamente; seguramente había considerado esos ítems en común.
Lu Chen lo miró de reojo:
—¿Y aun así te cuesta tanto levantarte de la cama?
—Yo normalmente corro de noche —contestó Zhuo Yiran con fastidio—, ¿no puedo acaso?
Lu Chen levantó ligeramente una ceja, en una clara expresión de desconfianza, aunque sin decir nada. Se agachó para mover las articulaciones por su cuenta.
Zhuo Yiran lo imitó en el calentamiento. Eran apenas las ocho de la mañana; aunque había bastante gente en la pista, no estaba tan llena como en horas punta, así que las figuras altas y llamativas de los dos resaltaban enseguida. No pasó mucho hasta que atrajeron miradas desde todas direcciones.
Para Zhuo Yiran, ser observado era algo que disfrutaba enormemente; en cambio, Lu Chen estaba ya acostumbrado. Los dos comenzaron a correr hombro con hombro, y no tardaron en ser objeto de más miradas.
Instintivamente, Zhuo Yiran mantuvo el mismo ritmo que el de al lado. Pero tras unos pasos, de repente cayó en la cuenta de algo—
La cadencia de Lu Chen no era rápida; incluso se podría decir que era muy lenta.
Aunque corrían a trote ligero, no parecía la velocidad que un alpha con buen estado físico debería tener.
Tras pensarlo, parecía haber solo una explicación: Lo hacía para adaptarse a él, al beta que corría a su lado.
Aunque solo era una suposición, Zhuo Yiran no pudo evitar sentirse un poco inconforme, y preguntó:
—¿Cuántas vueltas?
—Cinco a ritmo constante —contestó Lu Chen sin apartar la vista del frente—. ¿Puedes?
—¿A este paso para apenas dos mil metros? —replicó Zhuo Yiran torciendo la boca—. ¿Me estás subestimando?
Entonces Lu Chen lo miró de lado por un instante y de inmediato aceleró el cruce de sus pasos.
Ahora sí parecía usar la velocidad normal de su trote. Zhuo Yiran, por supuesto, no quiso quedarse atrás y lo siguió.
Decir “dos mil metros” sonaba fácil, pero al correrlo de verdad, ni siquiera un alpha —con ventaja física natural— lo lograría sin esfuerzo si no estaba bien entrenado. Podría dejarlo medio muerto.
Para Lu Chen, en cambio, no suponía problema alguno. Tal como había dicho, mantuvo un ritmo constante, y después de tres o cuatro vueltas seguía con un paso impecable. Eso no era raro. Lo sorprendente fue que Zhuo Yiran, corriendo a su lado, tampoco mostraba señales de agotamiento, conservando una expresión tranquila, como si nada.
Al terminar las cinco vueltas, los dos se detuvieron de nuevo en el punto de inicio. Los dos mil metros a ritmo parejo no dejaron a Zhuo Yiran jadeando, pero sí con la respiración algo acelerada.
En comparación, Lu Chen seguía imperturbable, como un alpha debía ser.
—Tienes buena resistencia —lo evaluó con seriedad.
Zhuo Yiran sonrió:
—No subestimes a un beta, que también podemos ser machos de verdad.
Lu Chen retiró la mirada con naturalidad. Este hombre siempre era así: de risa difícil, poco dispuesto a dar ni siquiera una sonrisa cortés.
Pero Zhuo Yiran ya estaba acostumbrado y no se sintió incómodo. Mientras caminaban hacia la salida de la pista, notó recién entonces que tenía la garganta algo seca.
Los demás que iban a correr solían llevar termos, pero Zhuo Yiran era de los descuidados: solo se acordaba del agua cuando ya estaba sediento.
Y justo la tiendita más cercana estaba a un buen tramo. Estaba por proponerle a Lu Chen que regresaran al dormitorio cuando vio que el otro, cerca de los casilleros, sacaba de repente dos botellas de agua mineral.
Debía haberlas preparado con antelación. Zhuo Yiran tomó la que él le lanzó, con los ojos sonrientes:
—Lu-ge, qué considerado.
Lu Chen seguía sin poder aceptar ese apelativo, y sin responderle abrió su propia botella para beber. Zhuo Yiran, sin reparos, se bebió media de un trago.
Al girar la cabeza, notó a unas chicas en el césped de al lado, apuntando sus celulares hacia ellos.
—Te están grabando, guapo —le dijo Zhuo Yiran.
Lu Chen ni giró la cabeza, tapando la botella mientras preguntaba:
—¿Seguro que no te están grabando a ti?
—Creo que a los dos juntos —dijo Zhuo Yiran, y de repente se inclinó hacia él, reduciendo la distancia entre ambos en un instante.
La respiración de Lu Chen se detuvo por un segundo. El otro le sonrió radiante, levantó su botella y la chocó con la suya como si brindaran; antes de que Lu Chen reaccionara, ya había echado el resto del agua de un trago.
Los músculos finos y definidos del cuello del muchacho se dibujaban bajo la luz matinal, la línea clara de la nuez subía y bajaba, irradiando una vitalidad más brillante que el propio sol.
Aunque el ejercicio no había sido tan intenso, y Lu Chen no necesitaba beber de inmediato, aquella imagen lo hizo sentir de pronto la garganta extrañamente seca.
Zhuo Yiran, tras acabar, lanzó la botella vacía como un tiro libre, encestándola en el basurero. Su expresión seguía siendo de triunfo.
Seguro que, antes de acabar el día, el video de ellos corriendo juntos ya estaría circulando en “TA Shuō”, y convertirse en modelo de pareja sería cuestión de tiempo. Solo de pensarlo, Zhuo Yiran se sentía exultante.
Lu Chen, en cambio, no podía entender esa súbita emoción. Caminaron en silencio de regreso, planeando separarse al llegar al dormitorio. Pero al pasar junto a la cancha de básquet, una voz los detuvo.
—¡Lu-ge!
Ambos miraron en esa dirección, aún sin localizar entre la multitud quién había hablado, cuando se escuchó otra voz, aún más fuerte:
—¡Cuñada!
Apenas escuchó ese grito familiar, a Zhuo Yiran se le aflojaron las piernas.
El llamado fue tan alto, tan atronador, que hasta los que estaban cerca se detuvieron a mirarlos.
Aunque Zhuo Yiran solía ser bastante desinhibido al momento de presumir cariño en público, el apelativo de “cuñada” lo tomó por sorpresa. Para un straight B de acero como él, escucharlo de golpe resultaba un tanto estridente; y peor aún, en un lugar tan concurrido. Incluso alguien tan descarado como él no pudo evitar que se le encendieran las orejas.
No se atrevió a mirar la expresión de Lu Chen y, en cambio, dirigió la vista hacia el origen de la voz. Allí vio a un chico alto y corpulento, de piel morena, que sostenía un balón de baloncesto con una mano y con la otra les saludaba enérgicamente:
—¡Vengan a jugar! ¡Nos faltan dos para completar!
En la cancha había cuatro personas; Zhuo Yiran reconoció a dos de ellas: uno era Lin Yang, compañero de cuarto de Lu Chen, y el otro era el único beta del grupo, su excompañero de clases del semestre pasado, Qin Wei.
—¡Cuánto tiempo sin verte! —lo saludó Qin Wei, con quien antes tenía buena relación. Al notar luego a Lu Chen a su lado, esbozó una sonrisa ambigua—. Vaya, chico, has progresado.
Encontrarse con conocidos en una situación como esta resultaba inevitablemente embarazoso. Zhuo Yiran aún no sabía bien cómo reaccionar cuando el moreno musculoso se adelantó entusiasmado, mostrando una hilera de dientes blancos:
—¡Mucho gusto, cuñada! Es la primera vez que nos vemos, espero que nos llevemos bien.
Zhuo Yiran: “…”
Siempre había pensado que a los alphas amantes del deporte les daba un poco del llamado “síndrome de straight-A” (esa hombría excesiva que los volvía rígidos). Por eso asumía que los amigos alphas de Lu Chen, por más liberales que fueran, sentirían aunque sea un poco de incomodidad con las relaciones AB. Pero no: aquí estaban, llamándolo “cuñada” con una fluidez que él mismo, siendo el implicado, aún no había logrado aceptar del todo.
A esas alturas no le quedaba más que seguir con la actuación, así que mostró una sonrisa torpe, incómoda pero cortés.
Luego giró la cabeza rápidamente hacia Lu Chen y le lanzó una mirada, con el mismo mensaje de ayer: “Controla a tus muchachos.”
Para su sorpresa, Lu Chen lo miró una vez, pero no pareció captar la señal en absoluto.
—Este es Zhong Han —lo presentó con calma, señalando al robusto moreno—, nuestro pívot.
El nombre le calzaba perfectamente: simple y grandote.
—Y este es Xiang Jia, el subcapitán —añadió.
Era el primero que los había llamado. Su rostro era alargado y usaba unas gafas deportivas en el puente de la nariz, lo que le daba aire de estudiante aplicado. Sin embargo, del cuello hacia abajo, sus músculos irradiaban poderío; la combinación le otorgaba un aire contradictorio.
“El mundo de los alphas es incomprensible para mí”, pensó Zhuo Yiran, mientras forzaba una sonrisa que él consideraba lo suficientemente amable.
Para este papel de “cuñada falsa”, realmente estaba dando lo mejor de sí.
NOTAS DEL TRADUCTOR:
直a癌 (zhí A ái)
Literal: “cáncer de alpha recto”.
Explicación: Variante de 直男癌 (“cáncer de macho hetero”), que describe actitudes machistas, homofóbicas o condescendientes.
En este contexto: Zhuo Yiran pensaba que los alphas deportistas iban a tener esa “mentalidad cerrada”, pero resulta que no: lo aceptan con naturalidad y hasta lo llaman “cuñada” con soltura.
嫂子 (sǎozi)
Literal: “cuñada” (esposa del hermano mayor).
Uso en la novela: los amigos de Lu Chen lo usan para referirse en broma/cariñosamente a Zhuo Yiran, como si fuera la pareja oficial de su “hermano mayor” Lu Chen.
Subtexto: en la cultura china universitaria/deportiva, los amigos suelen llamarle “cuñada” a la novia de su compañero, aunque no estén casados. Aquí aplicado a un beta hombre, es cómico y embarazoso.