Capítulo 13

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Cada centímetro de la piel de Lin Ling es perfecto para las gemas

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Los beneficios que Shi Changyuan le había dado eran tan grandes que el pequeño hongo se sentía completamente indigno de recibirlos.

Así que decidió ir por su cuenta a buscar a los generales que habían regresado de la frontera norte, para aprender a escondidas el método secreto de secar frutos.

La residencia de los generales estaba fuera del palacio, pero al parecer aún tenían asuntos que discutir con el emperador y no habían salido, lo que le dio al pequeño hongo una oportunidad.

“Hola, ¿hay alguien?”

Lin Ling permanecía frente a la puerta de un salón lateral exageradamente silencioso, asomándose indeciso una y otra vez, pero nadie salió.

Entrar así no parecía muy educado, así que el hongo decidió saltar la tapia del patio trasero para ver qué ocurría.

Apenas Lin Ling se encaramó al muro del patio trasero, oyó dos voces discutiendo.

“¡Esa era la bailarina más hermosa de las Regiones del Oeste, de verdad es un malagradecido, tiene ojos que no ven!”, llegó desde el patio una voz femenina desenfadada, como el viento de la estepa, cortante y libre.

“Ay, mi señora general, no diga más”, el subcomandante sin saber ya qué hacer, intentaba apaciguarla a toda costa. “En años anteriores, ¿acaso Su Majestad no devolvió también a todas las bailarinas que le ofrecimos?”

“Esa gran belleza la seleccioné yo misma, ¿acaso su comentario de que era “desagradable a la vista” no es una provocación a mi gusto? ¿Luché en las Regiones del Oeste solo por un par de pasas? Quiero ver qué clase de bellezas tiene dentro y fuera del palacio que superen a las que yo elijo…”

Antes de que terminara la frase, la mujer bajo el muro se encontró cara a cara con Lin Ling sobre la tapia y su voz airada se cortó de golpe.

Lin Ling un poco asustado encogió la cabeza, pero al recordar a qué había ido, se armó de valor y saludó.

“Hola, he visto que no había nadie en la puerta principal y…”

Lin Ling no había acabado de hablar cuando oyó a aquella mujer soltar una exclamación no exactamente suave, pero se esforzó por reprimir su emoción: “¡Cielos! ¿De quién es esta belleza?”

Lin Ling estaba a punto de bajar del muro cuando oyó un grito desde el otro lado: “¡Quédate quieto!”

El hongo se quedó paralizado, sin saber del todo qué hacer.

La hermosa general saltó ella misma a la tapia y ayudó a bajar a Lin Ling sin apartar la vista de él ni un instante, temiendo que se le escapara en cuanto lo soltara.

De pie ante la general, Lin Ling sintió un miedo difícil de explicar y le explicó a qué había ido tartamudeando.

Al oírlo, la general le puso ambas manos en los hombros, lo miró fijamente un buen rato, su expresión pasó de la sorpresa a los celos y la indignación: “Efectivamente, en comparación, todas palidecen por completo. Vaya suerte tiene ese hombre”.

“Dijiste que querías aprender a secar frutos, ¿verdad?”, alargó la última sílaba. Lin Ling asintió enseguida.

“Yo tampoco sé”.

Primera vez que un humano estafaba a un hongo: ???

“Soy general, ¿cómo iba a necesitar secar yo misma los frutos? Todas estas cosas las arrebaté en las Regiones del Oeste… digo, las intercambié”. La mujer hizo un gesto despreocupado con la mano. “Me llamo Shi Liuwan, tengo cierto parentesco con el actual emperador, quizá puedas llamarme tía”.

Después de decirlo, Shi Liuwan, aún intranquila, lo tentó con una promesa: “Llámame tía y el año que viene te traeré más frutos secos”.

El hongo no lo entendía, pero obedeció: “Tía”.

“Quieres decir ¿que deseas devolverle un regalo al emperador?” Shi Liuwan agarró a Lin Ling de la mano y lo llevó a sentarse a un quiosco junto a la rocalla.

Quizá por el apelativo de “tía”, Lin Ling sintió de repente que estaba ante un pariente mayor, le entró una presión repentina y puso ambas manos sobre las rodillas, con un aire muy formal y obediente.

“Sí”.

“En mi opinión, regalarle frutos secos no le va a tocar el corazón”, Shi Liuwan parecía tener algo más que decir. “Mejor regálale otra cosa”.

Lin Ling lo entendió a medias y preguntó sin tardanza: “Entonces, ¿qué le regalo?”

Shi Liuwan entrecerró sus ojos de zorro y sonrió: “Yo te enseño”.

── .✦

Cuando Shi Changyuan supo que el hongo que criaba se había ido a la zona de Shi Liuwan diciendo que quería aprender a secar frutos y todavía no había regresado, intuyó que algo no andaba bien.

Fue a buscarlo, pero la otra le dijo que ya lo había enviado de vuelta hacía rato.

Shi Liuwan, al ver la espalda de Shi Changyuan dándose la vuelta para marcharse, exclamó: “Quién lo iba a decir, muchacho, hasta tú has llegado al día en que te gusta alguien”.

Shi Changyuan se detuvo un instante, y sin haberle dado tiempo a abrir la boca, oyó a Shi Liuwan continuar para sus adentros: “Que una lindura así no te guste, debe ser porque no andas bien de la cabeza”.

Dicho esto, Shi Liuwan volvió a mirar a Shi Changyuan. “Pero me imagino que esa persona no es de palacio, quizá ni siquiera sea de la capital”.

“¿Has pensado bien cómo retenerlo?”

Aunque era una pregunta, el tono de Shi Liuwan revelaba certeza. Estaba convencida de que los Shi, obstinados, egocéntricos y sin demasiados reparos éticos, conseguirían lo que quisieran sin importar los medios.

De no ser así, el clan Shi tampoco habría logrado enviar tropas con total naturalidad a conquistar en todas direcciones y unificar el reino por siempre.

La mirada de Shi Changyuan titubeó un instante y se limitó a responder: “No hace falta que te preocupes”.

“Majestad, Xiao Fuzi dice que el joven Lin ya ha regresado a los aposentos”. En cuanto Shi Changyuan salió, Shunde, que ya se había informado, le comunicó la noticia.

“Mm”. Shi Changyuan asintió.

Todo el séquito regresó en formación imponente al Palacio Li’an. Salvo Shi Changyuan, todos se quedaron aguardando a las afueras del patio del salón lateral, en un acuerdo tácito.

Aún era temprano; el hongo no estaba descansando en la habitación. Shi Changyuan dio un rodeo hasta el jardín trasero y encontró aquella silueta en una esquina junto a un pequeño estanque de lotos.

El hongo parecía haberse cambiado de ropa, una que no se asemejaba a las prendas de las Llanuras Centrales. Estaba sentado junto al estanque, asomándose al agua una y otra vez como si buscara algo.

Aquella ropa se parecía mucho a la gasa blanca que el espíritu hongo llevaba al principio, pero esta lucía aún más espléndida.

La tela del cuerpo superior, ligera como gasa, estaba bordada por completo con joyas. Aros de oro, plata y filigrana rodeaban sus brazos y piernas, mientras una cadena pectoral de gemas ensartadas caía sobre el pecho, velando la silueta que se insinuaba bajo la gasa.

El rubí sobre la frente hacía que las cejas y los ojos de Lin Ling cobraran de repente unos trazos intensos y vivos, imposibles de ignorar.

“¿Qué estás haciendo?”

Lin Ling giró la cabeza al oír la voz, con los ojos llenos de sorpresa. “¡Llegaste! Al collar del cuello se le cayó una cuenta y quiero encontrarla”.

Luego volvió a mirar el estanque frente a él, con expresión grave. “Pero no estoy muy seguro de si se me cayó ahí dentro”.

Shi Changyuan observó fijamente a la persona que tenía delante, sin prestar atención a aquella cuenta perdida y preguntó con voz grave: “¿Es ropa de bailarina de las Regiones del Oeste?”

Lin Ling asintió; el rubí de la frente se meció con el movimiento. “Sí”.

“Me regalaste muchos frutos secos, yo también quería devolverte el regalo. La tía dijo que quizá esto te gustaría”.

Shi Changyuan se masajeó la frente. Al oír que era obra de aquella mujer, ya nada le extrañó.

Al ver que Shi Changyuan no reaccionaba, Lin Ling se le acercó un poco más; los cascabeles tintineaban al andar. Con expresión confundida, volvió a mirarse la ropa y preguntó: “¿No te gusta?”

Esa pregunta Shi Changyuan no era capaz de responderla en absoluto.

Cada centímetro de la piel de Lin Ling era perfecto para las gemas, sin importar el color.

Esos objetos fastuosos y deslumbrantes sobre el cuerpo del joven no lo opacaban lo más mínimo, sino que quedaban relegados a un mero acompañamiento, haciendo que sus facciones lucieran todavía más espléndidas y profundas.

En ese instante, la naturaleza de espíritu de Lin Ling pareció amplificarse sin límite, tal como cuentan las leyendas que cautivan el alma.

“Es bonito”.

Shi Changyuan bajó la mirada hacia el joven que tenía delante y respondió eludiendo la pregunta.

Pero no es apropiado.

Como un hongo nacido entre palacios enjoyados y aposentos dorados, no era apropiado.

Shi Changyuan se adelantó, jugueteó con el rubí de la frente de Lin Ling y le quitó los pesados adornos de la cabeza, devolviéndole su aspecto de siempre.

El hongo sacudió la cabeza sin notar nada extraño y se limitó a decir sonriendo: “Me alegra que te guste”.

A continuación, empezó a manosear las gemas que llevaba encima mientras se quejaba entre dientes de lo pesadas que eran. Al mismo tiempo, le asombraba que los humanos pudieran bailar cargando con tantas cosas encima.

Shi Changyuan esbozó una sonrisa, pero esta no llegó a sus ojos. Tomó a Lin Ling de la mano: “Voy a llevarte a cambiarte de ropa”.

Lin Ling asintió y siguió a Shi Changyuan de vuelta al interior.

Al terminar de cambiarse detrás del biombo, dejó la ropa de baile sobre un perchero sin pensarlo mucho. Pero la falda parecía demasiado pesada y al instante se resbaló.

Aquella prenda hecha casi por completo de gemas se deslizó estrepitosamente hasta el suelo, desparramándose por todas partes.

Detrás del biombo, Shi Changyuan se agachó y recogió la gema que había rodado hasta sus pies, haciéndola girar entre los dedos.

No era apropiado.

Pero él no quería soltarla.

Shi Changyuan guardó la gema dentro de la bolsa de monedas del hongo y preguntó con una sonrisa: “¿Te gustaría aprender a leer y escribir?”

Lin Ling acababa de salir de detrás del biombo ya cambiado y no entendía por qué Shi Changyuan mencionaba eso de repente: “¿Para qué iba a aprender eso un hongo?”

“Para que el hongo pueda volverse más inteligente”.

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