Capítulo 13.- Regresa a Egipto para conevrtirte en un saqueador de tumbas

Arco | Volúmen:

No disponible.

Estado Edición:

Editado

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

Capítulo 13.- Regresa a Egipto para convertirte en un saqueador de tumbas.

El autor tiene algo que decir: 

La descripción de Tutankamón en este capítulo está extraída de “La Colección Completa de Casos Históricos sin Resolver”, Editorial China de Ultramar, página 7, La Maldición del Faraón.

Parte del conocimiento relevante del capítulo, también se extrae de este libro. Declaro que este escrito no tiene nada que ver con lo real. Tutankamón es solo un elemento de fondo. La historia es pura invención mía. Por favor, no la tomen en serio.

────୨ৎ────

—Mwahh~ *Bostezo*

Al abrir los ojos, lo primero que llamó la atención de Sheng Yi fue un desierto dorado. Devil no se quedó a su lado como la última vez.

Mientras Sheng Yi se preguntaba por su situación actual, su brazalete volvió a mostrar automáticamente la pantalla flotante.

[Mazmorra: La Maldición de Tutankhamón]

[Dificultad de la mazmorra: D]

[Número de saltadores: 2]

[Misión secundaria: Encontrar a su compañero Devil y robar la Máscara Dorada de Tutankamón de forma segura].

[Una vez completada la misión, el saltador será teletransportado de vuelta al área de descanso].

[Tutankamón, un miembro ordinario de los muchos faraones del antiguo Egipto, sufrió un final desafortunado a una edad temprana, y la causa de su muerte sigue siendo un misterio. Miles de años después, la línea de maldiciones sobre su tumba sigue siendo sobrecogedora].

[¡Buena suerte!]

«¿Por qué tengo esa sensación de que algo no va bien?»

Muy pronto, la premonición de Sheng Yi se hizo realidad, solo para verlo escrito en su carnet de identidad.

[Tarjeta de identificación]

[Nombre: Sheng Yi]

[Número: F-DQ666-0007]

[Identidad: Es un ladrón de tumbas que codicia desde hace tiempo la máscara de oro de Tutankamón. A pesar del miedo a la maldición del Faraón, decide correr el riesgo y entrar a la tumba del faraón para cometer el robo].

—…

«¿Qué puedo decir?»

«¿No pueden estas mazmorras darme una identidad que esté al menos en el campo de la justicia? La última vez fui un secuestrador, esta vez soy un ladrón de tumbas. Oh, tengo la corazonada de que esta vez mi habilidad sufrirá…»

A pesar de que el mundo está tan jodido, Sheng Yi todavía tiene que mantenerse positivo para hacer frente al desafío.

Sheng Yi en primer lugar, revisó su propio equipo: una pala Luoyang, una linterna, una cuerda, una daga, un encendedor, una vela, una máscara de gas… incluso Sheng Yi vio un paquete de explosivos. Maldita sea, ¿iba a volar las tumbas de sus ancestros si no conseguía robar la máscara dorada del faraón? Sheng Yi cerró la función de almacenamiento de la pulsera y sacó en silencio su teléfono móvil, ansioso por ver si Baidu Maps o Gaode Maps pudieran indicarle dónde estaba este lugar.

Sin embargo, cuando abrió su teléfono móvil, descubrió por su cuenta que, al parecer, no había señal.

«… Se me había olvidado que en el desierto no hay buena cobertura».

Aunque Sheng Yi había vivido muchas situaciones emocionantes y peligrosas, era la primera vez que lo dejaban solo en el desierto sin decirle ni una palabra.

Sheng Yi se secó en silencio el sudor resbalando por su cara, por el sol y, sin otra opción, sacó la brújula y el mapa que le había dado el sistema y empezó a especular en silencio hacia dónde debía ir para salir de allí.

Miró a su alrededor y vio que, aparte de arena, no había nada más en ese lugar infernal.

Una ráfaga de viento casi le hace tragar arena a Sheng Yi, ese ladrón de tumbas a medias.

«¿Qué es esta sensación de que la arena me va a tragar antes de llegar a la tumba de Tutankamón?»

Por suerte, el sistema no era tan malo y había marcado la ubicación actual de Sheng Yi en el mapa. Mientras pueda identificar el norte, el sur, el este y el oeste podrá encontrar la tumba de Tutankamón marcada.

Sheng Yi recordaba haber leído en algún lugar que Tutankamón tenía apenas 19 años cuando murió. Como la pirámide que mandó construir aún no estaba terminada en el momento de su muerte y, además, el visir Ay se interesó posteriormente por ella, Tutankamón fue enterrado en un lugar muy pequeño. Precisamente por eso, su tumba fue la única que nunca había sido saqueada.

Al pensar en esto, Sheng Yi no pudo evitar suspirar. Este faraón fue realmente desafortunado: murió muy joven y no fue enterrado en una pirámide, pero al menos se libró del destino de ser saqueado.

Lamentablemente, la historia de que la tumba de Tutankamón nunca había sido saqueada estaba a punto de ser reescrita por él. Sheng Yi no sabía si sentirse orgulloso o si reírse de la situación.

Siguiendo las indicaciones del mapa y la brújula, Sheng Yi tardó aproximadamente un día entero en llegar al profundo cañón del Valle de los Reyes de Egipto.

Al llegar a su destino, Sheng Yi casi se arrodilla en el suelo. Maldita sea, era la primera vez que caminaba todo un día por el desierto con más de 40 grados de temperatura. «¿No podían haberme transportado directamente aquí cuando el sistema me teletransportó? ¿Es que al sistema le faltaba dinero para el envío o gasolina?»

Sheng Yi encontró un lugar protegido del viento y relativamente seguro, montó la tienda de campaña que llevaba consigo y pasó la noche descansando en el cañón. 

A la mañana siguiente, entró en el gran desfiladero.

Sheng Yi observó las paredes rocosas del cañón hasta que la pulsera que llevaba en la muñeca vibró ligeramente y se detuvo.

Al pulsar el brazalete, apareció una pantalla flotante que decía: 

[Número F-DQ666-0007, ¡enhorabuena!, has llegado a la entrada de la tumba de Tutankamón].

Al ver esta frase, Sheng Yi no pudo evitar mirar las paredes rocosas que lo rodeaban y, sin mucho esfuerzo, descubrió una puerta oculta. Probablemente, el sistema temía que los saltadores no tuvieran conocimientos de arqueología y, al no encontrar la tumba, no pudieran completar la misión, por lo que colocó la puerta del pasadizo de forma visible y añadió una pista. Vaya, ¡qué detalle!

Sheng Yi se burló mentalmente del sistema y comenzó a estudiar la puerta.

En ella había grabada una inscripción, tal y como había visto antes: 

.

Sheng Yi volvió a examinar detenidamente la frase. Normalmente, no sabría leer los jeroglíficos egipcios, pero cuando miró la frase, inmediatamente entendió su significado. Probablemente era una ventaja que el sistema ofrecía a los saltadores, para evitar que un pequeño problema como el idioma impidiera completar la misión. Bueno, ¡que amables!

Sheng Yi pensó en silencio y luego extendió la mano para intentar abrir la puerta.

Aunque la puerta parecía estar incrustada en la pared de piedra, con solo empujarla ligeramente, se abrió hacia dentro.

Cuando se abrió la puerta, Sheng Yi miró el oscuro pasillo de la tumba y agradeció que la mazmorra no le hubiera jugado una mala pasada al abrirla.

Justo cuando Sheng Yi encendió la linterna para entrar en el pasillo de la tumba, de repente recordó que parecía haber olvidado algo. Tras recordar durante un rato, se dio cuenta de que la misión de la mazmorra le obligaba a encontrar a Devil, pero había recorrido todo el desierto sin encontrar rastro alguno de él, como si este tipo no estuviera en la misma mazmorra que él.

Sheng Yi iluminó el pasillo interior con la linterna y pensó: «¿No será que a ese tipo, Devil, le asignaron desde el inicio la identidad del faraón?». Mientras pensaba en ello, Sheng Yi no pudo evitar reírse. Normalmente, el faraón Tutankamón debería ser el Jefe Final de esta mazmorra, pero, según la naturaleza del Plan de Salto, un personaje tan importante no debería recaer en manos de un jugador. Así que, pensándolo bien, la identidad de Devil probablemente sería parecida a la suya… aunque lo más seguro es que todavía no hubiera llegado hasta allí.

Sheng Yi pensando en todo esto, siguió bajando por el oscuro pasillo de la tumba.

El pasaje por el que iba, no tenía los mecanismos ni las flechas ocultas que imaginaba, y aparte del polvo que flotaba por todas partes, parecía excepcionalmente limpio. 

Sheng Yi pensó que, según las características habituales, el Plan de Salto, probablemente no permitiría que este viaje de saqueo de tumbas fuera tan fácil, de lo contrario, no sería, sino un juego de niños.

En las paredes del pasillo de la tumba había dibujos que Sheng Yi no entendía, pero supuso que eran dioses egipcios o los logros de Tutankamón a lo largo de su vida.

Después de mirar durante mucho tiempo, Sheng Yi logró reconocer a duras penas a algunos dioses que le resultaban familiares, como el dios de las almas y guardián de los cementerios Anubis, ese dios con forma parecida a una mezcla de zorro negro y lobo y envuelto en un pañuelo de lino. También vio el dibujo de una cobra y recordó que, al parecer, esta serpiente era la imagen más común entre los objetos funerarios de Tutankamón.

Sheng Yi no sabía cómo era el auténtico mausoleo de Tutankamón en la Tierra. Esa tumba fue descubierta y explorada por un equipo arqueológico dirigido por el arqueólogo británico Howard Carter el 4 de noviembre de 1922. Fue precisamente la desgracia que sufrió gran parte de ese equipo lo que dio a conocer la maldición del faraón.

Sheng Yi no sabía si la tumba del faraón del Plan de Salto era idéntica a la tumba real o si se le habrían realizado modificaciones. Según su hipótesis, el Plan de Salto debería ajustar algunos cambios necesarios en la tumba para las necesidades. Al fin y al cabo, tanto Tutankamón como su tumba eran solo elementos secundarios de la mazmorra, y esta no podía deducirse completamente con solo algunos conocimientos de la Tierra.

Mientras Sheng Yi pensaba en ello, de repente le pareció oír un maullido débil y lejano.

Sheng Yi cambió la mirada y pensó: «Bien, después de tanto tiempo descansando, ¡resultaba que me estabas esperando aquí!».

Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x