Capítulo 148- La víspera. Parte 3

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Sigurd Sigurdson.

Era un narrador dimensional, que recorre mil sueños y habla con mil voces.

Hace mucho tiempo, escribió un libro prohibido llamado ‘Apocalipsis del Otro Mundo’, donde predijo la destrucción de Delcross y era el mismo que arrastró a Seo Yi-seo, una humana del mundo reglado, hacia este lugar.

Su propósito, tal como lo declaró desde el principio, siempre fue el mismo.

Convertirse en una gran ley, volverse una gran historia en sí mismo.

No podía imaginar con exactitud qué significaba eso. Pero como Seong-jin, cuando era un niño, soñaba con convertirse en un tiranosaurio, así que, no quería desacreditar los anhelos de alguien por más absurdos que fueran.

“Bueno, como sea. Da igual en lo que quiera convertirse”.

Pero, ¿ese tipo escribió algo como eso? 

¿Un padre completamente devoto a sus hijos mató a su hija con sus propias manos? ¿Y ese bastardo le mostró la historia a una niña pequeña?

—Jaja, ¡Sigurd Sigurdson, este hijo de puta!

“Pase lo que pase, definitivamente tengo que derrotar a ese tipo con mis propias manos”.

Mientras Seong-jin reajustaba drásticamente la tasa de intereses que iba a aplicarle a ese tipo, de pronto el Rey Demonio habló con voz temblorosa.

—[Tranquilízate, Lee Seong-jin. ¿Por qué estás asustando así a las niñas?]

—“¿Qué?”

 Cuando levantó la cabeza con desconcierto por la actitud temblorosa, vio que el rostro de Sisley, que sostenía con fuerza su taza de té, se había puesto completamente pálido y por si fuera poco…

—¡Shaaaak! 

En una esquina del salón, Seo Yi-seo se había replegado mientras bufaba.

—“Pero ¿qué demonios? ¿¡Qué hice ahora!?”

—[¡Tu expresión, es por tu expresión! ¡Es la de un usurero listo para arrancarle los órganos a alguien, por favor, deja de sonreír!]

—“¿eh?”

Solo en ese momento, Seong-jin se dio cuenta de que, sin notarlo, había curvado sus labios con una sonrisa torcida.

Ahora que lo pensaba, era cierto. Cada vez que Seong-jin sonreía, su subordinado solía horrorizarse preguntándole si otra vez estaba preparándose para hundir a alguien. 

Se aclaró la garganta con un leve carraspeo y despacio bebió un sorbo de té.

—Ejem.

Perfecto. El té de Melbourne del comandante Bruno tenía un sabor que purificaba el alma. Después de unos segundos de silencio dejó la taza sobre la mesa.

—Desde hace rato quería preguntarte algo. Sisley, ¿por qué no le contaste esta historia a padre?

—Eso es… 

Sisley dudó por un momento.

¿Cómo podía explicar lo que ocurrió aquel día?

Ese día el mundo pareció cambiar de forma extraña, como si se hubiese despojado de una capa superficial.

El miedo de ese día, cuando la persona a la que mejor creía conocer en este mundo y al que le tenía un profundo afecto, de repente le pareció tan aterrador y desconocido.

Y entonces, la voz amable que escuchó en su mente.

 «Esa es su verdadera naturaleza. Cuando algo le parece inútil, lo corta sin piedad. En un futuro no muy lejano, tú también morirás a manos de él, como los demás».

Tal cual, en la visión profética, el Santo Emperador no mostró ni una pizca de duda al ejecutar a Sisley.

—Pensé que sería peligroso, hermano. Según el contenido de la novela, Su Majestad ya habría estado sucumbiendo a la corrupción desde hace años.

—¿Entonces no confías en padre?

—Por supuesto que no creo que, Su Majestad desee sinceramente mi ruina. Pero no puedo descartar completamente la posibilidad de que, al estar siendo manipulado por una fuerza maligna, pueda acabar hiriéndome sin quererlo.

Seong-jin ladeó la cabeza, extrañado.

—¿Por qué confías tanto en lo que soñaste? Ese tipo que apareció en tu sueño es claramente el mismo narrador dimensional del que hablaba Seo Yi-seo, ¿cierto?

—Sí. Creo que es la misma persona.

—Tú misma escuchaste lo que le hizo a Seo Yi-seo. ¿Y aún sigues creyendo que el sueño profético que tuviste es real? ¿No te parece más lógico pensar que él lo manipuló?

Ante eso, Sisley simplemente esbozó una triste sonrisa.

—Es difícil de explicar, pero, hermano, puedo distinguir perfectamente entre un simple sueño y una visión profética. Esa fue sin duda una visión que vi con mi propio poder, y hasta ahora todo ha ocurrido exactamente como en el primer volumen de la Crónica de Delcross.

Desde que apareció la marca de la santa en Sisley, hasta el hecho de que el Santo Emperador se opusiera siempre a que ella se convirtiera en santa.

¿No era esa la actitud de una persona que se ha corrompido en la oscuridad y que nunca la reconocería como una santa?

—Y piénsalo de forma más simple, hermano mayor. Si mi sueño profético es real, contarle a Su Majestad no solucionaría nada. Si por casualidad resulta ser un error, no hay necesidad de preocuparlo con algo que podría no pasar. Seguramente Su Majestad se entristecerá mucho al saber que soñé algo así.

Eso fue todo. 

Cualquiera que fuera la razón, Sisley no quería que el Emperador supiera del miserable futuro que les aguardaba, porque a pesar de que le tenía miedo… aún lo amaba mucho.

—¿Y entonces por qué me lo cuentas a mí?

—Porque creo que tú, hermano mayor, eres la única persona que puede cambiar el futuro que ya está escrito. —contestó Sisley acariciando con cuidado su taza de té—. Como dije antes, hasta ahora todo ha seguido al pie de la letra lo que ocurría en el primer volumen de la Crónica de Delcross, pero las cosas comenzaron a desviarse hace poco. Justo en el inicio del volumen 2.

Se debían de abrir las Puertas Dimensionales de forma simultánea en la Capital Imperial y de ahí, comenzaron a aparecer en momentos inesperados.

Incluso se creó una Unidad Especializada en Monstruos que no existía en el libro y la protagonista, Seo Yi-seo, fue descubierta antes de lo previsto, convirtiéndose en santa sin pasar por las Pruebas de la Santidad.

—Me di cuenta que todos esos eventos tienen algo en común. —Los ojos de Sisley se clavaron en Seong-jin con una profundidad inesperada—. Tú, hermano Morres. Todo está relacionado contigo de algún modo.

—…

En la Crónica de Delcross, también se mencionaba al príncipe Morres.

En el volumen I, el Santo Emperador y la Emperatriz consorte lo lastiman tanto, que termina desviándose del buen camino. En el volumen II, tras una grave fiebre, se arrepiente de sus actos y se dedica a corregir su vida esforzándose en la esgrima. 

Sin embargo, a pesar de sus sangrientos esfuerzos, el Morres de la novela no logró acumular nada de aura por años. En ese estado de desesperación, conoció a Seo Yi-seo, la amable santa. 

Ella lo consoló con dulzura y él terminó profundamente enamorado de ella, aunque nunca sería correspondido. Era el típico personaje secundario trágico.

En el volumen III, comenzaba a mostrar señales de volverse loco por ese amor no correspondido, perfilándose como el segundo gran antagonista.

“También la señorita Yi-seo lo dijo… que mi hermano nayor era el segundo villano de la historia.”

Pero no estaba más lejos de la realidad.

El Morres que Sisley conocía se volvió fuerte al instante tras recuperarse de su fiebre, tanto que la gente lo llamaba un genio oculto de la esgrima.

Y entre los giros que Morres provocó en la historia, Sisley fue descubriendo verdades ocultas que no aparecían en la crónica original.

Que la supuesta reencarnación de la santa Grazier no era más que una ilusión sin esencia.

Que la ceremonia de bendición del primer Santo Emperador, que se creía un acto sagrado, era en realidad una trampa de Cadmus para tomar el control de los cuerpos de las personas.

Ahora no tenía idea de hacia dónde iba esta historia, solo podía pensar una cosa.

“¡Todo depende de ti, hermano Morres!”

Por eso, no fue raro que Sisley pusiera todas sus esperanzas en él.

Por otro lado, Seong-jin pensaba en otra cosa al escuchar la historia de Sisley. Mientras pasaba las hojas del diario rápidamente le preguntó:

—Aquí no parece nada sobre Cadmus ¿En la crónica que leíste se menciona algo sobre él?

—¿Sobre el primer Santo Emperador?

—Sí.

Seong-jin se preguntaba si Sigurd Sigurdson y Cadmus podrían estar relacionados de alguna manera. Después de todo, Sisley comenzó a soñar con la Crónica de Delcross justo cuando apareció la marca de la santa. 

¿No era una coincidencia demasiado oportuna?

—Aparte del momento en que Seo Yi-seo fue bendecida, no recuerdo nada más. ¿Por qué lo preguntas?

—No sé… pero tal vez Cadmus esté detrás de todo esto.

Una voz profunda resonó en las mentes de ambos.

—[Escuchar esto es simplemente ridículo. Solo quise proteger a mi descendiente de ser arrastrada por esas fuerzas oscuras ¿y ahora me acusan de una conspiración absurda?]

Seong-jin giró la cabeza. Para su sorpresa, Seo Yi-seo había vuelto a la mesa de té y masticaba unas galletas mientras los miraba. Sus ojos resplandecían con un tono dorado.

—¿Cadmus?

Seo Yi-seo, o, mejor dicho, Cadmus, frunció el ceño de inmediato.

—[¡Qué descaro! ¿Dónde demonios aprendiste los modales?]

—De acuerdo… ¿ancestro?

—[¡Te he dicho que no me llames ancestro, criatura impura!]

¿Pero qué demonios se supone que debía hacer?

—Bueno, ya que está aquí… respóndeme con sinceridad, señor Cadmus. ¿Usted conspiró con Sigurd Sigurdson para dañar a Sisley?

Cadmus estalló, furioso.

—[¿¡Qué!? ¿¡Conspirar!? ¡Este tipo no deja de decir disparates! ¿Por qué habría de hacer algo así?]

—Usted intentó poseer a Sisley con la excusa de una bendición, ¿o no?

—[¡Justamente! ¡Ese es el punto! ¿Por qué habría de dañar a la persona que iba a ser mi nuevo cuerpo? ¡Lo iba a entregar todo por mí!]

—…

—[…]

Al admitir accidentalmente sus verdaderas intenciones con su propia boca, Cadmus suspiró al recibir la sutil, pero clara mirada de desprecio de Sisley.

—[No es que no conozca al Narrador Dimensional, pero te lo juro: lo único que hice fue grabar la marca para protegerla. Ese sujeto apareció en los sueños de mi descendiente y empezó con sus absurdas artimañas, así que intenté evitarlo. ¿Por qué me comparan de repente con ese tipo?]

—Trató de robar el cuerpo de una persona viva, y eso quedó completamente oculto en la novela. Generalmente, los tipos que esconden ese tipo de cosas son los que más podridos están por dentro.

—[¡Qué lenguaje tan vulgar!] —Cadmus chasqueó la lengua con fastidio y tomó otra galleta—. [¿Qué esperas de alguien así, descendiente mía? ¿Por qué no me entregas todo de una vez y descansas en paz?]

“¡Este maldito loco de mierda!”

Seong-jin estaba a punto de explotar, pero Sisley no se inmutó y negó con la cabeza con calma.

—Las escrituras dicen que las soluciones fáciles, son susurros dulces del demonio. Sé bien quién puede ayudarme de verdad y quién no.

—[…]

Con el mismo semblante inexpresivo de siempre, Sisley había llamado demonio en la cara a su antepasado, y luego se volvió hacia Seong-jin.

—Hace poco, la hermana Amelia y el hermano Logan me dijeron algo. Que, si tenía alguna preocupación, podía hablar con el hermano Morres. Que él siempre sabe cuál es la respuesta correcta.

—¿Mi hermana y Logan dijeron eso?

Eso sí que fue inesperado.

—Sí. Así que… ayúdame, por favor, hermano mayor.

Sus ojos grises, teñidos de una luz desesperada, se clavaron de lleno en el rostro de Seong-jin.

—No quiero morir así…

—…

Aunque fingía serenidad, su voz temblaba por el miedo.

Sisley había leído durante años sobre su propia muerte. Y el sufrimiento mental que esta pequeña había cargado durante tanto tiempo, era algo que ni siquiera Seong-jin podía imaginar con facilidad.

Se apoyó en la barbilla, pensativo, y al cabo de un momento asintió lentamente.

—Hmm, entonces… ¿Qué te parece si lo hacemos de esta manera?

*** ** ***

Esa misma noche, como de costumbre, Dasha llegó al Palacio de la Perla, pero lo que vio fue inesperado.

El príncipe Morres, que la esperaba sentado en el borde de la cama, irradiaba una energía completamente distinta a la habitual.

Vestía perfectamente el traje de infiltración que Dasha le había preparado días atrás, y hasta llevaba su Cascanueces colgado del cinturón. El aura que lo rodeaba, aunque contenida, era tan intensa y controlada que la densidad del aire parecía haberse multiplicado, haciéndole difícil incluso respirar.

—¿Su Alteza?

—Te estaba esperando, Dasha. —dijo poniéndose de pie con decisión—. Dado el lugar al que iremos, necesitaré ayuda profesional si quiero infiltrarme.

—¿Perdón?

Dasha estaba desconcertada ante su actitud tan extraña. Pero mientras intentaba comprender, el príncipe se dirigió con paso firme hacia la terraza.

—Muy bien ¿nos vamos?

—¡Espere, Su Alteza! ¡¿A dónde va a estas horas?!

Entonces, Seong-jin saltó ágilmente sobre la barandilla de la terraza mientras respondía.

—A la mansión Scarciapino.

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