Volumen 1: Niño Blanco
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Todos estaban bastante preocupados por el problema del diente roto de Bai, pero más tarde descubrieron algo aún más grave: Bai estaba perdiendo el pelaje.
Durante la pelea con aquel triceratops, le arrancaron un pequeño trozo de piel con pelaje. No le dolía ni le picaba, así que Bai ni se dio cuenta. Toda su atención estaba centrada en la tragedia de haberse quedado sin dientes.
Fue recién cuando Louis saltó sobre él para jugar y picoteó sin querer una zona en particular que Bai se dio cuenta de que tenía una herida. Aun así, no le dio mucha importancia. Pero pronto notó que comenzaba a perder pelaje.
Los Kantas han vivido mucho tiempo en la fría era glacial, por lo que su pelaje está muy desarrollado y rara vez se les cae. Sin embargo, desde el punto de la herida, la calvicie se fue expandiendo. En poco tiempo, Bai ya tenía una zona de unos diez centímetros sin pelaje. Fue Blake quien, al descubrirlo, lo sujetó y lo examinó a fondo, descubriendo que la piel alrededor de esa área se había endurecido.
A partir de ahí, Blake le restringió los movimientos. Quería encontrar una hierba que había visto usar a su padre cuando era pequeño, que aceleraba el crecimiento del pelaje. Pero el entorno ahora era mucho más frío que en aquellos tiempos, y prácticamente no se encontraba ninguna planta verde. Viendo que el problema de la pérdida de pelaje se agravaba cada vez más, el jefe de la familia, Blake, tomó una decisión importante:
¡Se mudarían!
—¿Pero… ya no vamos a esperar aquí? —preguntó Bai, que conocía muy bien lo que Blake tenía en mente. Esta zona, por su frío extremo, ya hacía tiempo que no era apta para los Kantas.
—Nos quedamos antes porque aquí había menos cazadores grandes y podíamos sobrevivir. Pero ahora, ni siquiera las presas quieren venir. Somos cazadores, tenemos que ir donde haya caza —dijo Blake con firmeza, mirando el creciente círculo calvo en el cuerpo de Bai.
No tenían muchas pertenencias que empacar, solo las cosas que había dejado su padre (pelitos, dientes… y heces, gulp), y a sus dos crías. Se comieron con esfuerzo lo que quedaba de la pierna trasera del triceratops, que pensaban racionar por más tiempo, y con las panzas redondas, los cuatro se pusieron en camino.
Era un mundo helado y aislado del resto, en el que todo estaba en silencio. Este lugar hacía mucho que había sido olvidado. Blake se sentía algo intranquilo. Había vivido allí desde que nació; incluso la zona de cría no estaba muy lejos. Se giró para mirar hacia adelante, donde Bai corría alegre con Louis sobre su espalda. Puede que otros no lo notaran, pero Blake, que había crecido con Bai, conocía cada uno de sus gestos: Bai estaba emocionado.
Ya hacía dos años que Bai venía insistiendo en ir a cazar más lejos, pero Blake siempre lo había rechazado. Además, en ese entonces no tenían ningún huevo, y aunque ambos querían ir a la zona de cría a buscar (¿robar?) uno, nunca lo hicieron. Ahora, su deseo se estaba cumpliendo. Tras una semana de perder dientes y pelaje, ese tonto tan alegre había estado completamente decaído. Blake hacía mucho que no lo veía tan feliz.
—¡Querido~! ¡Mira lo que encontré! —se oyó la alegre voz de Bai desde adelante. Incluso dejó escapar unos chillidos bajos que imitaban el sonido de las crías, lo cual indicaba lo feliz que estaba.
—¿Qué pasa? Todavía llevas a la cría encima, camina con cuidado —dijo Blake corriendo hacia él, como el padre responsable que era, y de paso, reprendió a su pareja.
—¡Mira! ¡Es hierba crujiente! ¡Mira! —Bai saltaba de un lado a otro girando en círculos mientras señalaba con una garra hacia el suelo bajo sus patas. Siguiendo su indicación, Blake bajó la vista y abrió los ojos de par en par.
—¡Waaah! —¡Era verdad! ¡Hierba crujiente! Cuando eran pequeños, donde vivían había muchas. Era su planta favorita. Pero con el enfriamiento del territorio, hacía mucho que no se veía ninguna. Blake tragó saliva. Por los cielos… ¡Cuánto había extrañado esa textura crujiente!
—¡Debe ser la última mata de hierba crujiente del mundo! ¡Querido, cómela tú! —Bai aspiró profundamente el aroma fresco del pasto y se hizo a un lado para dejarle espacio a su compañero.
—¡Tonto! Ahora que tenemos crías, ellos deberían comerla primero —dijo el padre responsable, Blake, rechazándola con firmeza, aunque se le hacía agua la boca.
Se transformó en su forma humana y con mucho cuidado arrancó la hierba crujiente, dividiéndola entre Louis y su otra cría calva, que daba más preocupaciones.
—¡Puaj! —Louis saltó lejos, sin ningún interés.
—¡Bleh! —¿¡Papá, ya me haces comer frutas todos los días y carne cruda, y ahora también hierba!? Meng Jiuzhao apartó la cara sin piedad.
—¿?
Los dos padres se miraron boquiabiertos. ¿Cómo podían estas dos crías ser tan… hirientes?
Al final, protestas o no, los papás les metieron a la fuerza una hoja a cada uno. La planta de ocho hojas fue repartida entre los cuatro miembros de la familia.
Mientras estuvieran juntos, no importaba a dónde fueran, nada les daba miedo. Saboreando ese sabor tan añorado, Blake aceleró el paso para alcanzar a Bai, que iba delante.
A continuación, haré una pequeña modificación al mundo de esta historia: Los hechos tienen lugar en una época posterior a la extinción de los dinosaurios por diversas razones.
En este tiempo, los mamíferos ya no son tan débiles como antes. Nuevas y curiosas plantas están comenzando a crecer. El largo periodo de oscuridad ha terminado, y el clima gélido empieza poco a poco a templarse.
Dos pequeños dinosaurios que siempre vivieron en el campo… han salido del nido.