Volumen 1: Niño Blanco
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Después de encontrar lo que creían que era la última planta de hierba crujiente del mundo, pronto hallaron otra… y luego otra más… hasta descubrir un pequeño campo entero cubierto de ellas.
Pero la mejor noticia fue otra: ¡comenzaron a ver rastros de otros dinosaurios!
Vieron grupos enteros de coelofísidos, esos pequeños dinosaurios que solían cazar cuando eran más jóvenes. ¡Hacía años que no veían ni uno solo! Incluso se toparon con aquel viejo triceratops que solía vivir en los bordes de su territorio. Y no solo eso, también había muchos otros dinosaurios que jamás habían visto antes.
—¡Mira ese con el cuello larguísimo! ¡Dios, es más grande que papá! — exclamó Bai, emocionado pero también algo asustado—. ¡Y ese otro, con un montón de púas en la espalda! ¡Se ve tan imponente!
—Sí, se ven peligrosos. Será mejor mantenernos alejados. No quiero que nos devoren —respondió Blake, manteniendo su tono cauteloso de siempre.
Meng Jiuzhao, encogido entre los mechones del cuello de Blake, puso cara de incredulidad: Amigo… ese es un braquiosaurio. Y el otro, un estegosaurio.
¡Ambos son herbívoros!
Sin embargo, él realmente apreciaba el enfoque prudente de Blake. Muchos dinosaurios jóvenes morían por actuar con la imprudencia de un becerro recién nacido. El hecho de que Blake y Bai hubieran sobrevivido tanto tiempo seguramente se debía a la meticulosidad de Blake.
Siguiendo sus indicaciones, se movían con sigilo entre las demás criaturas, cazando ocasionalmente alguna presa pequeña, suficiente para alimentar bien a toda la familia. Los dos jóvenes Kantas simplemente seguían a sus padres por instinto, guiados por la comida.
Pero Meng Jiuzhao… empezó a notar que algo no andaba bien.
Estos dinosaurios… no parecen estar buscando comida. Tampoco están migrando de forma natural. Más bien…
¿Están huyendo?
Apenas cruzó por su mente, esa idea ya no pudo ser descartada. La inquietud creció en su interior como una semilla germinando en la oscuridad.
No sabía con exactitud en qué época se encontraba ahora, pero su instinto le gritaba que estaban en un mundo recién nacido.
El frío era la pista más clara. Según los libros de historia, los Kantas —su especie— habían sobrevivido al gran impacto al transformarse en seres bípedos, adaptando su forma de alimentarse, vivir e incluso su propio cuerpo. Después del impacto, vinieron décadas de tinieblas causadas por erupciones volcánicas y polvo en la atmósfera… y luego, el mundo cayó en una larga y helada era.
La era glacial.
Y ahora, él sentía que estaban justo en esa época descrita en los textos antiguos. Pero la historia de esos tiempos era siempre vaga, imprecisa. Nadie sabía con certeza qué había sucedido realmente. De nada le servía esa información. Lo único que Meng Jiuzhao podía deducir era:
—La duración de la era glacial… pero estamos hablando de millones de años, algo imposible de usar como referencia. —Las especies que desaparecieron durante ese tiempo… por suerte, los Kantas no estaban en la lista. —Y lo más inquietante: los grandes cambios geológicos al final de ese periodo…
Un escalofrío le recorrió la espalda.
¡Claro! Últimamente, había empezado a entender cada vez más lo que decían los demás. Blake le había contado sobre la desaparición de su abuelo. ¿No era eso una clara prueba de cambios en la corteza terrestre?
¡Esos dinosaurios estaban huyendo por sus vidas!