Capítulo 19: Pelón, pelón, pelón… se le cayó todo el pelo o(╯□╰)o

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Volumen 1: Niño Blanco

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Mucho tiempo después del último estruendo de la ruptura, el mundo volvió a cubrirse de un silencio blanco.

No hacía tanto que por todos lados se veían dinosaurios pastando, migrando, persiguiéndose entre risas y juegos… pero todo eso parecía ahora un sueño lejano, desvanecido entre aquella inmensidad plateada. El suelo se había partido con una precisión escalofriante, una línea perfecta en forma de “—”. Donde antes había tierra firme, ahora había un abismo abrupto. Al otro lado del precipicio quedaba el camino del que venían. La distancia era tan grande que no se podía distinguir nada.

Junto al borde, primero una vez, luego otra… se oyeron los tristes chiu chiu de Bai.

Eran llamados. Llamados a su pareja. Meng Jiuzhao no sabía cómo consolarlo.

El acantilado era demasiado empinado, con un corte casi vertical. Bai no tenía forma de bajar. Durante tres días completos, permaneció junto al borde sin moverse ni un paso. Solo se alejaba brevemente para buscar alimento para Louis y Meng Jiuzhao, dedicando todo el resto del tiempo a llamar incansablemente a Blake.

La comida en los alrededores era extremadamente escasa. Bai les daba todo lo que encontraba a los pequeños. El hambre, sumado a la pena constante, lo estaban dejando cada vez más débil. Al cuarto día, Bai colapsó sin previo aviso al atardecer.

—¡Chiu chiu! ¡Chiu chiu! —Louis chilló, alarmado por instinto. Con cuidado, saltó sobre el cuello de Bai, su lugar favorito. Sus patitas trataron de agarrarse del plumaje para mantenerse en equilibrio… pero, apenas lo tocó, las plumas gruesas y suaves se desprendieron en montones.

Louis se asustó muchísimo, creyendo que había hecho algo mal, y saltó rápidamente hacia atrás.

Esperaba que lo regañaran… pero Bai no reaccionó. No lo miró, ni lo llamó. Nada.

—¿Chiu…? —Louis lo observó confundido, buscando respuestas en Meng Jiuzhao.

Bajó la cabeza, tratando de ver sus propias patas, pero lo único que alcanzó a notar fue su pancita peluda y redonda. En ese pequeño movimiento, más plumas caídas se esparcieron por el suelo.

Meng Jiuzhao se quedó en blanco.

Con cuidado, se incorporó y tocó el hocico de Bai: aún respiraba, su cuerpo seguía tibio… pero…

Pero Bai estaba demasiado débil. El problema de caída de plumas que parecía estar mejorando había empeorado drásticamente. Ya no hacía falta arrancar: con solo rozarlo, las plumas se soltaban por sí solas. Su piel desnuda quedó expuesta al aire helado, endureciéndose en segundos.

Meng Jiuzhao tiró suavemente de las alitas de Louis.

Louis, como si lo entendiera por naturaleza, supo lo que había que hacer.

Juntos cavaron un hoyo profundo en la nieve y arrastraron a Bai hasta adentro. Lo cubrieron con mucho cuidado por todos lados, y luego se metieron ellos también.

El cuerpo de Bai ya no era cálido como antes. Su piel endurecida y sin plumas no era nada cómoda… pero aun así, Meng Jiuzhao se abrazó fuerte a él. Tenían que darle calor con sus propios cuerpos.

Louis, que ya era bastante ágil, asumió el rol de proveedor de la familia. Siempre encontraba algo de hierba crujiente o pequeños frutos escondidos, y junto con Meng Jiuzhao, se las arreglaban para metérselos en la enorme boca a Bai.

Las noches eran las más aterradoras.

La planicie helada era puro silencio. Meng Jiuzhao llegaba a sentirse como el último ser humano sobre la Tierra. Pero en esos momentos, Louis emitía suaves chiu chiu, apenas audibles, solo para él. Eso lo tranquilizaba inmensamente.

Aferrado al pelaje de Louis, ambos se acurrucaban un poco más cerca de Bai.

Porque para los cachorros, mientras estén al lado de su papá, todo estará bien.

ψ

La tarde del segundo día, mientras Meng Jiuzhao y Louie trabajaban en empujarle más hierba crujiente a Bai dentro de la boca… los enormes ojos redondos del dinosaurio se abrieron de golpe.

Y de ellos comenzaron a caer lágrimas.

Con esfuerzo, Bai se incorporó, rompiendo el techo de nieve del refugio que lo cubría. De inmediato, abrazó a los dos pequeños.

—Bebés… Louis… Blake… Blake, él… —Su voz se quebró.

Llorando desconsoladamente, con los ojos nublados, Bai miró hacia el abismo… y allí, justo frente a él, maltrecho y cubierto de nieve, apareció su pareja: ¡Blake!

¿Eh?

¿¡Blake!?

—¿Blake…? ¿Tú también perdiste todas tus plumas? —Y el llanto… se detuvo por completo.

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