Capítulo 2 (2)

Arco | Volúmen:

Vol 1

Estado Edición:

Editado

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

¿Cómo podía alguien llevarse el dinero del tratamiento de su propio hijo y huir sin remordimientos? Desesperado, Joowon corrió de un lado a otro buscando los lugares que su padre solía frecuentar, pero no encontró ni un solo rastro de él.

Intentó solicitar un préstamo de emergencia, pero el límite era de solo 4 millones de wones y, por alguna razón, la solicitud fue rechazada. Pensó que sería mejor buscar trabajos por jornada, y comenzó a contar con los dedos, calculando ansiosamente el tiempo y el dinero de los turnos.

Como era de esperarse, no era suficiente. Con la sensación de quien se aferra a un chaleco salvavidas, decidió vender el reloj que Kangjae le había regalado. Al buscarlo en internet, descubrió que valía más que cuatro años de matrícula universitaria. No sabía cómo su padre había conseguido algo así, pero primero tenía que apagar el incendio que lo consumía.

Finalmente, Joowon decidió pasar por una tienda de compraventa de artículos de lujo antes de ir a la universidad. Al llegar, justo cuando iba a abrir la puerta, la vibración de su teléfono lo sobresaltó.

   

[Joowon. A partir de mañana. no hace falta que vengas.]

   

Lo habían despedido del café donde trabajaba. Así de simple, con un mensaje de texto.

  

[Mi hija ba.a empesar a trabajar aquí. De verdad. lo. siento mucho. Te depositaré. lo del turno anterior. con un poco. extra.]

  

Era un mensaje lleno de faltas de ortografía y puntos puestos al azar, pero a Joowon no le importó. ¿Qué importaba la ortografía cuando se acababa de quedar sin ingresos? Simplemente sintió como si una desgracia perfectamente redonda hubiera rodado hacia él para aplastarle las entrañas. No entendía por qué la vida era tan cruel y difícil. Sus hombros, que apenas sostenían el peso de la realidad, se sentían más pesados que nunca. Tras morderse el labio un momento, entró en la tienda de lujo donde el aire acondicionado soplaba con fuerza.

—Quiero vender esto.

El dueño del local, un hombre de aspecto meticuloso, se ajustó las gafas y examinó con atención el reloj que Joowon le tendió. Joowon recordó que Kangjae le había dado el certificado de autenticidad junto con el reloj, así que también lo trajo.

—Esto es falso. A simple vista se parece, pero si miras de cerca, el logo es diferente. Lo siento, no podemos comprarlo.

Más que sentir vergüenza por haber atesorado una imitación como si fuera un tesoro, sintió una opresión en el plexo solar ante la realidad de no poder conseguir el dinero. Ni siquiera pudo cometer la estupidez de pedirle que lo mirara de nuevo o que le diera aunque fuera un poco. Con la mirada nublada, Joowon salió de la tienda.

«Con razón». Siempre pensó que su padre jamás le habría regalado algo así. «Con razón…»

No le salía ni una risa de autocompasión. Tras tirar el maldito reloj a la calle como si fuera basura, Joowon se quedó mirando el cruce de peatones con la mirada perdida. «Si me atropellara un coche, recibiría una indemnización considerable… No, olvida eso». Joowon se mordió el interior del labio, tratando de controlar un dolor que la palabra “tristeza” no alcanzaba a describir.

Decidió regresar a la universidad, pero de pronto se dio cuenta de que se había dejado la mochila en casa de Park No-yoon.

—Lo siento, si aún no has salido, mi mochila…

Incluso comprar una mochila nueva le supondría un gasto, así que se dispuso a contactar a No-yoon. Sin embargo, un eco de voz afectuosa resonó en su mente:

– Yo te ayudaré.

—¿Con qué?

– Escuché tu llamada de hace un momento.

El momento en que el adinerado Park No-yoon se ofreció a ayudarlo sin vacilar lo golpeó como una tormenta. Más que pensar en lo rico que debía de ser para tenderle la mano a un hyung con el que apenas tenía confianza, se sintió herido en su orgullo. Precisamente porque se trataba de No-yoon. No quería aceptar la ayuda de alguien que no dejaba de hurgar en sus nervios.

Le dolía el pecho hasta el punto de sentir que iba a estallar al pensar que No-yoon lo miraba con lástima, poseído por ese maldito complejo de superioridad. Jamás le pediría ayuda. Nunca.

Tratando de borrar el recuerdo de No-yoon, Joowon llegó a la universidad. Con el ánimo hecho pedazos, se adentró en los pasillos. Había pensado que venir aquí le daría alguna idea, pero nada había cambiado.

«¿Cómo conseguiré otro trabajo? Tendré que aplicar a algún centro logístico. Pero, ¿cuándo voy a reunir tanto dinero?». Justo cuando la desolación crecía, como si estuviera atrapado en un mundo cubierto de cenizas, su teléfono vibró. Tras pasarse las manos por la cara, revisó la pantalla: era el asistente de la facultad.

—¿Diga? 

Joowon, ¿puedes venir hoy a la oficina de asistencia? 

—¿Ocurre algo?

– Es que has sido seleccionado para la beca de trabajo. Necesito que vengas pronto.

Al oír las palabras del asistente, el rostro de Joowon se iluminó. Recordó haber solicitado la beca hace tiempo. Es un puesto muy disputado porque el trabajo es relativamente fácil; haber sido elegido era un golpe de suerte inesperado.

No era una suma enorme, pero para alguien que acababa de perder todos sus empleos, era una noticia maravillosa. Joowon aceptó, colgó y se dirigió de inmediato a la oficina.

Llamó a la puerta y entró. Allí estaba el asistente, tecleando frenéticamente. Parecía estar sumergido en su trabajo, señal de que estaba realmente ocupado. Tras saludar en voz baja, Joowon cerró la puerta con cuidado y se acercó al escritorio. En su interior se mezclaban la alegría por la beca y la determinación de encontrar otro empleo adicional.

—Hola, buenas tardes.

Habló con un volumen moderado, ni muy alto ni muy bajo, y la mirada del asistente se posó en su rostro.

—Eres el estudiante Lee Joowon, ¿verdad? 

—Sí. 

—Vas a trabajar en la biblioteca. No son tareas de bibliotecario, solo hacer algunos recados y cosas así.

El asistente comenzó a explicarme los detalles mientras consultaba unos post-its pegados en su monitor. Le informó sobre el horario y las advertencias habituales (como evitar el uso del celular durante el turno).

Definitivamente, por lo que decía, el trabajo era mucho más fácil que cualquier otro. Era lo que se dice una “ganga” o un trabajo regalado. Justo cuando Joowon asentía aliviado, una mirada cargada de curiosidad se clavó en él.

—Parece que eres muy cercano a No-yoon.

En el instante en que ese nombre inesperado le rozó los oídos, sus ojos se abrieron de par en par.

—Lo elegimos a usted porque él insistió mucho en recomendarlo. En realidad, pensábamos pedírselo a él.

A Joowon ni siquiera le molestó que el asistente se refiriera a él como “estudiante” y a Park No-yoon simplemente como “No-yoon”. Lo único que ocupaba su mente era el hecho de que No-yoon le había cedido su puesto.

Inconscientemente, Joowon entrelazó las manos a la espalda y apretó los puños. Sintió un vacío en el pecho, como si lo hubiera empapado una lluvia torrencial repentina.

El examen en blanco, los datos omitidos… y ahora, el puesto de becario. No había ni un solo rincón que no estuviera enredado con Park No-yoon. Solo ahora podía sentir la densa lástima que se ocultaba tras ese rostro que le sonreía con dulzura mientras lo llamaba “hyung”.

«Ah, así que con esa clase de sentimiento me mirabas». Lo único que Joowon poseía era su orgullo, y no sabía cómo reaccionar ante un Park No-yoon que lo había pisoteado con tanta ligereza.

El sufrimiento de alguien suele despertar el interés de los demás. Quizás No-yoon había detectado ese entretenimiento de forma casi instintiva y por eso jugaba con sus sentimientos. Con una sensación tan amarga como si hubiera bebido alcohol a la fuerza, Joowon reflexionó un momento antes de abrir la boca.

—Lo siento, pero debido a unas circunstancias personales, no creo que pueda hacerlo. He venido para decirle eso.

—¿Cómo que de repente…? ¿No habías venido para aceptar el puesto?

—Se me cruza con un examen de certificación y tengo otros compromisos. He venido solo para informarle. Lo siento mucho.

Preferiría morir antes que aceptar un trabajo que Park No-yoon le hubiera conseguido. El insulto y la vergüenza de haber recibido una caridad tan superficial se filtraban por cada una de sus articulaciones.

Dejando atrás al asistente, que lo miraba con incredulidad, Joowon salió al pasillo. En ese preciso momento, sentía más resentimiento hacia No-yoon, que le ofrecía favores como quien da limosna a un mendigo. Se sentía igual que lo que hacia su propio padre, que había huido con su dinero. Quería agarrarlo por las solapas y gritarle, preguntarle por qué demonios le hacía esto.

Sin embargo, no tenía pruebas físicas de que él lo hubiera hecho a propósito. Aunque alzara la voz, a No-yoon le bastaría con decir: “No era mi intención”, para librarse. Justo cuando Joowon se llevaba la mano al bolsillo, con un deseo ferviente de fumar, escuchó una voz:

—¿Por qué te fuiste así?

Un Park No-yoon con semblante preocupado le tendió su mochila.

El hecho de haber olvidado la mochila era culpa de Joowon, pero en ese instante, todo en Park No-yoon le resultaba tan detestable que no podía evitar sentirse irritado. Tras un momento de vacilación, Joowon observó esas pupilas que brillaban suavemente como oro desvaído. Parecía que en ellas estaban grabados sentimientos que oscilaban entre la consideración y la lástima. «Maldito bastardo». Joowon apretó con fuerza el asa de la mochila.

Llegó a pensar, en un delirio de paranoia, que No-yoon hacía esto solo porque se aburría de ser siempre el mejor. Si se lo contara a alguien, le dirían que era una exageración o que estaba consumido por un complejo de persecución, pero Joowon estaba seguro:

Park No-yoon le ofrecía favores a propósito. Y ese hecho pisoteaba su único orgullo, aplastándolo como si fuera una fruta madura bajo sus pies.

—Surgió algo urgente en casa de repente. Siento haberme ido sin decir nada.

Respondiendo con un tono de voz apenas calmado, Joowon intentó abrir la mochila para devolverle la tableta, fingiendo gratitud con la mirada. Mientras trataba de recomponer su pecho, que se agitaba por el resentimiento herido, No-yoon curvó las comisuras de sus labios en una sonrisa enigmática.

—Anoche tuve miedo. Me acordé de los fantasmas y no pude dormir solo.

«¿Y a mí qué?», pensó Joowon. Pero en lugar de soltar esas palabras toscas, respondió con una mirada inexpresiva:

—Entraré después de fumar un cigarrillo. Nos vemos luego.

El simple hecho de tenerlo frente a sus ojos era un estrés inmenso para Joowon. Se estaba conteniendo una y otra vez, pero sentía que, si seguía siendo provocado, terminaría revelando sus verdaderas intenciones.

Joowon abrió la cremallera de su mochila e intentó sacar la tableta. Justo cuando iba a decirle que se la llevara de una vez, una fuerza irresistible le oprimió la muñeca.

—Quédatela, hyung. Es un regalo.

Esa voz, relajada y lánguida como si estuviera saboreando un caramelo, le machacó los tímpanos. Al mismo tiempo, el rostro de Joowon se vio pisoteado por el desconcierto y el desagrado.

—¿A dónde fue a parar tu reloj?

Se sentía asfixiado por esa forma de ofrecer favores con una voz que parecía no haber conocido jamás ni un gramo de desgracia. Sin poder estabilizar sus pupilas temblorosas, Joowon descubrió el reloj de pulsera de No-yoon, que brillaba con elegancia bajo la luz natural.

Park No-yoon no era un salvador que ayudaba a Lee Joowon. Era alguien que blandía la lástima como un cuchillo para despedazar el orgullo de Joowon.

—Ya tenemos lo mismo otra vez.

El aire frío del pasillo, que pasaba fugaz y vacío, rozó sus emociones, exagerando la tragedia. Poco después, No-yoon lo soltó. Su espalda, mientras caminaba tranquilamente por el gélido pasillo, emanaba una calma y una intimidación propias de un ser en la cima de la cadena alimenticia. Como si Lee Joowon jamás pudiera siquiera soñar con alcanzar esa altura.

No podía expresar lo que sentía de otra forma que no fuera con insultos. Quería correr tras él y agarrarlo por las solapas, pero sabía que solo él quedaría como un idiota; hacerlo no sería más que veneno para sí mismo.

Sin embargo, eso no calmó el complejo de inferioridad que ardía en su interior. En un impulso, como poseído por algo, Joowon sacó la tableta que No-yoon le había dado.

Acto seguido, la lanzó al cubo de basura sin dudarlo, como si estuviera encestando violentamente un balón de baloncesto.

No le importaba si alguien lo veía y pensaba que estaba loco. En su interior se cruzaban la furia de necesitar desahogarse de esa manera y la culpa de haber cometido una mala acción.

A pesar de todo, Joowon se dirigió a la zona de fumadores como si nada hubiera pasado. Su mayor deseo era que Park No-yoon también pudiera sentir, aunque fuera por un momento, lo que era sentirse como una mierda.

  ˖⁺.꒷꒦✧꒷꒦˖⁺.

El tiempo fluye, incluso cuando ocurren cosas desesperantes y te invade una sensación de asfixia. Aunque su padre y Park No-yoon eran un dolor de cabeza constante, tenía que terminar el trabajo fuera como fuera. Por fin, llegó el momento de la presentación. De pie en el estrado junto a No-yoon, Joowon abrió el archivo que había enviado previamente por correo y comenzó a hablar.

La presentación transcurría sin contratiempos. Al ver al profesor concentrado con interés en el PowerPoint, Joowon intuyó que obtendrían una nota bastante buena. Terminó su parte y retrocedió un paso. Ahora era el turno de Park No-yoon.

Para su irritación, No-yoon continuó con la explicación de manera experta. Joowon incluso llegó a pensar que él podría obtener una calificación mejor que la suya. Al ser una evaluación individual, la consciencia de que inevitablemente los compararían objetivamente le provocaba ansiedad. Incluso el profesor, que asentía mientras escuchaba con atención, se convirtió en un factor de inseguridad. Inconscientemente, Joowon entrelazó las manos a la espalda y apretó los puños.

Sin embargo, en medio de su fluida explicación, Park No-yoon cerró la boca de repente. Parecía alguien que hubiera olvidado por completo el contenido siguiente. «Ese bastardo también comete errores». Joowon sabía que no debía pensar así, pero sintiéndose aliviado por el fallo, se apresuró a hablar.

—Explicaré las causas del aumento en el rendimiento de Hankook Construction. Hankook Construction…

Quizás fue porque terminó presentando la parte que le correspondía a No-yoon, pero el bolígrafo en la mano del profesor no dejaba de moverse cada vez que Joowon hablaba. Por instinto, sintió que recibiría una evaluación más alta que la de No-yoon. Justo cuando pensaba que todo el esfuerzo había valido la pena, un pensamiento lo asaltó de repente:

«¿Y si Park No-yoon lo ha vuelto a hacer a propósito?»

En cuanto surgió esa duda, su frágil orgullo se resquebrajó. ¿Sería un complejo de inferioridad pensar que incluso la mirada que No-yoon le dirigía desbordaba superioridad? Joowon estuvo a punto de sumirse en sus pensamientos, pero terminar bien la presentación era lo primero, así que se concentró en la explicación. Pronto llegó a la última diapositiva del PowerPoint y sus dudas quedaron sepultadas bajo un estruendoso aplauso.

Tras la presentación de Joowon y No-yoon, el profesor dio por finalizada la clase. Todos los estudiantes recogieron sus mochilas y salieron del aula. Joowon soltó un leve suspiro, guardó sus libros y abrió la puerta del salón. A pesar de estar en pleno verano, el pasillo pintado de blanco emanaba un aire gélido. Joowon cruzó el pasillo, se acercó a su casillero y metió los pesados libros dentro.

Al terminar las clases, la cruda realidad volvió a nublar su vista. En lugar de perder el tiempo buscando a su padre, lo correcto era trabajar en lo que fuera. Joowon sacó su viejo teléfono y, mientras cerraba el casillero, entró en un sitio de búsqueda de empleo para revisar las ofertas. Justo cuando pensaba en publicar un anuncio para dar clases particulares, una sombra oscura, densa como una pintura de tinta china, cayó sobre su cabeza como un aguacero.

—¿Te vas a casa ahora?

Era Park No-yoon. Joowon estuvo a punto de arrugar el entrecejo como una lata aplastada, pero al pensar en los compañeros que pasaban, no tuvo más remedio que controlar su expresión.

—Buen trabajo en la presentación de hoy.

Con solo cruzar miradas, el complejo de inferioridad y el resentimiento acumulados crecían de forma explosiva en su interior. Joowon fingió naturalidad y le devolvió la mirada con una sonrisa forzada, como queriendo demostrar que no se quebraría ni se alteraría por más que lo provocara.

—Hyung.

Justo cuando Joowon intentaba calmar sus entrañas, que hervían como caldo de ramen, las zapatillas blancas de Park No-yoon acortaron la distancia de un paso. Esas pupilas color ámbar, ahora mucho más cerca, se pegaron de forma pegajosa al rostro de Joowon. Era una mirada que parecía atravesarlo todo, la mirada de alguien que somete a su presa. Enfrentarla le provocaba una mezcla de presión y alerta; se sentía humillado por dejarse intimidar de esa manera. Joowon ocultó su orgullo erizado como espinas y sostuvo la mirada con serenidad. Acto seguido, la comisura de Park No-yoon se curvó en un arco refinado.

—¿No tienes nada que decirme?

¿Qué quería que dijera? ¿Que le agradeciera por sus “favores”? ¿O tal vez…? Inconscientemente, Joowon desvió la vista hacia el cubo de basura. Aquel donde había tirado la tableta de No-yoon. Sin embargo, el personal de limpieza ya debía de haberlo vaciado, pues el interior estaba desierto. No tenía por qué sentirse acobardado. Joowon tiró de la comisura de sus labios para imitar su sonrisa, como desafiándolo.

—Ah, gracias por recomendarme para la beca de trabajo. Pero creo que no podré hacerlo, no tengo tiempo libre.

En lugar de preguntarle por qué seguía haciendo estupideces a sus espaldas, expresó una gratitud mordaz con una actitud amable. No-yoon, sin dar muestras de haber notado el sarcasmo, mantuvo esa sonrisa fluida que adornaba su rostro y dio un paso más hacia él.

—Ah, haz eso una vez más, por favor.

—¿El qué?

—Lo que hiciste justo antes de darme las gracias por la recomendación.

¿Quería que repitiera esa exclamación? No entendía a qué venía eso. Empezó a sospechar que No-yoon se estaba burlando de él de una forma retorcida. Ante la mirada llena de dudas de Joowon, una sonrisa se posó en los delicados labios del otro.

—Sonó como un sonido emitido por dolor… me gustó.

Su voz baja envolvió los sentidos de Joowon como una víbora. Sintió un escalofrío recorriéndole la piel, pero no supo qué responder. ¿Acaso estaba loco? No podía escupirle en esa cara que le sonreía con tanta frescura. Tras vacilar un momento, Joowon soltó una risa incómoda y se dio la vuelta.

—Me voy ya. Nos vemos.

Se sentía inquieto por el hecho de que él lo hubiera detenido para no decirle nada importante; era como si tuviera la conciencia sucia. Tenía la extraña sensación de que, en cualquier momento, No-yoon lo interrogaría preguntándole si no había sido él quien tiró la tableta a la basura. Joowon aceleró el paso antes de que pudiera retenerlo de nuevo.

Reprimió a duras penas el impulso de mirar una y otra vez hacia el cubo de basura vacío y bajó los escalones hacia el piso inferior.

Y entonces, entre los huecos de la barandilla, vio unas pupilas que derramaban su mirada sobre él como los últimos rayos de un sol tardío.

Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x