Hay algunas cosas que Shen Yu solo se enteró una vez muerto.
Como, por ejemplo, el hecho de que él no era más que un sustituto.
Tras fallecer, Shen Yu recibió por azar un libro. En aquel entonces, su espíritu estaba atrapado en un espacio gris y desolado, sin nada que hacer. Por aburrimiento, abrió aquello que, aparte de él mismo, era lo único que había allí.
Resultó ser un guion, con caracteres incompletos y mal formados. Shen Yu lo leyó entero a base de conjeturas, y en su interior le bullían diez mil improperios.
En el guion, él era un vil villano que a cada paso hacía el mal y estorbaba el romance de los protagonistas. El protagonista shou del guion no era otro que su hermanastro, Shen Qingran, el mismo que él había enviado al harén del tirano. El protagonista gong era el príncipe Yue, Shang Junyue.
Shen Qingran había viajado al pasado con conocimientos de otras épocas, pero antes de poder desplegar su talento, el villano Shen Yu lo había enviado al harén del tirano. Shen Qingran, separado de su amado y sometido a los tormentos del tirano, sufrió un cambio radical de carácter. Tras diversas peripecias, por fin logró huir del palacio y reencontrarse con su amor, solo para descubrir que este tenía a alguien a su lado, y que esa persona era justamente su enemigo, Shen Yu.
Shen Qingran, sin mover ficha, logró distanciar a Shen Yu del príncipe Yue e indujo al príncipe a eliminar a Shen Yu en vísperas de su ascenso al trono. Así, ambos vivieron felices y en armonía el resto de sus días.
Eso, claro, era solo el final del libro. En su vida anterior, Shen Yu se había cargado al príncipe Yue sin contemplaciones.
El guion estaba narrado desde la perspectiva de Shen Qingran, y muchas cosas difieren de lo que Shen Yu recordaba. Por ejemplo, todo lo que él había hecho, manchándose las manos de sangre para ayudar al príncipe Yue a tomar el poder, directamente había desaparecido. También lo de que el príncipe Yue lo usara como sustituto; Shen Yu ni siquiera sabía cuándo se había convertido en tal.
Con solo pensar que Shang Junyue lo utilizaba como sustituto de Shen Qingran, a Shen Yu le daban náuseas. Los últimos restos de afecto que le quedaban hacia el príncipe Yue se esfumaron por completo.
Al verse de nuevo con el príncipe Yue, Shen Yu solo perdió la compostura un instante. Parpadeó y fingió un aire disgustado:
—¿Y para qué decírtelo? Aunque te lo dijera, no cambiarías nada. Además —añadió—, si no voy yo, irá Shen Qingran. Tal vez se te ocurra alguna manera de que sea ese buen hermano mío quien me reemplace.
Al terminar, Shen Yu miró al príncipe Yue con interés.
Si lo que aquel libro contaba era cierto, para entonces el príncipe Yue y Shen Qingran ya se conocían, y entre ellos había empezado a brotar cierto afecto. Shen Yu quería comprobarlo.
El príncipe Yue guardó silencio un momento, y luego dijo con una mezcla de ternura y resignación:
—Si yo tuviera alguna manera, no dejaría que entraras al palacio.
Evitó por completo responder a la propuesta de Shen Yu.
Shen Yu no esperaba que realmente encontrara una solución. Si el príncipe Yue tuviera esa capacidad, en su vida anterior él no habría tenido que desgastarse hasta el extremo, tramando urdimbres y desplegando estratagemas para ponerlo en el trono, solo para terminar extenuado.
Incluso sin la puñalada en la espalda del príncipe Yue, en su vida anterior tampoco le quedaba mucho tiempo de vida.
—Ya que no tienes manera, ¿para qué te busco? —Shen Yu ladeó la cabeza, simulando no entender.
El príncipe Yue notó que hoy Shen Yu hablaba con evidente acritud, pero atribuyó su actitud al mal humor, y lo consoló con voz suave:
—Aún no se ha decidido nada. Seguro que encontraremos alguna solución—. Si se trataba de no querer que Shen Yu entrara al palacio, desde luego que el príncipe Yue no quería.
Él se había disfrazado para venir a la capital precisamente con el fin de ampliar sus contactos, y Shen Yu era la persona con más capacidad entre todas las que había elegido. A menos que no le quedara más remedio, no quería renunciar a él.
No es que no hubiera pensado en que Shen Qingran ocupara el lugar de Shen Yu en el palacio; el problema era que no podía revelar su verdadera identidad en ese momento. Si llegaban a descubrirlo, todas sus conspiraciones se irían al traste.
Así es: el príncipe Yue no se había acercado a Shen Yu usando su identidad real. Y Shen Yu no pensaba desenmascararlo todavía. Sería menos divertido si lo hiciera demasiado pronto, ¿no es cierto?
Shen Yu bajó la mirada. Su rostro diminuto quedaba oculto tras el cuello de piel, lo que le daba un aire conmovedor. El príncipe Yue, al verlo, dio un paso al frente movido por un impulso y extendió la mano para acariciar aquel rostro tan hermoso.
Shen Yu giró la cabeza, esquivando el contacto.
El príncipe Yue se quedó desconcertado un instante, tosió suavemente y retiró la mano con toda naturalidad. Iba a decir algo, pero al ver que el delicado rostro de Shen Yu se volvía hacia un lado con cierta obstinación, se tragó todas las palabras.
Creía que Shen Yu estaba preocupado por tener que entrar al palacio. Lo que el príncipe Yue no podía imaginar era que el emperador hubiera ordenado justo ahora al marqués de Zhenbei enviar un hijo al harén. Si hubiera sido un poco más tarde, él no se habría visto tan atado de pies y manos como para no atreverse a mover ficha para protegerlo.
Esquivar el contacto del príncipe Yue había sido un acto puramente reflejo de Shen Yu.
Esquivó y ya está; no iba a andar adivinando qué pensaba el príncipe Yue. Lo cierto es que aquel encuentro le había arruinado por completo las pocas ganas de pasear que tenía.
Puesto que se sentía contrariado, Shen Yu no tenía inconveniente en hacer que quien lo había contrariado se sintiera aún peor. Se volvió a mirar al príncipe Yue y dijo lentamente:
—El harén del emperador está vacío, ¿no es cierto? Cuando yo entre, ¿acaso no seré el único en gozar de su favor? Seguro que el emperador siente también cariño por mí, ¿por qué si no, después de tantos años, me habría elegido solo a mí para entrar al palacio? Dime, ¿qué te parece?
Shen Yu lo hizo a propósito. Mientras pronunciaba estas palabras, mantuvo la mirada fija en el rostro del hombre que tenía enfrente. Tal como esperaba, antes de que terminara de hablar, pudo ver en ese rostro la ira que él trataba en vano de ocultar.
Habiendo tratado con él durante tanto tiempo en su vida anterior, Shen Yu conocía al príncipe Yue, si no al dedillo, bastante bien. El príncipe Yue se tenía en muy alta estima, consideraba el trono del reino Huan como algo que ya le pertenecía, y lo que menos podía soportar era que alguien alabara en su presencia las virtudes del emperador reinante, y menos aún que alguien a quien él consideraba de su propiedad hablara bien del otro de aquella manera.
—A-Yu, yo sé que esto no lo haces por voluntad propia, y también me duele a mí —le dolía, claro. Perder una pieza de ajedrez tan útil así sin más no le gustaba nada. El príncipe Yue no quería que todo el trabajo invertido resultara en vano, así que optó por tranquilizarlo—. Pase lo que pase mi corazón no cambiará contigo, A-Yu…
Diciendo esto, intentó tomar la mano de Shen Yu, pero al ver que este volvía a esquivarlo, preguntó desconcertado:
—¿A-Yu?
—¿Quién dice que no es por voluntad propia? —Shen Yu mantuvo la mirada fija en el hombre tan cerca de él, y en sus ojos brillaba una emoción ardiente que no podía ocultar—. El emperador es valiente y poderoso; yo también lo admiro desde hace mucho tiempo. Poder entrar al palacio para servirle es algo que deseo con todas mis fuerzas. ¿Cómo no iba a ser voluntario?
Al oír las palabras de Shen Yu, la expresión tierna del príncipe Yue casi se le desmoronó.
—… Si tú lo ves así, que mejor.
—Ya que voy a entrar al palacio, será mejor que mantengamos las distancias. No hace falta que vuelvas a buscarme a la mansión del marqués de Zhenbei—. Shen Yu cortó directamente todas las vías de escape del príncipe Yue; solo faltó decirle explícitamente “rompemos nuestra relación”.
Tras recibir varios golpes seguidos, el príncipe Yue se quedó con un semblante pésimo. No había ido a ver a Shen Yu para acabar así. En un principio pensaba tranquilizarlo, y si Shen Yu aceptaba ayudarle transmitiendo información desde el palacio, mejor que mejor. Pero dejar que esta pieza se le escapara de las manos así como así… no estaba dispuesto.
—A-Yu, ¿tiene que ser así?
Shen Yu recordó de repente su vida anterior. Por aquel entonces acababa de empezar a sentir algo por el príncipe Yue; cuando supo que el marqués pensaba enviarlo al palacio, sintió una mezcla de rabia y desesperación, y hasta cayó gravemente enfermo. ¿Y qué estaba haciendo entonces el príncipe Yue? Seguramente, muy ocupado tejiendo lazos de amor con ese hermanastro suyo venido de otro tiempo.
Qué ironía comparado con el hombre que ahora pone cara de enamorado.
Si no recordaba mal, el príncipe Yue había llegado a la capital disfrazado para rescatar al joven de la familia He, encarcelado por haber ofendido al emperador. En su vida anterior, al salvar al pequeño señor He, el príncipe Yue obtuvo el apoyo incondicional de la familia He y de las facciones que había detrás, los cuales desempeñaron un papel decisivo en varias campañas importantes.
Shen Yu no guardaba un recuerdo muy nítido de la familia He, pero sí sentía gran interés por las fuerzas que la respaldaban. Y, sobre todo, le interesaba saber cómo deshacerse de aquel apoyo con el que contaba el príncipe Yue.
Tomó nota mental del asunto del pequeño señor He y perdió las ganas de seguir dale que te pego con el príncipe Yue. Con el gesto frío, dijo:
—Lo que yo haga no es asunto suyo. Por cierto, no me gusta que me llamen «A-Yu». Será mejor que no vuelva a hacerlo.
—¿Con que no le gusta, eh? Lo que no le gusta es que se lo diga yo—. El príncipe Yue se quedó sin habla—. A-Yu… no, señor Shen, ¿acaso está usted tratando de desentenderse de este servidor?
—Mmm… —Shen Yu puso cara de apuro y le lanzó una mirada—. Creo que será mejor que no indague más.
—¿Qué quiere decir?
El príncipe Yue intuyó que algo malo se avecinaba.
—La verdad… es que si no fuera porque encuentro en usted un leve parecido con Su Majestad, jamás le habría dirigido la palabra.
Shen Yu lo dijo a propósito. Entre su vida anterior y esta, su trato con el emperador había sido casi nulo, y menos aún sentía por él una pasión desmedida.
Pero su rostro lucía una expresión de «tú lo has querido, no te lo iba a decir» que resultaba del todo convincente.
Parpadeó y continuó:
—Ahora, como bien sabe, voy a entrar al palacio. Y entre usted y yo…
Al príncipe Yue casi le da un ataque. ¿Cómo decía? ¿Que ahora que por fin iba a entrar al palacio y conocer al emperador, ya no me necesitaba? Tuvo que respirar hondo varias veces para calmarse.
No dejaba de repetirse que no podía dejar que todo el trabajo de los últimos meses se fuera al garete. Pero por más que lo intentaba calmar era imposible. Solo pensar que tal vez lo hubieran estado usando como sustituto de aquel hombre… aunque fuera una posibilidad entre diez mil, no conseguía tranquilizarse.
—Lo dice usted a propósito, ¿verdad? Está enfadado conmigo por algo y me lo dice a propósito…
—¿A propósito el qué? —le cortó Shen Yu con impaciencia—. ¿Si no es por eso, por qué razón cree que yo, el hijo de un marqués, me relacionaría con un hombre común como usted, y encima estaría cediendo en todo? No me venga con que congeniamos en gustos e intereses. Hay muchos en el mundo que querrían congeniar conmigo.
Shen Yu era, después de todo, el único hijo legítimo de la casa del marqués de Zhenbei. Aunaba una belleza y un talento poco comunes. No pocos ansiaban trabar amistad con él. ¿Por qué, entonces, solo este había logrado entrar en su gracia?
El príncipe Yue no quería aceptar semejante idea. Pero una vez que se adentró en el razonamiento de Shen Yu, cuanto más pensaba, más sentido le parecía. Y para colmo, él y el emperador eran hermanos de padre y madre, con ciertos rasgos parecidos…
Entonces, ¿él había sido para Shen Yu solo un sustituto del emperador?
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