No disponible.
Editado
Capítulo 2 – Malas intenciones
Lu Chen tiró el móvil sobre la mesa y, sin decir palabra, miró fijamente a Lin Yang, que estaba sentado frente a él.
La pantalla no tenía bloqueo, pero Lin Yang no se atrevía ni a asomar la cabeza para mirar.
En realidad, no hacía falta: ya sabía de qué se trataba.
—No me mires así —dijo Lin Yang, incómodo por la presión que emanaba de él—. Yo también lo hice por tu bien.
Lu Chen no respondió; apenas alzó los párpados. Tal vez era solo sugestión, pero Lin Yang sentía que aquello era la calma antes de la tormenta.
—¡Pero si eran unas zapatillas de edición limitada! —se excusó a la fuerza—. Si no fuera porque yo ya tengo novia, ¿te crees que te habría tocado a ti?
—¿Así que me inscribiste sin consultarme, solo para ayudarme a conseguir unas ediciones limitadas? —el tono de Lu Chen no estaba lleno de furia, pero tampoco sonaba precisamente amable—. Qué desinteresado de tu parte, ¿tengo que darte las gracias?
—Con que lo sepas me basta —viendo que no parecía realmente enojado, Lin Yang continuó—. Además de las zapatillas, también deberías pensar un poco en tu futuro sentimental, ¿no?
—Te metes demasiado en lo que no te importa —Lu Chen frunció el ceño, visiblemente molesto.
—¡Lo digo por seguridad pública, oye! —replicó Lin Yang—. En toda esta planta llena de alfas, solo quedas tú soltero. Cada dos por tres algún omega se pone en celo delante de ti, ¿y tú crees que puedes hacerte cargo de eso?
—¿Ahora resulta que la culpa es mía? —Lu Chen estaba aún más sin palabras.
—Si te buscaras pareja, no habría tantos problemas. ¡Hasta Lulu anda preguntándome por ti de parte de sus amigas! —Lin Yang casi sonaba indignado—. ¿Podrías, por favor, considerar mi dignidad como hombre casado?
Frente a semejante forma retorcida de sacarse la culpa de encima, Lu Chen ya no sabía qué decir.
—Por eso pensé en aprovechar esta oportunidad para ayudarte a dejar de estar soltero —la mirada de Lin Yang se posó en la pantalla del móvil sobre la mesa, y de golpe recordó algo; se puso nervioso y bajó la voz—. ¿Quién iba a imaginar que te emparejaron con él…?
—Pero si no te gustan los omegas, ¿no? —añadió cauteloso—. Quizá un beta sí sea más adecuado…
—Tampoco me gustan los betas —lo interrumpió Lu Chen.
—¿Entonces quieres una relación AA? —Lin Yang abrió los ojos de par en par.
—…No —Lu Chen estaba a punto de perder la paciencia.
—Vale, vale, el gran “Dios Lu” solo se gusta a sí mismo —Lin Yang suspiró—. En cualquier caso, esto no es obligatorio. Si no te convence, siempre puedes cancelar el emparejamiento.
Al ver que Lu Chen alzaba la mirada de golpe, Lin Yang corrigió enseguida
—Quiero decir… puedes retirarte del evento.
Lu Chen guardó silencio un momento y luego dijo:
—Entonces ven conmigo.
«…¿Ah?». Lin Yang se quedó atónito.
—Explícale tú mismo lo que hiciste. —Lu Chen levantó el móvil y lo agitó frente a los ojos.
Lin Yang fue mareado por ese corazón rojo brillante que parpadeaba en la pantalla. Pasó un segundo antes de que entendiera a quién se refería ese “él”. Al final asintió con resignación.
—…Está bien, está bien.
Lu Chen retiró el móvil y deslizó un par de veces. Justo apareció el formulario de inscripción que Lin Yang había rellenado a sus espaldas.
La última línea, la que describe el “tipo ideal”, resultaba particularmente llamativa:
“Alegre y extrovertido, adorable y soleado.”
…Sencillamente sofocante.
Respecto a ese beta “alegre y extrovertido, adorable y soleado”, Lu Chen sí había escuchado hablar de él.
En la prestigiosa Universidad de Jiangcheng, la Facultad de Economía y Gestión se consideraba una carrera dura, con requisitos muy altos. Habían heredado el sistema de “clase de élite” del bachillerato, seleccionando a los estudiantes más destacados para impartirles un nivel académico superior.
Esa llamada “Clase S”, símbolo de talento de primer nivel, tenía solo treinta cupos. Para mantener la equidad y también con el fin de fomentar una cierta presión competitiva, los miembros del grupo no eran fijos, se rotaban de manera regular.
La Clase S estaba compuesta íntegramente por alfas, motivo por el cual en los pasillos se la apodaba el “a-clase total”. No se trataba de discriminación sexual: así lo habían dictado los resultados de los exámenes de ingreso.
Y aunque en esa era se defendía con fuerza la igualdad de género, todos reconocían tácitamente que, comparados con los omegas, frágiles y muy apreciados o con los betas que conformaban la mayoría. Los alfas tenían una innata capacidad de liderazgo, con talentos excepcionales en lógica y gestión.
Pero aquella hegemonía de los alfas se rompió al inicio del segundo semestre del primer año. El legendario “beta entre alfas”, por su excelente rendimiento académico, fue transferido a la Clase S, y se convirtió en el único beta del grupo.
Tal proeza, naturalmente, adquirió un tinte legendario. Por eso Zhuo Yiran se volvió un ejemplo a seguir para todos los betas de la facultad. Aunque Lu Chen nunca había tenido contacto con él, había escuchado más de una vez expresiones como “los dos dioses varoniles de Economía y Gestión”. Así que no podía decir que no lo reconociera. Lo inesperado era que su primer contacto formal ocurriría de esa forma.
*** **
Qué coincidencia: en la primera clase de la mañana, al entrar en el aula, Lu Chen se topó de frente con Zhuo Yiran, que justo salía. Los dos flamantes protagonistas del chisme más candente del campus quedaron cara a cara, sin previo aviso.
Si el simple cruce de miradas ya llamaba la atención, el silencio repentino del entorno y las decenas de ojos fijos en ellos no hicieron más que añadir leña al fuego.
«Con lo frío que parece Lu Chen, ¿no debería saludarlo primero?». La idea surgió en la mente de Zhuo Yiran, pero no sabía cómo abrir la boca.
«Hola, soy tu pareja contractual… Eso sería demasiado incómodo».
Al ver que Lu Chen tampoco parecía dispuesto a hablar, Zhuo Yiran quedó atrapado en la duda entre hablar o callar, con la cara tensa de nervios, hasta que alguien llegó a tiempo a romper el hielo.
—Lu-ge —una atractiva alfa se acercó y le hizo una seña—. Tenemos un problema con el trabajo en grupo, ¿podemos discutirlo?
Lu Chen se dio la vuelta de inmediato hacia ella. Zhuo Yiran aprovechó para escapar del aula con pasos apresurados, dejando a los curiosos con un suspiro de decepción.
Él había salido a comprar agua. La máquina expendedora estaba a medio pasillo, pero, para dejar que la atmósfera se enfriara un poco, se dio la vuelta hasta el primer piso.
Cinco minutos después, con una botella de agua en la mano, volvió a entrar por la puerta trasera, escogió un asiento discreto al fondo y se sentó. Vio a Lu Chen todavía conversando con aquella compañera, y por fin pudo soltar un poco de aire.
La chica hablaba con rapidez; Lu Chen escuchaba con atención, con la mirada baja y el ceño ligeramente fruncido, asintiendo de vez en cuando o comentando con brevedad.
Aunque era bien sabido que Lu Chen era un imán para la multitud, Zhuo Yiran nunca lo había observado con cuidado. Después de todo, él no era un omega y no tenía inclinaciones por la estética masculina.
Pero, en ese instante, por las circunstancias, comenzó a observarlo con detenimiento.
Con la objetividad de un beta “recto como el acero”, había que admitirlo: Lu Chen era guapo. Incluso podría decirse que tenía una belleza refinada, mucho más pulcra y atractiva que los típicos alfas toscos y despreocupados.
Además, no solo era atractivo: su físico y presencia como alfa eran incuestionables. Como capitán del equipo de baloncesto de primer año, se había robado el protagonismo en la cancha, y su excelente apariencia, en vez de suavizar su identidad de alfa, lo hacía aún más llamativo.
No era raro que varias chicas alfa del curso le mostraran abiertamente su interés. Sin duda era un “francotirador de preferencias”.
Lástima que su “pareja contractual” fuera un beta rectísimo, completamente inmune al encanto de un guapo alfa.
De pronto, Zhuo Yiran recordó lo que había escrito en su propio formulario, en la parte de “tipo ideal”: “Dulce y bondadoso, tranquilo y elegante.”
¿El sistema hablaba en serio?
Bueno, ya era tarde para preocuparse por eso.
Lo importante era que, aunque tal vez no fueran la pareja más armónica a la vista, él tampoco desentonaba.
Las reacciones en la publicación del campus lo dejaban claro: eran bastante populares juntos.
Eso significaba que las zapatillas de edición limitada eran prácticamente suyas. Solo de pensarlo, Zhuo Yiran se sintió orgulloso y, sin darse cuenta, volvió a mirar al otro.
Justo entonces, Lu Chen terminó de hablar con la chica y, al levantarse, se cruzó con la mirada fija de Zhuo Yiran.
El beta se sobresaltó y apartó los ojos instintivamente. Al reaccionar, se sintió avergonzado otra vez.
Por suerte, en menos de medio minuto sonó la campana de inicio de clases. El profesor entró y la atmósfera volvió al ritmo académico.
En la Clase S todos eran disciplinados. Aunque la universidad era más relajada, ninguno se permitía distraerse: ni pensar en saltarse clases ni siquiera mirar el móvil durante la lección.
No era para menos: en un curso de economía de nivel S, con solo cerrar los ojos cinco minutos, al abrirlos ya era imposible entender de qué estaba hablando el profesor. Sin embargo, frente a todo el pizarrón lleno de fórmulas, Lu Chen se descubrió, por primera vez, distraído.
La razón no era otra: bastaba con girar un poco la cabeza para sentir desde la diagonal trasera dos miradas ardientes, sin el menor intento de ocultarse.
En realidad, ya lo había notado antes, incluso mientras estaba discutiendo aquel trabajo. Pensó que tal vez era demasiado sensible, pero ahora estaba cada vez más seguro.
Después de varias veces, Lu Chen no pudo evitarlo y miró hacia atrás. Como esperaba, el otro fingió con torpeza apartar la mirada.
Se desvió rápido, sí, pero la comisura de sus labios, todavía levemente levantada, no alcanzó a borrarse a tiempo. Y se veía… ¿satisfecho?
…De pronto a Lu Chen le nació una mala corazonada.
Zhuo Yiran solía prestar mucha atención en clase, pero hoy no podía dejar de distraerse. Tenía la cabeza llena con la idea de aquellas zapatillas de edición limitada, y eso lo llevaba a observar varias veces más al guapo de delante.
En su interior, ya había catalogado a ese alfa, que también amaba el baloncesto, como un futuro compañero amistoso.
Aunque, claro, quedarse mirando fijamente a alguien nunca era del todo educado. Por suerte, Lu Chen estaba sentado varias filas más adelante… seguro que no lo notaba.
Hasta que, en la segunda vez que Lu Chen giró la cabeza, Zhuo Yiran se dio cuenta de que sí lo había descubierto.
Él pensaba que el otro no lo había notado, por eso se escondía tantas veces. Pero si ya lo había percibido… ¿no parecía un poco sospechoso?
Bah, ¿qué tiene de sospechoso? Ambos eran amantes de las zapatillas; seguro que Lu Chen entendía en qué estaba pensando, incluso probablemente pensaba lo mismo. Con esa idea, Zhuo Yiran decidió dejar de disimular.
Le levantó levemente las comisuras de los labios y le dedicó una sonrisa.
Una sonrisa que transmitía claramente un espíritu de cooperación amistosa. Pero Lu Chen, en lugar de responder, reaccionó como si hubiera recibido un susto: se quedó un instante atónito, luego giró la cabeza con el rostro completamente inexpresivo.
La sonrisa de Zhuo Yiran se congeló en su cara.
…¿Acaso él era tan aterrador?
Si todo el mundo decía que su sonrisa era muy soleada y brillante.
¿Y este Lu Chen ni siquiera tenía un mínimo de cordialidad hacia un colega?
¿Que “alfa idolatrado por todos”? Bah, vaya engreído.