Capítulo 2: Salvarse a uno mismo 

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Capítulo 2: Salvarse a uno mismo 

Qi Yu se esforzó por no soltar una tontería tan grande como decir directamente que quería aferrarse a la pierna del protagonista. Contuvo sus emociones y, mirando la silueta del príncipe heredero en la oscuridad, dijo lentamente:

—Su alteza príncipe heredero, sé que usted encontrará la manera de salir de aquí. La verdad es que mi vida… no le importa a Su Alteza…

—Si quieres decir algo, dilo claro. Sin rodeos.

Murong Jun lo interrumpió, impaciente.

El protagonista era de esos que ni con halagos ni con amenazas se ablandan. Adular no servía de nada. Qi Yu solo pudo intentar razonar con él:

—Lo que quiero decir es que si me dejan aquí, y si no resisto los tormentos y termino confesando falsamente, temo que acabe perjudicando a Su Alteza…

Aunque no hubiera pruebas de que estuvieron juntos a solas, un testimonio en contra también sería muy desfavorable. Qi Yu intentaba hacerle ver al protagonista que llevárselo era muy sensato y necesario.

Murong Jun entrecerró sus ojos de fénix y dijo con desagrado:

—¿Me estás amenazando?

Qi Yu se apresuró a decir:

—No, no es eso, Su Alteza. Me he expresado mal. Solo estoy exponiendo los hechos. Ahora mismo, usted y yo somos saltamontes atados a la misma cuerda. Salvarme a mí es también salvarse a usted mismo. 

Murong Jun se quedó atónito un momento, soltó un «ja» de risa leve, y dejó caer la mano con la que se cubría la herida. Al instante siguiente, la alzó de repente. Un puñal brillante le rozó el cuello a Qi Yu y se clavó con precisión en la puerta que tenía a sus espaldas.

Qi Yu soltó un «¡ah!», y el susto le hizo sudar frío. Se le pusieron los pelos de punta y no se atrevió a moverse lo más mínimo.

¡Madre mía, más aterrador que morir ejecutado por el emperador era que el tirano te acuchillara!

Murong Jun dijo con voz gélida:

—Que yo te saque de aquí no es difícil. Primero dime claramente: ¿de quién eres?

Qi Yu, aunque aterrorizado, pensaba a toda velocidad. El protagonista no confiaba en él. Pedirle directamente que lo sacara era demasiado brusco y sospechoso. ¿Quizá debería inventarse algún padrino? Y más le valdría que ese padrino apoyara al protagonista y gozara de su confianza, para que el protagonista dejara de desconfiar.

Aunque Murong Jun era príncipe heredero, no gozaba del favor del emperador. El emperador estaba en la plenitud de su vida, y los ministros no tenían por qué posicionarse prematuramente. No eran muchas las familias que apoyaban al príncipe heredero, pero algunas sí. Si escogía una de ellas para inventar algo, Murong Jun no tendría tiempo de investigar a fondo, y sería suficiente para que él se librara.

Ahora bien, los partidarios del protagonista en su época como príncipe heredero… ¿qué marqueses eran exactamente?

Cuanto más se apuraba Qi Yu, menos lograba recordar. Vaya: atravesar el libro es un momento feliz, pero luego toca llorar a lágrima viva repasando la trama.

—Di rápido —lo apremió Murong Jun.

Qi Yu, temiendo que volviera a lanzar el puñal, se armó de valor y, con un tono ligeramente adulador, dijo:

—Yo, yo soy de Su Alteza el príncipe heredero…

Murong Jun: «…»

Qi Yu no pudo ver cómo se movió Murong Jun. En medio de la oscuridad, el protagonista se le acercó como un fantasma, arrancó el puñal de la puerta y se lo puso en el cuello.

Qi Yu sintió un escalofrío en la nuez y las piernas le flaquearon.

Antes pensaba que Murong Jun solo lo asustaba, que no le haría nada realmente, porque después de matar a alguien debería ocuparse del cuerpo, lo que sería mucho más complicado que simplemente sacarlo de allí. Pero quién le iba a decir a Qi Yu que a Murong Jun no le importaba lo más mínimo y que no dudaba en hacerle sangrar.

—¡Su Alteza no corte, por favor no corte! —Qi Yu tenía el rostro bañado en lágrimas—. Lo que quiero decir es que si Su Alteza me salva esta vez, a partir de ahora estaré naturalmente a su lado, y daré mi vida por Su Alteza. De verdad que no, que no quiero decir otra cosa…

Quizá porque su aspecto al intentar explicarse era algo torpe, y en comparación con la calma y la astucia parecía más inofensivo. Quizá porque lo de los dos saltamontes atados a la misma cuerda había surtido efecto. El caso es que el puñal que tenía atravesado en la garganta al final no avanzó más.

Qi Yu recuperó un poco de valor, se armó de coraje y apartó el puñal con cuidado, y preguntó con precaución:

—Su Alteza, ¿entonces acepta?

Murong Jun no dijo ni sí, ni no; no se sabía lo que estaba pensando.

En ese momento, no muy lejos de donde estaban, se oyó un ruido extraño bajo sus pies. Murong Jun miró con recelo hacia allá. Vio cómo una losa de piedra azul se levantaba suavemente y, a continuación, un hombre vestido de negro con el rostro cubierto saltó de debajo.

—Mi señor, he llegado tarde…

El hombre de negro se arrodilló sobre una rodilla. En cuanto Murong Jun lo vio, guardó rápidamente el puñal y dijo:

—No digas más. Llévame de aquí cuanto antes.

—Su Alteza, ¿y yo qué? —preguntó Qi Yu algo angustiado.

Sin la amenaza del puñal estaba a salvo por el momento, pero si lo dejaban allí, también sería la muerte.

En la oscuridad, Murong Jun lanzó una mirada inescrutable al joven de rostro cubierto de gasas.

—Este sujeto es muy sospechoso. Llévalo también.

Qi Yu: «…»

Fuera de la puerta había un montón de sirvientes y eunucos, así que no podían salir directamente. El hombre de confianza de Murong Jun había cavado un túnel de forma provisional para rescatarlo. Una vez que Murong Jun saliera, enseguida habría que restaurar el pasadizo para que no lo descubrieran, Qi Yu sabía que el tiempo apremiaba y, sin esperar a que le dijeran nada más, siguió al hombre de negro y al príncipe heredero.

De repente recordó algo. Tras pensarlo, dijo:

—Hermano, espere un momento.

Qi Yu sabía que el hombre de negro que tenía delante era Zixiu, el guardia secreto de confianza del príncipe heredero. Sin embargo, para él era la primera vez que veía a Zixiu, así que no podía llamarlo por su nombre directamente; solo pudo dirigirse a él como «Hermano».

Pero quién le iba a decir que tanto Murong Jun como Zixiu se volverían al oírle.

Qi Yu se sintió terriblemente incómodo. A él solo le interesaba llamar a Zixiu, ¿por qué había vuelto la cabeza el otro también?

Fingiendo no haber visto nada, Qi Yu señaló la manga caída de Murong Jun y dijo:

—Hermano guardia, Su Alteza el príncipe heredero tiene un brazo herido. Hágame el favor de vendarlo.

Zixiu reaccionó enseguida, se disculpó apresuradamente con el príncipe heredero y sacó del pecho los remedios para heridas y las gasas que llevaba consigo.

Murong Jun solo tomó una de las cosas, el remedio para heridas. Se lo aplicó él mismo y dijo:

—De momento, arreglemos así. Ya hablaremos cuando estemos a salvo.

Mientras Murong Jun se aplicaba el remedio, Qi Yu tenía que hacer otra cosa. De un salto se lanzó sobre la única cama de la habitación y desordenó las ropas de la cama a toda prisa.

Pero miró a un lado y a otro, y al final sintió que faltaba algo.

Murong Jun ya se había aplicado el medicamento y, frunciendo el ceño, lo reprendió:

—¿Todavía no te das prisa?

Qi Yu reflexionó, se dio cuenta de lo que faltaba, y dijo con una sonrisa:

—Hoy le han jugado una mala pasada a Su Alteza. ¿Acaso piensa dejar las cosas así?

En la trama original, el príncipe heredero se había marchado después de ser rescatado, dejando vacía aquella trampa montada. Era una lástima no aprovecharla.

Qi Yu tenía perspectiva omnisciente; sabía perfectamente quién había sido el culpable, pero el príncipe heredero aún lo ignoraba. No podía revelar directamente al verdadero responsable para no despertar sospechas en el príncipe heredero, pero sí podía intentar delatarlo y darle una pista, lo que a la vez le serviría para vengarse a sí mismo: dos pájaros de un tiro.

¿Acaso la vida de un personaje secundario no es vida también? ¿Por qué tenía que morir así?

—¿Quieres que me vengue?

Murong Jun se mostró algo sorprendido. Tenía buena vista; incluso en la penumbra podía ver con claridad. El joven de rostro casi cubierto por las gasas, cuyo verdadero aspecto aún se desconocía, poseía unos ojos negros y vivaces.

Recordó que cuando lo había inmovilizado, aquel tipo no paraba de lloriquear y le había resultado muy molesto. Pero de repente, su actitud había cambiado por completo. No solo se había atrevido a darle una patada, sino que con mucho descaro le había pedido que lo salvara, y ahora parecía querer servirse de él para tramar una venganza contra el responsable.

Con semejante atrevimiento, desde luego era más que sospechoso.

Murong Jun había nacido en la corte y visto muchas intrigas; ya tenía una idea de lo que Qi Yu pretendía. Ciertamente era una buena oportunidad. Sin cambiar de expresión, dijo:

—¿Y ahora qué quieres?

—Su Alteza, espere un momento —dijo Qi Yu sonriendo, y se volvió hacia Zixiu—. ¿Podría molestarse el hermano guardia en ir a capturar a una persona?

Zixiu era también alguien que lo entendía todo con media palabra. Asintió y miró al príncipe heredero en busca de instrucciones.

Murong Jun asintió en señal de aprobación. Qi Yu dijo un nombre: era el eunuco que había llevado al cuerpo original al Palacio de las Nubes Errantes. Zixiu lo anotó mentalmente. Murong Jun cuchicheó un par de cosas al oído de Zixiu, y a continuación Zixiu los condujo rápidamente a través del túnel. Nada más salir del Palacio de las Nubes Errantes, dispuso de inmediato que varios otros guardias secretos se movilizaran por separado.

Para entonces, el brazo de Murong Jun ya había sido vendado por otros guardias secretos y había tomado medicación de urgencia. Aquel afrodisíaco ya no suponía problema. Su ánimo era bueno; al principio pensaba volver a la mansión del príncipe heredero para curarse la herida, pero tras tramar el plan de venganza, cambió de idea y decidió regresar a su residencia en el palacio a esperar noticias. Para que el artífice de la trampa creyera que el asunto había tenido éxito, el príncipe heredero debía ocultar bien su paradero hasta que llegara el momento culminante.

Qi Yu pensaba lo mismo. Pero como era consorte del emperador, no podía aparecer junto con el príncipe heredero. Tras darle las gracias, buscó una colina de rocalla cercana y se agachó ágilmente detrás de una gran roca.

Recordaba que en el libro original el emperador iba a sacar partido de sus ropas desordenadas. Qi Yu rápidamente se alisó los pliegues de la ropa y, usando los dedos como peine, se peinó el cabello revuelto. Al bajar la cabeza, descubrió que llevaba una prenda de palacio de cuello descubierto. Un poco avergonzado, tiró con fuerza de ambos lados del cuello hacia arriba y se ató la cinta con firmeza, de modo que la elegante túnica se convirtió en un hábito ( traje) de monje.

Murong Jun: «…»

Cada vez le parecía más sospechoso aquel consorte masculino.

Una vez dispuesto todo, Murong Jun se marchó. Poco después, Qi Yu, escondido tras la roca, oyó a un eunuco que decía con voz aguda:

—Majestad, este sirviente vio con sus propios ojos al príncipe heredero dirigirse solo en esta dirección. Parecía estar muy borracho…

A Qi Yu se le iluminaron los ojos. Ya llegaban. ¡El emperador y su tropa para sorprender a los adúlteros!

Cuando leyó esa parte en el libro original, no le causó ninguna impresión especial. Ahora, en carne propia, descubría cierta maldad.

Si el eunuco decía que el noble Qi había desaparecido, lo más probable era que el emperador solo enviara a algunos eunucos o doncellas a buscarlo. Pero si el eunuco decía que el príncipe heredero había desaparecido y que iba borracho, la implicación ya era mucho más sugerente.

Si el príncipe heredero, solo y borracho, sufriera algún percance, ¿qué pasaría?

En palacio vivían muchas concubinas; ¿podría ofender a alguna?

El emperador y el príncipe heredero solo se llevaban bien en apariencia. En realidad, el emperador llevaba tiempo recelando de su hijo, pero por respeto a las apariencias no podía atacarlo directamente; siempre buscaba un pretexto para deponerlo. Si al príncipe heredero le ocurría algo, como una caída o ahogarse, el emperador sin duda estaría encantado. Pero si el príncipe heredero ofendía a una concubina, eso sería como atravesarle el pulmón al emperador.

En aquella parte de la trama, como Zixiu había rescatado al príncipe heredero a tiempo y solo quedaba el noble Qi, no se pudo probar que hubiera habido un encuentro ilícito. Sin embargo, el emperador, basándose únicamente en que el noble Qi tenía las ropas desordenadas, lo condenó a muerte. Esto demuestra lo paranoico que era y lo sensible que se ponía con los posibles cuernos.

Pero esta vez, tanto el noble Qi Guiren como el príncipe heredero fueron rescatados a tiempo. Dentro del Palacio de las Nubes Errantes, Zixiu, siguiendo las instrucciones de Qi Yu, los sustituiría por otras personas. Éste estaba secretamente encantado. Cuando el verdadero culpable viera aquello, no sabía si le daría un ataque de rabia.

𐙚⋆°。⋆♡

La autora tiene algo que decir:

Miniteatro: Segunda impresión.

Murong Jun: el hombre de las vendas, a veces es torpe, a veces es astuto.

Qi Yu: una sombra muy veloz.

¿Os habéis dado cuenta? Esta vez la portada es un poco verde =vv=

Seguiré enviando sobres rojos de amor a los comentarios~~

¡Muchas gracias a todos por vuestro apoyo, seguiré esforzándome!

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