Capítulo 3: Sorprender al adúltero

Arco | Volúmen:

No disponible.

Estado Edición:

Editado

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

Capítulo 3: Sorprender al adúltero

El más llamativo de aquel grupo era, sin duda, el emperador, vestido con su túnica amarilla de dragón. Tal como se describía en el libro, el emperador rondaba los cuarenta años, de complexión algo rellena, con una corta barba, el rostro sombrío y la mirada penetrante.

A ambos lados del emperador le acompañaban dos mujeres. La de la cabeza repleta de joyas y el maquillaje recargado era su concubina favorita, la consorte Min. La otra, de aspecto más maduro, elegante y sobrio, era la emperatriz. Detrás venían varias concubinas más. Aquel día era el Festival del Medio Otoño y, según la costumbre, se celebraba un banquete en palacio. Al saber que el príncipe heredero había desaparecido, el emperador se sintió inquieto. Tanto la emperatriz como las concubinas de alto rango se ofrecieron voluntarias para salir a buscarlo.

La consorte Min se mostraba muy solícita, preguntando en varias ocasiones el paradero del príncipe heredero e incluso ordenó a los eunucos y doncellas que lo llamaran a gritos por el camino, no fuera que estuviera tan dormido que no los oyera y se perdiera al emperador.

La emperatriz, en cambio, seguía muy pegada al emperador, observando con frialdad.

A lo largo del camino, varios eunucos afirmaron haber visto al príncipe heredero entrar en el Palacio de las Nubes Errantes. El emperador se sintió algo aliviado. En el Palacio de las Nubes Errantes no vivía ninguna concubina. Si el príncipe heredero, borracho, se hubiera quedado allí a dormir, podría reprenderlo por su conducta disoluta.

La comitiva pronto llegó frente al Palacio de las Nubes Errantes.

El emperador no podía ir personalmente a despertar al príncipe heredero; así que envió al eunuco jefe Wang Defu para que inspeccionara primero. Wang Defu recibió la orden y estaba a punto de entrar cuando un sirviente salió corriendo del palacio con expresión de pánico y que, al ver al emperador, se arrodilló de inmediato.

Wang Defu preguntó:

—¿Está dentro Su Alteza el príncipe heredero?

Al oír la pregunta, el sirviente palideció y, tras balbucear un buen rato, no logró articular palabra.

El emperador, intuyendo algo extraño, lanzó una mirada de reojo a Wang Defu. Wang Defu se adelantó, derribó al sirviente de una patada y le espetó con enfado:

—¡Te están preguntando! ¿Acaso eres mudo? ¡Responde!

El sirviente se levantó, se agarró a la pierna de Wang Defu y dijo entre sollozos:

—Eunuco Wang, yo, yo no me atrevo a decirlo…

Wang Defu se impacientó:

—¡El emperador está delante de ti! ¿Cómo no vas a atreverte?

Entonces el emperador también fulminó con la mirada al sirviente.

Aquel hombre, aterrorizado, contestó con los labios temblorosos:

—Su Alteza el príncipe heredero… es que está… ahí dentro…

Wang Defu hizo una pausa y preguntó:

—¿Y qué pasa si está ahí dentro?

La voz del sirviente cayó de repente y, con vergüenza, bajó la cabeza:

—El… el noble Qi también está…

El escondite de Qi Yu no estaba lejos; oyó perfectamente lo que dijo el sirviente. Si no fuera porque aún no era el momento de aparecer, habría saltado a aplaudir. El sirviente era un actor excelente; hasta él mismo casi se creía que había tenido un lío con el príncipe heredero.

El emperador, naturalmente, también se lo creyó. Aquel sirviente había hablado con evasivas y expresión embarazosa; si a esas alturas no lo deducía, sería que no había vivido en vano.

El noble Qi al que se refería el sirviente, según sabía el emperador, era un consorte masculino que había entrado en palacio hacía poco. El propio emperador había firmado su edicto de nombramiento. Pero debido a una herida, aún no lo había convocado. Jamás pensó que el príncipe heredero, borracho, hubiera osado…

Qué enorme atrevimiento el del príncipe heredero, ¡se atrevió a poner sus manos sobre una persona del emperador!

El emperador montó en cólera. Su carácter paranoico le hizo recordar: el noble Qi había estado convaleciente en una estancia lateral del Palacio Yuxiu. ¿Cómo es que sin motivo alguno apareció en el deshabitado Palacio de las Nubes Errantes? Y el príncipe heredero, que estaba borracho, ¿cómo llegó tan casualmente al Palacio de las Nubes Errantes y se encontró con el noble Qi?

¿Acaso, en lugar de ser una imprudencia del príncipe heredero por la bebida, ambos se habían citado a escondidas, aprovechando que todos estaban en el banquete?

Cuanto más lo pensaba el emperador, más probable le parecía. Pero el noble Qi llevaba en palacio solo unos pocos días; resultaba poco probable que hubiera establecido una relación secreta con el príncipe heredero tan rápidamente. Así que debían haberse conocido antes de entrar en palacio, haber tenido algo entre ellos y ahora estar engañándolo a él.

¡Canalla, hijo indigno!

Si se producía semejante escándalo, deponer al príncipe heredero era más que justificado. Pero ¿dónde quedaría su dignidad?

El emperador estaba furioso. Justo en ese momento, la consorte Min, que normalmente era bastante lista, cometió un desatino y dijo en voz alta, sin comprender:

—¿Dices el noble Qi? ¿Cómo es posible? ¿No estaba herido y guardando reposo?

El emperador lanzó una mirada fría a la consorte Min. Ella, consciente de su desatino, se encogió y llamó al emperador con voz melosa:

—Majestad…

—Majestad, ¿qué tal si enviamos primero a unos eunucos para que inspeccionen?

A su lado, la emperatriz, de porte elegante, se apartó un mechón de cabello que le caía sobre la frente y se mostró relativamente serena.

La emperatriz era la segunda esposa, no tenía hijos varones, por lo que el asunto del príncipe heredero no le afectaba; no estaba preocupada.

—No hace falta. Yo mismo iré a ver al príncipe heredero.

El emperador ordenó a los eunucos y sirvientes que se apartaran, y solo permitió que la emperatriz y la consorte Min lo acompañaran.

Ante una cámara cerrada, había un grupo de eunucos arrodillados, todos con la cabeza gacha y temblando sin cesar.

Al ver esto, el emperador se convenció aún más de sus sospechas. De un fuerte puntapié, derribó la puerta.

El candado de la puerta había sido retirado antes de que el emperador llegara. En el interior solo ardía una tenue lámpara, que apenas dejaba adivinar la silueta de alguien en la cama.

La consorte Min lanzó una mirada y dijo en voz baja:

—¿Es Su Alteza el príncipe heredero?

El emperador apretó las muelas y ordenó:

—¡Que traigan luz!

Cuatro eunucos entraron con linternas e iluminaron la estancia cerrada como si fuera de día.

La persona en la cama seguía durmiendo con la cabeza tapada. Wang Defu lanzó una mirada al emperador y, ágilmente, se acercó y levantó de golpe las mantas de brocado.

La emperatriz y la consorte Min esperaban ver el escándalo del príncipe heredero. Sin embargo, bajo las mantas apareció un trozo de amarillo brillante.

Todo el mundo sabía que el príncipe heredero vestía de negro ese día. El amarillo brillante era más propio de los príncipes.

La emperatriz, tras la sorpresa inicial, sintió cierta alegría por el desastre ajeno. El rostro del emperador se volvió lívido. La consorte Min no podía creer lo que veían sus ojos; fijó la mirada en la persona acostada y de repente lanzó un grito desgarrador:

—¡Ji’er! ¿Tú… cómo estás tú aquí?

Los que se habían acercado al borde de la cama lo vieron con claridad: no era el príncipe heredero quien yacía en la cama, sino el segundo príncipe, Murong Ji, hijo de la consorte Min.

A pesar del revuelo, el segundo príncipe no se despertó. Al contrario, se dio la vuelta por inercia y, con práctica, abrazó a la persona que dormía a su lado.

Claramente, la persona a su lado no era el noble Qi. El noble Qi era un consorte masculino; la persona a la que abrazaba el segundo príncipe era una mujer.

El emperador ya tenía planeado en su mente condenar a muerte al noble Qi y deponer al príncipe heredero; incluso había pensado en el discurso para anunciarlo al mundo. Pero la persona a la que había descubierto en la cama no era el príncipe heredero con el noble Qi, sino el segundo príncipe con…

—¡Majestad no, es la consorte Zhen! —exclamó de pronto la emperatriz, esforzándose por contener el asco, y reconoció a la mujer a la que abrazaba el segundo príncipe.

El emperador, que acababa de notar que el príncipe heredero se había convertido en el segundo príncipe, sentía un frío en el pecho. En ese momento, al oír a la emperatriz decir que a quien abrazaba el segundo príncipe era nada menos que la consorte Zhen, su cuerpo se tambaleó y por poco se queda sin aliento.

¡Era la consorte Zhen!

Antes le habían dicho que era el noble Qi, y el emperador lo había tomado como un objeto sin importancia. Pero la consorte Zhen era diferente: llevaba dos años en palacio y era una de sus favoritas, la concubina que más quería después de la consorte Min. Joven, hermosa, de esbelta figura. El emperador solía sentirse orgulloso de haber conquistado a una belleza así; pero ahora toda esa vanidad se había esfumado.

El emperador había visto con claridad la escena en la cama. Aún le quedaba un resto de cordura. Contuvo el impulso de matar al segundo príncipe, se dio la vuelta y, con un enfadado movimiento de sus amplias mangas, dijo a los que estaban a su alrededor:

—¿Están todos muertos? ¡Separenlos ahora mismo!

Los eunucos y sirvientes se apresuraron a separar al segundo príncipe de la consorte Zhen, los cubrieron a cada uno con una colcha de brocado y les rociaron la cara con un poco de agua fría.

El segundo príncipe y la consorte Zhen despertaron por fin. Al saber el enorme crimen que habían cometido, el segundo príncipe, que siempre había sido altanero y caprichoso gracias a los favores de su madre, se quedó atónito. La consorte Zhen restregaba su cabeza contra el suelo, golpeando sin cesar, hasta que su hermoso rostro quedó ensangrentado y desfigurado.

Ambos eran una la concubina favorecida, el otro un príncipe de prometedor futuro. Suplicaron clemencia, pero curiosamente ninguno de los dos clamó inocencia.

El emperador aún albergaba un resto de esperanza: temía que les hubieran tendido una trampa. Ordenó a Wang Defu que arrestara a la sirvienta de confianza de la consorte Zhen y le interrogara. Pero la sirvienta, al ver a la consorte Zhen y al segundo príncipe tan desarreglados, confesó temblorosamente que la consorte Zhen ya se había enredado con el segundo príncipe a principios de año, y que no era su primer encuentro.

El emperador estaba fuera de sí. Recordó entonces la actitud del segundo príncipe al abrazar a la consorte Zhen, y no necesitó más explicaciones: el segundo príncipe estaba completamente familiarizado con el asunto.

—¡Hijo indigno!

El emperador, furioso, sintió punzadas en el pecho. De una patada derribó al segundo príncipe, pero él mismo casi cayó, teniendo que ser sostenido por Wang Defu y la emperatriz.

La consorte Min, recuperándose de la conmoción, se abalanzó sobre el segundo príncipe.

Murong Ji, desde pequeño, nunca había sufrido tal castigo. Con el dolor de la patada, se refugió llorando en el regazo de la consorte Min:

—Padre Imperial, yo… yo fui víctima de una injusticia…

Él había codiciado la belleza de la consorte Zhen y mantenido relaciones con ella, pero no se habían citado aquel día, precisamente bajo las narices del emperador. Él se había fijado en una doncella durante el banquete, se había ido temprano a buscarla y, tras entregarse al placer, al despertar se encontraba junto a la consorte Zhen. ¿Cómo era posible?

Murong Ji lo pensó una y otra vez, sin encontrar explicación.

No dejaba de lanzarle miradas significativas a la Concubina Zhen, esperando que ella también protestara su inocencia y lo ayudara a desmentir las acusaciones. Sin embargo, desde que el emperador los había sorprendido en el acto, la mujer parecía una figura de madera. Aparte de inclinarse una y otra vez para golpear la frente contra el suelo entre lágrimas, no mostraba ni una sola expresión adicional. 

Por el rabillo del ojo, Murong Ji alcanzó a ver su rostro cubierto de sangre. Aquella cara, que antaño le había parecido tan hermosa, ahora le resultaba tan aterradora como la de un espectro. Tras lanzar unos cuantos gemidos lastimeros, terminó cerrando la boca con resentimiento y miedo.

Su aspecto cobarde y pusilánime cayó directamente bajo la mirada del emperador, reforzando aún más la convicción de que entre el Segundo Príncipe y la Concubina Zhen existía una relación ilícita.

El emperador apretaba los dientes. Desde que descubrió que se trataba de la consorte Zhen, había decidido que esa mujer no podía seguir viva. Pero el segundo príncipe era su hijo favorito. ¿Cómo iba a castigarlo?

Qi Yu aprovechó el tumulto para colarse sigilosamente en el Palacio de las Nubes Errantes. Al principio había mucha gente hablando a la vez, y Qi Yu tardó un buen rato en entender lo que ocurría: el emperador quería sorprender al príncipe heredero y al noble Qi en pleno encuentro, pero lo que había salido a la luz era el segundo príncipe con la consorte Zhen…

¿¡Qué!?

Qi Yu se quedó horrorizado. ¡Él no le había dicho eso a Zixiu!

Su plan original era que Zixiu capturara al eunuco que lo había engañado para llevarlo al Palacio de las Nubes Errantes, lo disfrazara de príncipe heredero y lo pusiera en la cama. Cuando todos descubrieran que no era el príncipe heredero, Murong Jun aparecería y desenmascararía a los que habían asegurado que el príncipe heredero había entrado en el palacio, y a partir de ahí podría seguir la pista hasta encontrar al verdadero culpable de la trampa contra el príncipe heredero. Pero nunca imaginó que Zixiu se atrevería a secuestrar al segundo príncipe y a la consorte Zhen. ¡Era… realmente emocionante!

Qi Yu sabía que el segundo príncipe mantenía relaciones con la consorte Zhen, y que en el libro original Murong Jun también utilizó ese hecho para que el emperador empezara a recelar del segundo príncipe. Pero eso ocurría más adelante en la historia… ¿Acaso, debido a su intervención, parte de los acontecimientos se habían adelantado?

Hacer caer al segundo príncipe no era algo que Zixiu pudiera decidir por sí solo. Qi Yu recordó que, antes de que Zixiu se marchara, Murong Jun había susurrado  con él. El príncipe heredero debió de tomar la decisión en ese momento.

A diferencia de él, que había leído el libro y sabía de antemano que la consorte Min estaba detrás, Murong Jun, en muy poco tiempo, solo con oír el nombre del eunuco, había deducido la verdad por sí mismo y, sin dudar, había utilizado al segundo príncipe para abofetear a la consorte Min.

Para sorprender a alguien cometiendo adulterio, nada mejor que atrapar al propio hijo.

Cuando Qi Yu había seguido la novela desde el principio, ya había pensado que, aunque seguía la fórmula trillada, aquella escena de ajustar cuentas era bastante satisfactoria.

La consorte Min, el segundo príncipe y la consorte Zhen, aunque gimoteaban y lloraban, ¿acaso alguno era realmente inocente?

La verdad era que admiraba el carácter cruel y vengativo del protagonista. Aunque había matado a mucha gente para llegar al trono, no era un asesino sin principios que matara a cualquiera que le cayera mal.

Ese tipo de protagonista… le gustaba mucho. Lástima que el poder imperial fuera un arma de doble filo. Arrastrado por la trama cada vez más melodramática de la autora, años después de ascender al trono, el protagonista se fue distanciando de sus hombres de confianza, sufrió la traición de su amada y se volvió un tirano del que todos huían. Y la autora, insatisfecha, aún amenazaba con hacer que los rebeldes entraran en la ciudad imperial, que el protagonista se viera acorralado y que su propio hijo le atravesara el pecho con una espada en el trono…

Demasiado cruel. Era muy injusto para el protagonista.

Si uno quiere a un personaje, sufre por él. Qi Yu bajó la mirada, sombrío. Si no fuera por eso, ¿cómo habría podido abandonar la novela?

𐙚⋆°。⋆♡

La autora tiene algo que decir: 

Miniteatro: Deseos para el futuro.

Murong Jun: ¿Convertirme en tirano?

Qi Yu: …

Qi Yu: ¡Segunda juventud, segunda juventud!

Murong Jun: …

Los títulos de consorte Min y consorte Zhen son deliberados~~

────୨ৎ────

[Nota traductora: La autora dice: “Los títulos de consorte Min y consorte Zhen son deliberados” (敏妃和贞嫔的封号都是故意的). Esto es un juego de palabras muy común en las novelas chinas (especialmente en las de género gong dou o harén), donde los nombres o títulos de los personajes suelen tener *significados ocultos* que anticipan su personalidad, su destino o la trama.

Explicación:

  1. Consorte Min (敏妃)Mǐn fēi

– El carácter *敏 (mǐn) significa ágil, rápido, inteligente, perspicaz.

– En la novela, la consorte Min es presentada como una concubina astuta, que urde planes y tramas. Sin embargo, su inteligencia resulta ser “limitada y contraproducente”: termina cayendo en su propia trampa y arruinando a su hijo (el segundo príncipe).

– La ironía: su título significa “astuta”, pero en la práctica su astucia es mediocre y autodestructiva.

  1. Consorte Zhen (贞嫔)Zhēn pín

– El carácter *贞 (zhēn) significa casta, fiel, virtuosa, leal (es un término muy asociado a la virtud femenina en la China imperial, especialmente la fidelidad al esposo).

– La consorte Zhen “mantiene una relación adúltera” con el segundo príncipe (el hijo del emperador). Es todo lo contrario a “casta” o “fiel”.

– La ironía es brutal: su título proclama una virtud que ella no posee, y su pecado (el adulterio) es precisamente el que la lleva a la muerte. 

Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x