Capítulo 27 – Fuga de prisión 5 (Fin)

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Capítulo 27- Fuga de prisión 5 (Fin)

 

Zhao Shou relató lo ocurrido aquella noche de Nochevieja.

Ese día escoltaban a Li Yiming al hospital. Al llegar a una gasolinera, el conductor, Zhao Guochang, dijo que el vehículo parecía tener un problema, aunque también podía ser simplemente que se hubieran quedado sin combustible, así que entraron en la estación. En cuanto el coche se detuvo, Zheng Junshi aprovechó para pedirle a Feng Xiao que fuera a comprar algo de comida.

No se sabía de dónde habían salido, pero de pronto apareció un grupo de hombres. Conocían a Zheng Junshi y hasta lo saludaron sonrientes. Después, sacaron armas y apuntaron a Zhao Shou y a otro guardia penitenciario, obligándolos a bajar del coche. Los funcionarios no llevaban armas reglamentarias; solo Zheng Junshi y Feng Xiao iban armados. Aun así, Zheng Junshi no intentó detenerlos.

Cuando todos habían descendido del vehículo, el hombre barbudo ayudó a Li Yiming a caminar al frente. Fue entonces cuando Zhao Shou vio cómo Zheng Junshi levantaba el arma y apuntaba directamente a Li Yiming. Zhao Shou se apresuró a interponerse delante de él. Zheng Junshi se quedó un instante paralizado y perdió la oportunidad.

Al ver que Li Yiming y los demás estaban a punto de marcharse, Zheng Junshi sintió que el corazón se le hundía y disparó, provocando una explosión en la gasolinera. Esta vez fue Li Yiming quien protegió a Zhao Shou, de modo que este solo sufrió una herida en el brazo. Dos de los hombres que el barbudo había traído, los que iban cerrando la marcha, murieron en la explosión.

Amenazado por los demás sospechosos, Zhao Shou cargó a Li Yiming a la espalda y escapó con ellos de la gasolinera. Después, el barbudo no dejó de intimidarlo: si se atrevía a huir, matarían a Li Yiming…

Xiao An lo reprendió sin miramientos:

—¿De verdad te creíste eso? Li Yiming iba con ellos, ¿cómo iban a matarlo?

—No, no es así —se apresuró a defenderlo Zhao Shou—. Xiao Li me dijo que lo habían salvado porque querían que trabajara para ellos. Incluso dijo que acababa de salir de la guarida del tigre para caer en la boca del lobo.

Cheng Jin le preguntó entonces por otra cosa:

—Antes de morir, ¿Zheng Junshi dijo algo?

Zhao Shou se sorprendió de que Cheng Jin lo supiera.

—Dijo: “Li Li, te quiero”. Pero ya se lo pregunté a Xiao Li, y él se enfadó mucho. Dijo que esas palabras no iban dirigidas a él.

A Zhao Shou se le vino a la cabeza, de forma bastante melodramática, esa clase de amantes que se aman y se destruyen como en las series de televisión.

—…Desde luego que no —dijo Cheng Jin—. Zheng Junshi tenía una novia llamada Yuan Lili.

—¡Ah! —exclamó Zhao Shou, comprendiendo por fin.

Después de eso, el equipo especial y los hombres que Ge Yue había traído pasaron varios días buscando en Tianjin el paradero de Li Yiming y los demás. Por un lado, el Buró Diez,  estaba convencido de que aún no habían salido del país de forma ilegal; por otro, no había manera de dar con ellos.

La mayoría de las fugas se hacían por mar. Cheng Jin reflexionó un momento y ordenó revisar los almacenes del puerto. Finalmente, encontraron al Barbudo y a otros cuatro hombres encerrados en uno de ellos. Se habían quedado atrapados allí, con la puerta cerrada por fuera, y estaban tan hambrientos que casi les brillaban los ojos de desesperación. 

Si nadie los hubiera descubierto en unos días más, habrían acabado muertos.

Habían estado escondidos en los almacenes del puerto esperando el barco que debía sacarlos del país. No era extraño que Cheng Jin y los suyos no los hubieran encontrado antes. Lo que no habían previsto era la gravedad de las heridas de Li Yiming. Aprovechando un descuido, Li Yiming abandonó el almacén y realizó uno de sus gestos habituales: al salir, cerró la puerta con llave.

Ge Yue y los suyos llevaron a los sospechosos de vuelta a Pekín. El equipo especial regresó también en coche. Durante el trayecto, Ye Lai le preguntó a Cheng Jin:

—Jefe, al que de verdad buscamos es a Li Yiming. Entonces… ¿no podemos cerrar el caso todavía? ¿Tenemos que seguir buscándolo?

En el fondo, sentía bastante compasión por él.

El Barbudo y los demás formaban parte de una banda de atracadores. Al principio habían obligado a Li Yiming a ayudarles a robar bancos. Más tarde, el atraco fracasó, pero ni el Barbudo ni otros miembros clave participaron en esa acción, por lo que se libraron. En realidad, les daba bastante igual si Li Yiming vivía o moría.

Sin embargo, obtuvieron información fiable: alguien del Paraíso Negro estaba ofreciendo una suma altísima por un experto en abrir cerraduras. Al parecer, buscaban a alguien para participar en un gran golpe relacionado con el robo de lingotes de oro. El Barbudo y los suyos se sintieron tentados. En cualquier caso, cada vez les resultaba más difícil moverse dentro del país. ¿Por qué no rescatar a Li Yiming y usarlo como moneda de cambio para entrar en el Paraíso Negro y marcharse al extranjero a “ver más mundo”?

Todo había salido según lo previsto. Sobornaron a otros presos para drogar a Li Yiming, compraron al conductor para que detuviera el coche y eligieron expresamente una gasolinera, un lugar donde la policía no se atrevería a abrir fuego. Lo que no esperaban era que Zheng Junshi, a quien también creían tener comprado, cambiara de idea en el último momento e intentara morir con ellos. Aunque escaparon con rapidez, aun así perdieron a dos hombres.

You Duo comentó:

—Si Li Yiming puede considerarse inocente, entonces con más razón tenemos que encontrarlo. También es ayudarlo a poner fin a su vida a la fuga. Nuestros superiores estarán encantados de que no tenga cargos: así podrán incorporarlo al Departamento de Seguridad con la conciencia tranquila.

Cheng Jin no dijo nada. Él y Yang Simi se quedaron dormidos apoyados el uno contra el otro. Xiao An hizo un gesto de silencio al resto.

Tras regresar a Pekín, Zhao Shou volvió a su casa. Cheng Jin organizó turnos para que miembros del equipo especial vigilarán discretamente el lugar. La relación entre Li Yiming y Zhao Shou parecía bastante estrecha; quizá Li Yiming acudiría a buscarlo.

Las sospechas sobre Feng Xiao quedaron descartadas. Cheng Jin le contó a él y a Yuan Lili las últimas palabras de Zheng Junshi y todo lo que había hecho. Yuan Lili volvió a romper a llorar. En ese momento lo entendió todo: Zheng Junshi probablemente sabía desde hacía tiempo que ella estaba con su mejor amigo, Feng Xiao, y también sabía que ella quería romper con él. Aun así, la amaba, pero no quería enfrentarse a su amigo, de modo que se refugiaba en el trabajo y siempre encontraba excusas para no volver a casa.

Más tarde, el Barbudo dio con él y lo amenazó: si no colaboraba, harían que Li Yiming incriminara falsamente a Yuan Lili. A cambio, le prometieron grandes beneficios. Zheng Junshi aceptó de cara, pero en secreto planeó matar a Li Yiming para eliminar cualquier riesgo. Por miedo a implicar a su amigo, apartó a Feng Xiao, y finalmente eligió un desenlace de destrucción mutua.

Feng Xiao también lloró desconsoladamente, pero aun así, conteniendo el dolor, intentó consolar a Yuan Lili. Ella, sin embargo, lo apartó de un empujón.

—¿Qué me quieres? ¿Quién me quiere de verdad? ¡Junshi era el único que me amaba de verdad!

Después de aquello, Yuan Lili y Feng Xiao no siguieron juntos. Feng Xiao dejó la unidad de policía armada; Yuan Lili abandonó Pekín. Eran heridas demasiado profundas, recuerdos a los que ninguno de los dos fue capaz de volver.

Unos días después, Cheng Jin escuchó, a través del dispositivo de escucha, la voz de Zhao Shou nada más entrar en casa.

—¿Xiao Li? ¿Qué haces en mi casa? ¿Cómo has entrado?

—Idiota, ¿ya se te olvidó que sé abrir cerraduras? Con ese candado tan cutre que tienes es como si no hubiera puerta —respondió Li Yiming—. Idiota, ¿sigues enfadado porque te dejé inconsciente? No es que me preocupara que lo malinterpretaras. Pasaba por aquí, me acordé de que dijiste que vivías en este edificio y subí a echar un vistazo.

—¿Ah? Oh… no, no lo malinterpreté. Sé que querías salvarme…

Aquel día, después de dejar inconsciente a Zhao Shou, Li Yiming lo escondió bajo la cama y luego abrió la ventana, engañando a los demás al decirles que Zhao Shou había escapado. El Barbudo no esperaba que un tipo tan honrado como Zhao Shou supiera huir; incluso sospechó que había sido Li Yiming quien lo había dejado marchar. Pero lo urgente era otra cosa: si Zhao Shou avisaba a la policía, la situación se volvería muy peligrosa. Así que ordenó de inmediato que cargaran con Li Yiming y abandonaran el hospital.

Mientras Zhao Shou y Li Yiming hablaban, Cheng Jin y Yang Simi subieron las escaleras en silencio. Sin embargo, Li Yiming los detectó enseguida y echó a correr hacia el otro extremo del pasillo. Cheng Jin sacó el arma. Tal como esperaba, Zhao Shou volvió a interponerse delante de Li Yiming.

Cheng Jin sonrió con frialdad.

—Li Yiming, si no te detienes ahora mismo, dispararé. Y si hiero a Zhao Shou por accidente, será culpa tuya.

Li Yiming se detuvo en seco.

—¡Eres un desvergonzado! —le gritó, y luego se volvió contra Zhao Shou—. ¡Idiota! ¿Has sido tú quien llamó a la policía?

—No… —Zhao Shou parecía realmente agraviado—. Pensaba llamar, pero aún no había encontrado el momento para hacerlo.

Como funcionario de prisiones, denunciar a un fugitivo era lo que debía hacer.

Li Yiming estaba tan furioso que casi se le salían los ojos. Al ver su expresión, Zhao Shou comprendió por fin que estaba enfadado y se apresuró a decir:

—Xiao Li, no te enfades. El agente Cheng sabe que eres buena persona y te ayudará.

—¡Yo no soy buena persona! —Li Yiming le gritó—. ¿No ves que me está apuntando con una pistola?

—El agente Cheng solo te está asustando para que no huyas…

Cheng Jin intervino:

—Li Yiming, ¿conoces a Yuan Lili?

—¿A quién? —Li Yiming no había oído ese nombre en su vida.

Zhao Shou le explicó:

—La novia de Zheng Junshi.

—¡Idiota! ¿Cómo voy a conocer a la novia de ese tipo? —Li Yiming reaccionó de inmediato—. Te dije que no tenía nada que ver conmigo. Él estaba llamando a su novia.

Y lanzó a Zhao Shou una mirada exasperada.

—Me equivoqué… —murmuró Zhao Shou.

Cheng Jin observó divertido cómo los dos discutían. Le parecían realmente interesantes.

—Oye, Li Yiming —dijo—, no soy policía. Pertenezco al Grupo Especial del Departamento de Seguridad. ¿Te interesa unirte a nosotros?

Bu Huan, Ye Lai y los demás se quedaron de piedra. Claramente era otro departamento el que quería reclutar a Li Yiming. ¿Cheng Jin estaba intentando arrebatárselo? ¿O quizá, molesto porque Li Yiming lo había llamado desvergonzado, pensaba llevárselo al Grupo Especial para hacerlo sufrir?

Li Yiming miró a Cheng Jin con desconfianza.

—¿Te estás burlando de mí?

—¿Cómo crees? Siempre cumplo mi palabra —lo tentó Cheng Jin—. Ven al Grupo Especial. Eres un genio abriendo cerraduras, y nosotros necesitamos a alguien como tú.

Ante semejante elogio, a Li Yiming le resultó difícil seguir poniendo mala cara. Dudó un momento.

—Soy un ladrón de bancos… y ahora además me he fugado de prisión… —frunció el ceño—. Al final resulta que sí te estás riendo de mí.

—El atraco fue bajo coacción, ¿no? Y además fuiste tú quien hizo que una empleada del banco llamara a la policía. Tampoco querías fugarte; fueron ellos quienes lo organizaron todo.

Li Yiming se quedó boquiabierto.

—Pensé que nadie me creería. Yo hice que avisaran a la policía, pero aun así el francotirador me disparó. Ni siquiera se me había curado la herida cuando me encerraron otra vez diciendo que me caerían veinte años. Claro que quería escapar, ¿quién quiere pasar veinte años en prisión?

A su lado, Zhao Shou mostró la misma expresión apesadumbrada. Li Yiming lo miró y sonrió. Quizá no era tan mala idea entrar en el Grupo Especial.

—Oye… entonces, ¿me dan comida y alojamiento?

Cheng Jin negó con la cabeza.

—Eso no.

Li Yiming volvió a fulminar con la mirada a Zhao Shou.

—¡Idiota! Si tienes algo que decir, dilo de una vez.

Zhao Shou dudó largo rato antes de hablar:

—Yo… quería decir que puedes vivir conmigo. Pero seguro que no te gustaría. No quería decirlo, pero tú insististe…

Siempre lo llamaba idiota; así que Zhao Shou pensaba que Li Yiming lo consideraba demasiado tonto como para querer compartir piso con él.

Sin embargo, Li Yiming sonrió.

—Ya que tienes tantas ganas de que vivamos juntos, aceptaré a regañadientes. —Luego miró a Cheng Jin—. Si todo lo que has dicho es verdad, entonces estoy dispuesto a unirme…

No llegó a terminar la frase. Alguien subió corriendo las escaleras y lo interrumpió.

—Yo te aconsejaría que no aceptaras todavía. Cheng Jin fue precisamente quien te envió a prisión. 

Quien hablaba era Mo Liunian. Cheng Jin no sabía cómo se había enterado, pero había llegado a toda prisa.

—Y el tipo que está a su lado es el francotirador que te disparó aquel día —añadió una voz femenina.

Cheng Jin la reconoció: se llamaba Lan Zhenzhu, también del Departamento de Seguridad.

Mo Liunian sonrió.

—Pequeño Cheng, podemos ser amigos, pero intentar robarnos a nuestra gente… eso sí que no.

Lan Zhenzhu le lanzó una mirada de soslayo.

—¿Nuestra gente? Eso aún no está decidido.

Mo Liunian sonrió con calma.

—¿Ah, sí? Pero he oído que su director piensa otra vez decidirlo con el nuestro a piedra, papel o tijera. Y, que yo sepa, su director siempre pierde… aunque nunca se cansa de volver a intentarlo.

—…

—Li Yiming… —empezó Cheng Jin.

Pero en cuanto pronunció su nombre, Li Yiming le lanzó una mirada feroz. En ese momento estaba completamente convencido de que Cheng Jin había estado burlandose de él desde el principio. Cheng Jin sonrió con suavidad.

—La persona que llamó a la policía no me dijo entonces que tú habías sido quien se lo pidió. Eso lo he sabido hace poco. Pero ahora da igual. Li Yiming, lo siento. Adiós.

Li Yiming observó con una expresión compleja cómo Cheng Jin y Yang Simi se alejaban. A su lado, Zhao Shou empezó a parlotear sin parar:

—El agente Cheng es una buena persona, no te habría detenido a propósito…

Aquello molestó a Li Yiming. Decidió que no se uniría al Grupo Especial: no estaba dispuesto a pasarse el día escuchando a Zhao Shou hablar de «el agente Cheng por aquí» y «el agente Cheng por allá».

Cuando Cheng Jin y Yang Simi regresaron, You Duo se apresuró a declarar:

—¡Juro que no he sido yo quien ha llamado al tío Mo!

Xiao An intervino enseguida:

—Jefe, ¡yo también sé abrir cerraduras!

Los demás se sumaron al instante, asegurando que todos, en mayor o menor medida, tienen habilidades similares.

—¿Y pueden abrir la puerta de una cámara acorazada? —preguntó Cheng Jin.

Xiao An y los demás se quedaron callados al momento. 

Mientras maldecían en silencio a Li Yiming por andar abriendo cámaras acorazadas sin necesidad, juraron solemnemente que trabajarían duro para aprender a hacerlo.

Yang Simi miró al grupo, que reía y bromeaba, y le preguntó a Cheng Jin con desconcierto:

—¿Para qué hay que abrir cámaras acorazadas?

—Están demasiado relajados —respondió Cheng Jin con una sonrisa—. Necesitan un poco de presión. Aprender cosas nuevas siempre acaba siendo útil.

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