Volumen 1: Niño Blanco
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Bai miraba a su alrededor con curiosidad.
Ahora estaban en el “poblado”. El equipo de Fendi —es decir, el grupo de hombres bestia que los había traído de regreso— había sido llamado por el jefe en cuanto llegaron para reportar la situación. Mientras tanto, ellos —Em, Bai, Blake, y junto con algo de hierba crujiente recolectada en el camino— fueron acomodados en un lugar aparte.
Todavía no se daban cuenta de que algo no andaba bien.
—¿Este es el poblado? —Bai saltó desde una plataforma y comenzó a pasearse por los alrededores.
—No lo sé bien —respondió Em—. Solo vine una vez con papá, y ni siquiera entramos a sus casas… Dicen que las casas son muy cómodas. ¿Será que estamos dentro de una de ellas?
Em acababa de despertarse. Cuando abrió los ojos, solo quedaban Bai y Blake a su lado.
—¡Resulta que, igual que nosotros los conejos, también les gusta vivir en madrigueras! —Em se rió alegremente, sin darse cuenta de que él mismo era un auténtico “pueblerino de tierra”.
—¿Y esto qué es? —preguntó Bai, al descubrir otro objeto desconocido.
—¡Eso es un cuchillo! Sirve para cortar cosas, como hierba crujiente o carne. ¡Es superútil! —Em le explicó emocionado.
—¿Y esto otro?
—¡Eso es una piedra para hacer fuego! Si la golpeas, sale chispa. Se puede usar para calentarse, ¡e incluso para asar carne!
—¡Oooh! ¿Y esto para qué sirve?
—¡Ese es el caldero del que les hablé antes! Sirve para cocinar sopa; es muy buena para los bebés pequeños. —Em corrió emocionado hasta el enorme caldero—. ¡Con razón es un gran poblado, hasta el caldero es gigante!
Sin embargo… algo no cuadraba. ¿Por qué todo en este lugar parecía tan…? Em empezó a tener un mal presentimiento.
Observó el caldero, perfectamente limpio y lleno de agua. Luego miró la piedra de fuego y la leña apilada con tanto orden. Dirigió su vista hacia el cuchillo que Bai acababa de dejar en su sitio y, finalmente, volvió la mirada hacia la plataforma desde la cual había saltado hace un momento.
Esa forma… ¡No puede ser!
—¿¡Una tabla para cortar!? —gritó Em, completamente desconcertado.
En ese momento, cerca de la cueva del líder del Poblado Wash, tanto dentro como fuera, el lugar estaba abarrotado de miembros del clan.
El Poblado Wash era una comunidad muy unida. Todas las decisiones importantes se discutían y decidían entre todos. Esta vez no era la excepción.
El jefe del poblado, Saller, era un hombre bestia león-tigre. A diferencia de otros que solían alternar entre su forma original y la humana, a Saller le gustaba vivir en su forma animal.
Acababa de escuchar el informe del equipo de Fendi.
—¿Así que… se rompió la conexión con la zona prohibida? —dijo Saller lentamente.
—Sí. Y también con el asentamiento del Clan de los Conejos de Nieve. Igual que lo que ocurrió hace unos años… —explicó Fendi, líder del equipo y hombre bestia tigre, describiendo detalladamente lo que había visto.
Saller bajó la mirada.
Ese gesto significaba que no pensaba hablar más, y que los demás podían opinar libremente.
Inmediatamente, Batu —que ya no podía aguantarse— saltó al centro.
—¿¡Qué les tomó tanto tiempo!? ¿Tuvieron problemas?
Se suponía que regresarían en tres días, pero se tardaron el doble. ¡Ya casi pensaban que algo les había pasado! Y sin embargo, ahí estaban, todos sanos y salvos… bueno, no todos: Holstein…
Fendi esbozó una sonrisa traviesa.
—Todo fue por culpa de Hol—…
Así que, por culpa del apuesto Holstein, que insistió en cargar a una “belleza” en brazos, lo que debió durar tres días se convirtió en seis. Pronto, ¡todo el poblado estaba al tanto!
Mientras tanto, Holstein —con parches en todo el cuerpo en casa del curandero—: T口T ¡No fue a propósito, de verdad no podía caminar más rápido!
—Yo no me creo que un conejo pueda ser tan bonito —bufó Batu con desdén tras oír la historia como si fuera un chiste. Además, le parecía absurdo que el equipo de Fendi hubiese traído conejos al poblado.
El Poblado Wash era principalmente de especies carnívoras de gran tamaño. Incluso las excepciones —como los mamuts o renos— tenían ventaja en tamaño, fuerza o habilidades.
¿¡Conejos!? ¿Te imaginas a un lobo cazando junto a un conejo?
—¿Acaso planean comerse a los conejos? —se burló Batu—. ¿Cuántos atraparon? ¿50? ¿100? ¡Si no traen al menos 50 no alcanza ni para taparse un hueco en los dientes!
—… Solo trajimos cuatro. Y los cuatro ya evolucionaron a forma humana.
¡Si no me creen, miren… eh? ¿Dónde están?
Fendi, dispuesto a mostrarles a Bai y Blake, de pronto notó que… los protagonistas de su historia no estaban.
—¡Oye, Kela! ¿Dónde están los cuatro conejos que te dejé?
La cocinera del poblado, Kela, levantó la vista con expresión ausente y contestó lentamente:
—… Ah, los dejé en la cocina.
—¿¡Qué!? ¿¡Por qué los pusiste en la cocina!? ¿¡Les diste zanahorias por lo menos!? ¡O aunque sea hierba crujiente fresca! —Personas tan lindas… había que tratarlas bien, si no, ¡¿y si se escapaban?!
Kela se rascó la cabeza, luego levantó la mirada y dijo:
—Los puse sobre la tabla de cortar.
—¡¿Qué dijiste?!
—Me dijiste que eran conejos, así que… pensé que eran la cena —miró confusa hacia la cocina—. Como tuve que venir a la reunión, aún no me dio tiempo de despellejarlos…
Kela, cocinera del poblado. Es una serpiente boa del bosque. Tiene una visión pésima; apenas alcanza 0.01. Suele confundir los condimentos, lo que hace que la cena acabe sabiendo a tragedia.
Fendi: 囧 (¡Qué desastre!)