Volumen 1: Niño Blanco
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En la cocina, al mismo tiempo…
—¡Dios mío!
¡Bai y Em estaban completamente atónitos por lo que veían!
¡Un montón de crías de Kantas! Encerradas en una jaula toda sucia. Esa fue la impresión de Bai.
Justo cuando Em empezaba a intuir que probablemente habían sido llevados a la cocina como ingredientes para alguna comida, ya no tuvo tiempo de detener a Bai: este ya había corrido con entusiasmo hasta un rincón del almacén. Allí, rodeado por una reja tosca, Bai miró curioso hacia dentro, y lo que vio fue un grupo de crías de Kantas… peludas, pequeñas y temblorosas.
—¡¡Louis!! ¿¡Louis, dónde te metiste!?
Mientras le peinaba el copete al bebé, Blake notó que Louis ya no estaba. Al principio no se preocupó, pensando que simplemente había ido a jugar.
Pero cuando terminó de acomodarle el pelaje al pequeño y aún no aparecía Louis, empezó a entrar en pánico.
Con el sudor corriéndole por la frente y cargando a Meng Jiuzhao en brazos, Blake buscó por todo el lugar sin encontrarlo. Finalmente, también llegó a ese rincón. Al ver a todos esos cuerpecitos peludos amontonados, se quedó completamente pasmado.
—¿¡Chiu!?—Louis, con la cara sucia y los bigotes llenos de polvo, se abrió paso entre el montón de bolas de pelo y miró con confusión a Blake.
Blake se sintió tan aliviado que rompió en llanto mientras abrazaba fuertemente a Louis.
Cuando Fendi y los demás llegaron, lo que vieron fue justo esa escena: Blake, entre lágrimas, abrazando a su pequeño.
—…Pensé que era un pollo que se encontraron por el camino y lo puse en el gallinero del poblado —explicó Kela con su tono lento y arrastrado—. Aunque sigue siendo una cría, está bastante gordita.
—¡Ese es mi hijo! ¡No es ningún pollo! —Blake se secó las lágrimas furiosamente. Bai le lanzó una mirada asesina a Clara.
Kela ni se inmutó… bueno, es que literalmente no lo vio. No se le puede pedir a alguien con una vista de 0.01 que distinga entre un pollo y una cría de Kantas, ¿no? ¡Si hasta el propio padre de la criatura apenas puede distinguirlo!
La belleza cubierta de lágrimas inspiraba aún más compasión, y todos los hombres del poblado empezaron a entender lo que sentía Holstein:
¡Si ellos fueran los protagonistas de esta historia, en lugar de tardar tres días en llegar, se habrían tomado diez tranquilamente!
(Holstein, cubierto de parches y vendajes: T.T)
Em, por su parte, no estaba prestando atención a la pelea entre Blake y Kela. Toda su atención se centraba en los grandes bultos blancos dentro de la jaula. Se acercó con extremo cuidado, observó durante un momento… y sus ojos se llenaron de lágrimas.
—¡Papá! ¡Hermano! ¡Prima! ¡Tía tercera!
Ese grito desgarrador dejó a todos paralizados.
Em corrió hacia el gallinero, con el cuerpo lleno de marcas de garras y plumas pegadas por todas partes, y abrazó a los enormes conejos que temblaban acurrucados en una esquina.
—¡Papá, hermano! ¡Pensé que nunca volvería a verlos! —Em se echó a llorar a todo pulmón. Su voz era muchísimo más fuerte que la de Blake, y sus lágrimas caían como cascadas. En ese momento, se olvidó por completo del altercado con Kela.
Incluso Blake, que aún tenía a Louis en brazos, se quedó completamente en shock.
Y no fue el único. Todos los presentes estaban absolutamente conmocionados por ese giro inesperado.
—Ah… esos conejos los vi hace unos días mientras viajaba. Se veían bien alimentados, así que me los traje. ¿Qué pasa? ¿Me equivoqué de nuevo? —Kela alzó la cabeza con desconcierto.
—¡No! ¡No te equivocaste! Son conejos —respondió Em, sorbiéndose los mocos con fuerza. Luego levantó la vista, con una expresión de profunda gratitud: —¡De verdad, tengo que agradecerte! ¡Eres una buena persona!
—Ah… —Kela, con la vista borrosa, aceptó en silencio la tarjeta de ‘buena persona’ que Em le acababa de entregar.