Capítulo 3 (1)

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Vol 1

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—3—

 

La brasa del cigarrillo que Joowon sostenía aún no se había apagado, dejando tras de sí un rastro de humo grisáceo. La intención de terminar de fumárselo se evaporó ante esa mirada cargada de burla. Sentía que su corazón, tras dar un vuelco, atravesaba el suelo y caía en picado hacia el abismo. Al ver la mirada vacilante de Joowon, Park No-yoon sonrió. Una sonrisa sumamente estética quedó grabada con nitidez en las pupilas de Joowon.

—¿Cómo…? ¿Acaso me has estado investigando?

Intentó responder con calma, pero le resultaba difícil ocultar el temblor de su voz. Una mezcla de ira y desconcierto floreció en él como una erupción febril. Joowon se limitó a observar a No-yoon, como si hubiera olvidado por completo que tenía un cigarrillo en la boca.

—Sí.

Ante la facilidad con la que admitió aquello, Joowon no supo cómo reaccionar. No tenía idea de si debía darle las gracias por pagar el tratamiento de Wonyoung o preguntarle si había contratado a un detective privado. Sin embargo, pronto un malestar creciente hizo que apretara con fuerza el cigarrillo. Que hubiera hurgado en sus asuntos privados era aterrador, pero lo que no podía tolerar era que hubiera pisoteado su orgullo. Era cierto que necesitaba el dinero con urgencia, pero preferiría morir antes que aceptar la ayuda de Park No-yoon. En lugar de darle las gracias, Joowon lo fulminó con la mirada.

—¿Te gustó mi regalo? Quería ayudarte, así que pagué los gastos médicos de tu hermano. Si tenías tantos pagos atrasados, deberías haberlo dicho antes.

“Quería ayudarte”. Esas palabras hicieron que su corazón latiera con un ritmo desbocado, resonando en su mente en silencio. Intentó reprimir por todos los medios el calor que subía desde las puntas de sus pies y ese impulso colérico, pero el malestar había alcanzado su punto crítico y oscilaba peligrosamente al borde del límite. Como si leyera sus pensamientos, No-yoon sonrió con aire puro, y algo atravesó el corazón de Joowon como un escalofrío, haciendo que sus labios se agitaran.

—¿Lo hiciste a propósito todo este tiempo? ¿Los exámenes, el trabajo de la beca, el portátil… todo eso?

En el momento en que su paciencia se quebró, soltó todas las sospechas que había guardado celosamente. El examen dejado en blanco, sus errores durante la presentación y la recomendación para la beca de trabajo. Para otros habrían sido simples coincidencias, pero Joowon, por el solo hecho de que se trataba de Park No-yoon, no podía evitar erizar sus afiladas espinas.

Al mirarlo fijamente de forma desafiante, la hermosa comisura de los labios de No-yoon se elevó en una sonrisa. De inmediato, la luz que contrastaba con la oscuridad se derramó sobre su cabeza, haciendo que sus ojos castaños brillaran con intensidad.

—Sí.

Lo esperaba, pero escucharlo directamente fue como sentir un impacto que le perforó el centro del pecho. Recordar los momentos en los que se dejó manipular por la actitud de Park No-yoon le hizo sentir algo más que vergüenza; sintió una humillación profunda. Los dedos que sostenían el cigarrillo empezaron a temblar levemente por la rabia. Mientras tanto, la brasa roja seguía brillando con una nitidez incandescente.

—¿Sabes qué tenemos en común tú y yo, Hyung?

Park No-yoon mostró una sonrisa radiante, como si estuviera disfrutando de un cálido rayo de sol. No mostró ni una pizca de arrepentimiento por haberlo investigado, ni desconcierto por haber sido descubierto. Estaba tan calmado como alguien que simplemente admite un hecho irrebatible. Joowon no lograba descifrar las intenciones de No-yoon al mencionar puntos en común. Si tuviera que compararlo con algo, sería con la confusión de mirar colores mezclados al azar. Joowon, reprimiendo la ira que subía a borbotones, observó a No-yoon, quien soltó una risita suave mientras curvaba sus labios con dulzura.

—Que ambos somos demasiado conscientes el uno del otro.

Una vez más, Park No-yoon se estaba burlando de él. Sintió un pinchazo en la boca, como si tuviera espinas clavadas, y el calor subió en su interior. ¿Eso era un punto en común? El miserable y pobre Lee Joowon y el acaudalado Park No-yoon, que lo tenía todo, eran diferentes. No es que no lo supiera; lo sabía mejor que nadie, y por eso se le revolvía el estómago. Pero ser confrontado con esa realidad por él mismo hizo que una urgencia desconocida le provocara náuseas.

—A mí eso me gusta.

«Loco, hijo de puta, desgraciado». Todo tipo de insultos subieron desde el fondo de su estómago. Sabía que no debía, que tenía que aguantar, pero la rabia no disminuía.

—Últimamente no has podido conseguir alumnos para clases particulares, ¿verdad? Y te han despedido de todos tus trabajos… ¿Por qué habrá sido?

«Este tipo está jugando conmigo». Joowon levantó la mano que no sostenía el cigarrillo y, con todas sus fuerzas, abofeteó a Park No-yoon sin dudarlo. ¡Zas! Un sonido seco y agudo resonó mientras la cabeza de No-yoon giraba hacia la derecha por el impacto.

—Loco de mierda.

Lejos de sentir arrepentimiento, su furia aumentó. Joowon se sintió sumergido en un mundo sin oxígeno, asfixiado por la rabia. La sensación que devoraba su pecho desgarraba cruelmente su orgullo. No necesitaba ese maldito dinero. Por mucha urgencia que tuviera, no quería aceptar la caridad de alguien que lo trataba como a un juguete. Hasta los mendigos tienen su dignidad. Joowon se mordió el labio con fuerza y fulminó con la mirada a Park No-yoon, quien volvía la cabeza lentamente para cruzar su mirada con la de él.

—No lo sabía, pero te ves lindo cuando te enfadas.

Parecía que este loco pensaba seguir burlándose de él hasta el final. Si al menos se disculpara o le diera una razón para esa supuesta benevolencia, no se sentiría tan frustrado. Joowon, incapaz de aguantar más, volvió a alzar la voz mientras apretaba con fuerza el cigarrillo. El fuego, aún encendido, parpadeaba en un rojo intenso.

—¿Acaso tú no te enfadarías en mi lugar? ¡No solo me investigas, sino que te burlas de mí! ¡¿Por qué demonios haces esto?!

Volvió a bofetearlo con la mano que no sostenía el cigarrillo. No fue consciente de si golpeó la mejilla derecha o la izquierda, pero de todos modos, recurrió a la fuerza física una vez más. La rabia hirviente y su orgullo pisoteado le impedían responder con calma. Ni siquiera podía fingir una sonrisa artificial.

Justo cuando Joowon extendió la mano para agarrar a Park No-yoon por el cuello, una mano feroz apresó su muñeca.

—Porque estoy aburrido.

La mano que sujetaba su muñeca recorrió el dorso de la misma como una serpiente, entrelazando sus dedos con fuerza entre los de Joowon.

—Qué lindo. Pareces un gato enojón.

Se le puso la piel de gallina al sentir sus dedos entrelazados de repente. Dice que es solo porque está aburrido. Esa es la razón por la que le revolvió el estómago y pisoteó su orgullo. En pocas palabras, lo trataba como el juguete de un niño rico. Joowon, sintiendo que la cabeza le daba vueltas de indignación, empujó el cuerpo de Park No-yoon.

—Suelta mi ma…

Sucedió antes de que pudiera terminar la frase. Joowon empujó con fuerza su pecho sólido, pero la mano que sostenía el cigarrillo resbaló hacia el antebrazo de Park No-yoon. La brasa al rojo vivo tocó la piel blanca. Un olor desagradable a carne quemada y un hilo de humo se dispersaron como un rastro amargo. Joowon, sobresaltado, tiró el cigarrillo de inmediato, pero ya no había marcha atrás.

Debía preguntarle si estaba bien o pedirle disculpas, pero estaba tan conmocionado que no pudo articular palabra. No-yoon, sintiendo el dolor, frunció el ceño y se miró el antebrazo. Sobre su brazo musculoso, quedó marcada una cicatriz roja en forma de círculo irregular. Unas gotas de sangre oscura brotaron, como si el fuego hubiera penetrado profundamente en la piel.

—…Joder.

No tenía intención de llegar tan lejos. No quería ser tan cruel. Pero de la boca del orgulloso Joowon solo salieron palabras toscas y vulgares. Joowon retrocedió unos pasos mientras observaba a No-yoon. Este solo contrajo levemente el arco de sus cejas, a pesar de que el dolor debía ser intenso.

Esa imagen le resultó aterradora, como si lo estuviera provocando. Múltiples emociones se cruzaron en su pecho. Su paciencia se había agotado por completo. Si le pedía que pagara el tratamiento, lo haría; y le devolvería hasta el último céntimo de la factura de Wonyoung que No-yoon había liquidado. Joowon apretó los labios y le dio la espalda a No-yoon, que seguía examinando su herida.

—¿Ya terminaste de descargar tu furia?

Plaf. Las zapatillas sucias de Joowon se quedaron pegadas al suelo.

No podía ni imaginar con qué palabras volvería a atormentarlo. ¿Acaso le exigiría una disculpa? El cielo nocturno, oscuro y sin estrellas, teñía el callejón. Joowon sintió escalofríos ante esa voz sombría pero imperturbable y, sin darse cuenta, giró la cabeza.

—¡Ah!

Lo siguiente que ocurrió fue algo absurdo.

Park No-yoon se acercó a grandes zancadas, lo interceptó y comenzó a abofetearlo sin piedad. ¡Zas! ¡Zas! Agarró a Joowon por el cabello con una fuerza descomunal y le cruzó la cara a golpes.

Ante la repentina lluvia de golpes, Joowon, incapaz de reaccionar, forcejeó y pataleó, pero fue en vano. ¡Zas! ¡Zas! ¡Zas! Siguieron impactos que hacían que hasta su médula se estremeciera. Joowon intentó empujar a No-yoon, pero sus movimientos eran apenas débiles forcejeos.

—¡Ha…!

Joowon sintió que ese sonido de fricción era el de su propia piel desgarrándose. No sabía cuántas veces lo habían golpeado, pero el dolor era tan intenso que no podía mantener el equilibrio y se tambaleó. Cuanto más lo hacía, más se tensaba la mano que lo sujetaba por el pelo. Sentía que el cuero cabelludo se le desgarraba; el dolor era insoportable. Intentó sacudirse como un pez atrapado en un anzuelo, pero nada cambió.

Sus oídos se taponaron como si hubiera caído en un mundo al vacío, y dejó de escuchar incluso el sonido de las bofetadas. No oía nada. No podía escuchar lo que Park No-yoon estaba diciendo. Jadeando por aire, intentó apartar las manos de No-yoon una vez más, cuando… ¡Zas! Recibió otro golpe y salió despedido contra la pared, tambaleándose.

Pum. Al chocar contra la pared fría y dura, el dolor estalló. No lo habían golpeado en el abdomen, pero le costaba respirar. De pronto, lágrimas fisiológicas empezaron a caer gota a gota y el sabor de la sangre inundó su boca. Joowon, apaleado como por una tormenta repentina, no podía abrir bien los ojos y forcejeaba torpemente en el suelo.

«Denunciar. Tengo que denunciarlo». Joowon intentó recuperar el juicio y tanteó con las manos, pero no encontró nada. Los impactos que hacían retumbar su cráneo entorpecían sus pensamientos. Mientras Joowon, postrado, sollozaba entrecortadamente apretando los puños, los pasos del agresor se detuvieron frente a él.

—¿A dónde vas? Si aún no he empezado.

¡Zas! Una mano grande golpeó la mejilla derecha de Joowon con aún más fuerza. Lo golpeó tantas veces seguidas que perdió la cuenta. No podía pensar en nada, pero aun así, no quería suplicar perdón agarrándose a los pantalones de Park No-yoon. Joowon, tosiedo, levantó la mirada con firmeza para fulminarlo.

—Voy a… denun… ¡Ah!

Su cabeza se torció hacia la derecha mientras la sangre roja goteaba desde el interior de su nariz. ¡Zas! ¡Zas! ¡Zas! Por muchos golpes que recibiera, su orgullo no cedía ni un ápice. Joowon se mordió los labios partidos con fuerza, negándose a pedir perdón por muchos golpes que le llovieran.

—Creo que va a quedar cicatriz donde me quemaste con el cigarrillo, Hyung.

Park No-yoon, bajando las comisuras de sus ojos como si estuviera triste, dio unos golpecitos en la mejilla amoratada de Joowon con el dorso de su mano blanca y firme.

—Tendré que pensar en ti cada vez que vea esto.

Joowon tenía miedo de que lo golpeara de nuevo, pero no quería ser pisoteado de esta manera. En lugar de responder, escupió hacia el rostro de No-yoon. No le dio en la cara, pero la saliva resbaló por el antebrazo quemado por el cigarrillo. Quizás le escoció, porque No-yoon frunció levemente el entrecejo y murmuró para sí: —Ay.

Pensando que era su oportunidad, Joowon intentó escapar. Pensaba gritar y pedir ayuda a Kim Chang-bin, a Im Juntae o a cualquier transeúnte para que llamaran a la policía. Sin embargo, ese plan se desvaneció en un instante. Una zapatilla sólida le propinó un golpe en la espalda, haciéndolo caer de bruces. Sintiendo un dolor como si sus huesos se hicieran añicos, Joowon quedó tendido en el suelo.

—Ah, mira cómo se te han partido los labios. Ahora te ves jodidamente tierno.

No-yoon se acercó, lo agarró del cabello para obligarlo a levantarse y lo acorraló contra la pared. La distancia, ahora más corta, era tan peligrosa que sus labios casi se rozaban. El olor a sangre y una fragancia floral flotaban mezclados en el aire. Los ojos ambarinos de Park No-yoon brillaban. Al ver ese destello aterrador, Joowon intentó estirar la mano para abofetearlo, pero No-yoon apresó su muñeca temblorosa y la bajó a la fuerza.

—Si te beso ahora, ¿sabrá mucho a sangre?

La duda de si aquel hombre era gay o si le gustaban los hombres fue borrada de inmediato por la ira. Al sentir cómo el espacio entre sus labios se cerraba y cómo las pupilas de No-yoon lo reflejaban por completo, una sensación de crisis lo invadió. Joowon forcejeó desesperadamente para escapar de aquel territorio siniestro y aterrador.

—¡Maldito maricón de mierda, suéltame! 

—No soy gay. Solo tengo curiosidad por tus labios, Hyung.

Joowon intentó zafarse de aquella sombra negra. No-yoon agarró con fuerza el trasero de Joowon. Cuando este soltó un gemido involuntario abriendo la boca, unos labios suaves y rojos forzaron su entrada, metiendo la lengua para saquear su boca a su antojo.

La lengua gruesa nadaba en círculos, tragándose la saliva acumulada y hasta su aliento entrecortado. Había besado a Park No-yoon. Al ser consciente de ello, Joowon se apresuró a morder la lengua invasora y echó la cabeza hacia atrás. Entonces, una mano grande y diabólica apresó la mandíbula de Joowon, y los labios de No-yoon, aún más rojos por el contacto, se separaron dejando escapar una voz melosa.

—Te lo dije. Hago cualquier cosa que me proponga. 

—¡Ah!

El beso se reanudó. Por mucho que mordiera, la lengua de No-yoon no se apartaba. Succionó la lengua de Joowon con tal fuerza que incluso la raíz le dolía. Joowon, sintiendo una sensación eléctrica recorriendo su entrepierna, empujó el pecho de No-yoon frenéticamente para escapar de su instinto. Lamentablemente, no fue más que una resistencia insignificante. No-yoon elevó las comisuras de sus labios y pegó su cuerpo contra el muslo de Joowon.

Su mente se entorpeció y su juicio se nubló. Pero pronto, al sentir ese tacto suave invadiendo su boca, recordó que estaba uniendo sus labios con los de Park No-yoon. Recuperando el sentido como alguien recién rescatado de un mar helado, Joowon mordió con saña los labios que se entrelazaban provocando sonidos húmedos.

—Ay.

Cuando el sabor metálico de la sangre punzó sus papilas, No-yoon frunció el ceño y se separó ligeramente. «Maldito gay. Loco de mierda». Jadeando con dificultad, Joowon decidió pensar en la situación más tarde y retrocedió. Uno, dos, tres. Dio exactamente tres pasos e intentó correr con todas sus fuerzas, pero su cabello fue atrapado por ese agarre feroz. El dolor, como si le arrancaran el cuero cabelludo, le hizo soltar un grito involuntario.

—¡Ah! ¡Lárgate! ¡Suéltame antes de que te denuncie! ¡Loco! 

—Sí, estoy bastante loco. 

—¡Mmm! ¡Mmm!

Park No-yoon, que había estado jugando con las palabras, agarró la cabeza de Joowon y lo besó sin piedad. Sus manos gruesas se hundieron entre sus cabellos, y Joowon soltó un gemido involuntario por el dolor del tirón. Aquel maldito desgraciado ahora doblaba su lengua con violencia, explorando cada rincón del interior de sus mejillas.

Cada vez que Joowon intentaba retroceder aunque fuera un poco, No-yoon lo perseguía, pegando su lengua como una raíz y succionando con tal fuerza que la base de la lengua de Joowon empezó a entumecerse. No podía creer que estuviera besando a otro hombre, y mucho menos a Park No-yoon, a quien tanto odiaba; una sensación de rechazo lo invadió como un maremoto. Joowon, mientras soltaba el aire, mordió la lengua de No-yoon con todas sus fuerzas.

—Ay. —No-yoon asomó un poco la lengua y se lamió la comisura de los labios mientras clavaba su mirada en los ojos temblorosos de Joowon. —Por esto detesto la sangre. Sabe a hierro.

Tenía que escapar. Envuelto en un presentimiento funesto, Joowon sintió que si se quedaba un segundo más en aquel callejón sin salida, no sabría de qué sería capaz aquel loco. Corrió con todas sus fuerzas, sin siquiera poder recomponer su rostro deshecho. Su mente divagaba entre despistarlo para denunciarlo o correr hacia Chang-bin y Juntae.

—¡Ah!

Su huida desesperada terminó de forma fútil y rápida. Una mano, que irrumpió con la fuerza de un vendaval marino, atrapó un mechón del cabello de Joowon, dejándolo completamente inmovilizado. Negándose a ser sometido de esa forma, intentó morder el brazo de No-yoon; el mismo que había quemado con el cigarrillo, pero No-yoon aplicó más fuerza en el agarre de su cabello.

—¿No vas a besarme? 

—No. ¡Ni muerto lo haré! 

—¿Por qué te resistes? Sería mejor que lo hicieras. 

—No digas estupideces. ¿Por qué demonios yo tendría que…? 

—Porque si no lo haces, voy a golpearte, Hyung.

Su voz, que fluía con una monotonía aterradora, le puso la piel de gallina. No era su imaginación; la forma en que No-yoon curvaba las comisuras de sus labios era genuinamente espeluznante. Ante el silencio de Joowon, la mano que sujetaba su cabello apretó aún más. Era el preludio de la violencia. Presintiendo una paliza cruel, Joowon retorció su cuerpo para escapar. Pensó que, como mucho, recibiría una bofetada, pero de pronto un puño sólido impactó directamente en su plexo solar.

Al instante, Joowon perdió el aliento y cayó hacia adelante con la boca abierta. El golpe fue tan certero que no pudo oponer ni un gramo de resistencia. Su raciocinio se evaporó; no podía ni articular insultos en su mente, ni era capaz de distinguir en los brazos de quién estaba debido a la oscuridad que nubló su vista. Un dolor punzante, como si su cuerpo se partiera en dos, lo hizo sentir un vértigo violento. Cuanto más forcejeaba Joowon, más fuerza aplicaba el brazo que rodeaba su cintura.

—Ggh…

Lágrimas fisiológicas recorrieron sus mejillas y la figura de Park No-yoon, justo frente a él, se grabó en su retina. ¿Quieres otro golpe?—. Aquel tono meloso se transformó en un arma que punzaba el cerebro de Joowon. En el momento en que Joowon, conmocionado, intentó balbucear algún insulto, esos labios suaves volvieron a superponerse sobre los suyos.

Como una advertencia de que moriría si volvía a morderle la lengua, una mano enorme apresó el trasero de Joowon. Cuando Joowon se sobresaltó y se estremeció, un movimiento de lengua agresivo saqueó su boca. No-yoon succionaba y frotaba la raíz de la lengua de Joowon repetidamente hasta causarle dolor.

Cada vez que la lengua roja se movía dejando un pequeño espacio en su boca, un sonido vulgar de humedad llenaba el lugar. Chup, chuup. El sonido de las lenguas entrelazándose y de la saliva viscosa extendiéndose por cada rincón era sumamente lúbrico. Como alguien a quien no le importaba que alguien pudiera entrar en el callejón, recorrió la dentadura uniforme de Joowon y frotó con la punta de su lengua el tejido blando y suave de su boca. Cuando Joowon intentó girar la cabeza para resistirse, No-yoon aplicó una fuerza tan brutal que casi le desencaja la mandíbula mientras hundía su lengua.

No había forma de detener aquel beso obsesivo y salvaje. Joowon golpeaba el pecho de No-yoon en un acto de rebeldía. Mientras se tambaleaba con las lenguas unidas, de repente, la mano que apretaba su trasero se metió dentro de sus pantalones, hundiéndose entre sus nalgas.

—¡Ah! ¡Esp… mgh!

Antes de que pudiera siquiera insultarlo llamándolo “loco de mierda”, No-yoon envolvió su lengua de nuevo en un beso viscoso. El impacto de sentir un dedo tocando su entrada; un lugar donde jamás pensó que algo entraría, le provocó un escalofrío aterrador.

—¡Joder, saca la mano! ¡Sácala!

Aterrorizado por el dedo que hurgaba en su entrada, Joowon intentó sujetar el brazo sólido de No-yoon para detenerlo, pero fue inútil. Él lo sometió con demasiada facilidad e intentó hundir su dedo en aquel orificio contraído.

—Mmm…

Antes de que pudiera sentir la aterradora sensación de que ese espacio estrecho se dilatara, el dedo se deslizó hacia fuera. En un abrir y cerrar de ojos, los pantalones y los calzoncillos de Joowon habían sido bajados hasta sus tobillos. ¿Acaso había cambiado de opinión y pensaba dejarlo ir? Fuera lo que fuese, lo único que importaba era escapar.

Joowon se inclinó apresuradamente para vestirse, pero esta vez fue atrapado por la nuca. Cof, tosió violentamente al sentir que le faltaba el aire, mientras la mirada siniestra de No-yoon brillaba observándolo.

—No me había dado cuenta mientras nos besábamos, pero aquí huele a basura.

Al mirar alrededor, vio varias bolsas de basura apiladas frente a un poste de luz. ¿Y qué con eso? Joowon lo miró con odio y forcejeó para que lo soltara, pero Park No-yoon no se movió ni un milímetro. Al contrario, lo sujetó con más fuerza por la nuca, impidiéndole desviar la mirada.

—No quiero que pierdas tu virginidad en un lugar como este, así que será mejor que vayamos a otro lado.

Explicándolo con la calma de un curador de arte, No-yoon agarró a Joowon por la parte posterior del cuello y comenzó a arrastrarlo. ¿Por qué? No alcanzaba a comprender por qué le pasaba esto precisamente a él. Joowon gritó llamándolo “hijo de puta” y forcejeó, pero acabó tropezando con sus propios pantalones, que aún colgaban de sus tobillos, y cayó al suelo con un golpe seco.

Sucedió antes de que pudiera soltar un quejido. No-yoon aprovechó la caída para quitarle los pantalones que apenas colgaban de sus pies y los lanzó lejos.

Ahora, solo su ropa interior colgaba inútilmente de un tobillo. Al ver sus pantalones tirados como la piel mudada de una serpiente, Joowon intentó correr desesperadamente sin siquiera subirse la ropa interior. Pero fue atrapado por el cabello, quedando inmovilizado. No era más que una bestia siendo arrastrada al matadero.

—¡Suéltame! ¡Maldita sea, suéltame!

Su camiseta era larga y cubría un poco sus nalgas, pero era evidente que no llevaba pantalones. Atónito, Joowon intentó detenerlo sujetando el brazo de No-yoon, pero este caminaba hacia adelante sin vacilar.

Al principio, Joowon deseaba que alguien pasara por allí, pero ahora era diferente. Tenía pavor de que alguien viera su estado degradante, con la parte inferior del cuerpo expuesta. Sentía que su corazón caía en picado hasta lo más profundo. Mientras Joowon retorcía su cuerpo resistiéndose con todas sus fuerzas, un muro sin salida apareció en su campo de visión.

—Estoy muy emocionado ahora. Voy a clavar mi verga en tu agujero, Hyung.

—¡Ah!

No-yoon, con una sonrisa radiante, aplicó fuerza bruta para obligar a Joowon a apoyar sus manos contra el poste. Mientras derramaba lágrimas, Joowon alzó la vista inconscientemente. En contraste con su situación, una flor hermosa de nombre desconocido florecía espléndidamente cerca de la farola.

—Qué romántico es follar mientras miramos las flores.

No podía entender a Park No-yoon, quien decía locuras como si nada, ni quería hacerlo. La mente de Joowon solo estaba llena del terror de ser violado y del espantoso presentimiento de que alguien pudiera verlo. Sentía que lo arrastraban hacia el abismo de las sombras, totalmente impotente.

—¡Que no soy gay! ¡Te he dicho que no lo soy! ¡Si te detienes ahora, no se lo diré a nadie, así que para ya, joder! 

—No me importa si le dices a alguien. 

—¿Qué? 

—¿Llamamos a Kim Chang-bin? Para decirle que estamos a punto de tener sexo. 

—Maldito… ¡Mgh!

Abrazando a Joowon por la espalda, No-yoon lo inmovilizó con sus brazos sólidos. Extendió su mano derecha y rodeó ligeramente el miembro de Joowon. Al mismo tiempo, soltó un suspiro cargado de intenciones afiladas y lamió el lóbulo de su oreja.

—No digas palabrotas. Hieres los sentimientos de quien te escucha. 

—¡Demente… hijo de… puta! 

—Otra vez. Te he dicho que no digas palabrotas.

Su palma, moderadamente fría, envolvió el tronco del miembro de Joowon. La realidad de que aquel loco estaba a punto de cometer tal atrocidad le hizo sentir un vértigo violento. Intentó escapar sobresaltado, pero fue en vano. No-yoon, mordiendo con fuerza el hombro tembloroso de Joowon, sujetó con firmeza la punta de su glande y comenzó a frotarla lentamente. No debía ser así, pero una sensación eléctrica empezó a recorrer su parte inferior.

—¡Maldita sea, ah, hnggh! 

—Si sigues diciendo palabrotas, se lo diré al grupo de la facultad. Que tú y yo estamos teniendo sexo ahora mismo.

Park No-yoon, susurrando esas palabras, movió el miembro que tenía apresado de adelante hacia atrás, dándole estímulos poco a poco. La mención del “grupo de chat” se convirtió en una losa que oprimió el pecho de Joowon. Hic, un hipo escapó de Joowon, preso del pánico instantáneo.

—Ah, qué tierno. Era mentira eso de que habías tenido citas antes, ¿verdad?

No-yoon mordió el lóbulo de su oreja y sacudió con fuerza el miembro que sujetaba; en ese instante, el placer de la lujuria se extendió por sus venas, dominando su parte inferior. Tuvo una erección. Y fue por la mano de Park No-yoon. Conmocionado, Joowon intentó reprimir por todos los medios la sensación que experimentaba, pero a medida que su vientre se tensaba, un éxtasis que nublaba sus sentidos se propagó por su cuerpo. Un sentimiento de auto odio, de querer morir, lo invadió como una marejada. Por otro lado, No-yoon, mientras soltaba estupideces sobre lo “tierno” que era, besó la nuca de Joowon y metió su mano izquierda bajo la ropa para retorcer su suave pezón.

—¿Eh? Es tu primera vez, ¿no, Hyung? 

—¡Ha-agh…!

Al mismo tiempo que le pellizcaba el pezón, el líquido preseminal comenzó a brotar de su miembro erecto. El fluido viscoso y transparente empapó la mano de No-yoon y se adhirió por completo al tronco del miembro de Joowon. Joowon se estremeció y trató de empujarlo varias veces, pero no pasó nada. Por más que suplicara que parara o que dijera que no era un “maricón”, la mano de No-yoon solo ganaba velocidad.

—¡Hic! ¡No! ¡No lo hagas! ¡Quita tu asquerosa mano!

Una pierna larga se coló entre las ingles de Joowon, que estaban tensas. Tras inmovilizarlo por completo, No-yoon bajó su cremallera y sacó su miembro. Pum. La visión de aquel miembro casi monstruoso provocó un escalofrío que sacudió todo su cuerpo. Joowon pudo intuir vagamente lo que No-yoon pretendía hacer.

—Es tu primera vez, definitivamente.

Ese pilar de carne, caliente y sólido, se pegó al miembro de Joowon. Él hizo un esfuerzo desesperado por empujar los hombros de No-yoon. Pero fue solo un momento. La mano de No-yoon, que ahora sujetaba ambos miembros a la vez, comenzó a moverse. Al frotarse uno contra el otro, el fluido viscoso se pegaba a la palma de No-yoon. Chac, cha-quec. El roce violento de ambos miembros se volvía más rápido cuanto más intentaba resistirse Joowon.

—¡Ah, ah, hng… es… extraño… ah, mgh!

A medida que el sonido viscoso del roce se intensificaba, los miembros de Joowon y No-yoon se endurecían más, aumentando la cantidad de líquido preseminal. No-yoon succionaba su nuca como una bestia hambrienta marcando su territorio; hasta eso le hacía perder la cabeza. Joowon retorció su cuerpo intentando agarrar la muñeca de No-yoon, pero los dedos de este frotaron la punta de su glande, estimulando incluso el orificio por donde sale el semen. Cada vez que esa mano fría y firme frotaba su glande, sus piernas temblaban violentamente.

No quería admitirlo, pero sentía placer bajo la mano de Park No-yoon. Joowon se mordió los labios, esforzándose por contener la eyaculación a toda costa. Como burlándose de ese propósito, los sonidos de chac, cha-quec, chig-uec se volvieron más rápidos. Era un miembro que apenas había tocado con sus propias manos, y mucho menos con las de un extraño. Y ahora estaba siendo ultrajado por la mano de Park No-yoon, a quien tanto odiaba. Antes de poder asimilar esta realidad increíble, No-yoon apretó ambos miembros con tal fuerza que parecían aplastarse. Al hurgar suavemente en la abertura del glande, un hormigueo recorrió su parte inferior y el deseo de expulsar se hizo intenso. Joowon estaba sintiendo placer sexual gracias a Park No-yoon. De forma clara, muy nítida.

—¡Maldito… loco… ah, agh!

Como si sus advertencias de no insultar no fueran en vano, la mano que sujetaba los miembros aceleró aún más. Un placer eléctrico subió por el tronco hasta el glande, provocándole un escalofrío. Cada vez que sucedía, fluidos vulgares brotaban y empapaban la mano de No-yoon. Cuanto más rápido movía él su mano, más nítido era el sonido viscoso del roce.

—¡Ah, ah, aaaah!

Cuando el orificio del glande recibió un pequeño estímulo invasivo, este se contrajo y soltó un poco de semen. No-yoon observó a Joowon tambaleándose de placer y, en ese instante, sacudió ambos miembros con rapidez. Un placer tan inmenso que hizo que sus dedos de los pies se encogieran y que sintiera un pinchazo en el bajo vientre, lo invadió como una tempestad. Finalmente, Joowon no pudo aguantar más y eyaculó. El semen se filtró de forma miserable entre los grandes dedos de No-yoon. Poco después, una densa descarga de semen brotó también del miembro de No-yoon.

—Hng, uuh…

El hecho de haber sido pisoteado por Park No-yoon, a quien tanto odiaba, y el haber sentido placer y eyaculado frente a él, le resultaba insoportablemente horrible. «Maldito loco. Desquiciado». No le importaba si no llevaba pantalones o qué aspecto tenía; debía huir. Joowon movió sus piernas debilitadas intentando escapar, pero las pupilas de Park No-yoon trazaron una trayectoria siguiendo sus movimientos. De inmediato, No-yoon se acercó con sus largas piernas, lo agarró del cabello y lo atrajo hacia sí con fuerza.

—Hyung.

Nada más escuchar su voz, el corazón de Joowon empezó a latir con estruendo, como si se hubiera bebido varias tazas de café seguidas. El viento frío que soplaba en el callejón desierto recorrió su piel. Solo entonces, Joowon sintió un terror real y su mandíbula empezó a temblar violentamente.

—Nos estamos entregando nuestra “primera vez” el uno al otro.

Tras decir esto, Park No-yoon empezó a frotar su miembro entre las nalgas de Joowon. Un presentimiento funesto flotaba en el aire sobre una corriente gélida. Cada palabra que él pronunciaba se sentía como una acumulación de opresión de años atrás. Su instinto le gritaba que estaba en un peligro extremo, pero Joowon no podía escapar del lazo de No-yoon. Finalmente, el miembro de No-yoon, empapado en semen, empezó a frotar la entrada de aquel orificio contraído.

El glande, manchado de líquido preseminal viscoso, frotaba y aplastaba una y otra vez el esfínter cerrado. Sin embargo, no encontraba ni un hueco por donde entrar y se limitaba a friccionar la superficie. Tras someter fácilmente a un Joowon que forcejeaba, No-yoon retiró su miembro por un momento y sujetó con firmeza el cuerpo que se retorcía. La luz de la farola iluminaba con claridad el cuerpo blanco de Joowon. Sus nalgas, teñidas de un rojo pálido por las marcas de las manos, y su orificio contraído quedaron expuestos por completo. Estimulado por la vista, No-yoon frotó su miembro entre las nalgas de Joowon y susurró en voz baja:

—Parece que de verdad es tu primera vez. Tu agujero no se abre. 

—¡Aaah!

Antes de que pudiera resistirse, unos dedos fríos y firmes tantearon su entrada y, de pronto, lo penetraron de golpe. Un dolor como si su carne se desgarrara lo invadió de inmediato. Jamás había pensado en dejar que algo entrara allí, y la idea de que fueran los dedos de alguien a quien detestaba, como Park No-yoon, le resultó más que aterradora; le dio asco.

—¡No! ¡Maldito… hijo de puta… ah…!

¡Zas! Una palma gruesa y violenta golpeó con saña su nalga blanca. Golpeado de imprevisto, su trasero se sacudió y tembló violentamente. 

—Si vuelves a insultarme, te pegaré más, —susurró aquella voz cerca de su nuca antes de dispersarse en el aire. Joowon, a quien aún le quedaba algo de orgullo, giró el cuerpo y mordió con todas sus fuerzas el brazo de Park No-yoon.

No le importaba si había dejado marcas de dientes o si brotaba sangre; lo único que le importaba era huir de aquel lugar. Si llegaba a donde estaban Im Juntae y Kim Chang-bin, estaría a salvo, así que tenía que salir del callejón cuanto antes. Por supuesto, no pensaba contarles nada de lo ocurrido con No-yoon. Preferiría morir antes que decir que un hombre casi lo penetra por detrás. Su plan era recoger sus pantalones y doblar la esquina.

—¡Ah!

Por desgracia, las esperanzas de Joowon se hicieron añicos como fragmentos de cristal cuando No-yoon lo agarró de nuevo por el cabello.

—Ni siquiera te he metido nada y ya estás exagerando —masculló No-yoon, soltando una risa fría mientras guardaba su miembro de vuelta en sus pantalones. 

—¡Suéltame! 

—Si gritas así, la gente vendrá a mirar. Si tu fetiche es que nos vean follar, adelante, sigue gritando.

De inmediato, con un movimiento feroz, No-yoon lo interceptó y lo arrastró hacia lo más profundo del callejón. Doblaron esquinas, cruzaron intersecciones y se adentraron en una oscuridad densa, más profunda que cualquier otra. Con los dedos de No-yoon entrelazados con fuerza en su cabello, Joowon ni siquiera se atrevía a intentar escapar. Lo único que podía hacer era empujarlo repetidamente con sus manos temblorosas. Sin embargo, No-yoon sometió aquel débil intento de resistencia con facilidad y obligó a Joowon a apoyar sus manos contra la pared.

—¿No vas a hacerme caso?

—¡Cállate! ¡¿Por qué demonios tengo que escucharte?! 

—Mmm… de verdad, es tu última oportunidad.

Joowon, inmovilizado por el brazo de Park No-yoon y empujado contra la pared, forcejeó soltando todos los insultos que pudo. Le importaba un bledo eso de la “última oportunidad”; no tenía la más mínima intención de abrirse voluntariamente para él. Joowon jadeaba con el aliento llegándole hasta la punta de la barbilla, ansioso por escapar de esa sombra. Tal vez su esfuerzo surtió efecto, porque el brazo de No-yoon se soltó de repente. No sabía si se había descuidado o si había perdido el interés, pero lo primero era huir.

Su mente estaba enredado como un ovillo de hilo, y no le quedaban fuerzas ni para acomodarse la ropa. Solo podía pensar en estirar las piernas y correr a toda velocidad. El pánico, la desesperación, el miedo y un sinfín de emociones viscosas se arremolinaban sacudiendo su pecho. Se giró para huir a toda prisa, pero oyó algo cortando el aire y, acto seguido, recibió una patada implacable en la espalda.

—¡Agh!

Su cuerpo maltrecho rodó por el suelo como una hoja seca. Joowon cayó de bruces, sintiendo un dolor como si le retorcieran las entrañas. Ni siquiera era consciente de que, al no llevar pantalones, su orificio contraído quedaba expuesto por completo. Intentó forcejear para resistirse, pero en ese instante lo agarraron del cabello y volvió a recibir una lluvia de bofetadas. ¡Zas! ¡Zas! Una, dos, tres… Perdió la cuenta de cuántas recibió. Era imposible mantener la consciencia. Sus mejillas ardían y un pitido insoportable retumbaba en su cráneo. Incapaz de contener la saliva que escurría de su boca, Joowon jadeaba entre sollozos espasmódicos.

—¿Por qué tengo que pegarte para que me hagas caso? Podríamos haberlo hecho por las buenas. 

—Gh… uuh… 

—Hyung, ¿me estás escuchando? ¿Cuántos dedos tengo aquí?

Park No-yoon sujetó con fuerza el cabello del caído Joowon y agitó dos dedos frente a él. Debido a la paliza, Joowon sentía como si estuviera sumergido bajo el agua y no podía abrir los ojos. Temblaba como un polluelo recién nacido, incapaz de ver.

Se había jurado no rendirse jamás, pero ante tal violencia extrema, era inevitable perder la voluntad de lucha. No tenía confianza para detener a un No-yoon que era mucho más corpulento que él; todo se volvió oscuro. Era como enfrentarse a un gigante sin un solo arma.

«Tengo que huir». Decidió dejar de preguntarse por qué aquel loco jugaba con él o por qué intentaba violarlo. Joowon reunió hasta el último gramo de sus fuerzas para empujar a No-yoon e intentar mover las piernas.

Sin embargo, cruelmente, Dios no estaba de su parte.

¡Zas! ¡Zas! El sonido seco de los golpes ecoó por todo el estrecho callejón. Joowon tuvo que soportar la violencia tambaleándose como una caña sacudida por el viento. El dolor de la piel desgarrándose y la hinchazón parecía bloquear incluso sus vías respiratorias. Finalmente, aplastado por la violencia incesante, Joowon rodó por el suelo como declarando su rendición.

—Ahora vas a portarte bien, ¿verdad? 

—Hng… uuh… 

—¿Eso ha sido un sí? Qué tierno.

Muák. No-yoon besó la mejilla del jadeante Joowon. Sin energías debido a la paliza, Joowon solo podía yacer flácido, incapaz de hacer nada. Sus sentidos embotados nublaron su visión. Justo cuando Joowon estaba a punto de desplomarse hacia un lado, una mano fría lo obligó a levantarse.

De pronto, una fuerza bruta se aplicó en sus muslos y las piernas de Joowon fueron separadas. Él no se daba cuenta; solo tosía con dificultad, expulsando una tos dolorosa.

—Date la vuelta y apóyate en la pared.

—Cof, agh, ugh. 

—Vaya, sigues sin escuchar. Uno…

—Ggh… 

—Dos.

Aquella voz afectuosa comenzó la cuenta regresiva. Park No-yoon, que contó rápidamente del uno al dos, cerró la boca por un momento y observó a Joowon con unas pupilas que recordaban a las de una bestia. Sus ojos, que se veían más claros bajo la farola, provocaban un terror espeluznante. Su mano grande se alzó en el aire, como si fuera a salir disparada en cualquier momento. Era la señal que presagiaba más violencia.

No había otra opción. Sentía que no podía ganar a Park No-yoon de ninguna manera. Finalmente, Joowon forzó su cuerpo tembloroso, estiró sus manos espasmódicas y se dio la vuelta para apoyarse en la pared. Era una derrota absoluta. Se vio arrastrado por una realidad desoladora que no se atrevía a desafiar. Joowon se mordió los labios con fuerza para no derramar ni una lágrima. El sabor metálico de la sangre recorrió muy levemente la punta de su lengua.

¿Cómo había terminado así? ¿En qué momento se torció todo? Con su razón tambaleante, le resultaba difícil discernir los aciertos de los errores. Joowon apretó los puños con sus manos trémulas. Preferiría morir antes que recibir este trato, pero tenía pavor de que volvieran a pegarle. Ni siquiera cuando los matones de los préstamos armaban jaleo para cobrar las deudas de su padre se había sentido tan horrorizado. Joowon intentó girarse hacia No-yoon sin poder controlar el temblor de sus manos.

—Para ya. Con esto es suficien… ¡mgh!

Antes de que pudiera decir nada, dos dedos empezaron a trazar círculos sobre su entrada. En cuanto tocaron los pliegues del orificio que se contraía y se dilataba, este comenzó a crisparse. La sensación de una invasión en un lugar donde nunca nada había entrado, ni jamás pensó que entraría, le produjo un desconcierto y un miedo incontrolables. Atónito, Joowon forcejeó, pero no había forma de escapar. Pronto, unos dedos firmes aplastaron la carne y penetraron profundamente en su interior.

—¡Maldito… loco… hic! ¡No quiero! 

—No soy un “maldito loco”, soy Park No-yoon. 

—¡Hic!

No-yoon, hablando con suavidad, mordisqueó el lóbulo de la oreja de Joowon. Incluso ese aliento dulce se sintió como un estímulo, y un gemido escapó de sus labios rojos y carnosos.

—Hng… uuh… ¡no lo hagas, ah! 

—Tengo un nombre perfectamente normal, ¿por qué sigues insultándome? Tendré que corregir ese lenguaje tuyo. 

—¡Aaah!

Tras el dedo índice, el dedo corazón también se abrió paso en su interior, rascando suavemente las paredes internas. Como prueba de que era la primera vez que aceptaba a alguien, su apretado orificio succionaba con fuerza ambos dedos. No sabía cómo asimilar aquel espasmo de su entrada. No-yoon soltó una risita y, con la otra mano, dio unos golpecitos al miembro de Joowon, que goteaba líquido preseminal.

—Dices que no lo haga, pero estás chorreando. Relaja el agujero. 

—Uh, hng… ¡ah! 

—¿Quieres que te golpee unas cuantas veces más? Por mí no hay problema.

¡Zas! No-yoon golpeó con una fuerza despiadada la nalga de Joowon. En cuanto el calor ardiente y el dolor recorrieron su piel, su esfínter se relajó por instinto. Joowon dejó caer gruesas lágrimas y apretó con fuerza las manos contra la pared. Cuando los dedos índice y corazón contrarios se abrieron como tijeras, algo extraño que no debería sentir empezó a hacerle cosquillas en el bajo vientre.

—¡Ugh, para ya! ¡Es asqueroso! ¡He dicho que pares! 

—No tienes vello. ¿Te has depilado? ¿O es que no te sale?

Aunque Joowon no tenía experiencia sexual, sabía lo que era el deseo, y como no quería sentir aquello, apretó los dientes hasta que se le marcaron los músculos de la mandíbula. Sin embargo, cuando los dedos curvados frotaron suavemente el punto situado bajo su ombligo, su miembro comenzó a erguirse con turgencia. Chic, No-yoon presionó con fuerza la entrada con los nudillos de sus dedos; la parte inferior se abrió y una corriente eléctrica recorrió a Joowon hasta la punta de los pies.

—¡Hng, mgh, ah! 

—Parece que te gusta aquí.

No-yoon besó obsesivamente los labios de Joowon mientras hundía sus dedos con profundidad. No era sexo formal todavía, pero su punto de placer, sensibilizado al extremo, reaccionaba ante el más mínimo roce, haciendo que el líquido brotara gota a gota de su miembro.

—¡Ah-hng!

Al ser tocado su punto de placer, un semen viscoso como gelatina derretida goteó, empapando la mano de No-yoon y la ingle de Joowon. Si hubieran estado en una cama, las sábanas habrían quedado empapadas. No-yoon, que mordisqueaba los labios de Joowon que intentaban ahogar los gemidos, lo abrazó por la espalda y, con su mano libre, sujetó el miembro de Joowon sacudiéndolo de arriba abajo.

—¡Ha, ah! ¡Para… eso… hng!

¡Pum! Cuando sus dedos se movieron con fuerza hacia adelante y hacia atrás, como si estuviera saqueando sus entrañas, el cuerpo de Joowon se tensó y vibró con un escalofrío. Con las pupilas dilatadas por el impacto, Joowon no podía pensar en nada; solo soltaba un aliento febril mientras su cintura se agitaba involuntariamente.

—¡Hijo de perra! ¡Ah-hng!

Como si aún le quedara orgullo, insultos afilados y gemidos seguían escapando de su boca. «Hacen falta más», pensó No-yoon, quien tarareaba mientras hurgaba en el punto sensible con los dedos clavados en el interior de Joowon. El cuerpo, golpeado de lleno por el placer, temblaba sin control, y lágrimas constantes brotaban de los ojos de Joowon, que no lograban enfocar nada.

Bajo la tenue luz de una farola solitaria, Joowon gritaba hasta desgarrarse la garganta. Sin embargo, nadie pasó por allí para ofrecerle ayuda. No había salida. Solo veía ante sí un muro que bloqueaba su camino.

Un pánico de color azul pálido devoró su cordura, y las pupilas de Park No-yoon, que brillaban con locura, le cortaron la respiración. Cuando el aterrorizado Joowon intentó forcejear para escapar, el movimiento de los dedos que hurgaban en su interior se aceleró. Plash, plash, plash. El sucio sonido de la fricción golpeaba sus oídos mientras un placer hirviente subía por su parte inferior. Finalmente, decidido a declarar su rendición, Joowon movió sus labios temblorosos.

—¿Qué es lo que quieres? Lo haré todo, así que detente aquí…

Debido a que él había tocado sus paredes internas con tanta insistencia, su sensibilidad estaba al límite. Rompió su orgullo restante y soltó una súplica de “por favor”, pero los dedos de No-yoon no se apartaron. Joowon empujó frenéticamente el brazo de No-yoon mientras lo miraba con desesperación.

—Entonces deberías haber sido así de obediente desde el principio. 

—¡Ah-huuugh!

Chic, chic. Tanto los dedos que se hundían más profundo como la mano que sujetaba su miembro sacudiéndolo de arriba abajo volvían loco a Joowon por igual. El ultraje manual de No-yoon continuó. El semen viscoso fluyó, mojando el suelo y empapando su ingle. En algún momento, su entrada, antes apretada, se ablandó y se preparó para recibir el miembro. Pum, pum, pum, pum. Tras unos cuantos juegos más con los dedos, una descarga de fluido brotó del miembro de Joowon como una marea. Era su segunda eyaculación.

El semen, acumulado como gotas, resbaló por el miembro de Joowon hasta alcanzar los dedos que hurgaban en su interior. Con un sonido de succión, los dedos salieron, dejando tras de sí una sensación espantosa, como si el viento nocturno entrara en su cavidad. Debido a las secuelas de la eyaculación, Joowon perdió un poco de fuerza; sus piernas flaquearon y apretó las manos contra la pared para sostenerse.

No podía creer, y mucho menos aceptar, el hecho de haber eyaculado bajo la mano de Park No-yoon. Un sentimiento de humillación, como si hubiera sido pisoteado por unos zapatos sucios, calcinó su orgullo por completo.

—¿Por qué…? ¿Por qué me haces esto? ¿Qué he hecho… qué he hecho mal?

Sintió el semen bajando por sus muslos, pero no le importó; estiró la mano intentando agarrar a No-yoon por el cuello. Por desgracia, la diferencia de altura era considerable. Joowon apretó los dientes e intentó tirar de su solapa, pero una pierna larga impactó en su abdomen como si lo que pateaba fuera un balón de fútbol.

Un dolor agudo y profundo, que ni siquiera le permitió soltar un quejido, penetró hasta sus entrañas. La sensación de que su abdomen se desgarraba subió por su cuerpo, apretando su garganta y cortándole el aire. Ya no importaba el orgullo; su mente se apagó por completo. Mientras Joowon se tambaleaba aturdido, una mano cruel apresó su cadera y lo empujó contra la pared.

—¿Que por qué? Claro que hay una razón. 

—Cof, uugh. 

—Porque quiero hacer esto contigo, hyung.

Había recibido solo un golpe, pero no podía recuperar el sentido. Joowon no era plenamente consciente de la situación en la que se encontraba. Incluso cuando No-yoon lo obligó a apoyarse en la pared y separó sus nalgas, él solo tosía y tenía arcadas espasmódicas. Jadeaba buscando aire como si hubiera caído en un mundo sin oxígeno. Mientras Joowon tanteaba la pared fría con manos temblorosas, escuchó vagamente el sonido de una cremallera bajando.

Parpadeo. Cerró y abrió los párpados intentando enfocar su visión nublada. Trataba de poner orden en su mente aturdida cuando, de repente, una mano fría lo agarró con fuerza de la cadera y tiró de él. Al contacto con esa piel gélida, Joowon recuperó el juicio de golpe; pero en el momento en que abrió los ojos de par en par y comenzó a forcejear, la cabeza del miembro totalmente erecto penetró profundamente en su orificio.

—¡Aaah!

Puuuu-um. El miembro, que se abría paso a la fuerza revolviendo su interior, aplastaba las paredes del irregular conducto. El tamaño descomunal, incomparable con unos dedos, hizo que su boca se abriera involuntariamente. Era algo absurdo. Estaba uniendo su cuerpo con el de Park No-yoon. Joowon retorció su cuerpo con todas sus fuerzas para apartar a aquel loco, pero no pudo hacer nada contra la presión de ese agarre feroz. Dolía horriblemente. Cada vez que el miembro de No-yoon se movía, sentía un dolor como si lijaran su piel.

—¿Por qué no entra más? Ni siquiera he metido la mitad. 

—¡Ha-huuugh!

Las paredes internas, irritadas por el estímulo de los dedos, se pegaban a la superficie del miembro, impidiendo el avance. No-yoon, que apenas había introducido la mitad, murmuró: —No lo entiendo…—, mientras empujaba con su cadera, pero el resultado era el mismo. Era imposible embutir un miembro tan absurdamente grande en un orificio tan estrecho.

Pero Park No-yoon no se detuvo.

Presionó con la palma de su mano el miembro de Joowon, que colgaba goteando líquido preseminal, y comenzó a embestir salvajemente. Su miembro, que ahora estaba enterrado hasta la mitad, entraba en la cavidad como si estuviera dando puñetazos. Cada vez que ocurría, Joowon se convulsionaba, sintiendo un dolor y una presión atroces mientras su orificio se dilataba al límite. Era como si le golpearan los intestinos con un garrote de hierro.

—Duele… no lo hagas… ah… detente… maldito… seas… 

—Ya lo sé. Voy a llenarte bien de mi leche ahí dentro.

Respondiendo con una estupidez, No-yoon posicionó la cabeza de su miembro cerca de la próstata y comenzó a embestir con fuerza. Ante la aterradora sensación de invasión, el cuerpo de Joowon se arqueó hacia atrás en un espasmo violento. Sonidos de respiración agónica escapaban de su boca. Cuanto más lo hacía, más se hundía aquel miembro grueso, saqueando de un solo golpe las zonas erógenas que sobresalían en su interior. Ante un estímulo más intenso que el de los dedos, chorros de un líquido incoloro e inodoro brotaron del orificio del glande de Joowon.

—¡Ah, ah…! ¡No quiero! ¡He dicho… que no!

El líquido cayó sobre la pared trazando una parábola. Era el resultado de las embestidas a velocidad ciega. El bochorno de haber expulsado aquel extraño fluido; que no era ni orina ni semen, incendió todo su cuerpo. Joowon, consumido por la humillación y la vergüenza, retorció su cuerpo mientras derramaba lágrimas. Entonces, No-yoon lo agarró por la parte interna de las rodillas, obligándolo a abrir las piernas como un perro.

—Mira cómo te has corrido. Qué tierno, de verdad. 

—Ah… uuh… Enfermo… ¡ah! ¡No lo hagas! ¡Suéltame! 

—Te gusta recibir mi verga, ¿verdad? Toma más.

La cabeza de su miembro golpeaba el punto de placer, abriéndose paso por el irregular conducto lleno de pliegues. Al mismo tiempo, su orificio, dilatado según el grosor del miembro, se contraía rítmicamente siguiendo el movimiento. Su propio cuerpo, que actuaba como si hubiera olvidado que lo estaban violando en un callejón, le resultaba extraño. Joowon intentó escapar de No-yoon por todos los medios, pero cuanto más forcejeaba, más fuerza aplicaba aquel agarre feroz, impidiéndole oponer una resistencia real.

—Ah-huuugh…

El miembro entraba hasta la mitad con un sonido viscoso y luego se retiraba hasta la entrada del orificio. Repetir este acto de entrar y salir se sentía como si un atizador al rojo vivo estuviera revolviendo sus entrañas. No sería exagerado decir que esto era violencia contra sus órganos internos. Sexo violento. Park No-yoon estaba llevando a cabo un acto sexual atroz e inhumano como si no fuera nada.

A medida que el miembro entraba y salía, el dolor de sentir que su orificio se desgarraba iba en aumento. Aunque solo estaba insertado a medias, las paredes internas se deformaban siguiendo la silueta del miembro. Mientras apretaba los dientes por el dolor insoportable, la cabeza del miembro golpeó un punto específico, provocando un hormigueo que hizo que su cintura temblara involuntariamente.

—¿Se siente bien? 

—¡Mgh!

Park No-yoon, captando rápidamente que había obtenido una reacción diferente, comenzó a hurgar y restregar ese mismo punto con la punta de su pesado miembro. Cada vez que el miembro entraba y saqueaba la próstata, el orificio de la uretra se abría como una válvula, dejando caer hilos de fluido mezclado con líquido preseminal. El suelo del callejón quedó empapado por el fluido que goteaba de Joowon. No-yoon observó el miembro que soltaba aquel fluido como si estuviera viendo algo hermoso.

—¿Quieres que meta algo aquí también?

No-yoon, que lo penetraba violentamente, se rio mientras presionaba el orificio del glande de Joowon.

—¡Maldito… loco… ah-huugh! ¡Ah, mgh! ¡Ah huuugh! 

—¿Dices que no quieres mientras chorreas así? 

—No digas… E-estupideces… siento que voy a… vomitar… ¡hng! 

—Mira cómo reaccionas. Qué tierno. 

—¡Ah-huuugh!

Tras juguetear con el punto de placer usando su grueso glande, No-yoon hundió su miembro en el interior de aquel orificio que se había ablandado un poco. Debido a la presión en la próstata, Joowon no sabía qué hacer y dejó caer lágrimas de dolor. Su mente se estaba quedando en blanco. Detestaba esa sensación desconocida de ardor que subía por su bajo vientre cada vez que él tocaba cierto punto.

—Deja de decir que pare y di que te gusta. Si haces lo que te digo, terminaré pronto. De todas formas, hoy parece que no podré meterla toda.

A pesar de sus dulces susurros, Joowon no cedió. —No quiero, hijo de puta. Disfrútalo tú solo—. Con la mirada afilada, lo miró directamente a los ojos, y otra vez voló una palma. ¡Zas! ¡Zas! ¡Zas! El sonido de las bofetadas resonando alegremente hizo eco por todo el callejón. Aunque lo golpearon hasta hacerle sangrar la nariz, de la boca de Joowon solo salían gemidos.

—Hah… hah…

No sabía exactamente cuántos golpes había recibido, pero el zumbido en sus oídos y la opresión asfixiante eran nítidos. Sintiendo un tormento como si su cabeza hubiera chocado varias veces contra la pared dura, Joowon sacudió la cabeza con dificultad y se apoyó contra el muro. En medio de ese dolor atroz, sentía que se volvía loco porque aquel miembro seguía encajado apretadamente en su interior.

—Hyung, me gustaría que nuestra primera vez fuera lo más romántica posible. No me obligues a seguir pegándote.

A No-yoon le resultaba gracioso y a la vez tierno ver a Joowon, quien a pesar de estar desnudo y vulnerable, mantenía su orgullo erguido. Park No-yoon sonrió con los ojos curvados como lunas crecientes y acarició suavemente el cabello de Joowon.

—¡Ah-hng!

Las paredes internas mordían y apretaban el miembro, y No-yoon aceleró el ritmo como si exigiera una respuesta. Joowon intentó soltar algún insulto, pero se desmoronó de nuevo ante el movimiento rápido y el calor interno que hervía.

Sin poder recomponer su rostro empapado en lágrimas, Joowon aceptó aquel miembro enorme y grueso. Odiaba profundamente sus propias paredes internas que, sin desearlo, se contraían alrededor del pene como una trampa. Intentó forcejear para rebelarse de alguna forma, pero la situación no cambiaba, como un estribillo sin fin. Pronto, el miembro de No-yoon soltó un poco de semen, como si no pudiera resistir la presión del orificio que parecía querer aplastarlo. La espuma del semen hervía y salía repetidamente.

—Si escapas, iré a buscar a Wonyoung. Ah… aprietas demasiado. Siento que me voy a quedar sin pene.

El miembro de No-yoon seguía hinchándose y golpeando sus zonas sensibles. Al sentir cómo el placer se extendía como tinta derramada, Joowon dejó caer un torrente de lágrimas. Le resultaba desesperante y aterrador verse a sí mismo con las piernas abiertas como un perro en celo, chorreando fluidos.

Además, al ser consciente de la cruel realidad de que aquellos labios bonitos mencionaban a Wonyoung, el mundo de Joowon terminó de derrumbarse. Tenía que moverse según la voluntad de este loco cruel, vulgar y carente de sentido común. Sus labios partidos temblaron violentamente mientras dejaba escapar una voz tenue.

—Está bien. Lo haré. Lo diré. 

—¿Qué es lo que te gusta? 

—Esto…

Una voz ahogada brotó de los labios de un Joowon que ya se había dado por vencido. Vio a No-yoon sonriendo satisfecho con la mirada, pero no quería verlo, así que giró la cabeza rápidamente. Sin embargo, de inmediato, su cabello fue atrapado por ese agarre feroz, obligándolo a cruzar su mirada con esas pupilas de color tenue.

—Tienes que decir claramente que te gusta tener sexo conmigo. 

—¡Aaah! 

—Si no lo haces… tendré que difundir… hah… el rumor.

Como si hubiera olvidado por completo que estaban teniendo sexo en un callejón, No-yoon embistió con fuerza su cadera. Su orificio, dilatado al máximo, se desgarró, dejando fluir semen mezclado con sangre. Joowon cerró los ojos, apretando los dientes con una sensación de horror. Su vida ya era una mierda, pero nunca imaginó que ocurriría algo tan jodido como esto. Apretó las manos contra la pared con tanta fuerza que sus nudillos blancos resaltaron.

—Dilo en voz alta. 

—¡Hng! ¡Ha… uugh…! 

—He dicho… que lo digas.

¡Pum! El miembro que se había hundido profundamente en su cavidad trasera seguía hurgando de un lado a otro. Sentía que toda su carne interna estaba raspada y a punto de desgarrarse; era extremadamente doloroso, pero no era nada comparado con que Wonyoung se enterara.

El miembro de No-yoon salió por completo y volvió a clavarse de un solo golpe. El orgullo de Joowon, que se mantenía con una firme resolución, se hizo añicos.

—Tener… sexo… hng… me gusta… ¡aaah! 

—¿Con quién? 

—Con Park No-yoon… contigo… ¡hng! ¡Para… aaah!

Tan pronto como dijo que le gustaba, la presión sobre sus entrañas se volvió aún más fuerte y su orificio se abrió de par en par. No-yoon, sonriendo levemente, abrió las piernas de Joowon un poco más y entró con la ferocidad de una bestia hambrienta, rascando y desgarrando la mucosa de las paredes internas. El miembro, que aún solo entraba hasta la mitad, revolvía el interior de Joowon dejándolo hecho un desastre.

Ya no podía aguantar más estando consciente. Joowon no sabía cómo soportar esta crueldad. Al sentir nítidamente el pene que se hundía ferozmente bajo su perineo, Joowon soltó el hilo de su razón que se desvanecía y perdió el conocimiento.

Incluso en ese instante, cargó con el peso absoluto del hecho de haber tenido su primera vez de la forma más humillante posible con alguien de su mismo sexo.

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