Capítulo 2 (5)

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El aire bochornoso y húmedo lo hacía sentir como un pez flotando dentro de una pecera, pero era un clima soportable.

Tras terminar las clases, Joowon caminaba hacia casa jugueteando con su teléfono. Al quedarse solo, lo ocurrido durante el día lo invadió como una marea. Se sentía frustrado por no saber quién era su misterioso benefactor. Por el momento, había decidido que debía ser su padre, pero la sensación de inquietud no desaparecía. Tenía pensado ir al hospital mañana para pedir que le mostraran las grabaciones de las cámaras de seguridad de la recepción; aunque dudaba que accedieran a su petición así de fácil. Justo cuando estaba sumido en esos pensamientos incómodos, recibió una llamada.

Solo había dos razones por las que Chang-bin solía llamar: para comer o para invitarlo a beber. Como tenía hambre y quería despejar sus pensamientos complejos, decidió aceptar. Joowon pulsó el botón de llamada de inmediato.

Hyung, ¿estás en casa? 

—No, cerca de la universidad. 

– ¡Qué bien! ¿No quieres venir a comer gopchang? Juntae también está aquí.

Al no mencionar ningún otro nombre, supuso que Park No-yoon no estaría allí. Tres personas era el número perfecto para charlar. Joowon aceptó, dijo que iría para allá y dio media vuelta. Siguiendo el mapa que envió Chang-bin, llegó al restaurante de gopchang en poco tiempo.

Al abrir la puerta de cristal transparente, sonó una campana y el potente chorro del aire acondicionado agitó su cabello. Joowon se frotó la piel de gallina que le salió en los brazos mientras buscaba con la mirada a Chang-bin y Juntae. Sin embargo, antes que sus rostros, hubo algo que captó su atención primero.

Park No-yoon. Estaba sentado frente a ellos dos. El entrecejo de Joowon se frunció violentamente.

—¡Hyung!

Al escuchar a Park No-yoon decir algo, Chang-bin se giró de inmediato y lo saludó con una sonrisa radiante. Joowon forzó una sonrisa antes de que alguien lo notara y se acercó a ellos. El único asiento libre era el que estaba al lado de Park No-yoon. No quería sentarse con él, pero no tuvo más remedio. Tras acomodarse, dejó su teléfono sobre la mesa y miró de reojo a No-yoon.

—Ya estás aquí.

No-yoon observaba a Joowon con la barbilla apoyada en la mano sobre la mesa. Sus ojos ambarinos se perfilaban bajo los fragmentos de luz que emitían las lámparas del techo.

De pronto, la voz de No-yoon diciendo “Yo te ayudaré” cruzó su mente, pero Joowon la descartó con una sonrisa forzada. Era absurdo. ¿Cómo iba a conocer No-yoon su situación? Y aunque la supiera, no tenía motivos para ayudarlo. Forzando una mueca amable, Joowon chocó su vaso ante la propuesta de brindis de Chang-bin.

—Aunque, hyung, lo tuyo con Park No-yoon es curioso. 

—¿Por qué?

Joowon, que estaba masticando un trozo de gopchang, tragó y levantó la cabeza.

—Es que el primer y el segundo puesto se llevan muy bien. 

—Es verdad. En otras facultades se llevan a matar.

Esas palabras solo las decían porque ignoraban el complejo de inferioridad y el resentimiento de Joowon. Ellos nunca sabrían cuánto odiaba, envidiaba y celaba a Park No-yoon. Joowon bebió un trago mientras mantenía su sonrisa hipócrita.

Hasta ahora, nunca había podido ganar a Park No-yoon. Ah, bueno, hubo una sola vez recientemente. En la prueba. Pero eso fue solo porque No-yoon dejó preguntas en blanco; si hubiera escrito las respuestas, Joowon probablemente se habría quedado estancado de nuevo en el título de “segundo lugar”.

Quería ganar a Park No-yoon. Quería superarlo al menos en las notas, a él, que podía tener el mundo entero con solo estirar la mano. Tenía fama de ser “el chico que estudia mucho”, pero su deseo de ser escuchado como “el que mejor estudia” era inmenso. Esta vez, en los exámenes finales, lo vencería sin falta. Joowon terminó su bebida y dejó el vaso sobre la mesa.

—Al principio pensé que me odiabas, hyung.

Clac. Los dedos de Joowon casi dejan caer el vaso de cristal. Conteniendo a duras penas el vuelco de su corazón, giró la cabeza hacia Park No-yoon. Él lo miraba con ojos melancólicos, apoyando la barbilla en la mesa.

—¿Por qué? ¿Se llevaban mal ustedes dos? —preguntó Chang-bin, abriendo mucho los ojos mientras bebía.

Joowon, incapaz de ocultar su sorpresa, miró a No-yoon. Decir algo así frente a otros compañeros era prácticamente como mandarlo al carajo. Una vez más, estaba jugando con él. Sintiéndose irritado, las pupilas oscuras de Joowon se cruzaron con esos ojos que parecían contener la luz del sol de otoño.

Le molestaba que lo avergonzara así en público, pero sobre todo, le invadía la tensión al pensar que No-yoon podría estar viendo a través de su complejo de inferioridad. Joowon bajó la mano bajo la mesa y apretó el puño. A pesar de que el aire acondicionado soplaba con fuerza, el sudor frío empapaba su palma.

—Es que no me dabas ni un saludo.

Esa expresión melancólica de hace un momento desapareció sin dejar rastro, dejando solo un rostro hermoso y sonriente. Parecía que no se había dado cuenta de sus verdaderas intenciones… pero a la vez parecía que sí. Sin embargo, si fuera lo segundo, No-yoon habría intentado distanciarse de él desde hace tiempo. Decidiendo no darle importancia, Joowon forzó una sonrisa y miró de frente a No-yoon.

—Es que soy muy tímido con los desconocidos. Siento haber causado un malentendido.

Tuvo que disculparse contra su voluntad para no quedar como el raro de la historia si no daba una explicación adecuada. Al escuchar la voz de Joowon, No-yoon sonrió con aire puro y dijo: —Me alegra que sea un malentendido. 

«Maldito astuto». Algo subió con fuerza desde su interior, pero tras reprimirlo, se puso en pie.

—Voy a tomar un poco de aire.

Sintiendo que el alcohol le estaba afectando y que podría cometer un error al hablar, salió del local con sus cigarrillos y el encendedor. Al cerrar la puerta, el bullicio del interior se volvió un murmullo sordo y el olor a carne asada le cosquilleó la nariz.

Joowon pensó en fumar cerca de la entrada, pero decidió dirigirse al callejón para organizar sus pensamientos en un lugar tranquilo.

Un callejón solitario. Joowon entró en aquel espacio bañado por la tenue luz de una farola y comenzó a fumar. Aspiró el cigarrillo hasta que sus mejillas se hundieron. A diferencia del día, sofocado por el calor, una brisa fresca le acariciaba el cabello. Apoyado contra una pared sólida, Joowon alzó la vista hacia un cielo negro sin una sola estrella. Pensó que debía llamar a Kangjae una vez más, pero entonces recordó que había dejado el teléfono en la mesa.

—Ah, maldición, —suspiró Joowon con frustración.

—Joowon hyung.

Una melodía suave, que combinaba extrañamente bien con el crujido de las hojas secas bajo los pies, rozó sus oídos.

—Ah… ¿tú también fumas? —preguntó Joowon. No se alegraba de verlo, pero después de lo ocurrido en el bar, se sintió obligado a hablar primero. 

—No.

—¿No te molesta el olor? Ve con los demás. 

—Está bien.

Aunque dijera que estaba bien, Joowon no podía seguir fumando frente a un no fumador. Sin saber qué hacer con el cigarrillo del que aún emanaba humo, se limitó a juguetear con él entre los dedos.

—Me he dado cuenta de que tú no hueles a tabaco, hyung.

Sin saber qué responder, Joowon giró la cabeza y frotó el cigarrillo, cuando una sombra negra se acercó y se solapó con la suya.

—Wonyoung también debe pensar lo mismo.

Boom. Un impacto, como si una piedra pesada cayera sobre su corazón, lo sacudió. Al escuchar ese nombre salir de la boca de Park No-yoon, Joowon giró la cabeza con dificultad, como una muñeca rota. No-yoon sonreía con naturalidad. Su tono era trivial, como si preguntara qué tal le había ido el día. La mente de Joowon se nubló como si hubiera entrado en una niebla espesa, incapaz de entender cómo sabía el nombre de su hermano. Estaba tan desconcertado que no podía articular palabra, cuando esa voz melodiosa atrapó sus pensamientos.

—Espero que reciba un buen tratamiento a partir de ahora.

Mientras la brasa del cigarrillo emitía un brillo rojo intenso, el orgullo de Joowon también prendió en llamas. Te ayudaré, te ayudaré, te ayudaré. El espacio donde esa voz suave resonaba como un eco se convirtió al instante en un infierno, y Joowon no pudo evitar sentir asombro y humillación al mismo tiempo.

En ese instante, Joowon quedó petrificado. Porque acababa de comprender que ese “alguien” que se había llevado la carga que él cargaba era Park No-yoon.

Park No-yoon.

Aquel hombre no tenía metas en la vida. Estaba acostumbrado a una existencia donde usaba su dinero para dar órdenes a quienes sí tenían metas.

Su nombre era Park No-yoon. Eso significaba ser el hijo del Director del Hospital Universitario de Corea, alguien con un respaldo sólido que no tenía necesidad de vivir una vida miserable en el fango.

Con una apariencia bañada en una luz espléndida y una inteligencia aguda, no había nadie que no lo envidiara. Park No-yoon recibía a diario miradas de envidia o intentos de acercamiento para entablar amistad, pero no guardaba resentimiento por ello. Había comprendido desde temprano la lógica de quienes desean estirar la mano hacia aquello que brilla.

Al igual que uno se cansa de un juego donde siempre gana, Park No-yoon pronto sintió hastío de su propia vida. Su existencia, que se desenrollaba sin problemas como un rollo de papel higiénico, le resultaba monótona. No tenía metas como los demás, ni tampoco había amado nunca algo con pasión. Estaba harto de las miradas llenas de afecto que la gente le lanzaba.

Cuando se hizo adulto, Park No-yoon esperaba que muchas cosas divertidas sucedieran al entrar en la universidad. Por eso, asistió a la orientación, a pesar de no tener interés, pero solo tuvo que emborracharse y escuchar historias que no le importaban. Todo era igual.

Las miradas curiosas lo seguían de forma molesta, y abundaban las personas que cambiaban de actitud solo por estar frente a él. Gente aburrida, rutinas idénticas. Si al menos hubiera tenido un juguete, no se habría sentido tan solo.

Park No-yoon sentía tedio por su día a día, por su vida. Hasta el punto de que pensó que sería más divertido saltar desde la azotea que seguir así. No comprendía a la gente que reía mientras mantenía conversaciones triviales, ni a los que decían ser felices por un simple amor. Sin embargo, sabiendo que mostrar su verdadera cara solo le traería problemas, No-yoon se puso un disfraz de normalidad y se mezcló con la multitud.

En una ocasión, intentó elegir a alguien adecuado para experimentar qué se sentía al tener pareja. Trató de imitar la mirada de alguien enamorado y de decir palabras de afecto, pero la sensación de que sus músculos faciales no se movían correctamente le resultó tan asquerosa que abandonó la búsqueda.

Era aburrido.

No-yoon siempre encontraba mediocres las relaciones y los sentimientos, como si ya conociera su final. Pensó que su regreso a la facultad sería igual. Se quedó observando la puerta antes de entrar al aula.

Creía que no habría nadie, pero un hombre estaba sentado en la primera fila. Era alguien a quien nunca había visto antes de su baja militar, pero intuyó por instinto que eran de la misma carrera. Solo los estudiantes de esa especialidad podían tomar esa clase. No-yoon detuvo sus pasos, incapaz de apartar la vista de la nuca redondeada del hombre.

De repente, el hombre giró la cabeza inconscientemente y sus miradas se cruzaron. En ese instante, No-yoon sintió una atracción de la que no pudo escapar. Una piel blanca como la leche que contrastaba con sus ojos negros. Una mirada afilada que recordaba a la de un gato. Fue como si una estrella tenue surgiera en lo más profundo de su corazón. El contacto visual fue breve; el hombre volvió la cabeza primero. Fue solo un segundo, pero los latidos de su corazón se aceleraron.

Más que desconcierto por sentirse conmovido por otro hombre, sintió un escalofrío por el hecho de experimentar esa sensación por primera vez. Pronto comprendió que, entre sus emociones, había una llamada “interés”. Su instinto le gritó que aquel hombre llenaría su vacío.

Desde ese primer encuentro, No-yoon merodeó a su alrededor y se ganó a su entorno. Su nombre era Lee Joowon. Compañero de clase, pero cinco años mayor que él, aunque su apariencia era mucho más juvenil. No-yoon observaba a Joowon con atención. Ropa barata aunque impecablemente limpia. Zapatos viejos cubiertos de barro. Una mochila desgastada por los años. Y sobre todo, el reloj falso en su muñeca delataba su situación económica. Era el mismo modelo que el de No-yoon, un diseño del que solo existía una unidad real en todo el país.

Por eso, quiso saber más sobre ese hombre llamado Lee Joowon, un hombre que no poseía nada más que su orgullo.

—Hyung, hola. 

—¿Quién…? 

—Soy Park No-yoon. De tu misma carrera.

A mediados del primer semestre, dejó de ser un observador distante y decidió actuar. En su primer saludo, Joowon estaba fumando, a pesar de tener un rostro al que le pegaría más estar comiendo un caramelo.

No-yoon dio vueltas a su alrededor una y otra vez. Joowon respondió a sus acercamientos en varias ocasiones, compartiendo almuerzos o bebidas con otros compañeros.

“Hyung, ¿quieres cenar conmigo?”

“Lo siento, tengo que estudiar.”

“Qué pena.”

Sin embargo, a partir de cierto día, Joowon comenzó a trazar una línea. Para ser exactos, fue después de que se publicaran las notas del examen parcial. 1.er lugar: Park No-yoon. 2.º lugar: Lee Joowon. A No-yoon le gustó ver sus nombres escritos uno al lado del otro y se quedó mirándolos un buen rato. Pensó que, al estar al mismo nivel, podrían volverse más cercanos, pero al contrario de sus expectativas, Joowon empezó a evitarlo notablemente, respondiendo con una sonrisa amable solo cuando otros compañeros estaban presentes.

Cada vez que eso sucedía, Park No-yoon observaba la nuca de Joowon con mirada melancólica.

«¿Será que hyung me odia? ¿Por qué? ¿Por qué me odia?»

Por más que intentaba hablarle, Joowon era como una fortaleza inexpugnable que no dejaba ni un solo resquicio. Como algo que no se inmuta por muy fuerte que sople el viento. No-yoon, por más que pensaba, no lograba entender la razón. No sabía por qué Joowon lo evitaba; aunque le respondía cuando estaban juntos, no podía quitarse la sensación de que forzaba sus sonrisas.

No-yoon no sabía qué error había cometido, pero se propuso ganarse el corazón de Joowon a toda costa. Por ello, comenzó a espiar en secreto cada uno de sus movimientos.

Al terminar las clases, se despedía rápidamente de los compañeros que intentaban retenerlo y seguía a Joowon sigilosamente, reduciendo su presencia para no ser descubierto. Gracias a este esfuerzo, descubrió el barrio donde vivía y que, por alguna razón, frecuentaba el Hospital Universitario de Corea casi a diario. Ah, y tampoco tardó mucho en descubrir que trabajaba a tiempo parcial en un bar y en una cafetería. Mientras lo observaba trabajar en secreto, también se dio cuenta de que Joowon buscaba dar clases particulares.

«¿Será que no juega conmigo porque está cansado de trabajar? Si da clases particulares, tendrá menos tiempo. ¿Y qué pasa si hyung empieza a prestarle atención a otro chico?»

Suposiciones triviales y retorcidas hicieron que No-yoon pasara a la acción. Primero, entró en “Su-Hak-Mo”; un sitio web de una comunidad de estudiantes de bachillerato y padres.

“Su-Hak-Mo” era un sitio donde la mayoría de los estudiantes y padres están registrados. Sin dudarlo, No-yoon dejó un mensaje en el foro libre sobre Joowon:

“Mi tutor me agredió verbalmente y se escapó con el dinero ㅠㅡㅠ”

Parece que tuvo efecto, pues en los sitios de búsqueda de tutores, el currículum de Joowon solo acumulaba visitas, pero su estado nunca cambiaba a “Contratado”.

Al imaginar a Joowon furioso, No-yoon no pudo evitar reírse. Él consideraba ese acto sombrío al mismo nivel que soplarle en la oreja a un gatito adorable para bromear.

Pero Joowon no parecía afectado; al contrario, trabajaba aún más duro en sus empleos a tiempo parcial. Sintiendo un sutil deseo de ganar, No-yoon visitó la cafetería y el bar donde Joowon trabajaba.

“Dueño, Lee Joowon trabaja aquí, ¿verdad?”

 “¿Eh? ¿Cómo lo sabe?”

“Es compañero mío de la facultad y últimamente hay un lío tremendo. Ese hyung usó dinero de prestamistas. Los matones incluso entraron en el aula y destrozaron todo. Tenga cuidado usted también, jefe.”

Al dueño del bar le dijo mentiras. 

“Por favor, hágame este favor.”

Al dueño de la cafetería le entregó un sobre con dinero, exigiendo que despidiera a Joowon. Cualquiera que lo viera lo habría criticado tachándolo de una obsesión sombría y espeluznante, pero Park No-yoon no sentía ni un ápice de culpa. Al contrario, estaba demasiado ocupado tratando de saciar su curiosidad por Lee Joowon.

Impedir que trabajara, buscar el número de teléfono de Joowon en Google, revisar su tableta mientras él se quedaba dormido en clase para obtener su cuenta de Gmail y rastrear su actividad… No-yoon se dedicaba a realizar todo tipo de actos turbios.

Ese día también estaba así, escondido tras el muro de la casa de Joowon. Joowon, deteniéndose un momento, sacó su teléfono que vibraba y contestó. Su voz al llamar “Wonyoung” era mucho más brillante y pura que cuando hablaba con cualquier otro compañero. «¿Será su pareja?» No-yoon, con el rostro serio, pegó su cuerpo al muro para escuchar mejor.

—Siento no haber podido ir ayer, Wonyoung. La comida del hospital es fea, ¿verdad? ¿Quieres que mañana te lleve gachas? Ah, por cierto, ¿pusiste mi número como contacto de emergencia como tu tutor? Sí, papá no puede ser.

Park No-yoon comparó el nombre “Wonyoung” con el de “Lee Joowon”. Ambos compartían la sílaba “Won”, y el hecho de mencionar al “tutor” indicaba que, sin duda, eran hermanos. Sumado a las constantes visitas de Joowon al hospital… no fue difícil deducir que su hermano menor estaba bastante enfermo. No-yoon, con su mente trabajando a toda velocidad, continuó escuchando a hurtadillas.

—Te digo que no te preocupes por el dinero. Tu hermano volverá a quedar en primer lugar esta vez y recibirá la beca completa.

No-yoon, que observaba la espalda de Joowon mientras este golpeaba el cemento con la punta de su zapato, se quedó inmóvil. No era cierto. Joowon nunca había quedado en primer lugar. Al recordar el nombre “Lee Joowon” escrito siempre debajo del suyo, No-yoon comprendió por fin por qué Joowon lo evitaba y trazaba esa línea divisoria.

Era una desesperación entrelazada con el complejo de inferioridad. En el corazón de Joowon, florecía una emoción de matices densos y profundos.

Solo entonces lo entendió todo. Por qué Joowon mostraba una sonrisa amable frente a los demás, pero ponía una expresión de incomodidad insoportable cuando estaban a solas.

No-yoon recorrió el interior de su mejilla con la lengua y observó a Joowon con sus ojos teñidos de naranja hasta que este terminó la llamada.

—Vaya.

Park No-yoon emitió un pequeño sonido. Cualquier persona normal sabría que debía detenerse ahí, pero él era diferente. Al conocer la razón, su interés se transformó en una emoción desconocida. Se erizó en él, como una espina, un espíritu travieso que deseaba provocar el complejo de inferioridad de Joowon, junto con un extraño deseo… de que Joowon lo mirara solo a él.

«Estaba aburrido, y él apareció en el momento adecuado.»

Una vez detectada su presa, No-yoon le brindaba amabilidad cada vez que lo cruzaba en la facultad. No era compasión, sino curiosidad; cuando Joowon se sentía incómodo o lo miraba con ojos llenos de resentimiento, No-yoon sentía un placer inexplicable. Le gustaba pensar que Joowon le mostraba a él una faceta que jamás revelaba a los demás. Le parecía tan lindo y adorable que quería burlarse de él aún más, provocándolo mientras fingía inocencia.

Hacer que perdiera sus empleos de la noche a la mañana no fue suficiente para que Joowon se inmutara. Era como si la pérdida de un trabajo no pudiera ni siquiera arañar su elevado orgullo.

Entonces, no quedaba más remedio que tocar ese complejo de inferioridad que Joowon ocultaba con tanto celo. Siendo Joowon alguien tan sensible a las notas, No-yoon sabía que reaccionaría si atacaba por ahí. Tras decidirlo, puso su plan en marcha de inmediato: dejó exámenes en blanco e incluso cometió errores a propósito en las presentaciones grupales que compartían. Ah, y también le dio una tableta averiada para ponerlo deliberadamente en un aprieto.

Incluso dejó que Joowon tocara su propia tableta a propósito, fingiendo que la había olvidado. La forma en que Joowon arrojó el regalo a la basura sin dudarlo le pareció tan tierna como un gato sacando las garras. Tal como esperaba, ver a Joowon visiblemente afectado le resultaba encantador.

“Si necesitas ayuda, dímelo, como hoy.”

Cada vez que ofrecía su ayuda, la expresión distorsionada de Joowon le gustaba tanto que casi estuvo a punto de abrazarlo. ¿Qué pasaría si lo presionaba un poco más? ¿Gritaría con el rostro encendido por la rabia? Después de haberlo provocado dos veces, era seguro que Joowon explotaría y sacaría ese carácter que tanto contenía.

Con su curiosidad al límite, No-yoon recordó el nombre de Wonyoung que había escuchado antes y pagó los gastos del hospital en la administración. Tenía curiosidad por ver la cara de Joowon desencajada. Pensó que sería aún mejor si lloraba; aunque, por la personalidad de Joowon, dudaba que estallara en un llanto ruidoso.

Simplemente sentía curiosidad por Joowon. Cómo se vería gritando de rabia, qué cara pondría al ser provocado, qué tendría que hacer para verlo llorar… e incluso qué sentiría al besar esos labios, o cómo sería por dentro ese agujero que engulliría y aceptaría su miembro… No-yoon quería seguir conociendo a Lee Joowon, quería poseerlo.

—Wonyoung también debe pensar lo mismo.

Era hora de dejar de arañar la superficie y empezar a provocarlo abiertamente. No-yoon levantó las comisuras de sus labios en silencio mientras observaba a Joowon. Tal como esperaba, este no podía decir nada; con la boca entreabierta, era incapaz de sacudirse el desconcierto que lo invadía.

—Espero que reciba un buen tratamiento a partir de ahora.

La brasa roja del cigarrillo de Joowon brilló intensamente. No-yoon se preguntó vagamente: «Hyung no huele a tabaco, ¿pero sabrán sus besos a cigarrillo?». De un momento a otro, su rutina teñida de aburrimiento se volvió tan interesante que su corazón latía con fuerza. ¿Se enfadaría o lloraría de agradecimiento? Mientras inclinaba la cabeza con curiosidad, el orgulloso Joowon, como era de esperar, puso una expresión desencajada, con todas sus espinas erizadas.

Quería provocarlo más. Quería penetrar hasta lo más profundo de su ser. Park No-yoon sonrió, anticipando la reacción de Joowon, cuyas manos temblaban violentamente.

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