Volumen 1: Niño Blanco
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—¿Este… es tu papá? —preguntó Bai, señalando al bultito blanco que Em abrazaba con fuerza en sus brazos.
—¡Sí~! ¡El pelaje de papá es el más suave y cómodo del mundo~~~! —Em se restregaba felizmente contra el cuerpo del conejo blanco. Al ver cómo las lágrimas y mocos se acumulaban en la piel del pobre animal, Blake se alejó discretamente un poco.
Em le levantó una de las patas traseras al conejo y se la mostró a Blake.
—Mira, papá tiene dos puntitos en la barriga. Solo cuando los vi me di cuenta de que era él.
Blake, Bai y Meng Jiuzhao: Ah, ¿con que tampoco lo reconociste de inmediato…? Y además, ¿¡mostrarle a otros esa parte de tu papá!? ¿¡Está bien eso!?
¡Y además! ¿¡Ese bultito es un Kantas!?
Fue entonces cuando Blake y Bai se dieron cuenta de que, durante todo este tiempo… habían entendido mal algo muy importante… = =///
—¡Este es mi hermano! ¡Las orejas de mi hermano son las más largas! —Em, sin notar el cambio de expresión en Blake y Bai, terminó de restregarse contra un conejito, y pasó al segundo, luego al tercero, y después al cuarto. Se aseguró de dejar mocos y lágrimas en todos (¡revisándolos uno por uno, incluso dándoles vueltas! =.=), y luego miró con profundo agradecimiento a Kela, quien estaba ordenando la cocina.
—¡Gracias!
—No es nada. Estaban enterrados en un montón de nieve. Me tropecé con ellos y, ya que estaba, los traje —respondió Kela con su rostro inexpresivo de siempre. Sin prestar más atención a los demás, siguió ordenando la cocina.
—¿Te ayudo a recoger? —Em dejó al conejo blanco y estaba por ir cuando Fendi lo detuvo.
—En vez de eso, deberían instalarse primero —dijo Fendi. Aunque sus palabras eran para Em, su mirada iba directa hacia Bai.
Al escucharlo, Blake y Bai se miraron. Luego, apretaron con más fuerza a Louis y Meng Jiuzhao, que seguían en sus brazos.
Estaban en una situación complicada: habían seguido a una criatura extraña hasta el territorio de otras criaturas igual de raras, ¡que comían Kantas! ¡Y que además criaban Kantas… para matarlos y comérselos!
Decidieron que lo mejor era mantener la cabeza baja y observar la situación antes de intentar escapar. o(╯□╰)o
Fueron llevados al lugar de registro para recién llegados. Aunque no era más que una cabañita hecha con madera y piel de bestia, Em y los demás, que nunca habían visto algo así, se quedaron boquiabiertos.
—¡Guau! ¡Esto es un techo de verdad! ¡Es la primera vez que no duermo en una cueva! —Em estaba muy emocionado. Si no fuera porque era muy bajito, habría querido tocar el techo con las manos.
—Huele un poco mal… —Murmuró Blake, frunciendo el ceño. Aunque su estilo de vida era primitivo, sus hábitos eran los de alguien muy limpio. Nunca había vivido en una cueva, pero sus nidos siempre estaban relucientes. Desde pequeño había sido un cachorro limpio. (Y aún lo era, ¡seguía siendo un cachorro limpio!) Su cachorro también era muy limpio.
—Disculpen, ¿de qué clan son? —preguntó el registrador, encantado de ver a personas tan guapas. No sabía ni cómo actuar.
—¡Del clan Conejo de Nieve! —respondió Em rápidamente.
—¿Y ustedes dos también? —preguntó el registrador mirando a Bai y Blake.
—¡Sí! ¡También son del clan Conejo de Nieve! —Em, entusiasmado, volvió a contestar por ellos.
—… —El registrador le echó una mirada a Em y, al girarse hacia Bai, su cara cambió rápidamente a una expresión sonriente y amable.
—¿Ustedes también son del clan Conejo de Nieve?
Bai y Blake eran Kantas extremadamente pacientes y perseverantes. Incluso entre su poderosa raza, su tenacidad era destacable. Durante cinco años consecutivos, se habían colado en la zona de apareamiento solo para robar huevos. o(╯□╰)o
Entonces, si en aquel tiempo podían quedarse hasta ser los últimos en irse solo para que nadie supiera que eran crías, ahora también podían…
—… —Blake miró a Bai, luego asintió con firmeza.
—¡Ah! ¡El clan Conejo de Nieve! ¡Es mi favorito! —el registrador sonrió aún más.
—¿Y tú, de qué clan eres? —preguntó Em, curioso. Blake y Bai también le lanzaron una mirada de reojo al registrador.
El registrador se irguió bajo la mirada de los guapos.
—¡Soy del clan Lobo! ¡Me llamo Yha!
—… —Em se aferró a Blake y dio un paso hacia atrás.
—¿Es… ese clan del que me hablaste? ¿El que da más miedo y le encanta comer conejos? —preguntó Blake en voz baja.
Em asintió apenas, con un gesto muy sutil.
Así que, al volver a mirar al registrador Yha, los ojos de Blake y Bai ya no estaban solo atentos, sino completamente alertas y hostiles.
—¡! —El registrador, Yha, se sintió profundamente herido. Intentó recuperar su buena impresión ante los bellos forasteros.
—¡No me gusta para nada comer conejos! ¡Lo que más me gusta comer es “jī“1!
¿”Jī”? ¿No era así como llamaban a los cachorros de Kantas que estaban encerrados en las jaulas?
Al pensar en eso, Bai y Blake lo miraron con una expresión que ya no era solo de precaución… sino de enemistad declarada.
¡Este sujeto… lo que más le gusta comer son Kantas! ¡Esto es absolutamente imperdonable!
Me encanta leer sus comentarios. A veces siento que ustedes solos podrían armar pequeños teatrillos con ellos.
Por ejemplo:
[Usuario Danonino]: ¡El conejito es tan tierno, tan tierno, tan tierno! ¡Al fin se reencontró la familia! ¡Qué alegría!
[Usuario SoyTofu (rascándose la nariz)]: Sí, reencontrados… en la jaula de la cocina de otra gente…
[Autora (¡con el cabello parado del susto!)]: ¡¡囧!!