Capítulo 38

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El día de la boda

Zhuang Yan y su compañero fueron a la ciudad a comprar lo necesario para el banquete de bodas y de paso llevarle el cargamento al señor Gu. Al llegar a la bodega de la familia Gu, cuando este se enteró de que iban a casarse, preguntó expresamente la fecha, diciendo que quería visitarlos para brindar por la celebración.

Si un invitado quería ir a casa a tomar una copa de vino de boda, los anfitriones no tenían motivo para negarse. Después de que Zhuang Yan aceptara sin reservas, el señor Gu mandó que les sacaran varias jarras de vino, diciendo que lo consideraran su regalo de bodas.

El obsequio del señor Gu no era nada modesto, así que Zhuang Yan supo de inmediato que su vino de alto precio debía de haberse vendido bien, y que por eso se mostraba tan atento.

Al salir de la bodega, primero fueron a dar una vuelta por la calle principal. Querían ver los precios de los locales comerciales, pero al no encontrar nada adecuado se fueron directo al mercado.

Zhuang Yan ya se había informado con el jefe del pueblo sobre los platos que se servían en los banquetes de boda de la aldea, pero pensaba añadir algunos más. Quienes vinieran a tomar el vino de boda a su casa serían sin duda familias que entendían las normas y sabían corresponder, así que debía atenderlos bien. Además, quería que Wan Tianning ganara prestigio, para que nadie criticara la calidad de los platos.

Ese día habían salido con su carreta de bueyes. Al regresar, la plataforma de la carreta estaba repleta de cosas. Wan Tianning iba sentado en ella, sumergido entre un montón de objetos, pero estaba bastante contento porque así le daba menos el viento.

Zhuang Yan guiaba la carreta delante, con las manos heladas por el viento frío. Pensó que tenía que hacerse un par de guantes, si no, ese invierno iba a morirse helado.

Al entrar en el pueblo, cuando pasaban por casa de la familia Fang, la tía Fang los detuvo. Quería que Zhuang Yan o Wan Tianning se quedaran en su casa unos días, porque según la costumbre, los novios no podían verse en los días previos a la boda.

“Tía, no hace falta molestarse. ¿Acaso no está todavía la pequeña choza de paja en casa? Yo me las apañaré allí unos días”. Zhuang Yan conocía esa regla que mencionaba la tía Fang, solo que antes no había caído en ello. Ahora que alguien lo mencionaba, lo acatarían y ya está.

Zhuang Yan dijo que se iría a la choza de paja y a la tía Fang no le pareció bien, pero él se negó de forma tan tajante que por un momento ella no supo qué más decir, solo pensaba en que ahora mismo esa choza no tenía nada, ¿cómo iba alguien a vivir allí?

Wan Tianning tampoco quería que Zhuang Yan viviera en aquella choza en ruinas, pero tampoco quería molestar a otros, así que aguantó sin decir nada, pensando en hablarlo más tarde cuando regresaran a casa.

Justo cuando iban a irse, la tía Fang volvió a detenerlos para contarles otra cosa. Esta vez se trataba del asunto de la familia Zhang.

Los dos viejos de la familia Zhang siempre habían vivido en la vieja casa de la aldea, pero el viento del día anterior había volado una esquina del techo de su casa. Al romperse el alero, este golpeó al viejo Zhang. Aunque esa misma mañana la vieja Zhang había pedido a los aldeanos que lo llevaran a la clínica de la ciudad, el viejo Zhang era mayor y había estado toda la noche sin atención, no se sabía si podría salvarse.

Zhuang Yan no tenía muchos recuerdos de los dos viejos de la familia Zhang, solo sabía que cuando tuvieron el conflicto con los Zhang, aquellos dos ancianos habían sido como personas invisibles. Pensó que probablemente no eran mala gente.

“El cielo no tiene ojos, quienes deberían recibir su merecido no lo han recibido”, comentó Zhuang Yan con pesar.

La tía Fang asintió al instante: “Eso mismo digo yo. Esa madre y ese hijo huyeron, dejando a los dos viejos sufriendo en el pueblo. ¡Cuando en realidad el que más merecía un escarmiento es Zhang Quan! ¡Ese sí que es un peligro!”

── .✦

Después de regresar a casa, ordenaron las cosas que habían comprado ese día. Entonces Wan Tianning mencionó que se iría a vivir a la choza de paja.

“Creo que ese lugar está bien, viví allí varios años y estoy muy acostumbrado”. Wan Tianning sabía que Zhuang Yan había crecido en un lugar bueno, así que no soportaba hacerlo pasar penalidades de nuevo. Pensaba que la choza de paja no era tan mala, y además solo serían tres días, pasarían rápido.

Wan Tianning lo dijo con firmeza, como si ya lo hubiera decidido, pero a Zhuang Yan de repente le vino a la mente que todavía no habían hablado bien del tema de quién se casaba con quién.

“Tianning, ven aquí, tengo algo que decirte”. Zhuang Yan ya lo había pensado antes. Aunque se casaba con Wan Tianning, no era que lo estuviera tomando por esposo, sino que se unía a la familia Wan como yerno adoptivo. La verdad era que, por cómo estaban las cosas, realmente era un yerno adoptivo, pues desde el principio había estado viviendo y comiendo en casa de los Wan.

Después de contarle a Wan Tianning lo que pensaba, Zhuang Yan vio la sorpresa en su rostro, y al ver esa expresión le importó todavía menos la nimiedad de ser un yerno adoptivo. Sabía que, sin importar la época, un hombre hecho y derecho que se unía a otra familia siempre era menospreciado, pero a él eso no le importaba.

La reputación le daba igual y los lazos de sangre aún menos. Ahora mismo ni siquiera recordaba quiénes eran sus propios antepasados, y seguramente sus futuros nietos, o los nietos de sus nietos, tampoco recordarían quién era él.

“Tianning, aparte de esto, mi identidad sigue siendo algo problemática. Los aldeanos dan por hecho que soy aquel niño, pero tú mismo lo dijiste: su padre solo se fue de la aldea, no falleció como su madre. ¿Y si algún día ese hombre regresa? ¿Qué hacemos entonces? No podemos terminar recibiéndolo en casa para mantenerlo, ¿verdad? La verdad, es que a ese hombre no lo respeto. No fue capaz de proteger a su propia esposa e hijo, y cuando los problemas llegaron a la familia él se largó sin más, qué falta de responsabilidad”.

“Sí, una vez escuché a mi padre mencionar un par de cosas sobre el mayor Zhuang, parece que a mi padre tampoco le caía bien”. Wan Tianning asintió, sintiendo que lo que decía Zhuang Yan era razonable.

[El mayor Zhuang: el hermano mayor de la familia Zhuang]

Al verlo asentir, Zhuang Yan continuó: “Así que para evitar problemas basta con que yo entre como yerno a tu familia, ¿no? Eso de unirme como yerno y casarse no es diferente, para entonces yo también seré agua derramada de la familia Zhuang y entonces los Zhuang ya no podrán entrometerse conmigo, ¿no es cierto?”

“Parece que así es”. El segundo Zhuang había venido a causar problemas apenas unos días antes, y Wan Tianning todavía no se lo quitaba del corazón. Si ese día Zhuang Yan no hubiera sido tan firme, tal vez se lo habrían llevado a rastras a la casa de los Zhuang.

[El segundo Zhuang: el segundo hermano de la familia Zhuang]

“¡Así es!” Zhuang Yan vio que ya casi lo había convencido y dio el veredicto final. “Tianning, tú quédate tranquilo en casa y dentro de tres días ven a recibirme cuando pase a ser parte de tu familia”.

Para los aldeanos, tres días no se diferenciaban en nada de los días normales, pero Zhuang Yan y Wan Tianning sintieron como si los días fueran años. De vuelta en aquella choza de paja en ruinas, Zhuang Yan nunca dormía tranquilo por las noches. El viento cortante de afuera se colaba por cualquier rendija de la choza y le dejaba el cuerpo helado durante toda la noche.

A Wan Tianning le pasaba lo mismo, estaba muy preocupado. Ya casi iban a casarse, ¿qué pasaría si Zhuang Yan se enfermaba por el frío?

Por suerte, aunque esos tres días fueron difíciles de soportar, transcurrieron lentamente entre tres amaneceres y tres anocheceres, y en un abrir y cerrar de ojos llegó el día de la boda. Ese día la casa de los Wan se llenó de bullicio desde muy temprano, y lo mismo ocurrió donde estaba Zhuang Yan, porque debía entrar por la puerta de los Wan antes de que clareara del todo.

Según la costumbre transmitida de generación en generación en el pueblo de Shanghe, al tomar esposa se hacía la ceremonia al anochecer, pero al recibir al yerno se hacía al amanecer.

Para hacer buena entrada, Zhuang Yan pidió prestado un caballo en casa del jefe del pueblo. Ahora avanzaba hacia la casa de los Wan rodeado de aldeanos curiosos, cabalgaba un magnífico y alto caballo hacia la casa de la familia Wan.

“Hermano Zhuang, yo te llevo las riendas”. Zhou Hu había sido entretenido esa mañana por unos aldeanos y cuando llegó apresurado Zhuang Yan ya había salido. Por suerte, el grupo de Zhuang Yan apenas estaba partiendo, así que se apresuró a acercarse, tomó las riendas del caballo y se puso en marcha junto con todos muy contento.

La choza de paja no estaba muy lejos de la casa de los Wan, apenas a un corto trecho. Por eso Zhou Hu dio un rodeo con el caballo, y llegaron a la puerta principal de los Wan en el momento justo.

Zhuang Yan desmontó frente al portón de la casa, y luego un grupo de personas lo rodeó mientras entraba. Wan Tianning ya lo esperaba en el salón principal. Como ninguno de los dos tenía padres, en el lugar del altar de los ancestros estaban colocadas las tablillas conmemorativas de los padres de Wan Tianning.

El jefe del pueblo ofició personalmente como padrino. Tras un cantar sonoro, ambos comenzaron a inclinarse ante el cielo y la tierra. Cuando terminaron las tres reverencias y la ceremonia quedó concluida, no hubo el paso de llevarlos a la cámara nupcial, porque Zhuang Yan entraba como yerno en la familia Wan y Wan Tianning no necesitaba acatar la costumbre de un ger recién casado de retirarse obedientemente a la habitación nupcial, sino que podía quedarse afuera a atender a los invitados junto con Zhuang Yan.

El señor Gu llegó al mediodía. Zhuang Yan no esperaba que un comerciante tan importante viniera realmente a su casa. Se alegró, pero al mismo tiempo tuvo una sospecha, pensó que quizá el señor Gu necesitaba pedirle algún favor.

La sospecha de Zhuang Yan se confirmó más tarde, pero ese día era su gran día de celebración, y ningún asunto era más importante que lo que estaban viviendo en ese momento.

Zhuang Yan y los demás ya habían encargado con antelación todos los asuntos de la cocina a quienes les ayudaban, así que ahora solo tenían que atender tranquilos a los invitados. En el pueblo, cada vez que había un acontecimiento animado, siempre y cuando no hubiera una relación muy tensa, todos se acercaban a compartir la alegría. Pero Zhuang Yan se fijó en que la gente que había ido al banquete de boda a su casa ese día coincidía bastante con lo que el jefe del pueblo había calculado.

La aldea tenía alrededor de un centenar de familias, lo que sumaría unas quinientas o seiscientas personas. Con un tercio presente, Zhuang Yan pensó que no estaba mal, esas personas eran más que suficientes.

En el banquete de bodas de Zhuang Yan y los demás, no solo los platos fueron abundantes, sino que también prepararon una buena cantidad de frutas, semillas y bocadillos, e incluso compraron caramelos. Pensaba imitar los banquetes de boda de su infancia, repartió dos caramelos de boda a cada persona a la hora de comer, para que todos los invitados probaran la felicidad que los acompañaba.

Todos disfrutaron durante el día, y cuando a la hora de la cena los platos fueron llegando uno tras otro a las mesas, las sonrisas en los rostros se hicieron cada vez más grandes. Cuando Zhuang Yan y Wan Tianning fueron mesa por mesa repartiendo caramelos de boda, los invitados mostraron aún más sorpresa y alegría.

Aunque solo dieron dos por persona, como ese día habían ido muchos invitados, tuvieron que repartir al menos varios cientos de caramelos, es decir, unos diez o quince jin de dulces. Esa cantidad de azúcar valía bastante dinero.

Lo que los aldeanos normalmente menos estaban dispuestos a comprar eran azúcar y carne, pero ese día en el banquete de bodas de Wan Tianning disfrutaron de ambas cosas, y además de carne hasta saciarse. Todos comieron con gran satisfacción y cuando finalmente los novios despidieron a los invitados, casi no se veía en ningún rostro una expresión de descontento.

Cuando los invitados del banquete ya casi se habían marchado, Zhuang Yan preparó algunas cosas para que los que habían ayudado se las llevaran a casa. Luego, ambos comieron algo más, y esa fue la primera comida como es debido que hicieron en todo el día, pues antes habían estado ocupados atendiendo a los invitados.

“Tianning, tienes hambre, ¿verdad? Come más, este cerdo estofado le pedí a la tía Fang que te lo guardara especialmente. Está hecho con su verdura encurtida, está delicioso”.

“¿Verdura encurtida? ¿Esto no es verdura salada?”

“También se le puede llamar verdura salada, supongo”. Zhuang Yan no paraba de servirle comida y Wan Tianning también le servía a Zhuang Yan. Ambos estaban realmente hambrientos, así que hablaban poco y se concentraban en comer. Solo cuando estuvieron medio llenos empezaron a conversar mientras comían más despacio. Fue entonces cuando Wan Tianning le dijo a Zhuang Yan que Wang Meizi no había venido a su banquete de bodas.

“Quién sabe por qué la hermana Meizi no vino, tal vez pasó algo en su casa”. Wang Meizi tenía a su anciana madre con mala salud en casa y Wan Tianning estaba algo preocupado, pero como ese día era una fecha especial no podía ir a ver qué pasaba.

Zhuang Yan no quería ocuparse de una persona ajena. Después de llenar el estómago, empezó a preocuparse por otro problema, el asunto más importante de ese momento, su noche de bodas.

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