Capítulo 45

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La melaza está lista

Zhuang Yan mantenía un semblante tranquilo y abierto. Si alguien quería halagar, él estaba dispuesto a aceptarlo. Además, lo que Wang Meizi había dicho era verdad, no tenía por qué sentirse incómodo.

Zhuang Yan no sabía que sus pocas palabras habían causado un fuerte impacto en todos los presentes. En toda su vida, jamás habían visto a alguien tan directo como Zhuang Yan y de inmediato todos volvieron la mirada al unísono hacia Wang Meizi.

La vergüenza que Wang Meizi sintió en su interior probablemente solo ella la conocía. Aunque sus ojos ya estaban en lágrimas, seguía asintiendo con una sonrisa, dando la razón a Zhuang Yan. Solo que verla así provocaba una inmensa compasión en cualquiera que la mirara.

Aquella apariencia lastimera de Wang Meizi hizo que todos sintieran lástima por ella. Mei Qiang incluso abrió la boca para decir unas palabras a su favor, pero lo que dijo empeoró todavía más la expresión de Wang Meizi.

“Hermana mayor Wang, tú eres la muchacha más filial de nuestra aldea, eso lo sabe todo el mundo. Tu madre tiene una hija como tú, qué buena fortuna la suya”. Mei Qiang no mencionó en absoluto lo que Zhuang Yan acababa de decir, sino que habló de otra cosa, dejando claro que también estaba de acuerdo con las palabras de Zhuang Yan. Aunque halagó a Wang Meizi por su piedad filial, la forma en que se dirigió a ella dejó a Wang Meizi aún más abatida.

¡Sentía como si una gran roca le oprimiera el pecho, ni siquiera podía respirar con normalidad! Al instante se arrepintió de haber ido a comer aquella comida.

Wang Meizi tenía más o menos la misma edad que Zhuang Yan, ya había cumplido diecisiete y estaba a punto de llegar a los dieciocho. Mei Qiang tenía la misma edad que el segundo hermano de Zhou Xiaoxing, ese año solo tenía dieciséis. Llamarla hermana mayor a Wang Meizi era apropiado, solo que ese “hermana mayor” suyo hizo que la pequeña ilusión que Wang Meizi había albergado en su corazón se desvaneciera velozmente.

Después, Zhou Hu se apresuró a cambiar de tema y todos, con mucho tacto, no volvieron a mencionar el incidente de hacía un momento. Wan Tianning, sintiéndose algo apenado, tomó la iniciativa de asarle carne a Wang Meizi. Por su parte, Wang Meizi se rehízo sorprendentemente rápido, y en un santiamén ya estaba riendo y bromeando alegremente con todos los demás.

Zhuang Yan y su compañero no regresaron hasta después de la comida de la tarde. Apenas salieron de casa de los Zhou, Wan Tianning le dio un golpe a Zhuang Yan. Era evidente que no había golpeado fuerte, pero Zhuang Yan se agarró el brazo a propósito diciendo que le dolía.

“¿Cómo te va a doler, si te he dado ligero toque?” Wan Tianning estaba algo enfadado por la brusquedad que Zhuang Yan había mostrado durante el día, pero no podía regañar a Zhuang Yan delante de gente ajena. Aun así, al fin y al cabo pensaba que Zhuang Yan había hecho mal y, aunque ya había pasado todo el día, aún le daba vueltas a lo sucedido, por eso le había dado aquel golpe.

Ahora que el camino era ancho, ambos podían caminar uno al lado del otro. Zhuang Yan se colgó del brazo de Wan Tianning y le pidió que le diera un masaje. Wan Tianning soltó una risita viendo su descaro, pero en verdad se puso a darle un masaje. Nunca se había imaginado que su Hermano Zhuang tuviera ese lado tan infantil.

Cuando Wan Tianning se rio, Zhuang Yan supo que en realidad no estaba enfadado y solo entonces se explicó con cuidado.

Zhuang Yan pensaba que Wang Meizi se parecía mucho a lo que sus compañeras de estudios llamaban “té verde”, pero no se atrevía a asegurarlo. Al fin y al cabo, ¿un lugar tan sencillo y honesto podía criar a una persona con tantas intrigas? Pero después de ese día, pudo confirmarlo. Wang Meizi era astuta y además le encantaba hacerse una buena persona.

“Hoy no te halagaba de verdad. Sigue sin aceptar la derrota, no reconoce que otros son mejores que ella, y todavía guarda rencor porque en el taller de bordado le bajaron el precio de sus bordados. Si hoy dijo todo aquello, fue solo para oír de mi boca palabras que te negaran, te menospreciaran y que la halagaran a ella”.

“Hermano Zhuang, ¿no estarás dándole demasiadas vueltas?” Las palabras de Zhuang Yan dejaron a Wan Tianning completamente confundido. No lograba ver tanto trasfondo, solo sabía que lo dicho por Zhuang Yan había dejado en ridículo a Wang Meizi. Aturdido, hasta volvió sin darse cuenta a la forma anterior de llamarlo.

Zhuang Yan tampoco esperaba que Wan Tianning lo entendiera de inmediato. Sabía que para Wan Tianning, Wang Meizi era una gran persona, porque en los días de penurias de él, Wang Meizi lo había ayudado.

En cuanto a Wang Meizi, Zhuang Yan tampoco quería darle muchas vueltas y además era solo que a él personalmente le desagradaba un poco; ese desagrado venía más de una intuición, no es que tuviera pruebas de que fuera una mala persona. Después de dejar de pensar en lo de Wang Meizi, el tono de Zhuang Yan se volvió mucho más alegre y, señalando el error que Wan Tianning acababa de cometer, le dijo: “¡Te equivocaste!”.

Wan Tianning volvió a mirar a Zhuang Yan con cara de desconcierto, sin saber qué era lo que ahora había hecho mal. Pero Zhuang Yan se señaló la boca y pronunció en silencio dos palabras, entonces Wan Tianning se acordó.

“Yan”. Al darse cuenta de que solo se había equivocado al llamarlo, Wan Tianning se relajó. En cuanto corrigió la forma de llamarlo, Zhuang Yan lo tomó de la mano y lo llevó corriendo de vuelta a casa.

Una vez dentro, Zhuang Yan cerró el portón del patio de un empujón, abrazó a Wan Tianning y le dio un beso. Después de lo sucedido ese día, volvió a sentirse agradecido de corazón, menos mal que quien lo había recogido y llevado a casa aquel día fue Wan Tianning. Si lo hubiera recogido Wang Meizi, ¿tendría ahora que casarse con ella?

Solo de pensar que su esposa fuera Wang Meizi, sentía escalofríos por todo el cuerpo y un malestar insoportable.

Wan Tianning estaba fuertemente abrazado, aunque sentía vergüenza, al fin y al cabo estaban en el patio de su propia casa, le extendió los brazos y le devolvió el abrazo. Todavía quería esconder la cabeza en el pecho de Zhuang Yan, cuando todo su cuerpo se vio de repente levantado.

En un abrir y cerrar de ojos ya estaban en la cocina. Lo sentó sobre la mesa y luego su rostro quedó apresado entre un par de manos grandes, mientras un calor repentino se posaba en sus labios. Zhuang Yan lo estaba besando.

Cuando ambos regresaron, ya era tarde. En ese momento la cocina estaba sin lámpara y completamente a oscuras. Zhuang Yan en la penumbra, se tomó libertades de besarlo apasionadamente, con atrevimiento, hasta que sintió que la persona entre sus brazos empezaba a resistirse, solo entonces se detuvo a regañadientes.

“Tianning”. La voz de Zhuang Yan sonaba un poco agraviada. Ya era bastante con no poder tocar de verdad a su esposo después de haberse casado con él, encima ni siquiera podía besarlo hasta quedar satisfecho.

Wan Tianning notó el agravio en la voz de Zhuang Yan y le dio por iniciativa propia un beso en la mejilla, antes de decirle, entre divertido y desesperado: “Es que antes me estaba quedando sin aire”.

“…” Zhuang Yan se había dejado llevar momentáneamente por la pasión y había perdido el control, pero la interrupción lo había calmado. Soltó un par de risitas y lo levantó en brazos, luego fueron juntos a echar un vistazo al trigo que estaba germinando.

Al ver que los brotes de trigo ya tenían una altura de dos o tres centímetros, pensó que pasado mañana ya podrían hacer la melaza. Tener una cosa más de qué alegrarse le hizo sentir otra vez emoción.

Después de lavarse y meterse en la cama, ambos se buscaron mutuamente con naturalidad para abrazarse. Zhuang Yan le palpó la espalda a Wan Tianning y notó que la persona entre sus brazos engordaba muy despacio, por lo que volvió a decirle: “ Tienes que comerte dos de las nueces que compré ayer cada mañana, ¿entiendes?”.

“Mmm”. Wan Tianning sabía que Zhuang Yan se preocupaba por su cuerpo y él también quería crecer y engordar cuanto antes. Por eso, aunque le parecía un poco un desperdicio, decidió hacer caso a Zhuang Yan y comer más de aquello que lo ayudara a crecer y engordar.

Despertaron tras un sueño tranquilo, ya era el día veintiséis del duodécimo mes. En unos días más sería el Año Nuevo. Esos días casi todos los hogares estaban atareados, porque tenían que preparar las cosas para el Año Nuevo y también todos los objetos necesarios para visitar las tumbas.

Ese día, Zhuang Yan y su compañero todavía tenían que cocer la melaza, así que al despertar tampoco se quedaron en la cama, sino que se levantaron rápidamente.

Los camotes para cocer la melaza ya los tenía Zhuang Yan preparados, la gran olla ya la había comprado y estaba en casa. Ahora no se molestaban mientras cocían la melaza y cocinaban el arroz al mismo tiempo.

El desayuno que hicieron ese día fue sencillo. Fideos con carne picada salteada. Mientras Zhuang Yan comía los fideos, iba calculando mentalmente los gastos de aquellos últimos días. Últimamente no habían dejado de gastar dinero sin ganar nada. Después del Año Nuevo tendrían que buscar una buena forma de ganar dinero. Si solo hubiera salidas y no entradas, no podrían permitirse comer todos los días arroz blanco y harina blanca.

Cocer la melaza no era complicado, pero sí llevaba su tiempo, además había que estar pendiente del fuego en todo momento. La intensidad del fuego debía ser la adecuada, no fuera a ser que estuviera demasiado fuerte o demasiado flojo y afectara el color y la textura de la melaza.

Ese día Wan Tianning por fin tuvo tiempo para sus labores de bordado. Por miedo a que Zhuang Yan lo golpeara sin querer, no se sentó a su lado, sino que agarró un taburete pequeño y se sentó cerca de él, lo bastante para seguir estando cerca pero sin que Zhuang Yan pudiera golpearlo con sus movimientos.

“Yan, antes dijiste que se podía bordar poemas en los pañuelos, ¿verdad? ¿Qué se podría bordar en este?”

Los pañuelos normalmente eran objetos personales de las señoritas. Zhuang Yan pensó que bordar frases sentimentales no era apropiado, lo mejor sería un poema sobre un paisaje. Echó un vistazo al pañuelo que Wan Tianning tenía en la mano y de inmediato le vino a la mente un verso. “El loto asoma apenas su puntiaguda punta, y ya una libélula se posa sobre su extremo”.

El dibujo del pañuelo que Wan Tianning sostenía se ajustaba a la perfección a aquel poema.

Wan Tianning no sabía leer ni mucho menos escribir, pero después de repetir en voz baja varias veces el poema que Zhuang Yan le había recitado, una gran sonrisa le iluminó el rostro. Luego extendió la palma de su mano rápidamente para que Zhuang Yan le escribiera los caracteres uno a uno.

Zhuang Yan sabía que Wan Tianning no sabía leer y en ese momento él estaba más contento que nadie. Ya antes había querido enseñarle a Wan Tianning a escribir, ¡y ahora se alineaban varias cosas a la vez! Tianning no solo podía aprender poesía, sino también hacer modelos de bordado, además podía aprender muchos caracteres.

¡Wan Tianning tenía una buena memoria! Zhuang Yan le escribía un carácter en la palma de la mano, él lo repasaba en silencio varias veces y luego se ponía manos a la obra. Los caracteres que habían caído en su palma quedaban plasmados a la perfección sobre la suave y hermosa tela del pañuelo, además la composición y la disposición eran justo las adecuadas.

Zhuang Yan creía que las personas con excelentes habilidades para el bordado debían ser todos muy inteligentes, con una gran capacidad de pensamiento espacial. Un hermoso bordado se veía con capas claramente definidas, pero al tacto resultaba plano y suave. Antes de empezar a bordar, seguramente ya habían concebido en su cabeza toda la composición del dibujo, y al bordar, sin importar dónde clavaran la aguja, ya estaba calculado, y solo así podía presentarse a la perfección una imagen bordada.

Ambos habían colaborado con una sincronía perfecta, y cuando aquel día aparentemente despreocupado pero en realidad agotador, llegó a su fin, ambos habían cosechado mucho.

Zhuang Yan había conseguido una olla de melaza a medianoche y Wan Tianning también había logrado una labor de bordado que lo dejó satisfecho. Pero la melaza de Zhuang Yan presentó un desafío en el último paso.

En casa no tenían todos los utensilios preparados, ¿cómo debía conservarse la melaza de la olla?

“Bueno, usemos directamente la tabla de cortar. Tianning, ve a sacar la harina de trigo. En casa no tenemos harina de maíz, pero usar harina de trigo como sustituto debería funcionar”. Sin la harina que actuara como separador, la melaza se pegaría. Con la harina mezclada, podría conservarse durante mucho tiempo.

Fue sacando la melaza de la olla a grandes cucharadas y Zhuang Yan la vertió directamente sobre la tabla de cortar. Luego, cuando la temperatura fue la adecuada, la estiró, la lanzó y la sacudió dándole forma de tiras alargadas. Cuando las tiras de caramelo se endurecieron solo tuvo que partirlas con el lomo del cuchillo en trozos.

Cuando el primer trozo de melaza estuvo partido, Wan Tianning ya llevaba un buen rato con la cabeza asomada al lado. Zhuang Yan le metió un trozo en la boca y lo miró con expectación.

En realidad, cuando aún estaban cociendo la melaza, ya habían probado el jarabe con los palillos. En ese momento Zhuang Yan ya tenía la seguridad de que su melaza sería un éxito. Ahora, la sorpresa en el rostro de Wan Tianning y su pulgar levantado confirmaban que la suposición de Zhuang Yan era correcta.

“¡Está muy buena!” El sabor dulce y fragante en la boca hizo que Wan Tianning mirara varias veces sin poder evitarlo a la melaza de la olla. ¡Ya estaba calculando cuánto dinero les costaría comprar toda esa cantidad de caramelo!

“Hermano Yan, come”. Se apresuró a agarrar un trozo de caramelo y se lo metió en la boca a Zhuang Yan. Con el sabor de aquella melaza de camote, Zhuang Yan estaba aún más sorprendido que Wan Tianning, porque era mucho mejor de lo que había imaginado.

Si la melaza sabía bien, era natural que ambos trabajaran con más ánimo. Aquella olla de melaza les tuvo ocupados casi un día y una noche enteros, no se acostaron hasta pasada la medianoche.

Debido a la abundante cosecha ambos se sintieron profundamente satisfechos, y sumado al cansancio físico, durmieron muy profundamente. Al día siguiente, alguien llamó con insistencia a la puerta del patio, pero Wan Tianning ni siquiera se despertó con el ruido. Cuando Zhuang Yan se despertó aturdido, le tomó un buen rato confirmar que había alguien aporreando la puerta desde afuera.

Zhuang Yan salió bostezando, pero antes siquiera de abrir el portón del patio ya se le había pasado todo el sueño, porque reconoció quién era la persona que estaba afuera.

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