Capítulo 47

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No solo robó una cosa

Lo de Zhou Xiaoxing no se difundió tan rápido, pero los Zhou sí llegaron a saber de la actitud de los aldeanos y supieron que el asunto de su hija probablemente estaba resuelto.

Cuando ocurrió lo de Zhou Xiaoxing, la madre de Zhou había llorado toda la noche, igual que Zhou Xiaoxing. Había pensado que la reputación de su hija estaba arruinada y que en adelante seguro que no encontraría una buena familia. No esperaba que el asunto diera un vuelco y se resolviera de forma tan perfecta. Además, la madre de Mei Qiang, que los había seguido hasta casa de los Wang, cambió de opinión y dijo que si su hijo estaba dispuesto, ellos todavía reconocían aquel compromiso.

Si el asunto se había podido resolver, había sido enteramente gracias a las ideas de Zhuang Yan. Los Zhou ya se sentían muy avergonzados por haber ido a la casa de los Wan, que Zhuang Yan encima les hubiera ayudado a solucionar el problema les hizo sentir aún más agradecidos.

La madre de Zhou personalmente escogió de su casa un trozo de carne de unos diez jin y se dispuso a llevárselo.

La carne que la madre Zhou escogió era de la parte magra de la pierna. Esa parte era la más adecuada para freír carne rebozada crujiente, y también estofada como codillo era un plato principal. Ahora que el Año Nuevo estaba cerca, Zhuang Yan y su compañero tenían carne, aunque no tenían cerdo fresco. Llevárselo les vendría justo para freír carne rebozada crujiente para la fiesta de Año Nuevo.

El matrimonio Zhou, llevando consigo a su hijo mayor, fue a casa de los Wan y con solemnidad se disculpó con Zhuang Yan y Wan Tianning, y después les dio las gracias, expresando además su deseo de que Zhuang Yan no guardara rencor por la tontería que habían cometido esa mañana.

Zhuang Yan antes sí que había estado bastante enfadado, pero ya no lo estaba después de saber el motivo por el que se habían presentado en su puerta, si no, no les habría dado ideas.

“Tío, tía, no se preocupen. Xiaoxing es su hija, es natural que se preocupen por ella. Poner a la familia en primer lugar no está mal. No estoy enfadado ni guardo rencor, pueden estar tranquilos”. Zhuang Yan sabía por qué los Zhou eran buenos con él, esperaban que cuando subiera a la montaña con Zhou Hu pudiera cuidar más de él. Pero el hecho de que ese día hubieran sido capaces de enfrentarse a él por su hija, sin importarles si en adelante las dos familias podrían seguir tratándose o no, los admiró. Al menos el matrimonio Zhou no anteponía el beneficio a la lealtad, no desatendía a su hija por intereses; valía la pena tratar con personas así.

Después de que los Zhou se marcharan, Zhuang Yan y su compañero también conocieron todos los detalles del asunto. Supieron entonces que Wang Meizi no solo había divulgado aquellas palabras sin importarle la reputación de señorita de Zhou Xiaoxing, sino que también había metido en el saco a Wan Tianning y a él. Si no se hubieran empeñado en investigar hasta el fondo, ella en el futuro seguro que habría seguido rondándolos con su fachada de gran persona buena, y en ese caso, quién sabía cuántas veces más los habría perjudicado.

En el momento en que Zhou Xiaoxing había dicho aquellas palabras, Zhuang Yan no estaba presente y él naturalmente tampoco sabía que Wang Meizi también lo estaba. En realidad, cuando los Zhou se presentaron en su puerta, Wan Tianning ya sabía quién había divulgado aquellas palabras.

Zhuang Yan, al ver que Wan Tianning no había dicho nada desde hacía un rato, supo que debía de estar dolido y no le dijo mucho más. Al fin y al cabo, Wang Meizi era una gran persona buena en el corazón de Tianning y ahora que conocía su otra cara, era lógico que se sintiera triste.

Zhuang Yan dejó que Wan Tianning asimilara poco a poco el golpe, pero no esperaba que Wan Tianning fuera tan resolutivo. Fue directo al barril de arroz de casa, sacó varios jin, cortó dos trozos de carne curada y se dispuso a ir a casa de los Wang.

“Hermano Zhuang, voy a devolverle el favor que le debo y en adelante no voy a tratar más con ella”. En ese momento, en el rostro de Wan Tianning ya no había ni rastro de la tristeza de antes. Actuaba con decisión y ya estaba listo para salir.

Zhuang Yan apoyaba la decisión de Wan Tianning. Aunque le parecía un desperdicio darle el arroz y la carne de casa a las Wang, también sabía que su joven esposo era de los que pagan un favor, y además lo pagan con intereses. Si no, no lo habría llevado a casa solo por un caramelo, ni habría recordado durante tantos años a Wang Meizi por unos cuantos camotes, teniéndola siempre presente por su bondad.

Para que Wan Tianning rompiera definitivamente con Wang Meizi y cortara esa supuesta deuda de gratitud, Zhuang Yan pensó que no había problema en dar los regalos; no importaba.

Zhuang Yan decidió acompañar a Wan Tianning. De paso, podrían ir a casa del jefe del pueblo. En la víspera de Año Nuevo todavía tenían que visitar la tumba de los padres de Tianning y necesitaban encargarle al jefe que les ayudara a preparar el papel moneda.

Ahora ya estaban en pleno invierno y aunque fuera de día, era poca la gente con la que uno se topaba por el camino. Todos estaban en casa calentándose junto al fuego, además esos días casi no había trabajo en el campo; si acaso, solo tareas domésticas. Cuando ambos fueron a casa de las Wang, como era de esperar, no se encontraron con nadie.

En el camino no se toparon con nadie, pero a la puerta de las Wang sí oyeron todo un escándalo.

Nada más llegar a la entrada de las Wang, ambos vieron el portón del patio estropeado. Iban a entrar cuando oyeron que dentro había alguien discutiendo, escucharon vagamente el nombre de Wan Tianning. Zhuang Yan de inmediato le hizo una seña a Wan Tianning para que guardara silencio y con pasos muy ligeros, se quedaron junto a la puerta escuchando.

Sin saber lo que escuchaban, descubrieron un montón de secretos, ¡de los grandes!

Wan Tianning estaba tan furioso que las manos le temblaban. Soltó allí mismo lo que llevaba y en unos pasos entró en el patio de los Wang.

Al entrar, no saludó siquiera a la familia Wang y se fue directo a la cocina de las Wang. Apenas entró, se puso a rebuscar en el armario de los cuencos. Tal como pensaba, allí encontró el precioso cuenco pequeño que su padre le había comprado años atrás por un precio elevado.

“¡Mentirosa! ¡Ladrona! ¡Bandida!” Wan Tianning abrazando su pequeño cuenco tenía los ojos completamente enrojecidos. Aunque no dejó escapar ni un sollozo, las lágrimas le corrían sin parar.

El ruido que venía de la cocina alertó a las personas que estaban dentro de la casa. En el momento en que vio a Wan Tianning, ¡Wang Meizi entró en pánico por completo! Y al ver el cuenco que Wan Tianning sostenía entre sus brazos, su rostro quedó casi al instante pálido como un muerto, porque supo que dijera lo que dijera ya no serviría de nada.

“Tianning, Tianning, ¡perdóname! No tuve otra opción, acepto que me pegues o me insultes, ¡perdóname, perdóname!”

Wan Tianning miró a Wang Meizi, que de nuevo ponía aquella expresión lastimera, ¡pero ya no sentía ni la más mínima compasión! Pensó que era verdaderamente ridículo, ¡haber tenido a una ladrona por su bienhechora durante tantos años! ¡Qué tonto era, era un grandísimo tonto!

“Wang Meizi, ¿cómo puedes ser tan buena actriz? ¿Por qué no te haces actriz de teatro y actúas profesionalmente?” No queriendo decirle ni una palabra más a Wang Meizi, Wan Tianning ya se iba abrazando su pequeño cuenco. Pero la madre de Wang Meizi era aún más desvergonzada, abrió la boca y directamente dijo que Wan Tianning estaba robando cosas de su casa, ¡y le exigió que soltara el cuenco!

“¿Robar? Entonces, ¿vamos a denunciarlo a las autoridades? Wang Meizi, dime, ¿vamos a denunciarlo?” Zhuang Yan ya sabía de antes que Wang Meizi no era buena persona, ¡pero no esperaba que fuera ruin hasta ese extremo! ¡Lo de que antes robaran cosas de casa de Tianning también era obra suya!

Solo de pensar que Wang Meizi se hacía pasar por la bienhechora de Tianning y disfrutaba tranquilamente de su bondad, Zhuang Yan sintió que esa persona era sencillamente espantosa y desvergonzada.

La furia y el asco que Zhuang Yan sentía en su interior se reflejaron por completo en su rostro. Era alto y corpulento, y ahora, con la cara sombría, resultaba naturalmente aterrador. La madre de Wang Meizi retrocedió asustada. Wang Meizi se apresuró a sujetarla para que no volviera a abrir la boca.

Sin querer permanecer ni un minuto más en aquella casa, Zhuang Yan sentía que hasta el suelo de esa familia era sucio. Wan Tianning pensaba igual que Zhuang Yan, pero antes de irse Wan Tianning todavía le dijo unas palabras a Wang Meizi.

“Wang Meizi, jamás pensé que tú también menospreciaras a los ger. De tu boca no sale ni una sola palabra sincera. Pero qué lástima, solo quien no tiene nada son hipócritas adulando a todo el mundo. Das mucha pena, pero de ahora en adelante yo ya nunca más me compadeceré de ti”.

Los dos habían escuchado a A Ying decir que Wang Meizi se había llevado a casa el cuenco pequeño de Wan Tianning, también había dicho que Wang Meizi menospreciaba a los ger y aun así se fingía cercana a Wan Tianning. Aparte de esto, naturalmente había más cosas, pero Wan Tianning ya no quería hacer cuentas. Hacer cuentas con alguien así no tenía sentido, lo importante era no volver a tener ningún vínculo con ella en el futuro.

Cuando ambos se fueron furiosos, A Ying sonrió y dio palmas.

Wang Meizi miró con odio a A Ying. ¡Todo era por su culpa, por su culpa!

“¿Y tú a mí qué me miras? Cuando me usabas de marioneta, ¿por qué no me mirabas así?” Esta A Ying era justo la persona a la que Wang Meizi se le había ido la lengua sin querer, también era alguien que antes había tenido el ojo en Zhuang Yan. En su momento, para animar a A Ying a conquistar a Zhuang Yan, Wang Meizi no había dejado de decirle a A Ying que Wan Tianning era inferior a ella.

También fue en aquel entonces cuando, entre palabras, había dejado traslucir su desprecio por los ger, menospreciando de todo corazón a los jóvenes ger.

El género de los ger apenas hacía unas décadas que se había definido con claridad en el gran reino de Yan. Antes solo existían hombres y mujeres, no había ger. Antiguamente, si se veía a un hombre con una gran barriga, lo más seguro era que lo tomaran por un gordo. Pero los ger son escasos, apenas unos cientos por condado, así que no era fácil encontrar a uno.

Sin ir más lejos, en el pueblo de Shanghe, contando a los ger de todas las edades, apenas sumaban tres personas.

En cuanto estalló el escándalo de ese día en casa de los Wang, A Ying al instante entendió las intenciones de Wang Meizi. Había ido a ajustarle las cuentas y no esperaba toparse además con otro espectáculo.

“La gente no debe hacer nada de lo que avergonzarse”. Respirando hondo, A Ying tampoco pensaba seguir discutiendo con Wang Meizi. Si la habían usado como marioneta, también era por su propia culpa, quién le mandaba no tener freno en la boca y contarle todo a esa mujer hipócrita.

“Wang Meizi, de ahora en adelante ve con cuidado. No todo el mundo es más tonto que tú y se deja mangonear, tampoco todo el mundo es tan tonto como Wan Tianning, que después de ser manipulado todavía te tenía por su benefactora. Tú y yo no volveremos a tratarnos, no sea que un día conspires contra mí hasta que no quede nada más que huesos”.

Resultaba que si A Ying había divulgado lo de Zhou Xiaoxing era porque su familia tenía cierto parentesco con los Mei y se había enterado de que la familia Mei pensaba emparentar con los Zhou. Como su madre quería casarla con los Mei, y a ella la posición de los Mei le parecía buena y aceptaba casarse allí, pues fue y le contó el asunto a los Mei.

Wang Meizi nunca imaginó que por su intención inicial de vengarse de los Zhou y de Wan Tianning, haciendo que la gente se enterara que Zhou Xiaoxing también había querido casarse con Zhuang Yan, ¡resultaría en que Zhou Xiaoxing estuviera a punto de comprometerse con la familia Mei!

Cuando oyó a A Ying decir que las dos familias se iban a emparentar, ¡sintió un odio inmenso! Wang Meizi sintió que era injusto, ¿qué tenía esa Zhou Xiaoxing, que no servía para nada, para casarse con una familia tan buena? ¡Y al pensar que después de arruinar la reputación de Zhou Xiaoxing, el enlace entre las dos familias seguro que se frustraría, sintió un placer intenso! Pero nunca esperó que ahora la reputación de Zhou Xiaoxing no se viera afectada, en cambio ella saliera perdiendo, ganándose la antipatía de todo el mundo.

[Esta tipa salió una vez en el capítulo 22 diciendo que el prota era guapo]

── .✦

Antes, Zhuang Yan y su compañero habían pensado en ir a casa del jefe del pueblo. Por aquel imprevisto, la visita al jefe del pueblo quedó sin hacer. Zhuang Yan pensó que aún faltaban unos días para la víspera de Año Nuevo, no había prisa.

Después de acompañar a Wan Tianning de vuelta, Zhuang Yan no pudo evitar echar una mirada hacia la casa de las Wang. Pensó que esa Wang Meizi era en verdad demasiado horrible. No solo era cruel, ¡sino también astuta y retorcida! Una persona así en un drama de intrigas palaciegas aguantaría por lo menos hasta la mitad de la serie, y salvo a los que tuvieran el halo de protagonista, ¡podría matar a todos los demás!

“Tianning no estés triste, al fin y al cabo ya conocemos su verdadera cara. De ahora en adelante simplemente no le haremos caso”.

“Ya no estoy triste, ¡solo me siento tan estúpido! ¡Cómo he podido ser engañado por alguien durante tantos años sin darme cuenta!” Cuanto más lo pensaba, más se enfadaba, pero como ahora sabía la verdad, Wan Tianning entendió de golpe muchas cosas del pasado.

Por ejemplo, que cada vez que Wang Meizi iba a su casa le preguntaba con preocupación si sus cosas estaban bien guardadas, que no las dejara desordenadas para que no se las robaran, y a los pocos días de que Wang Meizi estuviera en su casa, las cosas que tan bien escondidas guardaba eran robadas.

Antes jamás había sospechado de Wang Meizi, pero ahora que lo recordaba, resultaba que él mismo era quien le había ido diciendo a la ladrona dónde estaban todas sus cosas.

Cuanto más lo pensaba, más furioso se ponía. Wan Tianning no podía tragarse el enfado, ¡sentía que era un completo idiota!

“¡No! No puede ser solo este cuenco. Recuerdo que entonces ella vino a casa varias veces, y mi azadón pequeño también desapareció por aquella época. ¡Voy a buscar otra vez en su casa!” La imagen de Wang Meizi en el corazón de Wan Tianning había dado un giro de ciento ochenta grados. Cuanto más agradecido le estaba antes, más la aborrecía ahora. ¡Le parecía que Wang Meizi era aún más detestable que aquellos del pueblo que le robaban las cosas abiertamente!

Ahora no pensaba guardarle ni la más mínima consideración.

Dicho y hecho, Wan Tianning se dispuso de inmediato a volver a casa de las Wang. Zhuang Yan pensó que iba a pelear y sabía que su esposo estaba rabioso de furia, él mismo también sentía una gran indignación. Pero ya se habían ido de allí y volver a presentarse a golpear a alguien no estaba bien. Si hubiera sido en el momento justo del altercado, aún habría tenido pase.

“Mejor déjalo Tianning, ¿vale? De ahora en adelante simplemente dejaremos de tratarnos con ella”.

“No, voy a buscar mi azadón pequeño. Me lo hizo mi padre cuando tenía seis años, lo usé durante muchos años, voy a buscarlo”. No se sabía si por el recuerdo de sus padres o por haber sido manipulado y estafado por Wang Meizi, Wan Tianning, mientras se limpiaba con fuerza las lágrimas del rostro, ya se disponía a salir otra vez.

Zhuang Yan, al oír que aún había más cosas, naturalmente tenía que acompañarlo. Y al ir, justo se toparon con A Ying que salía furiosa.

Los dos grupos se encontraron de frente en la entrada del patio de los Wang. A Ying, al ver que estos dos volvían otra vez, pensó que regresaban para dar una paliza y con buena intención les advirtió que en esa casa solo había una viuda y una huérfana, que mejor no pusieran las manos encima, no fuera que esas dos mujeres, expertas en montar teatros y en mentir, no se supiera cómo iban a difamarlos por el pueblo.

Wan Tianning no le dirigió la palabra a A Ying, se limpió la nariz y entró. Zhuang Yan lo siguió. A Ying también entró al verlo, pues todavía quería ver un rato más el espectáculo.

Probablemente Wang Meizi nunca imaginó que Zhuang Yan y su compañero volverían después de haberse ido. Se apresuró a acercarse con una sonrisa forzada, pero Wan Tianning le espetó directamente: “¿Agarraste mi azadón pequeño o no?”.

“Tianning, ya no lo tengo, de verdad que ya no lo tengo. En aquel momento estaba confundida, pensé que si usaba ese cuenco para mi madre, quizá podría curar su enfermedad, ¡por eso lo agarre! De verdad que solo agarre un cuenco”. Mientras decía esto, Wang Meizi ya iba a agarrar la mano de Wan Tianning, pero ahora Wan Tianning no iba a dejarse engatusar por ella. Se apresuró a retroceder dos pasos, echó otro vistazo a su alrededor y luego se dirigió rápidamente hacia la parte de la letrina de la casa de las Wang.

En las casas del pueblo, el lugar para guardar las herramientas de labranza solía ser muy parecido. Las cosas pequeñas como las hoces se ponían en la pared más cercana al portón del patio, para agarrarlas fácilmente al salir y colgarlas directamente al volver. Mientras que cosas como los azadones o bien se guardaban en un cobertizo aparte, o bien se dejaban directamente en la letrina.

Al ver hacia dónde se dirigía Wan Tianning, Wang Meizi se asustó y se apresuró a seguirlo. A Ying de pie junto a Zhuang Yan, se tapó la boca para reírse. Con solo ver la expresión de Wang Meizi ya sabía el desenlace, esta Wang Meizi si había robado otras cosas.

El resultado fue tal como A Ying había previsto. Wan Tianning encontró efectivamente en la letrina su pequeño azadón. Pero un azadón no era algo único, a diferencia de un cuenco hecho especialmente. ¡Básicamente todos los azadones de cualquier casa eran iguales!

“Ese no es el tuyo, me lo hizo mi padre a mí, lo he usado durante muchos años”. Wang Meizi, resistiéndose a admitirlo hasta la muerte, insistía en que el azadón era suyo y hasta fue a arrebatárselo. Luego encima se echó a llorar y su llanto era cada vez más fuerte, su expresión cada vez más agraviada.

La forma general de un azadón ciertamente es más o menos parecida, pero tanto la pala de hierro de abajo como el mango de madera de arriba tienen pequeños detalles. Con una herramienta a la que estás acostumbrado durante años, ¿cómo no vas a saber qué aspecto tiene?

Las palas de hierro quizá pudieran ser iguales, pero por los hábitos de uso de cada dueño el grado de desgaste era distinto, y en algunas pequeñas zonas también habría ligeras diferencias. Además, ¡las vetas del mango de madera difícilmente podían ser similares! Viendo a Wang Meizi con aquella expresión como si hubiera sufrido la mayor de las afrentas, Wan Tianning sintió que era ridículo. También él agarró con fuerza su azadón, él también tenía los ojos enrojecidos, pero no lloró. Solo llamó a Zhuang Yan por su nombre y le pidió que fuera a buscar al jefe del pueblo y a los parientes de las Wang.

Si Wang Meizi chillaba tan alto era para atraer a la gente, para que alguien le hiciera justicia, para que todos supieran que Zhuang Yan y Wan Tianning se aprovechaban de una huérfana y su madre viuda. Pero ella sintió miedo cuando Wan Tianning tomó la iniciativa de llamar a la gente, porque no entendía qué era lo que Wan Tianning pretendía.

“Wang Meizi, probablemente ya lo hayas olvidado, pero en aquella época mi familia tenía un caballo. El jefe del pueblo y la familia Yang también tenían caballo. En aquellos años, solo nuestras tres familias tenían caballo en el pueblo. Por eso mi padre, el tío jefe del pueblo y el tío Yang a menudo se ayudaban entre sí para clavar las herraduras, y nuestras familias naturalmente se frecuentaban.

Es cierto que mi padre me compró este pequeño azadón, pero solo compró la pala de hierro. Este mango lo talló a mano el tío Yang. Hay un detalle muy especial en este mango de madera, seguro que el tío Yang y el jefe del pueblo todavía lo recuerdan”.

Wan Tianning dijo estas palabras sin apresurarse ni alzar la voz, pero resultaban aterradoras. Wang Meizi tampoco se atrevía a arriesgarse a si lo que Wan Tianning decía era verdad o no. También pensó que aunque no fuera verdad, el jefe del pueblo no la ayudaría a ella. Ahora que Wan Tianning y Zhuang Yan estaban casados y que Zhuang Yan era alguien con capacidades, el jefe del pueblo naturalmente los ayudaría a ellos.

Después de darle varias vueltas, Wang Meizi soltó lo que tenía agarrado y entonces rompió a llorar con más fuerza aún. Mientras se iba hacia el salón principal de su casa, gritaba: “Ustedes abusan de su poder, yo no puedo con ustedes, llévenselo, ¡llévenselo todo!”.

“Hermano Zhuang, ve a llamar al jefe del pueblo y a los parientes de las Wang, luego pídele a Lin Ping que te acompañe a llamar al tío Yang. A Ying, ¿te importaría quedarte aquí a esperar conmigo un rato?” Wan Tianning no esperaba que la propia Wang Meizi, aficionada a robar, ¡encima lo acusara a él de quitarle sus cosas! No sabía cómo podía Wang Meizi ser tan descarada, pero ese día él realmente no pensaba guardar la compostura.

Apenas terminó de hablar Wan Tianning, Zhuang Yan ya se disponía a ir. El motivo de pedirle a A Ying que se quedara era para que sirviera de testigo. Aunque Wang Meizi se había metido llorando en la casa, seguía pendiente de lo que sucedía afuera. Las palabras de Wan Tianning la asustaron tanto que no le quedó más remedio que salir rápidamente. Apenas salió, se apresuró a alcanzar a Zhuang Yan y a agarrarlo con fuerza sin soltarlo, solo entonces al fin admitió su error, pidiéndole a Wan Tianning que no hiciera el asunto más grande.

“¿Ahora al fin reconoces que me robaste el azadón?” Las facciones de Wan Tianning eran de apariencia amable. Normalmente no solo se le veía dulce y tierno, sino con cara de ser fácil de intimidar. Pero en ese momento, su expresión seria también sobresaltó a Wang Meizi.

Nunca había pensado que Wan Tianning pudiera ser tan despiadado, tan aterrador.

Con el rostro lleno de humillación, Wang Meizi asintió con la cabeza. Al fin no sostuvo la mentira hasta el final, solo entonces Wan Tianning se apiadó. Le dio las gracias A Ying y se fue junto con Zhuang Yan.

Después de regresar a casa, ninguno de los dos habló. Se quedaron un buen rato sentados en silencio.

Ese día, aunque no habían hecho ningún trabajo pesado, ¡estaban más cansados que tras una jornada entera de trabajo!

Zhuang Yan ordenó mentalmente los acontecimientos del día y se dispuso a consolar a Wan Tianning, pero Wan Tianning ya se había recompuesto por sí mismo.

“Yan, ¿mañana todavía vamos a cocer melaza?” El silencio de Wan Tianning desde hacía un momento, era frustración más que tristeza.

Se sentía demasiado tonto. ¿Cómo pudo ser tan ingenuo, tomando a la ladrona que le robaba sus cosas por una buena persona y benefactora? Cómo podía existir alguien como Wang Meizi, que se aprovechaba y encima se hacía la víctima, queriendo tanto el beneficio como el prestigio, usando esa reputación para sacar más ventajas.

“Yo creía que era muy filial, no esperaba que también usara a su madre como escudo”. Wan Tianning, al recordar que hoy Wang Meizi todavía había usado a su madre como excusa, se enfadó aún más. Ahora, esa persona llamada Wang Meizi había perdido en su corazón hasta la única virtud que le quedaba.

Tal vez al darse cuenta de que sin querer había vuelto a hablar de Wang Meizi, Wan Tianning agitó la mano con frustración. Zhuang Yan, al verlo, dejó de mencionar a las Wang y en su lugar habló de lo que tenían que hacer al día siguiente.

Al hablar de los asuntos de casa, la expresión de Wan Tianning fue mejorando poco a poco y hasta volvió a sonreír. Zhuang Yan continuó buscando maneras de distraer la atención de Wan Tianning. Para ello, se acostó temprano y echó mano de todos los recursos habidos y por haber, cantándole y contándole historias, hasta que por fin lo alegró y él dejó atrás sus preocupaciones.

“Yan, tienes razón. No importa salir perdiendo, lo que importa es aprender la lección. En adelante nunca volveré a ser tan tonto”. Las personas tienen un rostro en la parte visible y un corazón en la parte invisible. Por eso, las palabras bonitas en la superficie no se pueden creer por completo. En todo hay que guardar cierta reserva, que también es una forma de protegerse a uno mismo.

[No pensé que me encontraría en esta novela un personaje tan molesto como Wang Meizi, que hasta me hace no querer seguir leyendo].

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