Pronto Masain y el hombre pudieron llegar al campamento militar temporal estacionado en la llanura cerca de la Puerta Norte.
Parecía que era un campamento construido apresuradamente, y los uniformados de la Guardia Real, la Guardia Imperial y varios Caballeros Sagrados se movían juntos. Aún así, fue sorprendente ver que todo avanzaba con fluidez y sin confusión alguna en el sistema de mando.
Un caballero de rostro áspero que estaba dando instrucciones en voz alta a los soldados los vio cuando entraban y se acercó a ellos con el ceño fruncido.
Con su físico largo, cabello semigraso y ojos brillantes, era un rostro con el cual Masain estaba familiarizado.
Balthazar, el caballero más grande del continente. Probablemente uno de los caballeros más famosos de Delcross.
No sabía cuando regresó a este lugar desde el frente sur. El caballero caminó hacia adelante con tanto vigor como si fuera a golpearlo, pero inesperadamente se paró frente al hombre, puso su mano sobre su pecho y se inclinó levemente.
—Su Majestad.
“¿Su Majestad?”. Masain miró al hombre con ojos sorprendidos.
El hombre que se enfrentaba a Balthazar tenía un rostro ligeramente amargo.
—¿Por qué estás aquí? ¿Qué pasa con el Palacio Imperial?
—Le devolveré la pregunta. ¿Por qué está aquí y no en el Palacio Imperial? ¿Qué pasó con los exploradores? ¿Por qué está vagando solo?
—¿Cuánto tiempo tendré que esperar a los exploradores? Es más rápido si voy yo y hecho un vistazo.
—Mmm…
Pudo ver sangre brotando de la frente del feroz caballero comandante, pero antes de que pudiera decir algo más, el hombre rápidamente cambió de tema.
—Aún así, hubo resultados. Rescatamos a Masain de la fortaleza. Perseveró en una situación difícil.
El caballero comandante luego miró a Masain, que estaba de pie detrás del hombre. En ese momento, su expresión cambió sutilmente. Fue como si en su rostro dijera: ‘¿Por qué él?’ o ‘¿Por qué molestarse con eso?’ Por supuesto, logró componer su expresión en un instante y torpemente levantó la comisura de su boca hacia Masain.
—Me alegro de que estés a salvo, Masain.
“No parece que él realmente sienta eso”.
Con esa simple frase, Balthazar dejó de pensar completamente en Masain y giró su cabeza hacia el hombre centrando toda su atención en él.
—El Palacio Imperial está fuertemente defendido por los 3.° Caballeros de la Guardia Real y los Caballeros de San Aurelio. Hemos preparado un cuartel para usted, así que no se preocupe y descanse un poco.
—Sí, te confiaré la limpieza de la fortaleza de la puerta.
—Sí, Su Majestad. —Baltazar asintió levemente y se fue.
Sin siquiera prestarle atención a Masain.
Como descendiente de un príncipe caído, el trato cambió mucho en tan solo unos días. El hombre también parecía haber sentido la sutil diferencia y chasqueó ligeramente la lengua, pero Masain tenía un problema más importante.
En este punto, no podría seguir sin saber quién era el hombre frente a él.
—Um, ¿por casualidad usted es mi tío, el Príncipe Nathaniel?
Aunque fue hace mucho tiempo, Masain todavía tenía un vago recuerdo. Entre los miembros de la familia real con cabello rubio brillante, era el único niño con cabello negro. Nunca habló con él, pero recordaba que siempre tenía la tez pálida, como la de un enfermo.
El hombre parpadeó varias veces en respuesta a la pregunta de Masain.
—Solo te vi brevemente unas cuantas veces cuando era joven, así que no pensé que me reconocerías.
“Así que era él”.
El hombre asintió hacia Masain.
—Sí, soy Nathaniel Klein. Aunque es antes de la coronación, actualmente soy el Decimoséptimo Santo Emperador y tú tío.
Sólo entonces Masain comprendió la sutil reacción que el caballero comandante había mostrado antes. Él que había estado desaparecido y regresó de pronto, además de ser el descendiente del primer príncipe, pudo haber heredado el trono. Debió de ser muy incómodo, ver que había sobrevivido.
Sus pensamientos ya no continuaron. Esto se debió a que se acercó un caballero de rostro severo y uniforme negro.
—Su majestad.
—Lord Leandros.
Leandros, el caballero comandante de la Orden de San Terbachia y el líder de todos los exorcistas.
Siempre había mantenido una distancia en la lucha por el trono, pero, ¿cuándo comenzó a servir este hombre al nuevo emperador?
—Lo único que quedaba en la fortaleza era el niño pequeño. El Titiritero ya se fue —dijo Nate.
—¿De verdad crees que es un Titiritero?
Mantuvieron una conversación incomprensible en silencio.
—No puede haber dos personas con la misma presencia que él. Estoy seguro de que lo es.
—Entiendo, Su Majestad. Entonces ordenaré que lo persigan hasta Bretaña. —Lord Leandros asintió, hizo una cortés reverencia y se fue.
Por supuesto, ni siquiera miró a Masain.
—Mmm…
El hombre frunció el ceño por un momento, pero Masain sabía bien que era algo que no podía evitar. Antes de que pudieran dar unos pasos hacia el cuartel, otra figura se les acercó.
Era un hombre apuesto, de mediana edad, el arzobispo Caplan, una figura poderosa en el actual Santo Concilio y se rumoreaba que era la persona más joven en convertirse en cardenal.
—Su Majestad.
Fue cortés con el hombre de una manera noble, pero cuando vio a Masain, su tez cambió de inmediato. Fue una expresión descarada de algo extremadamente absurdo.
—Eso… ¿no tenía algún plan, Su Majestad?… ¿qué demonios?
Masain se quedó momentáneamente sin palabras ante el rostro que le preguntaba abiertamente por qué seguía vivo.
Como político experimentado, esto habría sido un error que normalmente no habría cometido. Sin embargo, el arzobispo Caplan reveló sus verdaderos colores y por un momento, las cejas del hombre se movieron y el aire a su alrededor se volvió notablemente más frío.
—Arzobispo Caplan.
Caplan tembló.
El hombre lo miraba con una leve sonrisa, y era la primera vez que Masain sabía que el rostro sonriente de una persona podía ser tan frío como una espada.
—Tatiana Caplan se convertirá en Emperatriz y Masain recibirá el apellido de Klanos. ¿Por qué no estás satisfecho?
—Su Majestad.
—Detente. —El hombre levantó la mano para silenciar al arzobispo. —Hay que saber cuando estar satisfecho. Nunca se sabe cuándo puedo cambiar de opinión.
El hombre sonrió con burla antes de continuar hablando.
—Es posible que desee anular el plan que has trazado.
El rostro del arzobispo palideció al escuchar eso. Se mordió el labio y miró a Masain por un momento, luego se enderezó e inclinó la cabeza cortésmente.
—Me disculpo por mi grosería, Masain.
El hombre caminó hacia el cuartel sin siquiera mirar al arzobispo. Masain lo siguió apresuradamente, pero le molestó mucho la mirada penetrante de los ojos que lo miraban desde atrás.
—Caplan puede parecer amable, pero es una persona bastante siniestra. Pensé en comer aquí, pero eso puede ser un error. Por el momento, sería una buena idea tener cuidado con lo que comes o con cualquier otra cosa.
El hombre chasqueó la lengua y le hizo un pequeño guiño a Masain.
—Sígueme. Empecemos por romper algunas nueces primero.
Finalmente llegaron al cuartel. Aunque era un cuartel militar construido apresuradamente, quizás porque estaba destinado al uso del emperador, estaba decorado con bastante comodidad.
El hombre, que tenía a Masain sentado a un lado de la cama, buscó entre su ropa y sacó una pequeña bolsa de nueces.
Desenvainó la espada y deslizó una nuez en el hueco que había entre la vaina y la guarda. La vaina, que tenía un extremo de metal, extrañamente tenía una abertura tallada en la curvatura del tamaño perfecto para colocar una nuez.
¡Clic!
El guarda se deslizó y cortó la nuez en trozos limpios y fáciles de comer. Fue un movimiento con la mano tan natural, como si usara a menudo la espada para hacer algo como eso. Masain tuvo que mirar tontamente los granos de nuez bien cortados que se amontonaban ante sus ojos.
—El nombre de esta espada es Cascanueces. ¿No es un nombre que realmente se adapta a su propósito?
“¿No era esta la espada a la que le infundiste aura hasta ahora?”
—¿Pero por qué nueces?
—Fue a través de una larga experiencia. Me di cuenta de que no es fácil hacerme una broma con la nuez a menos que rompan la cáscara. (n/t: por la comida envenenada)
“¿Una broma? ¿Es una metáfora? Por alguna razón lo dice con pena”. Pensó Masain mientras se llevaba una nuez a la boca.
De esta manera, Masain, hijo del primer príncipe y segundo en la línea de sucesión al trono en aquel momento, pudo pasar a estar bajo la protección del Santo Emperador con la condición de que recibiera el apellido de Klanos y renunciara al trono.
El Santo Emperador nombró al Cardenal Benitus como su tutor, y el Arzobispo Caplan no intentó abiertamente dañarlo, tal vez debido a la notificación del Santo Emperador.
Poco después, Masain pudo regresar a la academia como si nada.
*** ** ***
—Entonces, ¿te preocupa no estar logrando ningún progreso para convertirte en Auror?
—Sí, tío.
Masain había venido de vacaciones al Palacio Imperial. Había terminado el semestre rápidamente y regresó de la academia, pero ahora tenía que preguntarle de manera formal al Santo Emperador sobre sus planes futuros.
Originalmente vivía en el Laberinto de la Rosa Azul, pero ahora los hijos del actual emperador se convirtieron en los nuevos propietarios del palacio y después de tomar el apellido de Klanos. Ya no puede permanecer en el Palacio Imperial.
Sin embargo, cuando el Santo Emperador le preguntó sobre su vida en la academia, hablaban de diversas cosas. Sin darse cuenta, le estaba revelando su preocupación sobre la posibilidad de convertirse en auror.
“¿Por qué siquiera le estoy hablando de esto?”, pensó Masain confundido por un momento.
El Santo Emperador había estado escuchando su historia con una expresión bastante seria.
Los dos estaban sentados en la sala de recepción del Laberinto de la Rosa Azul, no en la oficina del Palacio Principal, porque el Santo Emperador, que había estado viviendo en el Palacio de los príncipes por alguna razón, lo había decorado como una oficina y lo estaba usando.
Aunque sólo se habían visto unas pocas veces, Masain pensaba que su tío era una persona muy interesante. En términos de edad, solo era cinco años mayor que él, pero curiosamente, cuando hablaba con él, sentía como si estuviera hablando con alguien mucho mayor.
Quizás sea así, por la madurez de ser un padre. A sus 21 años, el Santo Emperador ya era padre de cinco hijos.
El hijo de la Emperatriz, Logan. El hijo de la segunda emperatriz, Moores. Los gemelos pequeños que vivían en la residencia de la capital y la hija recién nacida de la reina Melody, Sisley.
No sólo la seguridad del Sacro Imperio sino también la vida de los cinco niños descansa sobre sus hombros.
De repente, afuera se escuchó la risa inocente de un niño. Masain se preguntaba si sería alguno de los príncipes, pero el emperador se levantó sorprendido y luego salió rápidamente de la oficina.
Masain sin darse cuenta giró la cabeza hacia la terraza abierta a la que había salido corriendo y se sobresaltó momentáneamente.
Esto se debió a que un niño se había subido a la barandilla del balcón del segundo piso al otro lado de la habitación y estaba colgando precariamente.
Era un niño de cabello rubio gris claro.
El niño se tambaleó por un momento, miró a su alrededor y luego saltó sin miedo.
—¡Aaaah! ¡Príncipe!
—¡Morres!
Posteriormente se escucharon los gritos de los sirvientes tardíamente.
—¡Es peligroso…!
Masain también se puso de pie en estado de shock. No pudo evitar imaginarse al niño rodando por el suelo, cubierto de sangre.
Afortunadamente, no era más que una falsa imagen mental.
¡Zaz!
El viento que soplaba desde algún lugar parecía rodear el cuerpo del niño y hacerlo flotar, pero el niño sonrió alegremente cuando fue abrazado por el Santo Emperador, quien ya había llegado bajo el balcón.
Era un chico realmente lindo, con las cejas ligeramente arqueadas y una expresión traviesa.
—¡Morres! ¿Cuántas veces te he dicho que no saltes así de ningún lugar?
—¡Abba papá! ¡Whoss! ¡Quiero que hagas el whoss! Ja ja ja ja
—…Este niño… de verdad.
El Santo Emperador pareció estupefacto por un momento, pero luego, obedientemente, lanzó al niño juguetonamente.
¡Pas!
¡Pas!
—Ja ja ja ja.
Fue un desastre total.
—Lamento haberte sorprendido, hermano Masain.
De repente, escuchó la voz desde un costado. Mirando hacia abajo, había un niño con el cabello color negro, que le recordaba al Santo Emperador. El niño extendió su mano hacia Masain.
El pequeño se acercó a él para estrechar su mano.
—Un placer conocerte. Padre Imperial dijo que vendría a visitarnos. Soy Logan. El mayor.
Era un niño tan peculiar como el otro hombre, ¿cuántos años tenía? ¿tres, quizás cuatro?
Masain sabía que solo era unos meses mayor que el niño que volaba en los brazos del Santo Emperador, pero hablaba con una madurez asombrosa.
—Hoy en día, Morres está obsesionado con saltar desde lugares altos. Si le quitas la vista de encima, aunque sea por un momento, salta de la nada.
No importa cuánto intenten los trabajadores vigilar al niño, él saltaba si ve una abertura, aunque sea por un momento.
Un día, mientras todos dormían, abrió el balcón cerrado y saltó. Se dice que cuando se rompió la frente, el Santo Emperador llegó corriendo al amanecer y derramó poder divino para sanarlo.
Sin embargo, no era posible cerrar todas las puertas o dejar encerrado al niño todo el día. Parece que esa era la razón por la cual el Santo Emperador estaba atrapado en el Laberinto de la Rosa Azul estos días.
—De todos modos, si pierdes de vista a los niños, aunque sea por un momento, ocurren accidentes —dijo el pequeño de cabello negro sacudiendo la cabeza.
Masain se quedó estupefacto.
“Incluso este niño…”
El Santo Emperador parecía estar resignado a esta situación.
—Si fuera una criatura que pudiera comunicarse mediante regaños, la señora Lizabeth no se habría escapado de casa —dijo el niño.
“¡Ah, era verdad! De repente, la primera reina emprendió un largo viaje a la casa de sus padres, en el Principado de Asein, y todo fue gracias a Morres”.
El Santo Emperador suspiró suavemente y acarició la frente del niño que sostenía.
—Niño, ¿no puedes dejar de causar problemas y saludar a tu hermano Masain como se debe?
—¿Hermano Masain?
El niño volvió la cabeza hacia Masain, sonrió alegremente y extendió sus manos. Estaba pidiendo que lo abrazaran.
Sin siquiera saberlo, Masain estaba recibiendo al niño de los brazos del Santo Emperador. Mientras el cálido peso del niño descansaba sobre sus brazos, una extraña sensación surgió dentro de él.
Después de perder repentinamente a sus padres y a su hermano mayor. Al perder a todos sus subordinados en la fortaleza por una maldición, siempre sintió que algo estaba vacío, como si a un rincón de su corazón le faltara algo. Parecía adaptarse sin ningún problema, pero el propio Masain pensaba que su condición definitivamente no era normal. Pero ahora mismo, algo se estaba llenando en ese rincón vacío.
—¿Hola… hermano Masain?
—…Hola Morres —Masain respondió al niño con voz ligeramente tranquila.
—Papá lo dijo. Que, a partir de hoy, estarás con nosotros siempre.
—Ya veo.
—Sí, entonces tú también me vas a ¡Whoss!, ¿verdad?
—…
Era un niño con un encanto peculiar.
Masain, sin querer, terminó rodando con los niños en el Laberinto de la Rosa Azul durante las vacaciones. Mientras se sorprendía por el comportamiento impredecible de Morres y siendo reprendido ocasionalmente por el viejo Logan.
Y a veces, se sentaba en la oficina del Santo Emperador comiendo las nueces que le ofrecía mientras escuchaba consejos inútiles, sobre cómo mover el aura con el poder de la voluntad.
Esos fueron los días que extrañó y que nunca volverán.
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¡Gracias por la ayuda~!

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