Capítulo 61: Herencia

Arco | Volúmen:

No disponible.

Estado Edición:

Editado

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

Unos ojos verdes como un lago profundo se encontraron con unos ojos gris claro que parecían cubiertos por una fina capa de niebla. Aldo levantó la mano para secarse las gotas de agua que le habían salpicado en la mejilla, tiró a un lado el paraguas negro con las varillas rotas y frunció ligeramente los labios, comentando con un toque de sarcasmo: 

—Una docena de personas pasmadas como tontos, todavía haciendo fila al lado del camino para que los vean; y tú, que casi mueres aplastado por una “ducha” antes de siquiera encontrar el Templo de Christo. Carlos, cada vez estoy más orgulloso de ti.

En ese momento, Carlos tuvo la fugaz ilusión de que habían regresado a los días de la Guerra de las Túnicas Negras. Rara vez tenían tiempo para encontrarse. Aparte de los informes de trabajo, casi no tenían otro tipo de comunicación, y el ajetreo los salvaba incluso de la incomodidad. Y Aldo, sin duda, era un jefe extremadamente exigente. Carlos estaba acostumbrado a trabajar solo y su espíritu de equipo era limitado; a menudo se olvidaba de las personas que llevaba consigo a las misiones. A veces, si algo salía mal, tenía que volver a rescatar a sus compañeros. Afortunadamente, los cazadores de aquella época no eran tan frágiles como los de ahora y al menos sabían cuidarse a sí mismos. Sin embargo, a pesar de ello, cada vez que presentaba el informe de bajas, Carlos siempre recibía alguna que otra burla de Aldo. Casi por instinto soltó: 

—Eh… lo siento.

Aldo le tendió la mano para ayudarlo a levantarse. Carlos también extendió la suya casi por reflejo, pero finalmente reaccionó. Su mirada se detuvo en la mano de Aldo por un segundo antes de apartarla torpemente fingiendo no haberla visto. Miró hacia abajo, se levantó por su cuenta y le dijo a Louis en voz alta, como si nada hubiera pasado: 

—Esa cosa… lo que usaste para romper el Dominio de Douglas, ¿te queda alguna más?

La mirada de Aldo vaciló, y luego, con aparente indiferencia, retiró la mano y la metió en el largo bolsillo de su abrigo.

A continuación, todos retrocedieron a un terreno más elevado. Louis sintió un alivio inexplicable al ver a Aldo. Al recordar su día lleno de sobresaltos, sintió como si “finalmente hubiera llegado el cuidador del zoológico”. Sin más rodeos, sacó su atesorada caja de “Perlas”.

—Este es uno de los logros de la base de investigación del Templo. —Louis explicó brevemente las funciones y el uso de estas bombas de bolsillo. Sintió que mientras hablaba, Carlos no apartaba la vista de las perlas, y se veía que tenía muchas ganas de acercarse y tocar una. Sin embargo, debido a la presencia de cierta persona, logró contenerse con un autocontrol increíble, fingiendo una expresión de lo más calmada mientras escuchaba las explicaciones de Louis. 

¡Pero si casi está babeando, señor! ¿Podría intentar no parecer tan desesperado? ¡Aunque la ‘Perla’ sea una belleza, definitivamente no pasará nada entre ustedes!

Aldo le echó un vistazo a Carlos, quien inmediatamente apartó la mirada de las “Perlas” y fingió estar preocupado observando a lo lejos el río Anlaner, que se agitaba sin viento.

Como hombre de la antigüedad sin la menor idea de lo que era una “bomba”, Aldo solo tardó menos de cinco minutos en comprender las características, los principios básicos y los puntos clave para el uso de las “Perlas”. Luego hizo una breve evaluación de este objeto bárbaro.

—Se puede usar, pero es mejor usarlo poco. Dices de usar una formación mágica para controlar el radio de la explosión… no es que no se pueda, pero las formaciones en sí no son tan precisas como los hechizos, y son difíciles de dominar para la gente común.

—¿Insinúa que…? 

—Nada, es solo una sugerencia. —Aldo hizo un gesto con la mano y le dijo a Louis—: El Templo ya no es mi responsabilidad. Hagan lo que crean conveniente.

Pareció cederle el mando a Louis con tranquilidad, viéndolo agacharse para discutir con el grupo dónde colocar la “Perla”, cómo proceder y cómo coordinarse. Por un instante, sintió cierto orgullo. Después de mil años, las armaduras de hierro de los caballeros se habían transformado en uniformes de tela suave; la mayoría tenía pocas cicatrices y hasta los callos en sus manos eran limitados. Sus aptitudes variaba enormemente, y en su mayoría parecían faltos de alerta, e incluso algunos eran algo estúpidos. Sin embargo, Aldo de repente sintió que, si llegaba un momento de peligro, tal vez no serían incapaces de levantarse y resistir.

Esta era una época segura, pero con tintes de peligro. La razón por la que los héroes tienen un cierto matiz trágico es porque han sobrevivido a la adversidad extrema, a las oleadas de hierro y sangre, experimentando tristezas o alegrías salvajes en un escenario enorme y solitario. Con una vida llena de altibajos, siempre anhelando retener cosas que no se pueden retener, al final, cargando con su leyenda inútil, sus corazones se vuelven poco a poco fríos como el hierro, convirtiéndose lentamente en una piedra… que vigila un ataúd para pasar los días.

La mirada de Aldo se posó en Carlos: este tipo parecía no considerarse nunca un extraño; participaba muy animadamente en la discusión y finalmente había logrado tocar la “Perla” que tanto le intrigaba. Por supuesto, cuando intentó aplastarla con los dedos con espíritu investigador, Louis lo detuvo firmemente, evitando que todos los presentes terminaran volando por los aires debido al error de su compañero. El rostro de Aldo, que solía verse un poco frío al apoyarse contra las rocas de la montaña, se suavizó de repente. Como una tierra yerma y congelada, acariciada por la primera brisa de primavera.

Él es como un diamante, pensó Aldo en silencio. Originalmente duro, pero habiendo pasado por un pulido aún más severo. Sin embargo, cuanto más peligros enfrentaba, más deslumbrante era, conservando su corazón puro, igual que cuando era un adolescente. Las cosas hermosas y preciosas siempre están al borde del precipicio más peligroso. Aún así, hay personas dispuestas a arriesgar su vida por ellas, buscándolas desesperadamente, sin importar si mueren uno tras otro en el camino… Por supuesto, Aldo no creía que fuera a morir en el camino; él solo estaba decidido a conseguirlo.

Louis era un buen líder. Tenía un currículum extenso: en sus primeros años fue un cazador graduado junto con Gal; más tarde, de acuerdo con sus intereses, se convirtió en erudito y luego en instructor, haciendo que innumerables cadetes bajo su mando rogaran por vivir o desearan morir; realmente era alguien capaz de portar un arma y mantener el control de una situación. Trazó de forma limpia y eficiente un plan de “demolición” brusco pero efectivo, sin la menor intención de dejar el Templo de Christo como “ruinas históricas” para que las admiraran las generaciones futuras.

Varios cazadores cooperaron tácitamente para dibujar la formación mágica. Aldo observaba a un lado, haciendo comentarios solo de vez en cuando. Luego, ató una “Perla” a una flecha con plumas. Cuando la formación mágica estaba a punto de completarse, solo necesitaban un cebo: en el instante en que el área submarina quedará expuesta, Aldo dispararía la “Perla” y, al mismo tiempo, Louis conectaría el último trazo de la formación mágica para detonarla.

Aunque Carlos no lo dijo en voz alta, realmente envidiaba mucho ese trabajo; parecía que incluso si le pidieran que colocara la “Perla” en el agua con sus propias manos, estaría encantado. En cuanto a la gloriosa y ardua tarea de ser el cebo, antes de que alguien pudiera reaccionar, se escuchó un grito.

—¡Ah!. 

Aldo había pateado a Andy hacia adelante. El pobre muchacho, como era de esperar, ya estaba en la lista de “cuidados especiales” de cierta persona.

El gran torrente se elevó hacia el cielo. Andy demostró una velocidad de carrera corta, huyendo a trompicones. Solo entonces, Aldo levantó su arco sin prisas. El agua parecía reflejar la luz de la luna, y en un instante, una fina luz plateada brilló en el borde de la ola. El hombre que tensaba el arco soltó la cuerda de repente; la Perla voló en línea recta y se coló con precisión por la rendija. Louis conectó el último trazo de la formación mágica.

La luz de la explosión de la Perla cegó a todos por un momento, y todo el valle se iluminó casi como si fuera de día. El agua del río salió despedida hacia el cielo, y hasta los que habían retrocedido hasta el acantilado se dieron, en mayor o menor medida, un baño de agua fría.

Todo el valle tembló.

No se sabe cuánto tiempo pasó antes de que la luz se disipara gradualmente. El río Anlaner se dividió en dos, como si la Perla hubiera abierto un gran valle de falla, revelando unos escalones de piedra desgastados y pulidos hasta quedar extremadamente lisos por la corriente del agua. Un canto suave y prolongado emanó de la grieta. 

La expresión de Carlos cambió de repente; empujó bruscamente a los que estaban frente a él y corrió hacia el río Anlaner dividido. Caballeros y caballos de guerra, transparentes como fantasmas, saltaron desde allí, chocando de frente y asustando a Evan y a otro cazador que estaba a su lado, haciendo que ambos cayeran al suelo al mismo tiempo. Estos caballos y guerreros, realmente como fantasmas, rugían en silencio; a pesar de que sus espadas se habían convertido en aire, seguían defendiendo este lugar.

Carlos los atravesó como si no existieran. 

¿Qué derecho tiene Douglas?, pensó Carlos. Incluso si realmente lo hizo por la herencia de Christo, incluso si realmente lo hizo por esta raza, esta raza nunca ha criado a Kevin ni un solo día. Todo lo que le han traído en más de diez años es dolor y más dolor; a ese niño ni siquiera se le informó sobre su linaje, y nadie le dio ningún sentido de pertenencia. ¿Simplemente por sus aptitudes innatas pueden privarlo arbitrariamente del derecho a ser un niño humano normal que tuvo durante diez años? ¿Por qué no puede ir a la escuela, al parque de diversiones, convertirse poco a poco en un niño malo que da dolores de cabeza, pelearse, faltar a clases y salir con chicas?

El Templo de cristal moteado finalmente apareció ante todos. Carlos clavó bruscamente la daga de mango largo en la enorme cerradura. Luego, con un fuerte sonido, la manija de la cerradura y el arma afilada se rompieron al mismo tiempo. Esa puerta que los humanos no habían empujado en miles de años se abrió lentamente, trayendo consigo el frío profundamente enterrado bajo el agua. Ese canto originalmente suave se hizo más claro, como si chocara con el agua de todas direcciones, produciendo un eco persistente. En el centro del Templo, el hombre que estaba sentado desplomado debajo del altar volvió lentamente la cabeza.

Aún había rastros de sangre en las comisuras de los ojos de Douglas, extendiéndose desde allí hasta sus mejillas en un rojo impactante. Su cuerpo estaba casi destrozado, parecía que se convertiría en polvo con el más mínimo roce; en su piel había grietas inhumanas, y sus venas y vasos sanguíneos estaban rígidos, como si lo hubieran secado por completo.

Abrió la boca en silencio, mostrando una sonrisa: 

—Me alegra mu… ver… 

Y luego no pudo emitir ningún otro sonido; sus cuerdas vocales se habían roto.

Las pupilas de Carlos se contrajeron. Vio a Kevin. El niño pequeño estaba sentado allí, de perfil hacia él; desde los muslos hacia abajo, había desaparecido por completo. Estaba inmóvil, como una muñeca rota.

Aldo levantó la mano, deteniendo a los demás, pero Carlos caminó lentamente hacia él. 

—Kevin…

—Kevin. —Llamó de nuevo, queriendo acariciar la cabeza del niño. Aún no lo había tocado cuando retiró la mano; los hombros del hombre cayeron, inclinó la cabeza y se puso en cuclillas lentamente—. Lo siento… lo siento por haberme retrasado tanto, yo…

Kevin levantó lentamente la cabeza. Su rostro seguía siendo infantil, e incluso, por la pérdida de sus dos piernas, se veía excepcionalmente pálido y frágil, pero su mirada era extremadamente tranquila, incluso insinuando un aura de muerte y pesadumbre. Miró fijamente a Carlos durante un rato y de repente dijo:

—Así que habían pasado tantas cosas. 

A Carlos casi se le escapan las lágrimas.

Millones de años de cambios en el mundo se resumen en la frase ligeramente confusa de un niño: “así que habían pasado tantas cosas”. La mirada de Aldo, sin embargo, saltó sobre Douglas, que solo podía jadear en su lugar, y se posó pensativamente en las piernas desaparecidas de Kevin; sus ojos brillaron.

Kevin guardó silencio durante un largo rato, y luego dijo con su voz de niño, en un tono llano: 

—Douglas, ¿aún puedes oír? 

Douglas movió ligeramente la cabeza; eso era todo el esfuerzo que le quedaba.

—La herencia te trajo ceguera porque no podías ver el futuro. —Las palabras de Kevin fueron muy lentas, como las de un anciano que se había encogido antes de madurar por completo—. Tus ojos estaban vendados, siempre creyendo la parte que querías creer. Ahora… La herencia me ha quitado las piernas; es sabia.

Los labios de Douglas se movieron levemente y sus ojos, que incluso estando ciegos, parecían rebosar de luz, se apagaron de repente. 

—Lo siento —dijo el niño suavemente, después de un momento de silencio— por haberte decepcionado.

El cuerpo de Douglas se convulsionó violentamente. Tal vez quería decir algo, pero ya no tenía la capacidad de expresar su opinión. Los músculos de sus mejillas temblaron por un rato, con los ojos muy abiertos, todo su cuerpo espasmando; luego abrió la boca formando un círculo y, sin poder emitir ningún sonido, exhaló su último aliento. Como un suspiro inconcluso, regresó al abrazo de la muerte.

Carlos se inclinó para levantar a Kevin con cuidado, pero el niño extendió una mano y lo apartó. 

—No —parecía haber mostrado una sonrisa, solo en sus grandes ojos entrecerrados se podía ver un poco de su anterior apariencia libre de preocupaciones—, a partir de ahora viviré aquí. Carl, la primera vez que te vi fue a la orilla del río Anlaner, cuando clavaste esa antigua espada sedienta de sangre en el lecho seco del río durante la estación seca. Todo el Templo se alarmó. En ese momento pensé, este joven realmente es capaz de tomar riesgos, pero para sobrevivir, realmente puede hacerlo sin importar las consecuencias. Oh… no. 

Las palabras de Kevin se detuvieron de repente. Después de un rato, dijo con algo de confusión: 

—Yo no te he visto, el que te vio fue Hegel. Una parte de él ahora vivirá dentro de mi cuerpo. De repente tengo a tanta gente viviendo dentro de mí, realmente es…

—¿Qué harás a partir de ahora, vivirás solo en el fondo del río donde nunca llega la luz del sol? —preguntó Carlos suavemente—: ¿No puedes fingir que no sabes nada, fingir que solo eres una persona normal, niño tonto? 

—No puedo —Kevin levantó la cabeza y lo miró; sus pupilas claras reflejaban la sombra del hombre—. Han entrado a vivir tantas personas dentro de mí, son demasiado pesadas, no puedo dar ni un paso más… Es una lástima, aún no he ido al parque de diversiones.

Evan soltó un sonoro sollozo.

—Pero tú eres quien más me gusta. —Kevin apoyó suavemente su cabeza en el pecho de Carlos, como un gatito prematuro, frotándose cariñosamente contra él—. Así que estaré de tu lado.

Por su extremismo y estrechez de miras, Douglas perdió sus ojos. Por su parcialidad, Kevin perdió sus dos piernas.

Esta era la cruel pero justa herencia de la raza de cristal.

Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x