Capítulo 79- Iglesia Ortodoxa. Parte 3

Arco | Volúmen:

No disponible.

Estado Edición:

Sin Editar

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

Después de que el Grupo de Investigación de Monstruos realizó un ataque sorpresa a los guardias de la capital y en menos de dos horas, ahora la escena estaba completamente limpia.

Aquellos que fueron traídos injustamente debido a enfermedades de la piel y otras erupciones abandonaron el patio de la guardia de la capital con una expresión bastante satisfecha en sus rostros después de recibir comida y dinero.

No había rastro de resentimiento en sus rostros. Podrían haberlo llevado al Tribunal de Herejía y torturado hasta la muerte, pero como el final fue bueno, todo pareció una serie de acontecimientos inesperados.

Otros pacientes gravemente enfermos fueron llevados al Centro Médico del Palacio Imperial y pudieron recibir tratamiento. Originalmente eran personas de barrios marginales que habrían muerto en sus casas sin siquiera poder poner un pie en una clínica, pero en cambio se les dio la oportunidad de recibir el tratamiento adecuado.

Algunos de los primeros pacientes de la Peste Gris también fueron enviados a los médicos del Palacio Imperial para que les extrajeran los huevos. Ahora los únicos que quedan son pacientes cuya recuperación parece imposible.

El número de pecientes se redujo de manera tan precisa, que ya no era necesario que la Iglesia Ortodoxa solicitara de nuevo la Autoridad de Emergencia Temporal, ya que la Guardia de la Capital era capaz de controlarlos.

Julia Maier, que estaba observando la situación en tiempo real en el lugar, no pudo chasquear la lengua internamente.

Para ser honesta, incluso si se hubiera arremangado y salido, no podía estar segura de que las cosas se hubieran organizado tan bien.

—La decisión de su Alteza es realmente impresionante ¿no es así? —dijo con una sonrisa el Inquisidor pelirrojo. —No esperaba que su Alteza interrumpiera a la fuerza en la Guardia de la Capital de esa manera en la mañana. Al principio, solo nos ayudaba como un asesor, pero sin darnos cuesta, todo el departamento ya estaba siguiendo las órdenes del príncipe.

—Bueno, gracias a él, no creo que sea más necesaria el documento de cooperación que enviaron por la mañana. —Dijo Julia. Le entregó los documentos al caballero junior a su lado. —En primer lugar, nosotros, la Séptima División de Caballeros, cooperaremos plenamente con el Grupo de Investigación de Monstruos. Por cierto, Sir Valery ¿está de acuerdo con esto? Como Inquisidor, ¿no va en contra de la voluntad del Tribunal de Herejía?

—Antes que nada, soy miembro del Grupo de Investigación de Monstruos, además el Tribunal de Herejía ya ha solicitado que se desestime la revisión. ¿Quizás los mayores también están secretamente felices porque hay menos personas para asumir la responsabilidad?

Luego, Valery miró brevemente a los pacientes que llevaban a la prisión de guardia de la capital.

—De todos modos, el príncipe tomó una decisión realmente importante. En cierto modo, ¿no son ellos los súbditos de la capital imperial los que más necesitan ayuda? Si no hubiera intervenido en lo absoluto, sin duda se enfrentaría a críticas por descuidar a los necesitados.

—¿Aunque fue la Iglesia Ortodoxa la que realmente ordenó que los trajeran? 

—Si, es posible que quieran dejar todo en manos del Tribunal de Herejía una vez que haya terminado el Santo Concilio después de todo ¿Hay alguien que se atreva a impugnar la sentencia del Tribunal de Herejía?

—Ya veo. —Julia respondió brevemente y asintió.

—El Señor (Dios) nos ha dicho que amemos a su pueblo como si fueran nuestros hijos ¿Acaso su Alteza no está siendo demasiado pragmático como miembro de la Familia Imperial?

—Soy un soldado de Delcross antes de ser un miembro de la Guardia Imperial, que es responsable de proteger a los ciudadanos. Incluso hay momentos en los que hay que renunciar estratégicamente a la vida de aquellos. No tengo la intención de culparlo por no aferrarse desesperadamente a quien no tiene salvación.

 —¿Es eso así? Parece que esa es una mala elección para un príncipe.

—Pero esa fue la elección mas eficiente como soldado. Se bloqueo la posibilidad de que se volvieran a imponer la Autoridad de Emergencia Temporal. —Julia volvió la cabeza hacia Valery, sus singulares ojos de color morado examinaron ese rostro con seriedad. —Y veo que tú también piensas que su Alteza no se equivocó. Deje de andar con rodeos y dígalo de manera directa Sir Valery ¿siente culpa por contribuir a determinar el destino de esas personas inocentes?

Valery se encogió de hombros.

No. Ese no es el caso. Sólo quería ver qué pensaban los demás. Hay momentos en los que me siento extraño cuando veo a su Alteza.

—¿extraño?

—Sí. ¿No acaba de decir también Dama Julia? Es la opción más eficiente para un soldado.

—…

—Eso es lo fascinante. Hay momentos en los que su Alteza parece más aun soldado que luchó durante años en el frente sur que, un príncipe que creció espléndidamente el Palacio Imperial.

—¡Sir Valery!

En ese momento, una voz joven lo llamó desde el otro lado. El Príncipe Morres agitaba la mano con expresión traviesa.

—Se dice que la Iglesia Ortodoxa a enviado a los Caballeros de San Bastián ¡Salgamos de aquí antes de que nos encontremos con ellos!

—Jajaja —Valery se echó a reír y miró a Julia entrecerrando los ojos. —Ahora bien, haremos una retirada estratégica, Dama Julia. Gracias por su cooperación activa hasta ahora.

El inquisidor pelirrojo corrió hacia el príncipe con paso alegre.

—¡Debemos darnos prisa, Alteza! Esos tipos de San Bastián son un poco torpes por lo que estoy seguro de que será agotador si nos encontramos con ellos.

—¿en serio? ¿Incluso son peor que los caballeros de San Marsias?

—¿Qué dice cuando estoy aquí de pie?  Los caballeros de San Marsias y San Bastián son famosos desde hace mucho tiempo por su rivalidad incompatible. Las personas mayores siempre están molestas diciendo que no son capaces de comunicarse de manera adecuada.

—¿No debemos de considerar la postura de los caballeros de San Bastián? quizás ambos bandos se odias por las mismas razones.

—¡Fujajaja! No puedo negar la posibilidad.

Se alejaron rápidamente mientras charlaban, seguidos en fila por el comandante de la guardia imperial, una exorcista, un médico de la peste y caballeros del Palacio Imperial.

 Era una combinación tan extraña, pero extrañamente les sienta bien.

Julia los miró por un momento y luego se fue, guiando a su joven caballero. Al menos estaba completamente de acuerdo con la afirmación de Sir Valery. Encontrarse con los caballeros de San Bastián era agotador.

*** ** ***

 

Iglesia de San Bastián.

Esta hermosa iglesia, que ha sustentado más de la mitad de la historia milenaria del Santo Imperio de Delcross desde su construcción hace unos 500 años, fue la cuna de los Caballeros de San Bastián y el hogar de la Iglesia Ortodoxa.

A un lado de la alta aguja, en la oficina del arzobispo, dos ancianos vestidos con túnicas coloridas estaban sentados uno frente al otro.

—Ahora también somos mayores. Espero que a partir de ahora no tengamos que concertar citas de esta manera en lo alto del edificio. 

El cardenal Albus Mayer, jefe de la Santa Congregación, se quitó la mitra (n/t: parecido al “gorro” del Papa de la iglesia católica) para secarse el sudor de la frente.

Entonces la anciana sentada frente a él resopló.

—No sirve de nada quejarse ahora ¿No recuerdas que cuando eras arzobispo me llamabas aquí todos los días?

—Estabas en tu mejor momento en ese entonces. —contesto el anciano Meyer.

—Deja de quejarte. Todos estamos envejeciendo juntos además yo vengo a este lugar alto todos los días para trabajar.

Como si envejecer juntos no fuera una frase vacía, la mujer con cabello mayoritariamente gris parecía incluso mayor que el cardenal Meyer.

Era la arzobispa Wesker.

Como actual jefa de la Iglesia Ortodoxa, se convirtió en sacerdote principal a una edad relativamente joven y fue la persona que ascendió de rango al ritmo más rápido, pasando de obispo a arzobispo.

La arzobispa Wesker, que tenía una mirada severa, gracias al parche en su ojo derecho. Ella parecía se parecía más a una veterana que había pasado por muchas dificultades que un sacerdote. El hecho de que haya sufrido heridas profundas de las que no pudo recuperarse, a pesar del fuerte poder divino que poseía en su cuerpo, es probablemente una evidencia indirecta de lo intensa que ha sido su vida hasta ahora.

—Originalmente, la razón por la que los traje aquí fue para solicitar su consideración en el futuro proceso de revisión… 

—Escuché la noticia en el camino. ¿Dijeron que fue el Príncipe que redujo significativamente nuestro trabajo?

—Si, fue el príncipe Morres. —El arzobispo Wesker frunció el ceño arrugando todo su rostro. —Hoy hizo una gran jugada. En cuanto escuché la noticia, envié a los caballeros de San Bastián y al llegar, solo quedaban menos de cuarenta prisioneros.

—El comandante de la Guardia de la Capital tampoco es una persona fácil.

—Tenia documentos de cooperación con los sellos Imperiales y liberó a las personas en un abrir y cerras de ojos. No hubo tiempo para que el capitán de la guardia lo detuviera.

—Jeje, eso es correcto.  —El cardenal Meyer se acarició la barba, riendo entre dientes.

—Aun así, nos dejó con un número razonable. Como usted sabe, existe un precedente para la revisión de aprobación. Por buena que fuera la mediación, habría sido difícil entregar ese número al Tribunal de Herejía. ¿No es fantástico que haya identificado de antemano a todas las personas inocentes?

—¡Eso es lo que me enoja aún más! Desafortunadamente, su efectividad no fue mala y cuando pensábamos en culpar al príncipe ¡las cosas mejoraron drásticamente! —La arzobispa parecía irritarse con solo pensarlo. —¿Qué diablos es esto? ¿Renunció a su derecho a suceder en el trono? ¿No le importa su reputación? Los miembros de alto rango de la Iglesia Ortodoxa y el Tribunal de Herejía le darán la espalda.

—Si fuera una persona que se preocupara por su reputación, ¿habría hecho algo así en primer lugar? 

El cardenal Meyer se secó el sudor de la frente un par de veces más y se enderezó la mitra sobre la cabeza. Luego miró directamente al ojo de la arzobispa Wesker y habló en voz ligeramente apagada.

—Creo que tú también lo sabes. Esta vez si que has cruzado la línea.

—…

—Ni siquiera pienses en poner esas excusas tontas sobre la “maldición de un demonio” como afirmaste en el documento para la revisión. No eres una tonta y testaruda que atacara a cualquier precio como Benitus. En primer lugar, ¿no sabes mejor que mientras Su Majestad el Santo Emperador esté allí, los demonios no pueden extender sus malignos brazos sobre la capital imperial?

—… No importa si no es una maldición, Su Eminencia. Los pacientes de la Peste Gris son peligrosos.

—¿Entonces ordenaste que atraparan a todos? ¿incluso a aquellos que podrían ser inocentes?

—Una vez que se revelaron los primeros síntomas, no quería perderme nada. Durante el período de detección se habría podido determinar suficientemente si tenían la peste o no.

La arzobispa tampoco quería que personas inocentes se vieran involucradas en esto. Es solo que ella también tenía sus propios cálculos.

Los pacientes en las etapas finales de la Peste Gris morirán mientras esperan la revisión y, mientras tanto, los pacientes en las primeras etapas de la enfermedad progresarán y su condición se volverá reconocible hasta cierto punto. Incluso si hay algún sacrificio en el proceso, no es nada comparado con el riesgo de dejarlos en la Capital Imperial.

—Esto no habría sucedido si el Tribunal de Herejía hubiera sido fiel a sus deberes desde un principio. No importa cuánto intentemos atraparlos, nunca es suficiente pero ahora solo que quedan de brazos cruzados poniendo como excusas algo inaudito como la existencia de esos “monstruos” que están propagando la enfermedad.

—El deber del Tribunal de Herejía es luchar contra la herejía. No es arrestar a pacientes de la peste al azar.

—Si existe una amenaza grave a la seguridad de Delcross, ¿no debería ser castigado al menos acusándolo de adoración al demonio?

—Arzobispa Wesker… usted realmente… —El Arzobispo Meyer suspiró.

Aunque ahora estaban divididos en el Tribunal de Herejía y la Iglesia Ortodoxa y cada uno de ellos dirige un grupo tanto Benitus como Wesker originalmente fueron sacerdotes jóvenes trabajaron bajo su mando durante mucho tiempo.

Benitus, que se apresuraba a intervenir si algo se desvía de las estrictas líneas religiosas sin considerar las repercusiones, y Wesker, que pensaba que estaba bien traspasar ligeramente los tabúes de la iglesia por motivos prácticos.

Si tan solo se pudiera mezclar esas dos mitades ¡Que tan maravilloso sería!

—No es que no conozca tu personalidad apasionada, pero ahora eres la jefe de una organización. Esto significa que hay un límite a lo que puedes hacer, no puedes actuar primer y lidiar con las consecuencias después como en los viejos tiempo cuando eras Sumo Sacerdote. ¿crees que Su Alteza es el único al que los funcionarios de alto rango han etiquetado como un alborotador debido a este incidente?

—…

—Digo esto porque parece que Su Majestad se preocupa bastante por usted y tampoco quiero perder a personas talentosas que han trabajado conmigo durante mucho tiempo. ¿Lo entiendes? No debemos tomar a la ligera el hecho de que le haya dado al príncipe un documento oficial de cooperación con un sello imperial.

La arzobispa Wesker permaneció en silencio.

Miró al cardenal Meyer con los ojos hundidos y luego se levantó. Caminó lentamente hacia el armario en la esquina de la oficina.

—Eminencia, a veces, aun sueño con aquellos días.

En el armario había una pequeña caja de madera. Lo recogió y lo acarició con cuidado.

—¿Qué pasó cuando Su Eminencia dirigía la Iglesia Ortodoxa y yo todavía era una suma sacerdote? Era un buen momento en el que solo debía de correr hacia adelante sin una sola sospecha, siguiendo los pasos de Su Majestad. Luchando contra los demonios, expulsando a todas las sectas oscuras.

—…

—Recuerdo el momento en que usé todas mis fuerzas para insertar la reliquia sagrada en el cuerpo del demonio que tomó mi ojo, y finalmente, a Su Majestad que le aplastó la cabeza con el cascanueces.

La arzobispa trajo una caja de madera y la empujó delante del cardenal Meyer.

El cardenal abrió lentamente la tapa. Dentro había algo que parecía una piedra translúcida de color blanco lechoso.

Estaba hecho de un material parecido al cristal, pero era una masa siniestra que no estaba adecuadamente cristalizada y estaba enredada como un trozo de aceite viejo.

—Esta piedra es peligrosa, Eminencia.

—¿Qué es esto…?

—A veces se encuentran en el crematorio. Estas piedras vinieron de las cabezas de aquellas víctimas de la Peste Gris que fueron ejecutadas por el Tribunal de Herejía.

Su Eminencia Meyer rebuscó en su vaga memoria. Estaba seguro de haber visto antes una piedra como esa. ¿No le había mostrado Wesker algo parecido cuanto todavía era una sacerdote de alto rango y hecho un informe?

Su Eminencia, que llevaba un rato reflexionado, de repente abrió mucho los ojos.

—De ninguna manera, ¡en la aldea Ansa…!

—Sí, Su Eminencia. Lo vi claramente ese día. ¡La vista de toda la zona circundante, incluida una aldea, siendo absorbida por el cuerpo de una persona! En ese momento me di cuenta de que hay que erradicar la semilla de la ansiedad, aunque eso signifiqué dañar algo.

En el único ojo que le quedaba a la arzobispa Wesker, que miraba a la Eminencia, una llama intensa, como una especie de locura, ardía intensamente.

—¿Siente pena por el sufrimiento que están pasando algunos de nuestros en este momento? Sin embargo, si dejamos esto así, tarde o temprano ni siquiera quedaran fieles que puedan sufrir.

Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x