« Capítulo 85: Restos en el Mar »

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Era una frase extrañamente hermosa.

Fang Juexia, abrazado por él, cerró los ojos y casi pudo visualizarlo: el olor salado del mar, la madera húmeda.

Hundió la nariz en el hueco del hombro de Pei Tingsong, como buscando refugio, y murmuró: “Pero si no nos hemos puesto piezas nuevas y solo intercambiamos las viejas. Quizás no naveguemos por cientos de años.”

“¿Acaso quieres vivir hasta volverte un inmortal?” La voz de Pei Tingsong por fin recuperó el humor, mientras acariciaba la espalda de Fang Juexia con ternura. Aunque era el menor, hablaba como si consolara a un niño. “Las piezas viejas están bien. Podemos pudrirnos juntos, lentamente. Tal vez, en un día de mar en calma, nos hundamos juntos hasta el fondo como dos esqueletos de ballena, cayendo despacio…

El borde de la nariz de Fang Juexia se volvió a humedecer. “Me gusta el final de esa historia.”

Pei Tingsong le sonrió. “A mí también.”

Quizás, algún día, alguien se sumerja en las profundidades y nos descubra. Desenterrará la historia de cómo navegamos juntos contra viento y marea, y notará que cada pieza corroída en nosotros, alguna vez perteneció al otro.

Dos barcos de Teseo completamente distintos, convertidos en restos mutuos, eternamente sepultados en el mar.

Fang Juexia sabía que confesar su corazón justo después de que sus ilusiones se hicieran pedazos era quizás una tontería temeraria. Pero necesitaba que Pei Tingsong lo supiera.

Sin él, no podía imaginarse a sí mismo en este momento.

Ya lo habría devorado la oscuridad.

“Te amo” se separó un poco para mirarlo a los ojos. “Te amo mucho, Pei Tingsong.”

Pei Tingsong se quedó paralizado.

Era la primera vez que escuchaba a Fang Juexia decirle la palabra ‘amor’ con solemnidad. Siempre había pensado que lo suyo se quedaba en el nivel de ‘gustar’, especialmente Fang Juexia, quien nunca se atrevía a esperar demasiado de él porque sabía que era difícil. Por eso Pei Tingsong temía siempre cruzar la línea, tenía miedo de que sus intensos sentimientos lo hicieran retroceder.

Pero Fang Juexia fue muy valiente, incluso se adelantó y dijo esas palabras primero.

En los ojos de Pei Tingsong, Fang Juexia tenía una mirada clara, con cicatrices en el rostro, pero se veía tan hermoso, con la marca de nacimiento roja en el borde del ojo, más bonita que un pétalo. Pei Tingsong no pudo evitar besarla y susurrar: “Yo también te amo. Te amo más de lo que podrías imaginar.”

Pei Tingsong había leído innumerables libros sobre distintos tipos de amor, los había probado todos, pero esas palabras nunca se convirtieron en emociones reales, solo vivían en el papel. Hasta que conoció a Fang Juexia, supo que podía amar así a alguien.

Amar tanto que su rebeldía se convirtió en una armadura.

“Gracias.” Fang Juexia se acercó a él y lo besó suavemente en los labios, luego se apartó rápidamente, con una mirada tierna y sincera.

Los ojos de Pei Tingsong también se llenaron de emoción, y para disimular sus sentimientos, sonrió con un toque aniñado. “Eres increíble, pensé tantas veces en cómo sería yo el primero en decirte ‘te amo’, debería haber sido muy romántico, pero me ganaste.”

La acusación repentina dejó a Fang Juexia un poco confundido. “Pero… tú tampoco lo discutiste conmigo.”

¿Discutirlo?

A Pei Tingsong le resultaba aún más divertido, ¿cómo podía este chico tomarse las cosas tan en serio? “Eso no es todo, nunca te había visto llorar antes, y pensé que la primera vez que lo harías frente a mí sería por mí.” Bajó la cabeza y mordió la punta de la nariz de Fang Juexia. “Pero eso también se esfumó.”

Al recordar cómo había estado llorando, Fang Juexia se sintió un poco avergonzado y murmuró con la mirada baja: “Llorar no es gran cosa…”

“Claro que lo es.” Pei Tingsong besó suavemente sus cejas y ojos. “Te ves bien cuando lloras, te ves bien hagas lo que hagas.”

El amor juvenil siempre es impulsivo, ofrecido con gran fervor, temeroso de que no lo veas.

Pei Tingsong frunció ligeramente el ceño. “Pero si lloras de verdad, me siento muy mal, me duele el pecho, no me importa que te burles, nunca me había sentido tan mal antes. Cuando recibí la noticia de los guardaespaldas, que la persona que te seguía era tu padre, me temblaban las manos. En un clima tan caluroso, aun así temblaba.” Pei Tingsong inhaló profundamente y continuó: “Y San Francisco está tan lejos de Pekín.”

Sus palabras estaban llenas de quejas, con un tono casi infantil. Fang Juexia casi podía imaginar lo ansioso que debió estar, y no pudo evitar reírse.

Pei Tingsong todavía estaba inmerso en sus emociones. “Tenía tanto dolor y miedo, miedo de que cuando regresara, te sintieras desesperado por lo de tu padre, miedo de que de repente ya no me quisieras.”

Fang Juexia lo abrazó, acariciándole la cabeza y la espalda para consolarlo como a un perro grande. “No lo haré.”

“Mm.” Pei Tingsong le dijo: “No te dejaré enfrentarlo solo. Tampoco permitiré que vuelva a aparecer ante ti.” Miró a Fang Juexia con seriedad. “Mientras te bañabas, ya lo había enviado a un centro de rehabilitación forzosa. Para ser honesto, realmente me gustaría matarlo, hacerlo desaparecer de este mundo, pero sé que si fuera tu elección, no lo harías.”

Fang Juexia lo miró en silencio, su mirada ya le había dado la respuesta.

El centro de rehabilitación era el mejor destino, él había aceptado que Fang Ping ya no era su padre, pero aún quería darle una oportunidad de redimirse.

“Si puede rehabilitarse, dependerá de su destino. Si no puede, entonces pasará el resto de su vida allí, evitando que haga algo aún más extremo.”

Pei Tingsong terminó, colocando suavemente su mano en la parte baja de la espalda de Fang Juexia. “¿Te duele aquí?”

Fang Juexia dijo que no dolía, pero la expresión de Pei Tingsong decía lo contrario, así que bajó la voz y confesó: “Duele un poquito, pero no tocó los huesos, sanará pronto.”

Aunque esa persona le dio la vida a Fang Juexia y alguna vez lo cuido en su infancia, Pei Tingsong simplemente no podía aceptar que alguien dañara a la persona que más amaba.

Sus sentidos ya no le pertenecían, estos eran solo extensiones de los de Fang Juexia. Si Fang Juexia lloraba, él sentía dolor, si Fang Juexia se lastimaba, él sufría aún más.

“Esto no volverá a pasar.” Pei Tingsong acarició suavemente su moretón. “Y no volverás a llorar, cada vez que lo haces, me rompes el corazón.”

Fang Juexia asintió, con una leve sonrisa en los labios.

“Es mejor sonreír.” Le apartó el cabello de la frente. “Nuestro Juexia también se ve hermoso cuando sonríe.”

Fang Juexia nunca se había sentido afortunado, esa palabra siempre estuvo muy lejos de su vida. Por eso, siguió avanzando sin parar, convencido de que en algún lugar encontraría una salida, que todo su esfuerzo algún día tendría recompensa.

No sabía si realmente lo lograría, pero había encontrado a Pei Tingsong.

Eso era lo más afortunado que le había pasado.

Sintiendo un leve cosquilleo en la nariz, Fang Juexia frotó la barbilla de Pei Tingsong, y luego habló lentamente: “Hoy ya es el decimoquinto día, te has ido por seis días.” Luego miró el reloj en la pared. “El cálculo no es exacto, pero si contamos ahora, han pasado seis días y diez horas.”

Había sido tan largo, tanto que el reloj de su corazón parecía haberse descompuesto, cada segundo de la realidad le parecía un minuto.

Pero Pei Tingsong había regresado antes de la primera tormenta de verano.

Justo a tiempo, sin dejar que se mojara bajo la lluvia.

“¿Me extrañaste?”

Al oír su voz profunda, Fang Juexia asintió ligeramente. “Sí.” Y luego añadió: “Y todos los días me preocupaba por ti.”

Fang Juexia nunca había conocido cómo era una verdadera familia capitalista, solo lo había visto en la televisión, parecía tan complejo, lleno de intrigas. Fang Juexia odiaba las cosas complicadas, y temía que su Pei Tingsong fuera lastimado por personas astutas o que su madre dijera cosas hirientes. También temía que Pei Tingsong perdiera el control de sus emociones y cayera en trampas ajenas.

Estos días había estado tan preocupado, que no podía hacer nada bien, sintiéndose débil como una flor moribunda.

“Por eso te llamaba todos los días, para que no te preocuparas.”

Fang Juexia se acurrucó obedientemente en los brazos de Pei Tingsong. “Verte me da tranquilidad. Temía que me mintieras, diciendo que estabas bien, cuando en realidad no lo estabas, escuchando las tonterías de tu madre y enojándote con ella.”

Lo decía tan en serio que hizo reír a Pei Tingsong.

“Juexia.”

A Fang Juexia le encantaba escucharlo llamarlo así, aunque todos lo llamaban de esa forma. Pero Pei Tingsong lo hacía pocas veces, y cada vez que esas dos palabras salían de sus labios, Fang Juexia se sentía cuidado. La palma de Pei Tingsong, seca y amplia, acariciando su mejilla, se sentía reconfortante. “Esta vez, cuando llegué lo primero que vi fue a mi madre. ¿Puedes adivinar cuál fue mi primera reacción?”

Fang Juexia negó con la cabeza, no podía imaginar esa escena, y aunque pudiera, no se atrevería a decirlo.

“Así que así se ve ella.”

La mano de Fang Juexia agarró la tela de la cintura de Pei Tingsong, apretándola con fuerza.

Él casi había olvidado el rostro de su propia madre.

“¿Cómo es?” Fang Juexia cerró los ojos y le preguntó.

“¿Cómo decirlo…?” Pei Tingsong trató de describirla. “Llevaba un vestido rojo sin mangas, un collar de perlas negras muy grandes, pero no podían ocultar las arrugas de su cuello. Sin embargo, su rostro estaba tan estirado que no tenía ni una arruga, hinchado, muy diferente a cuando la vi de pequeño, mucho más fea.”

Hablaba de una manera muy directa, como si describiera a una mujer de mediana edad que le era completamente desconocida.

“En cuanto me vio, abrió los brazos para abrazarme, llamándome ‘Song’ con tanta familiaridad, como si fuéramos la madre y el hijo más unidos. Pero ni siquiera recuerdo cuántos años tenía la última vez que la vi.”

Fang Juexia sintió un poco de pena. “Entonces, cuando eras niño, ¿no extrañabas a tu mamá?”

“Solo puedes extrañar a una mamá si tienes una.” respondió Pei Tingsong.

Esa frase resonó en el corazón de Fang Juexia, amarga y dolorosa.

“Recuerdo que tenía cuatro años, tal vez. Ella regresó una vez para el cumpleaños de mi abuelo. Ese día llevaba un vestido negro, y junto a ella estaba un hombre muy alto, uno de sus novios. Mi abuelo me pidió que fuera a saludarla, así que me acerqué, pero no dije nada, solo la miré.”

Solo escucharlo narrar hizo que Fang Juexia imaginara la escena. Un niño tan pequeño, tan obediente y tan triste al mismo tiempo.

“Su novio era francés, hablaba con un acento muy marcado.” Pei Tingsong todavía podía imitar el acento tosco de ese hombre. “¿Quién es este pequeño?”

‘Oh, es mi sobrino’, dijo mi madre.” Pei Tingsong sonrió ligeramente. “Así que en ese momento, le dije ‘hola’ en francés al hombre y luego volví con mi abuelo.”

Fang Juexia no podía imaginar a una madre que ni siquiera fuera capaz de admitir a su propio hijo. De repente, sintió una fuerte rabia, algo muy poco común en él. “¿Por qué te trató así? Eso fue demasiado.”

Las últimas palabras las dijo con tanto énfasis, que a Pei Tingsong le pareció adorable. Levantó la mano y frotó las cejas fruncidas de Fang Juexia.

Sintiendo que el rostro de Fang Juexia estaba un poco frío, Pei Tingsong subió la temperatura del aire acondicionado un par de grados y le sostuvo la mano. “Más tarde, ella lo explicó, frente a mi abuelo. Dijo que amaba mucho a ese hombre, pero que a él no le gustaban los niños, así que para evitar problemas, decidió decir eso.”

Para ella, eso no era más que una pequeña mentira sin importancia.

“Pensándolo bien, ella no ha cambiado.”

Para ella, siempre fui una herramienta para complacer a los demás.

Fang Juexia levantó la cabeza y le dio un suave beso en la barbilla para consolarlo. En realidad, Pei Tingsong no estaba tan triste; al recordar, ya no le dolía.

“No sabes, en cuanto me vio, empezó a decir que me extrañaba. Yo le dije que dejara de actuar, que sabía que solo quería llevarse la herencia que me dejó mi abuelo. Ella respondió que no, que yo estaba equivocado, que solo se trataba de una reedición, que no iba a quitarme nada. ‘Mamá todavía te quiere’, dijo.” Imitando el tono cariñoso de su madre, con una expresión de falsa calidez. Pero lentamente, su rostro se volvió frío y sereno.

“¿Ves? Para lograr sus objetivos, es capaz de mentir descaradamente.” Pei Tingsong sonrió. “Las personas son solo personas, el título de padre o madre no los hace grandiosos, incluso puede manchar esos términos.”

Fang Juexia no quería verlo triste, así que le acarició la espalda una y otra vez. No sabía qué decir, todo parecía inútil. Pei Tingsong nunca había sentido el amor de un padre o una madre, esas cosas que para la mayoría de los niños eran fáciles de obtener, él jamás las tuvo.

Pensó que era una suerte que Pei Tingsong no creciera en China, donde en las clases de redacción a menudo pedían escribir ensayos titulados “Mi padre” o “Mi madre”, y luego leerlos en voz alta.

Ya podía imaginarse a Pei Tingsong, con sus manitas sosteniendo un papel en blanco, con solo el título escrito y nada más.

¿Cómo era posible que un niño tan pequeño aceptara con tanta naturalidad el hecho de no ser amado por sus padres y aún así lo consolara a él?

Fang Juexia no pudo evitar llorar de nuevo.

El cielo afuera se oscurecía, la lluvia había cesado hacía mucho, y un tenue resplandor rojo se extendía por el cielo gris. Pei Tingsong levantó la vista y sintió que esa luz se parecía mucho a la marca de nacimiento en el rostro de Fang Juexia.

Entonces bajó la mirada hacia su amado y se dio cuenta de que estaba llorando de nuevo.

“¿Qué pasa? Estoy bien, de verdad.” Pei Tingsong besó su marca de nacimiento y luego sus ojos, y con sus labios tocó las lágrimas en los suyos, dando pequeños besos en sus labios húmedos. “Ya no estoy triste. Por eso, esta vez cuando volví, simplemente hice lo que tenía que hacer. Ya soy adulto, y puse todos los asuntos de la herencia en orden. Ella no podrá llevarse nada. Mi hermana también le impidió seguir contactándome, y la amenazó diciendo que si nos molestaba de nuevo, su negocio editorial no prosperaría.”

“Tu hermana es muy buena contigo.” Fang Juexia se frotó los ojos y añadió: “Siempre te ayuda. Debes ser bueno con ella en el futuro.”

Pei Tingsong sonrió. “Tienes razón, tienes toda la razón.”

“Se parecen mucho, ambos son un poco extraños, pero son personas amables.”

“Tú nunca la has conocido.”

Fang Juexia levantó un poco los párpados, con un toque de reproche. “Pero lo sé.”

“Está bien, lo sabes. Sabes todo.” Pei Tingsong sonrió con resignación, pero entonces escuchó a Fang Juexia decirle:

“Pei Tingsong, también te ves muy bien cuando sonríes.”

Era la primera vez que Fang Juexia lo elogiaba por su aspecto, y Pei Tingsong primero pensó que era adorable, le daban ganas de reír. Luego, se sintió extraño, a veces, cuando miraba a Fang Juexia, era como si estuviera mirando a un niño, aunque fuera mayor que él. Pero en otras ocasiones, sentía que él mismo era un niño a los ojos de Fang Juexia, porque siempre le dedicaba sonrisas llenas de paciencia y cariño.

Sin obtener respuesta, Fang Juexia volvió a hablar. “Te amo mucho, voy a darte todo el amor que te falta, más del que suman el de tu padre y tu madre, ¿de acuerdo?”

Su voz era tan dulce y sus palabras tenían un toque infantil. ¿Cómo se puede sumar y restar el amor?

Pero Pei Tingsong sabía que hablaba en serio. Fang Juexia era la persona más dedicada a los cálculos en el mundo, y si él lo decía, no podía estar equivocado, seguramente sería más de lo que cualquiera pudiera sumar.

“Está bien.”

Fang Juexia se acurrucó en su pecho, diciendo que quería escuchar más historias de su infancia. Pei Tingsong le contó algunas anécdotas felices, como cuando iba con su abuelo a pescar truchas en el lago, o cuando arruinó la fiesta de cumpleaños de su hermana y le robó su primer auto.

No dijo mucho antes de que Fang Juexia se durmiera, respirando profundamente, con el pecho subiendo y bajando rítmicamente. Pero incluso dormido, su mano seguía aferrándose con fuerza a la ropa de Pei Tingsong.

Pei Tingsong dejó de hablar y simplemente lo miró en silencio.

A pesar de no haber recibido mucho en la vida, Fang Juexia siempre estaba dispuesto a compensarlo.

Era una persona peculiar.

Cuando Fang Juexia estuvo completamente dormido, Pei Tingsong se levantó en silencio, tomó su teléfono y salió de la habitación. Fue a la sala y llamó a su guardaespaldas personal para confirmar el progreso de algunos asuntos. Como seguía preocupado, decidió asignar a más personas para vigilar la situación. Después, llamó a Cheng Qiang para avisarle que ya había regresado, pero que había atrapado un resfriado y que Fang Juexia lo cuidaría, así que no volvería al dormitorio en unos días para evitar contagiar a nadie.

Cheng Qiang también estaba disfrutando de unos días de descanso, así que no hizo más preguntas y solo le pidió que se recuperara bien. Pei Tingsong asintió antes de colgar y luego se dio una ducha, se puso ropa limpia y volvió a la cama para abrazar a Fang Juexia, quien siempre amaba estar limpio.

Finalmente pudo dormir, e incluso tuvo un sueño.

En el sueño, era pequeño, bajito, con un traje muy caro pero incómodo. El lugar estaba lleno de gente, bailando y comiendo. Una sensación de familiaridad emergía poco a poco, y de repente, se encontró de vuelta en el cumpleaños de su abuelo.

Pei Tingsong intentó buscar a su abuelo, pero al dar un paso, vio a una mujer hermosa llamándolo por su nombre, llamándolo ‘bebé’. Sintió rechazo y salió corriendo en otra dirección, hasta llegar a un jardín lleno de rosas amarillas, donde se escondió detrás de unos arbustos.

Eso coincidía con sus recuerdos.

Recordaba que se escondió allí, solitario, pensando en la diferencia entre ‘sobrino’ e ‘hijo’, hasta que un sirviente lo encontró y lo llevó de vuelta.

Entonces, oyó un ruido en los arbustos. El pequeño Pei Tingsong en su sueño se puso alerta, quería saber si era una ardilla o un sirviente que lo buscaba.

Pero cuando alzó la vista, vio a un niño hermoso —más alto que él, vestido con ropa sencilla pero de rostro delicado, con una marca rosada en el rabillo del ojo. Parecía no ver, pues extendía los brazos para tantear el aire, acercándose paso a paso con lentitud.

Aunque no podía ver, había encontrado a Pei Tingsong escondido.

Al acercarse, Pei Tingsong notó que llevaba la pierna izquierda escayolada, muletas y moretones en los brazos.

“¿También viniste a felicitar a mi abuelo?” preguntó Pei Tingsong.

El niño negó con la cabeza. “Vine a buscarte a ti.”

Los ojos de Pei Tingsong brillaron. “¿Quieres ser mi amigo, verdad?”

El niño asintió.

“Sí.”

“¿Cuántos años tienes?” Pregunto Pei Tingsong para luego responder primero. “Yo tengo cuatro.”

“Siete.”

“Eres mayor que yo. Debo llamarte gege” dijo Pei Tingsong, y luego añadió: “Estás herido.”

El niño asintió de nuevo. “No sabía que no podía ver por eso me caí. Los doctores dijeron que cuando oscurece, no puedo ver nada.”

“Y aun así viniste a buscarme” el pequeño Pei Tingsong no lo entendía. “Con la pierna rota, la noche tan oscura ¿y aun así viniste a buscarme?”

Entonces, aquel hermoso gege volvió su rostro hacia él y sonrió: “Tenía que venir.”

“Te lo prometí. Vine a compensarte.”

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