Extra I: El día de graduación de dos personas

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Extra I: El día de graduación de dos personas

Un atasco monumental. Song Mingqi sujetaba el volante con nerviosismo.

Por la mañana todavía tenía una reunión; la canceló para intentar llegar antes, pero al final tampoco ganó tiempo. Por suerte, siempre se adelanta a todo: no salió tarde y logró llegar al auditorio apenas cinco minutos antes de que comenzara la ceremonia de graduación.

La Universidad de Ciencia y Tecnología de Guangnan tiene apenas treinta años de historia; es una universidad relativamente joven. Su color representativo es el azul oscuro, y por todo el campus ondeaban pancartas y banderas de ese tono felicitando a la nueva promoción de graduados.

Cada graduado podía invitar a un familiar o amigo a presenciar la ceremonia. Zhou Ling se lo contó a Song Mingqi en cuanto se enteró.

Song Mingqi cambió el ramo de flores a la mano izquierda, sacó el móvil y mostró el código QR de la invitación. Tras preguntar a un voluntario, por fin encontró su asiento en la grada.

Al sentarse, se dio cuenta de que diez minutos antes Zhou Ling le había enviado un mensaje:

—¿Has llegado?

Song Mingqi respondió:

—Atasco. Acabo de llegar. ¿Dónde estás?

El teléfono vibró dos veces casi de inmediato:

—Entrando por el lado oeste. Hay demasiada gente, seguramente no me veas.

Adjuntaba una selfie tomada al azar. Aquella iluminación cenital –letal para cualquiera– no afectaba en absoluto a la definición de sus rasgos. Vestido con la toga de graduación, irradiaba orgullo y vitalidad; y, debido a su gran estatura, la cámara captaba sin esfuerzo el mar de gente a su espalda.

—¡Guapísimo! —respondió Song Mingqi.

Su mirada se posó en el enorme ramo de girasoles frescos que llevaba en brazos, pensando que luego haría que Zhou Ling sostuviera las flores para sacarse una foto con él.

—¿Cómo te encuentro cuando termine?

Esta vez tardó un par de minutos en llegar la respuesta:

—Luego te escribo.

Himno nacional, himno de la universidad, discurso del rector, intervención de los graduados destacados.

En realidad, las ceremonias de graduación son muy parecidas en todas las universidades. Song Mingqi asistía casi todos los años a la de Guangnan, pero esta vez su estado de ánimo era completamente distinto.

No estaba allí como profesor, sino como familia. Ya no miraba promociones ni tenía que ocuparse de decenas de personas; podía limitarse a mirar solo a Zhou Ling. Y Zhou Ling tampoco necesitaba ser el mejor de todos para que él lo viera.

Pronto llegó el momento de la imposición del birrete. Los estudiantes de cada facultad se formaron en distintos bloques y subieron al escenario por turnos.

No sabía si era porque la inicial de su apellido en pinyin era la «Z», pero la Facultad de Automatización y de Ingeniería Eléctrica apareció casi al final. Tras tanto tiempo concentrado en exceso, Song Mingqi sentía el cuello algo rígido, pero aun así localizó enseguida la figura de Zhou Ling entre la multitud.

Sonreía mientras hablaba con un compañero a su lado. Song Mingqi lo observó durante largo rato y Zhou Ling no levantó la vista ni una sola vez. Aunque sabía que la probabilidad de que lo encontrara entre las abarrotadas gradas era mínima, Song Mingqi no pudo evitar sentir una ligera decepción y se recostó en el respaldo de la silla.

Cuando le tocó subir al escenario, Zhou Ling avanzó con paso firme. La amplia toga amarilla le quedaba como un traje de pasarela. Primero estrechó la mano del rector, hizo una leve reverencia y aguardó la imposición del birrete.

Song Mingqi contempló su espalda, tan familiar y a la vez tan extraña, como cuando es imposible precisar el instante exacto en que el trigo se vuelve dorado o el momento en que los melocotones llenan las ramas.

El Zhou Ling de ahora estaba sano, seguro de sí mismo, lleno de conocimientos y con un futuro prometedor. Sabría amar con valentía y sería amado por muchos. Una inmensa felicidad inundó el corazón de Song Mingqi; provenía de Zhou Ling, o quizá de sí mismo. No sabía explicarlo.

Cuando Zhou Ling se inclinó, Song Mingqi aplaudió junto con el resto del público. Zhou Ling pareció verlo: levantó en alto el diploma hacia su dirección. Song Mingqi se puso de pie y aplaudió con más fuerza, sin darse cuenta de que la sonrisa casi le llegaba a las sienes.

La luz cenital, como un sol, quedaba suspendida en su visión periférica. Song Mingqi y Zhou Ling sonreían, cruzando miradas por encima de la multitud.

El aire parecía vibrar; la música resonó en el auditorio.

Con un estruendo, del techo cayeron incontables serpentinas. La multitud estalló en vítores juveniles; se alzó el canto del coro, la gente entraba y salía, y la ceremonia de graduación llegó a su fin.

Song Mingqi despertó como de un sueño. Desbloqueó el móvil y vio un mensaje de Zhou Ling:

—Profesor Song, ve al muro de exposiciones del lado sur del auditorio.

Song Mingqi se abrió paso a empujones entre la multitud exultante. Todos se hacían fotos allí; innumerables flashes destellaban a su alrededor. Abrazó con más fuerza el ramo de girasoles.

El lado sur del auditorio era una galería. No era el centro de atención del evento y solo había pequeños grupos dispersos; una fila de paneles expositivos se alzaba solitaria. Pero Zhou Ling no estaba a la vista.

El móvil vibró. Otro mensaje de Zhou Ling:

—Mira el muro.

Sin entender muy bien, Song Mingqi se acercó. Estaba cubierto de anuncios de conferencias y convocatorias de distintos clubes. A simple vista no vio nada extraño. Recorrió el panel con más atención, de izquierda a derecha, y de pronto descubrió, mezclada entre los papeles, una nota adhesiva poco llamativa, con la letra de Zhou Ling. En ella se leía «Galería», y al lado había dibujada una patita de gato señalando hacia el interior.

Sin darse cuenta, Song Mingqi curvó los labios en una sonrisa y respondió:

—¿Qué truco es este hoy?

Zhou Ling contestó:

—Un truco nuevo.

Todo muy misterioso. Song Mingqi alzó la mano, arrancó la nota adhesiva y se dirigió hacia la galería.

Aquí no había exposiciones recientes; el desmontaje se había quedado a medio hacer. La entrada y salida eran libres, pero en ese momento no había nadie. Tampoco habían encendido las luces: solo junto a las ventanas la iluminación era un poco mejor, mientras que los rincones quedaban en penumbra. Aún había algunos marcos que no se habían retirado, cubiertos con telas blancas y apoyados contra la pared, lo que daba un aspecto inexplicablemente inquietante.

Había seis salas de exposición comunicadas entre sí. Song Mingqi miró a su alrededor sin saber dónde buscar; la pista se detenía ahí. Pensó un momento, volvió a sacar la nota adhesiva y la examinó por delante y por detrás un par de veces, hasta descubrir tres números en el reverso que había pasado por alto.

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Recordaba perfectamente el contenido de la primera página de Malicia, y el quinto carácter de la segunda línea era «tres».

Se dirigió a la sala número tres.

Esta sala no tenía ventanas. Desde el marco de la puerta solo se veía una negrura total. Antes incluso de entrar, distinguió en el centro de la habitación un pedestal blanco, sobre el que había algo de color amarillo cálido, como una bombilla, que parpadeaba suavemente.

Entró con recelo. De pronto, la frecuencia del parpadeo se aceleró; el amarillo cálido se volvió un naranja más profundo. El techo parecía cubierto de algún tipo de papel espejado plateado, que ondulaba reflejando la luz anaranjada. Toda la sala parecía inundarse de un mar naranja en movimiento.

Song Mingqi contuvo la respiración sin darse cuenta. Toda su atención estaba absorbida por aquel objeto, tanto que no notó que, tras la puerta, alguien extendía la mano, le sujetaba la muñeca y lo atraía con fuerza contra su pecho.

El parpadeo se aceleró aún más. Un naranja desbordante.

—¿Zhou Ling? —la mirada de Song Mingqi quedó a la altura de la mandíbula limpia y definida del otro. Sus dedos rozaron el cuello de la camisa de Zhou Ling y se relajó por completo. Los pétalos de los girasoles se le pegaron al cuello, fríos.

—¿Qué tal? ¿Ha sido fácil encontrarlo?

Song Mingqi sabía que Zhou Ling no había diseñado nada demasiado complicado; solo quería atraerlo hasta allí—. No ha sido difícil.

Zhou Ling sonrió; el pecho le vibró con un sonido apagado—. ¿Estas flores me las ha regalado el profesor Song?

Solo entonces Song Mingqi lo recordó. Intentó dar un paso atrás, pero Zhou Ling lo sujetaba con fuerza y no lo consiguió. Aprovechó el gesto para pasarle el ramo—. Sí. Un poco de sentido ceremonial. Felicidades por tu graduación.

Zhou Ling tomó las flores y, en cambio, lo soltó—. Yo también tengo algo que darte.

Song Mingqi sonrió—. Es tu día de graduación, ¿por qué me haces un regalo a mí?

—Cómo decirlo… —Zhou Ling le tomó la mano y lo llevó hasta el pedestal del centro—. Creo que este es el día de graduación de los dos. Yo me gradúo de la etapa de estudiante; tú te gradúas de la etapa de ser mi profesor.

—Ya no tendrás que devanarte los sesos para explicarme cálculo, yo tampoco tendré que vivir en la residencia; podré trabajar, ganar dinero, cuidarte más. Salir a citas sin tener que acordar horarios con antelación desde dos sitios distintos. Dormiremos juntos, desayunaremos juntos —dijo Zhou Ling con ligereza—. Después de graduarnos, nuestro primer trabajo será ser buenos novios el uno para el otro.

A Song Mingqi le pareció una forma de decirlo muy interesante—. Mmm… así sí que merece la pena celebrarlo.

Se detuvieron junto al pedestal. Zhou Ling parecía un poco nervioso—. Sabes que en la universidad estudié algo de sensores. Este es el primer pequeño dispositivo que he hecho. Nunca te lo enseñé porque quería mejorarlo un poco más y dártelo el día de la graduación. Aun así, quizá no esté del todo bien hecho…

—Se ve muy bonito —lo tranquilizó Song Mingqi con una sonrisa—. Parece un pequeño corazón.

Zhou Ling se alegró y, al mismo tiempo, soltó un suspiro de alivio—. Con que se note, basta. Es un dispositivo sensor de latidos —dijo, levantando la muñeca y agitándola—. Aquí llevo un aparato que lee la frecuencia cardíaca y puede conectarse con este corazón luminoso.

En realidad, al ver el dispositivo, Song Mingqi ya había intuido vagamente su principio y su función, pero al escuchar su explicación, una emoción ahogada empezó a aflorar en su pecho.

—Te doy esto para decirte que, a partir de ahora, no tengo secretos contigo. Exteriorizo todas mis emociones para ti: la alegría, la tristeza, la inquietud, cada latido cuando apareces.

Song Mingqi apretó los labios y estrechó con más fuerza su mano. Había humedad; no sabía de quién era el sudor.

Zhou Ling se rascó la cabeza con la otra mano—. Cuando mis compañeros de cuarto me vieron hacer esto, todos pensaron que estaba persiguiendo a alguien… Les dije que ya lo había conseguido, que me había gustado durante siete años y que seguiría gustándome…

No había terminado de hablar cuando Song Mingqi ya no pudo contenerse y se giró para besarlo. La respiración, tras una breve pausa, se volvió caótica.

Los girasoles quedaron prensados entre sus pechos; las hojas crujieron suavemente. Toda la habitación se llenó de un naranja palpitante y de alta frecuencia.

Pum, pum, pum.

—No me digas más cuánto me quieres, Zhou Ling —susurró Song Mingqi, rodeándole la cintura, con los labios casi pegados a los suyos—. Ya lo he visto.

⸜(。˃ ᵕ ˂ )⸝♡

Tropezar con la caja de hierro (Lie Yu).

Perdón por la espera. Aún queda un Extra II

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