Extra II: No va de paso, pero va al corazón

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Extra II: No va de paso, pero va al corazón

 

—¿A qué hora sales hoy del trabajo?

El móvil vibró. Song Mingqi apartó un momento la vista de la pantalla del ordenador y lo tomó en la mano.

—Sobre las seis. ¿Tú aterrizas a las cuatro?

—Ajá —dijo Zhou Ling—. Entonces voy directo desde el aeropuerto y te recojo al salir.

—Vete a casa a descansar, el viaje de trabajo habrá sido agotador.

—¿Con Zhao Xicheng en casa, tú crees que podría descansar?

Song Mingqi tecleó seis puntos suspensivos, ensordecedores:

—……

Zhou Ling le envió otro sticker de un gatito bailando—. Además, quería verte primero. Te echo de menos, profesor Song.

A las cinco y cuarenta y cinco llamaron a la puerta. Song Mingqi pensó que era Zhou Ling y se levantó de inmediato, pero al abrir se encontró con un estudiante. Volvió a sentarse y se dispuso a escuchar el interminable desahogo vital de un alumno de último curso al borde del colapso por su tesis.

Con los estudiantes de cuarto, a los que aún les quedaban cuatro meses para la defensa, la estrategia de tutoría de Song Mingqi era clara: ejercer de orientador psicológico y ofrecer suficiente apoyo emocional. En lo académico, poco más podía hacerse; ya no había mucho que salvar.

Diez minutos después, acompañó al estudiante hasta la puerta. De un vistazo vio, junto a ella, una maleta de cuero marrón y, en el pasillo, una alta silueta apoyada junto a la ventana abierta, recibiendo el aire frío.

Song Mingqi soltó una risa:

—¿Qué haces? ¿Meditando sobre la vida?

Con un chirrido, la ventana se cerró. Zhou Ling se dio la vuelta con una bolsa de comida en la mano.

—He visto que había alguien en tu despacho y me he quedado esperando fuera un rato.

—Me refiero a por qué te pones a pasar frío.

Las mejillas de Zhou Ling estaban enrojecidas por el frío:

—El taxi en el que venía olía a tabaco. Tenía que airearme, si no luego no me dejas abrazarte.

—… ¡Habla más bajo!

Song Mingqi le tapó la boca a toda prisa y miró instintivamente el pasillo. Al comprobar que no había nadie, tiró del asa de la maleta y regresó al despacho. Zhou Ling lo siguió y cerró la puerta tras de sí, echando el pestillo.

Dentro hacía calor. Zhou Ling se quitó el abrigo de cachemir gris oscuro y la bufanda, colgándolos en el perchero de la entrada. Debajo llevaba un traje negro de sutiles dibujos. Se desabrochó los botones y aflojó la corbata con un gesto despreocupado.

Desde que se graduó, trabajaba como ingeniero de automatización en una empresa de nuevas energías. Además, había estudiado por su cuenta asignaturas de gestión y economía. Este año, un amigo con intención de emprender lo había invitado a montar juntos una empresa de control centralizado para invernaderos, y últimamente no paraba de viajar para cerrar acuerdos.

A Song Mingqi le hizo gracia imaginarlo en el avión, vestido con ese atuendo tan formal, enviándole stickers de gatitos bailando.

—Te he comprado una tarta de crema de la pastelería câlin —dijo Zhou Ling, dejando la caja sobre el escritorio.

La pronunciación francesa seguía siendo difícil, pero a Song Mingqi le encantaba esa pastelería de Min Tian.

—Menos mal que es invierno; así no se derrite.

Song Mingqi se giró frente al escritorio y quedó casi atrapado entre los brazos de Zhou Ling. Hoy iba vestido de forma más informal, con un chándal gris jaspeado, y la presencia de Zhou Ling lo eclipsaba un poco. Song Mingqi alzó la mano y le tocó la cara; Zhou Ling se inclinó hacia él, dejándose acariciar desde detrás de la oreja hasta la barbilla, y luego se quedó así un rato. Estaba realmente frío.

En un parpadeo, Zhou Ling había cumplido treinta y un años. El año siguiente sería el décimo desde que se conocían.

Su figura era cada vez más imponente; sus cejas y ojos habían ganado madurez. Cuando no sonreía, desprendía un aire más severo, pero frente a él seguía siendo como en sus veintitantos: hablaba más, reía más y lo llamaba profesor Song.

Song Mingqi ya había visto el logotipo de la caja:

—No te queda de paso con el aeropuerto, ¿verdad?

Uno estaba en la ciudad; el otro, a las afueras. Zhou Ling había terminado antes sus reuniones y se había desviado expresamente para comprarla.

—No va de paso, pero va al corazón. Ya tenía pensado venir, y últimamente tú no te pasas por Min Tian… —Zhou Ling le rodeó la cintura, reclamando recompensa—. Dame un beso.

A veces Song Mingqi pensaba que Zhou Ling era incluso más pegajoso que Zhao Xicheng: besos sin fin, abrazos interminables; hasta para ver la tele necesitaba que Song Mingqi apoyara las piernas sobre él.

Cuando Zhou Ling ayudaba a Zhao Xicheng con los deberes y llegaba a un punto muerto, se enfadaba, se levantaba y venía a quejarse, pidiéndole a Song Mingqi que tomara partido: que si cuando lo había enseñado a él había sido más fácil. En cuanto Song Mingqi respondía que sí, Zhou Ling pasaba de la desesperación a la esperanza en un instante.

En la universidad, Song Mingqi no se atrevía a excederse; apenas le dio un beso rápido en la mejilla. Zhou Ling, en cambio, no era tan comedido: le sujetó la nuca y lo besó. Ahora besaba con verdadera destreza; su lengua se coló, curvándose y rodeándolo como un anzuelo. Aunque solo fuera un beso, parecía recorrerle todo el cuerpo. A Song Mingqi se le aflojaron un poco las piernas; acabó sentado sobre el escritorio, inclinado hacia atrás, con una mano en el cabello de Zhou Ling.

Zhou Ling se había dejado crecer el pelo. Para buscar trabajo y cerrar negocios necesitaba una imagen distinta; con el pelo largo parecía más afable, con una elegancia de caballero, menos intimidante. Aun así, Song Mingqi seguía tocándole el cabello por costumbre, añorando aquella sensación áspera de antes.

Se besaron durante un rato, olvidándose de todo, hasta que Song Mingqi recordó que estaban en el despacho y le empujó el pecho:

—La puerta…

Zhou Ling, con los labios aún pegados a los suyos, respirando entrecortado, murmuró:

—Está cerrada con llave.

Entonces Song Mingqi comprendió que había vuelto a caer en la trampa. Zhou Ling ya tenía muy claro lo que pensaba hacer desde el momento en que entró.

Al pensarlo así, volvió a sentirse inconforme. Empujó a Zhou Ling y dijo que primero quería comer la tarta.

Zhou Ling lo miró; era evidente que se había quedado a medias. Tenía los ojos enrojecidos, casi inyectados en sangre. Lo observó unos segundos y, al final, lo dejó ir. Se sentó frente a Song Mingqi y lo miró comer despacio la crema de la tarta con la cucharilla: la crema blanca entraba en su boca, los labios rojos se fruncían un par de veces, y cuando la cuchara salía, quedaba húmeda y brillante.

La tarta que habían comprado ese día era de un azul claro, un poco parecida a aquella que habían abandonado nueve años atrás junto al mar, después de conducir a toda velocidad. Song Mingqi retiró la decoración de la parte superior y la dejó a un lado, y luego le dio de comer arándanos a Zhou Ling.

Charlaron un poco sobre el viaje de trabajo. Zhou Ling dijo que había ido bastante bien, que probablemente conseguirían la inversión. Luego preguntó por la reunión de padres de Zhao Xicheng. Song Mingqi le contó que en matemáticas, física, química y biología iba muy bien, pero que en lengua no daba la talla: el profesor de lengua lo había llamado a su despacho y lo había regañado durante un buen rato, diciendo que, por lo general, las madres tenían un pensamiento más sensible y que sería mejor que la madre le leyera más libros.

—Yo tampoco tengo muchas opciones… —Song Mingqi mordisqueó la cuchara, preocupado—. No voy a decirle a Zhao Xicheng que solo tiene dos papás, uno de ciencias y el otro también de ciencias.

—Hablaré bien con él —dijo Zhou Ling.

—Entonces lo dejo en tus manos. Yo ya no tengo recursos —Song Mingqi se levantó riendo.

Zhou Ling volvió a ponerse el abrigo. La bufanda de lana acabó alrededor del cuello de Song Mingqi. Cogieron la maleta y caminaron juntos hacia el aparcamiento subterráneo.

Al llegar al coche, Zhou Ling dijo que él conduciría. Song Mingqi le lanzó las llaves. Ya dentro, Zhou Ling no arrancó de inmediato: se quitó la chaqueta del traje y se aflojó la corbata, dejando a la vista una camisa blanca y amplia que suavizaba mucho su figura. Giró la cabeza; en sus ojos apareció por fin un rastro de cansancio.

—Profesor Song, quiero abrazarte un rato más.

Song Mingqi lo miró y luego pasó por encima de la palanca de cambios. Zhou Ling le sostuvo la cintura con tanta fuerza que casi lo levantó. Song Mingqi se sentó a horcajadas sobre sus piernas, apoyando la espalda en el volante, dejándose abrazar.

Zhou Ling apoyó la frente en el hueco de su cuello y, distraídamente, fue enrollando entre los dedos el cordón de la capucha de su sudadera.

—Siento que hace mucho que no estamos tranquilos juntos —dijo—. Si de verdad monto la empresa, seguro que estaré cada vez más ocupado. ¿Te enfadarás conmigo, profesor Song?

—¿Eres feliz haciendo lo que haces ahora?

—No diría exactamente feliz. La felicidad es un estado demasiado puro, difícil de alcanzar. Pero siento que es algo que puedo hacer bien. Tomarlo como objetivo me permite conocer a personas distintas, ganar dinero, comprarte postres franceses… y tener momentos como este, que me parecen muy buenos.

—Mientras sea la vida que tú quieres, está bien —Song Mingqi apoyó la mejilla en la coronilla de su cabeza—. Creo que amar a alguien es como lanzar un avión de papel: al soltarlo, puede mojarse con la lluvia o caer al suelo; pero si no lo lanzas, solo es una hoja de papel, no un avión.

—Yo sigo queriendo que seas un avión.

El sueño de Zhou Ling de pilotar aviones encontraría, de otra manera, su realización junto a Song Mingqi.

Sintió cómo se le calentaban los ojos. Alzó la cabeza para mirarlo y Song Mingqi le acarició suavemente los párpados.

Volvieron a besarse. El abrazo a través de la ropa ya no era suficiente. La mano de Zhou Ling se deslizó bajo el dobladillo, recorriendo desde el vientre hasta el cuello. Song Mingqi se arqueó un poco hacia atrás, con la respiración desordenada.

La dulzura de la crema y el ligero ácido del arándano se intercambiaban en sus bocas, pero era ese toque agrio el que destacaba más: atravesaba la suavidad de la crema y se clavaba en las papilas, desatando una tormenta de sabores. Quien probaba lo expresaba con un gesto embriagado; quien lo había preparado se esforzaba aún más. La calefacción del coche seguía acumulando calor, hasta que la crema terminó por derretirse en un charco inmóvil.

No fue hasta que Zhao Xicheng llamó diciendo que tenía hambre cuando, por fin, arrancaron el coche.

El cuello de la camisa de Zhou Ling estaba algo abierto; Song Mingqi estaba aún menos presentable. Al volver, tendría que ir directo a ducharse.

—Le diré a Zhao Xicheng que ponga el arroz; cuando llegue, yo cocino —dijo Zhou Ling—. Tú, después de ducharte, ya puedes comer.

Song Mingqi acababa de comer tarta y en realidad no tenía hambre, pero de pronto pensó en algo y preguntó:

—¿Le has traído algo?

—¿A quién?

—A Zhao Xicheng.

—Ah, sí —dijo Zhou Ling mientras giraba el volante—. El yogur y el donut que daban en el avión.

—……

Zhou Ling se echó a reír:

—¿Qué pasa…?

Song Mingqi frunció los labios:

—Nada, solo que tu “amor paternal” es un poco… escaso.

—Él no se dará cuenta. No le digas que eran gratis… —Zhou Ling rió a carcajadas—. Además, ¿no lo dijiste tú? ¡Las cosas más caras a menudo no cuestan dinero!

≽^•⩊•^≼

Tropezar con la caja de hierro /Lie Yu)
Song Mingqi: (⊙ˍ⊙) ¿Yo quería decir eso?

Después de escribir este extra, el corazón se me quedó blandito. ¡Siento que puedo perdonar al mundo entero! ¡Feliz doble festividad para todos! 🥰

꧁⎝ 𓆩༺✧༻𓆪 ⎠꧂

Nota de la traductora: Gracias por seguir y llegar hasta el final. Espero que hayas disfrutado de la historia, la relación y sus situaciones…Yo sí lo hice. Estoy abierta a comentarios de todo tipo acerca de la historia, de la traducción, de otras historias que te gustaría leer,… aquí estoy.

Esta historia forma parte de una serie de novelas de la autora llamada: “Serie Oscura: Sísifo y el farolero” (Fetiches oscuros).

Aunque cronológicamente se escribió primero la de Obsesión (o Mística según que traducciones) (2023), decidí traducir antes la que acabas de leer Deseo de caza (también llamada Lujuria) (2025).  El motivo fue que encontré en alguna página una definición de esta historia como:  “Un hombre de élite obligado a enamorarse por un reparador” y claro, me llamó la atención…

La siguiente/anterior ya la tengo traducida, pero falta revisar y pasarla por la editora para poder subirla (estamos en ello). Pronto podremos compartirl@ y disfrutarl@ junt@s. 

Gracias de nuevo.🌹

°❀⋆.ೃ࿔*:・°❀⋆.ೃ࿔*:・

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