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Los callejones de la leyenda urbana del «Callejón de la Muerte» tienen cada uno una temática.
Es como en la realidad, donde tiendas que manejan rubros o productos similares se agrupan y forman una zona comercial.
Por supuesto, aparecen de manera totalmente impredecible y la probabilidad de aparición también varía.
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Secciones confirmadas en el Callejón de la Muerte hasta el ahora:
—————————=
Y el lugar al que acabábamos de entrar era un callejón donde vendían artículos de uso diario.
Pero, aunque fuera a simple vista, yo estaba caminando directamente hacia la tienda con peor pinta para entrar de todo este callejón.
Una carnicería con órganos vivos y trozos de carne colgando.
Se retorcían.
«P-pensemos que es una casa embrujada.»
Está bien. No hay nada… colgado con la forma exacta que tenía cuando estaba vivo. Todo son partes. Solo, solo pensemos que es una atracción de parque de diversiones con tecnología animatrónica…
Espera, ¿pero si pienso en un parque de diversiones, me acuerdo del Parque Temático Fantasy Land y da más miedo todavía?
«T-tranquilízate.»
No podía echarme atrás.
Fingiendo calma a la fuerza, avancé con pasos firmes hacia la carnicería.
[ Carnicería, Carne Fresca ]
Bajo el escaparate iluminado por luces rojas y azules, el dueño, que estaba afilando sobre una piedra el cuchillo con el que preparaba la carne, levantó la cabeza.
Un delantal empapado de sangre.
Un cuerpo enorme.
Al mirarlo más de cerca… Una vaca desollada y hecha jirones nos estaba mirando con una cabeza convertida en un amasijo de carne.
Clac.
Nos hizo un gesto. Como si quisiera tratar bien a un cliente, llamándonos para acercarnos y ofrecernos un buen servicio.
—Su-supervisor ¡espere un momento! —Kang Ihak se puso delante de mí—. Ja, ja, eh, bueno. No parece que necesitemos nada de esa tienda, ¿por qué no vamos a otra?
—Pero el dueño ya hasta nos hizo señas. También sería feo no entrar.
—Ah, tiene razón. ¡Los buenos modales, ante todo!
—¡No! —Kang Ihak se dio cuenta enseguida de que había levantado demasiado la voz, así que la bajó rápidamente y habló con urgencia—: ¡Decía claramente que jamás entráramos a un callejón donde hubiera carne!
Tenía razón.
=————————–
Entrada del Manual: «Callejón de la Muerte».
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Solo leer esos apartados del manual ya daba escalofríos.
—Exacto.
—Ah, ¿lo recuerda entonces? Pues…
—¿Y qué con eso?
—¡¿…!?
—Yo quiero ir de compras.
Y caminé directamente hacia la carnicería.
—¡No-Noru-ssi!
¡Lo siento, Jang Heoun! ¡Está bien si huye…!
Pero escuché las pisadas de las dos personas siguiéndome. Parecía que ambos habían decidido venir detrás de mí.
Mmm. Pensé que escaparían.
«La verdad es que quizá quien más quería salir corriendo era yo…»
Pero si me detenía aquí y cedía terreno, sentía que volvería a quedar arrastrado por las intenciones ocultas de esa compañera, así que seguí avanzando.
Al final, los tres terminamos de pie, uno junto al otro, frente a la carnicería iluminada intensamente, donde exhibían partes retorciéndose…
Naturalmente, yo estaba al frente.
Ja.
…
La vaca desollada me miró.
«Uuugh».
No debía mirar demasiado de cerca.
Desenfoqué la vista y miré hacia el cuello del dueño, pero las venas se retorcieron y rápidamente desvié la mirada hacia la ropa.
Casi era mejor mirar la ropa empapada de sangre.
—Buenas tardes. ¿Hacen empaquetado fresco?
A..Si, Es.
—Hay muy buenas piezas. Mmm… quizá. —Fingí pensarlo y señalé con el dedo—: ¿Podría ver las patas delanteras?
¡Pum!
La cabeza de vaca desollada se levantó de su sitio y abrió la puerta de cristal. Desde dentro, sacaron varias ‘patas delanteras’ y las exhibieron frente a mí.
…Cuerpos que todavía se movían vivos, retorciéndose.
Pata de un animal.
La mano de primate.
La mano de otro primate.
¿Tentáculos?
Pata de un animal
Y luego, una mano humana con dedos temblorosos llevando un anillo arañaba el cristal suplicando…
«Ugh.»
Tenía que soportarlo.
Miré hacia abajo fingiendo tranquilidad.
…No había ninguna mano izquierda adecuada entre ellas.
«Qué pena.»
Ya que estaba soportando este sufrimiento mental, al menos hubiera sido bueno obtener algo. Apartando de mi mente a la subgerente Eun Haje, pensé un momento antes de decirle al otro.
—Algo con huesos más resistentes da mejor caldo… Mmm. ¿Tendrá también alguno con ojos?
¡PUM!
Como ya había rechazado una vez, los movimientos del dueño se volvieron más bruscos. Detrás de mí, a ambos lados, escuché débilmente a mis compañeros contener la respiración.
Yo también soporté el miedo respirando profundo.
«Exhibición…»
Las patas delanteras desaparecieron.
Y aparecieron globos oculares ante mí.
Iris violeta sobre pupila negra.
Un ojo azul del tamaño de un puño.
Cristalinos 1aún con restos de carne adheridos.
Círculos blancos temblando sin enfoque…
Y… una pupila de color marrón que me observaba con desesperación.
«Ja.»
Cerré los ojos y volví a abrirlos.
—Ese se ve bien. —Señalé con el dedo.
El primer globo ocular exhibido, el negro con iris violeta brillante.
—Quiero comprarlo. Ah, y no hace falta que lo corte.
…
La vaca desollada me observó fijamente. Y luego extendió la mano. Un gesto clarísimo para que pagara.
—Supervisor, ¿intentamos averiguar discretamente qué debemos pagar…? —murmuró Kang Ihak en voz muy baja.
—No.
Saqué una caja desde el interior del tatuaje.
Pum.
Una caja pesada llena de maíz y zanahorias quedó frente a la tienda.
—¿…?
—¿…?
—Pagaré con esto.
Si se intenta comprar mediante trueque en esa carnicería, debe negociarse obligatoriamente con alimentos que la vaca pueda consumir.
Claro. Las tiendas del Callejón de la Muerte a veces usan monedas extrañas, pero nosotros básicamente no teníamos esa moneda.
«Así que había que intentar el trueque.»
Solo que cada tienda aceptaba objetos distintos, así que yo había llenado mis tatuajes con artículos de primera necesidad, joyas, snacks y otras cosas…
Incluyendo una caja de verduras.
Claro que también había tiendas que exigían algo que un ser humano en su sano juicio jamás podría entregar como pago.
Pero aquí, esto era suficiente.
—¿Cuánto tendría que darle como precio?
…
El dueño de la carnicería extendió la mano para llevarse de una vez todo el montón de verduras que había sacado.
Mis acompañantes, que estaban horrorizados por la performance del inventario tatuado, recuperaron algo de color en el rostro.
—Ah, la transacción salió bie…
—Un momento. ¿Todo eso?
—¡¿…?!
Fruncí el ceño e intervine.
—Es demasiado caro. No, aunque sea un empaquetado de frescura, hay un límite. Tampoco fue fácil para mí traer todo eso hasta aquí manteniéndolo tan fresco…
—¡¿Noru-ssi?!
Mis acompañantes empezaron a mirarme como si fuera aún más loco, completamente pálidos, pero yo seguí hablando.
—Espero que no me hayan subido el precio porque vieron que iba a comprar… ¿O sí? ¿Simplemente hay problemas de abastecimiento últimamente?
A..Si, Es.
—…Debe de estar pasándolo mal. Pero yo también me pasé del presupuesto que tenía pensado… huh. —Guardé silencio a propósito.
El dueño también guardó silencio.
Parecía que la cabeza de vaca desollada me observaba fijamente con expresión vacía y, al final, se dirigió hacia lo que parecía ser la caja y regresó con un puñado de monedas.
Monedas oxidadas, con todos los números y letras grabados al revés.
La moneda de este lugar.
«¡Aaah!»
¡Funcionó…!
Hay tiendas donde el trueque no funciona, y cuando tienes que escapar de lugares así, las monedas son absolutamente necesarias.
—Ah, todo encaja perfectamente. ¡Qué placer el de un guion preparado!
Sonriendo, recibí las monedas.
—…Con el cambio es más que suficiente. Gracias. Me llevaré esto entonces.
—¡…!
El dueño desollado se levantó, aparentemente emocionado, y empaquetó lo que había comprado.
Aquellos ojos negros que giraban frenéticamente dentro de sus cuencas terminaron envueltos en plástico dentro de un líquido transparente y puestos en mis manos.
Me esforcé por no mirar con demasiada atención ni las monedas ni el objeto.
—Gra…cias.
Y entonces.
Tup.
De repente, sangre salpicó mi rostro desde el delantal del carnicero, que se había movido bruscamente. Y también el rostro de Jang Heoun.
—¡…!
Jang Heoun, con la máscara de búfalo, se quedó rígido e inclinó la cabeza. Probablemente estaba tratando desesperadamente de contener las náuseas…
«Maldición.»
Me metí rápidamente en medio y hablé.
—Ah. Parece que mi compañero está débil porque tiene hambre. Será mejor que regresemos rápido para que pueda comer algo.
¡Por favor, por favor!
La vaca desollada observó a Jang Heoun con cierta atención. Justo antes de que Jang Heoun, tieso como una tabla, empezara a sudar frío…
Toc.
El dueño de la tienda dejó caer algo frente a él… Era el maíz que yo había pagado como parte del precio.
—G-gracias… — Jang Heoun tomó el maíz con manos temblorosas.
El dueño lo observó fijamente un momento y luego volvió a sentarse frente a la puerta de cristal de la carnicería.
«…Pasamos.»
Nos alejamos rápidamente de la “Carnicería, Carne Fresca”.
Al mismo tiempo, observé el rostro de Jang Heoun apretando con fuerza el maíz.
Más exactamente, lo que llevaba sobre el rostro.
«… ¿Será por la máscara?»
Parecía haber confundido a Jang Heoun con un búfalo.
Tal como pensé, las máscaras de la Corporación Baekilmong no eran objetos ordinarios. Igual que el recolector de sueños.
«Fuu.»
¡No abandones a tu cuerpo!
Pasos restantes: 7999
Nuestros pasos no se detuvieron hasta que apareció el siguiente callejón, y enseguida revisé el estado de Jang Heoun.
—¿Está bien?
—¿Eh? Ah, sí… b-bueno, no era que hubiera tanta sangre; además, ya estaba todo preparado, así que esto ya… puedo soportarlo…
«… ¿No era más grotesco que estuviera vivo aun estando perfectamente preparado?»
Pero cada persona tiene distintos puntos de miedo. Había que respetarlo. De todos modos, me alegraba que estuviera bien. Su semblante tampoco se veía mal.
Justo cuando íbamos a movernos otra vez.
—¡E-espera, qué demonios fue eso de hace un momento? ¿Cómo hizo una transacción así…?!
Kang Ihak finalmente empezó a preguntar.
Hmm.
«¡Vamos una vez más aquí…!»
A propósito, respondí con total calma.
—¿A qué se refiere?
—¡A lo que compró hace un momento! ¡En el manual decía claramente que evitáramos los callejones donde se viera carne, pero usted actuó como si lo hubiera preparado todo de antemano…!
¡Claro que lo preparé! Pero no podía decir eso, así que respondí:
—Era demasiado obvio.
—¿…?
—Por la descripción de las tiendas relacionadas con carne en el manual, parecía una zona de restaurantes. Normalmente, el problema surge al comerlas… —Levanté la bolsa con lo que había comprado—. Pero esto es una carnicería, ¿no? Supuse que sería posible simplemente comprar sin comer nada.
—¡…!
—Y viendo la forma en que estaba exhibido… —Giré la bolsa para mostrársela. Aquellos extraños globos oculares negros—. Cómo seguían vivos, pensé que podrían usarse para otra cosa.
—…
—Por ejemplo… trasplantes de órganos.
—¡…!
Así es.
Los exploradores no compran comida en la Carnicería, Carne Fresca.
Un empleado explorador logró adherir dentro de su boca una lengua comprada en la carnicería. Funciona sin problemas y puede realizar diversos movimientos imposibles para un humano.
Si adhieres a una parte corporal faltante esas “piezas” de la carnicería, empaquetadas vivas para conservar la frescura, estas se activan.
Incluso llegan acompañadas de las habilidades originales que poseía esa parte.
Claro, si no sabes eso y te acercas a esa carnicería intentando comprar cualquier cosa al azar, ¡es totalmente una locura!
Por eso seguí parloteando.
—En lugares así, lo importante es la deducción creativa a partir de pistas limitadas.
Sí. No lo era.
«…Si intentas imaginar demasiado para sacar ventaja con pistas limitadas, lo más probable es que termines muerto.»
Ese tipo de cosas solo se hacen entre lágrimas cuando de verdad no se ve ninguna forma de escapar… ¡todos lo saben!
Pero no tenía opción más que fingir calma y actuar como un loco. Después de todo, los verdaderos locos siempre tienen una lógica propia increíblemente convincente.
—Yo simplemente acerté en esa deducción. ¿Hay algún problema?
¡Muchísimos! Como esperaba, Kang Ihak me miraba con la boca abierta.
Sí, claro, para usted esto también debe de ser absur…
—¡Guau!
¡Ay, me asustó!
—¡Tiene toda la razón!
¡¿?!
Los ojos brillaron detrás de la máscara de poni.
—No, en serio, claro. Si alguien quiere obtener grandes beneficios, tiene que pensar diferente a los demás… Quizá todo este tiempo fui demasiado cautelosa pensando en riesgos y demás.
—…
—¡Al final la vida es todo o nada! ¡Ja, ja, ja! ¡Así es!
E-espera un momento. Esto se está poniendo raro…
—Bueno, bueno, avancemos. Vaya, hacía tiempo que no encontraba a un superior tan digno de admiración.
—…
En ese instante me di cuenta.
«¡El Corazón de Plata!»
Todavía llevaba el Corazón de Plata colgado dentro del bolsillo.
«¡Y encima me puse a hablar sin parar con eso equipado y terminé convenciéndolo!»
El problema era que, aun así, la situación seguía siendo extraña.
Según la configuración, el Corazón de Plata no era una herramienta de lavado de cerebro, sino de persuasión.
Eso significaba que solo funcionaba si había tanto validez lógica como empatía emocional.
«Entonces, con declaraciones tan absurdamente dementes como estas, lo normal sería que no funcionara…»
—A partir de ahora apoyaré bien las hazañas del supervisor. ¡Ja, ja!
—…
Ah.
Ya entendí.
Esta persona… realmente creyó que toda la lógica demente que estuve diciendo tenía sentido.
«¿Qué clase de ser humano es este?»
Sentí sudor frío correr por mi espalda. Aferrándome a la última esperanza, miré hacia mi compañero aparentemente normal.
«Jang Heoun, al menos usted…»
—¡Sí, yo también lo apoyaré bien!
—…
¿En qué punto se torció todo aquí?
Jang Heoun tenía una expresión de: “¡Guau! ¡Otra vez me ayudaron! ¡Qué agradecido estoy!”
Estado de persuasión completado.
—Felicidades. Has ganado la confianza de tus compañeros de trabajo, amigo mío.
—…
Sí.
Pero algo… algo está mal.
Aun así, por ahora no quedaba más remedio que seguir caminando para salir de aquí…….
«P-primero escapemos.»
¡No abandones a tu cuerpo!
Pasos restantes: 6999
Sorprendentemente, el siguiente callejón también transcurrió sin problemas.
Y el siguiente después de ese también.
—Son tiendas de iluminación. Si miramos hacia las ventanas, podemos quedar ciegos o quemarnos, así que avancemos fingiendo que hablamos entre nosotros y evitando la vista.
—¡Sí!
Callejones llenos de toda clase de tiendas extrañas y misteriosas.
Aun así, como ya conocía el manual, era como presentar un examen sorpresa después de memorizar perfectamente el libro de texto.
Aunque seguía extremadamente tenso porque bastaba equivocarse en una sola pregunta para morir…
—¡Oh! ¡Una farmacia! ¿Qué tal si esta vez intento comprar algo ahí? Supervisor, ¿qué opina? ¿Y usted, señor Búfalo, está de acuerdo?
—¡Sí! ¡A mí me parece bien!
—…No parece tener mucho valor, así que por ahora sigamos.
—Ah, claro, las balas hay que gastarlas en lugares importantes, ¡ja, ja!
¿Ahora todos esperaban naturalmente que yo hiciera otra compra temeraria…?
Y lo que más sudor frío me daba era que mis compañeros parecían totalmente dispuestos a apoyarme.
Mientras tanto, ni siquiera aparecía una tienda donde pudiera haber llegado el chocolate, que era el verdadero motivo por el que había entrado aquí.
Además, era agotador tratar de observar los alrededores disimuladamente sin cruzar miradas con los dueños de las tiendas. Hah…
Fue entonces.
¡No abandones a tu cuerpo!
Pasos restantes: 4999
—Ah, supervisor. Apareció un nuevo callejón…
Detuve mis pasos y observé la abertura entre las tiendas de productos farmacéuticos.
Desde ahí… salía un hedor.
«Uf».
Era un callejón trasero extremadamente estrecho.
Parecía medir menos de la mitad del callejón de los puestos ambulantes… pero era muchísimo más oscuro.
—…
Fiuuu.
A lo largo del callejón se alineaban pequeñas puertas viejas, una tras otra, de manera inquietante. Apenas una o dos lámparas de gas parpadeaban débilmente aquí y allá…
Bajo esa luz tenue aparecía y desaparecía una sustancia viscosa parecida a líquido de alcantarilla que fluía desde las tuberías junto a las puertas.
Y debajo de las lámparas de gas, apoyadas contra la pared, había siluetas extrañas: seres demacrados, con las espaldas curvadas de forma antinatural.
Los miré de manera furtiva.
Aquellos individuos, vestidos con uniformes sucios y desgastados, nos observaban.
…considerándolo todo.
«Aunque uno no supiera que esto es una historia de terror, daría media vuelta y huiría inmediatamente.»
El callejón estaba impregnado de una sensación siniestra y espeluznante que hacía imposible imaginar una compra normal.
—…Esto no estaba en el manual.
Tenía razón.
En este punto de la Corporación Baekilmong todavía no se habían realizado exploraciones reales aquí; era un callejón desconocido para los empleados.
…El problema es.
«Yo tengo que entrar ahí…»
Me daban ganas de llorar.
Y de alguna manera… también me daban ganas de llorar porque sentía que, incluso siendo un lugar tan malditamente loco, ni siquiera tendría que convencerlos para entrar…
Con sentimientos complicados, miré a mis compañeros y dije:
—Entremos en ese callejón.
Y sus reacciones fueron estas.
—¡Sí…!
—¿No parece un lugar donde venden mercancía robada? Vaya, ¡beneficios garantizados!
—…
Por favor… ¡dejen que el único loco de este lugar sea yo!