Prólogo | Pórtate bien y te celebraré el Dia del Niño

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El hombre tenía un aspecto demacrado, el cabello ralo y las cuencas de los ojos hundidas; era la fisonomía típica de los adictos a la blanca que habitaban en la Ciudadela.

En ese momento, corría despavorido por un callejón oscuro y estrecho entre los edificios. Sus pies producían un sonido húmedo y pegajoso al pisar; quién sabe cuántas ratas grasientas había aplastado en su camino. Detrás de él, varios hombres de rostro oscuro lo perseguían con machete en mano, gritando amenazas tan trilladas que no habían cambiado en diez años:

—¡Oye, chico! ¡No corras! ¡Mierda, estás muerto! ¿Me oyes? ¡Detente ahí!

Al girar en la bifurcación de adelante, se topó de frente con varios puestos de carne de perro donde el bullicio era ensordecedor. En el patio se apretujaban docenas de pequeñas ollas calientes, y las mesas sucias estaban cubiertas de botellas de alcohol y huesos roídos. El hombre, impulsado por la desesperación, cargó sin frenos y volcó varias mesas de un golpe. ¡El lugar se volvió un caos! La gente comenzó a gritar y maldecir, y en un instante, los empujones y los golpes convirtieron la escena en una maraña de confusión.

Los corpulentos perseguidores quedaron atrapados en la multitud hirviente como albóndigas cayendo en una olla de sopa caliente. Tras luchar por salir a flote, lograron escapar de la turba con aspecto lamentable, pero el hombre ya se había esfumado sin dejar rastro.

—¡Mierda! —bramó uno de los matones, un tipo con una cicatriz en la cara y el cabello peinado hacia atrás con abundante gomina, muy a la moda.

—Hermano Ma, ¿qué hacemos? —preguntaron los otros.

—¡Hacer qué ni qué nada! ¡Bola de inútiles! ¡Sepárense y búsquenlo!

El fugitivo corría jadeando pesadamente. La oscuridad del callejón frente a él parecía infinita, pero sabía que si lograba cruzar por allí y salir de los límites de la Ciudadela del Dragón1, estaría a salvo, al menos por el momento.

De repente, en medio de la oscuridad, se escuchó el leve sonido de un fósforo al raspar: ¡Fssst!

Una pequeña llama iluminó la penumbra.

El hombre se frenó en seco, con los ojos desorbitados y un sudor frío empapándole la espalda al instante.

Le temblaban las pantorrillas mientras miraba fijamente una larga espada clavada horizontalmente en la pared. El filo de la hoja estaba a un solo paso de su cuello. Si se hubiera detenido medio segundo más tarde, se habría ensartado él mismo y su cabeza se habría separado del cuerpo.

El hombre que había encendido el fósforo estaba recostado contra la pared. Inclinó la cabeza para encender un cigarrillo y luego exhaló el humo con placer, mirando hacia arriba.

La tenue luz del fuego perfiló un rostro de facciones frías y una expresión despreocupada.

El fugitivo cayó de rodillas con un golpe seco.

—Her… Hermano Liuyi2

Xia Liuyi bajó la mirada, sacudió la ceniza de su cigarrillo sobre la empuñadura de otra espada que aún llevaba envainada en la cintura y preguntó con tono ocioso:

—¿Vas a seguir corriendo?

—¡No! ¡No, no, no correré más! ¡Sé que me equivoqué! Hermano Liuyi…

—Qué bueno que reconozcas tus errores —dijo Xia Liuyi, levantando la barbilla con pereza—. Sácala.

El hombre se levantó temblando de pies a cabeza. Tuvo que intentarlo varias veces hasta que logró arrancar la espada, que estaba profundamente incrustada en el muro, y se la entregó a Xia Liuyi sosteniéndola con ambas manos.

—Cárgala tú —dijo Xia Liuyi, enderezándose con el cigarrillo en la boca—. Pórtate bien, que cuando volvamos te invitaré a celebrar el Día del Niño.

Al escuchar esa última frase, al hombre se le aflojaron las piernas y volvió a caer al suelo de golpe, rompiendo en un llanto desconsolado.

—¡Hermano Liuyi, sé que estuve mal! ¡Perdóname la vida! ¡Ten piedad, ah, ah, ah…!

Xia Liuyi ya se había alejado con paso ligero sin decir una palabra más, limitándose a agitar la mano hacia atrás como si llamara a un perro.

El hombre, llorando a mares y casi orinándose en los pantalones, se apresuró a seguirlo… cargando obedientemente aquella brillante y larga espada.

Notas del Traductor

  1. Basada en la Ciudad Amurallada de Kowloon. Era un asentamiento densamente poblado y sin ley en Hong Kong, famoso por ser controlado por las tríadas hasta su demolición en los 90.
  2. Aquí está el juego de palabras central. El nombre del protagonista es Xia Liuyi. “Liu Yi” significa literalmente “Seis Uno” (6-1), que es la fecha del 1 de junio, el Día Internacional del Niño.
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