× Capítulo 41: Dabao y Erbao ×

Arco | Volúmen:

No disponible.

Estado Edición:

Editado

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

A primera hora de la mañana, Wu Suowei salió de su habitación vestido con los floreados calzoncillos de su madre y una camiseta sin mangas de su difunto padre. Cada vez que Jiang Xiaoshuai veía este atuendo de Wu Suowei, soltaba una carcajada. Era jodidamente ridículo.

—Oye, pronto vendrán pacientes. Mejor cámbiate de ropa.

—No hay prisa—. Wu Suowei, acostumbrado a ser descuidado, respondió:  —Voy a bañarme ahora.

Jiang Xiaoshuai lo miró con curiosidad. 

—He visto que te gusta dormir con esta ropa.

Wu Suowei, distraídamente, se hurgó la nariz.

 —La ropa de antes es de mejor calidad, puro algodón. Es muy cómoda para dormir.

Justo cuando terminó de hablar, se escuchó el chirrido de frenos afuera. Wu Suowei lanzó una mirada casual hacia la ventana y su dedo quedó paralizado dentro de su fosa nasal… ¡¡Era el auto de Chi Cheng!!

—Mierda, mierda, mierda…— Wu Suowei entró en pánico. 

—¿Por qué llegó tan rápido?—¡Y él seguía vestido así!

Chi Cheng, con calma, abrió la puerta del auto y bajó con Xiao Cu Bao en brazos.

—Voy a esconderme en el baño. Si pregunta, dile que no estoy—. Wu Suowei salió disparado hacia el baño como si tuviera las suelas aceitadas y cerró la puerta con llave desde adentro.

Cuando Chi Cheng entró, Jiang Xiaoshuai levantó la vista fingiendo no conocerlo y sonrió amablemente. 

—¿En qué puedo ayudarte?

Chi Cheng fue directo al grano. 

—¿Dónde está Wu Suowei?

—Ah, acaba de salir. ¿Necesitas algo de él?

Chi Cheng detectó con agudeza el movimiento en el baño. Y sin decir una palabra, avanzó con paso firme hacia allí. El primer empujón no abrió la puerta. Al segundo intento, el cerrojo se rompió desde dentro.

Jiang Xiaoshuai tragó saliva. ¡Joder, este tipo es demasiado… guapo!

Wu Suowei estaba pegado a la puerta escuchando los ruidos cuando, sin previo aviso, una violenta sacudida dejó medio cuerpo entumecido. Inmediatamente después, con un ¡crac!, el rostro de Chi Cheng apareció en su campo visual.

La camiseta sin mangas, amarillenta por los lavados, con varios agujeros en el pecho. Pero lo más llamativo eran esos calzoncillos floreados, deshilachados, con costuras saltadas y bordes desgastados, cubriendo justo esas zonas poco críticas…

Chi Cheng absorbió cada detalle del atuendo casero de Wu Suowei.

Dos segundos después, un rugido estalló desde el baño: 

—¿Es así como se hacen las cosas? ¡Joder! Esto es un baño, no una sala. ¿Entras así como así? ¡¿Y si alguien estuviera cagando?! ¡¿Y si en vez de mí hubiera una mujer aquí?!…

Wu Suowei soltó una retahíla de quejas hasta darse cuenta de que Chi Cheng ni siquiera escuchaba. Sus ojos, clavados como puntillas en los calzoncillos floreados, brillaban con puro morbo.

Imagen, cuida tu imagen… Wu Suowei recobró de repente la consciencia. Se presionó el entrecejo y, al alzar la mirada, mostró de nuevo su expresión tranquila e indiferente: 

—Por favor, sal. Necesito bañarme.

Chi Cheng respondió: 

—Apúrate. Te espero afuera.

Diez minutos después, Wu Suowei salió del baño bien vestido, se sentó frente a Chi Cheng, encendió un cigarrillo con calma y preguntó despreocupadamente: 

—¿Qué querías de mí?

Chi Cheng acariciaba suavemente el cuerpo de Xiao Cu Bao mientras respondía con indiferencia: 

—Mi Erbao no se siente bien. Quiero que lo cures…

—¿Erbao? —Wu Suowei sonrió burlonamente. ¡Joder, hasta le pone nombres cariñosos! 

—¿Y quién es Dabao entonces?

—¿No eres tú? —replicó Chi Cheng.

Mierda… La expresión de Wu Suowei se congeló. ¿Cómo olvidé eso? Recuperando su compostura, miró a Chi Cheng con serenidad.

—Si está enfermo, ¿por qué me buscas a mí? Esto es una clínica, no un veterinario. Además, yo no soy doctor.

Chi Cheng sonrió sin motivo aparente: 

—Si tu hermanito está enfermo, ¿no podrías dejarlo morir, verdad?

¿Qué tiene que ver mi hermano ahora?

Chi Cheng notó la confusión de Wu Suowei y le explicó con paciencia: 

—Tú eres Dabao, él es Erbao. Si no es tu hermano, ¿de quién es?

Wu Suowei: —…

Chi Cheng añadió: 

—Además, me debes tantas cosas… ¿Hoy, no es hora de pagar?

—¿Qué te debo? —Wu Suowei frunció el ceño, desafiante.

Chi Cheng enumeró sin apresurarse: 

—Tofu seco, caramelos de leche, habas orquídea, patas de pollo en escabeche picante, ciruelas liuliu, Red Bull, Wangzai…

¡¡Maldita sea!! Wu Suowei rugió internamente. ¡Esas fueron mis ofrendas para ti! ¿Cómo se convirtieron en una deuda?

Por supuesto, su rostro permaneció imperturbable. Extendió las manos y declaró con claridad: 

—Se acabaron.

—Ve a comprar —dijo Chi Cheng con naturalidad.

Wu Suowei, conteniendo su furia, respondió fríamente: 

—No tengo dinero.

Chi Cheng sacó varios billetes rojos de su bolso y se los tendió a Wu Suowei.

Wu Suowei aceptó el dinero despreocupadamente, lo guardó en su bolsillo y murmuró dos palabras en voz baja:

—No voy.

Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x