Cuando era joven, Qin Mingzhu hacia honor a su nombre: Era una perla brillante y eran incontables los que suspiraban por él.Vivió una vida feliz en un estado de riqueza y embriaguez. A los treinta y cinco años se comprometió con un pretendiente que era dieciséis años menor que él y luego se casó.A los cuarenta y siete le llegó el divorcio. De perla brillante pasó a ser una perla abandonada. Ese mismo año murió solo, en el extranjero. El guía turístico que había contratado, por error, avisó de su muerte a su exmarido.Luego, Qin Mingzhu en forma de fantasma flotó en el aire y vio al hombre que había estado en un avión durante más de diez horas corriendo al hospital con los ojos inyectados en sangre.¿Me seguirás amando como el primer día, hasta que la muerte nos separe? Cuando envejezca y ya no quede nada de mi belleza.
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