En el verano de 1997, Cheng Sheng huyó de Pekín en un camión cargado con sus instrumentos rumbo a la casa de su abuela en Yuncheng para pasar las vacaciones de verano, y en esa huida encontró un amor inesperado. Dicen que uno ama lo que le falta, y Cheng Sheng no podría estar más de acuerdo: él, un señorito de buena familia que nunca pasó penurias, se enamoró a primera vista de un chico pobre e intentó ganarse su amor sin descanso. Cuanto menos caso le hacía el chico, más feroz era su cortejo; ni siquiera quedar cubierto de heridas lo hizo querer retirarse.En el verano de 2007, los tongzilou habían sido demolidos y en su lugar se alzaban imponentes rascacielos, transformando el paisaje por completo. El chico pobre ya no era pobre y el señorito había perdido su terquedad. Al reencontrarse, fingieron no conocerse, actuando como si el otro se hubiera borrado por completo de su memoria.Entre idas y venidas, entre lo dulce y amargo, el amor prevalece sobre todo.
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