Capítulo 21: El descubrimiento de Louis

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Volumen 1: Niño Blanco

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Cada vez quedaban menos zonas cubiertas de nieve.

El crujipasto (empezaron a llamarle así a la hierba crujiente) se había convertido en algo común y, aunque todavía caían nevadas intensas, comparadas con las violentas tormentas de nieve que azotaban su antiguo territorio, este clima era infinitamente más soportable. Para dos crías de Kantas acostumbradas al frío extremo, este ambiente resultaba casi increíblemente cómodo.

Pero solo el clima era cómodo. Sus estómagos, no tanto.

Aunque los Kantas eran omnívoros, para mantener su fuerza y asegurar un crecimiento adecuado, su dieta debía basarse principalmente en carne. Y ahí estaba el gran problema: todo lo que antes formaba parte de su menú… había desaparecido.

Tras dejar el acantilado, habían corrido durante tres días. En todo ese tiempo, no habían encontrado ni una sola señal de otros dinosaurios. Solo podían mantenerse en pie a base de grandes cantidades de crujipasto.

—Chiu… chiu… —Louis lanzó un débil chillido. Tenía hambre. Comer solo crujipasto cada día no satisfacía en lo más mínimo las necesidades de un bebé en plena etapa de crecimiento acelerado.

—Louis, tranquilo, papi está buscando carne para ustedes —dijo Blake, volviendo la cabeza para acariciar suavemente con el pico al pequeño que yacía sin fuerzas sobre su hombro, tratando de consolarlo con paciencia.

Louis, antes gordito y con un pelaje brillante, ya había adelgazado notablemente. En cambio, la cría calva —la que más les preocupaba por su aparente debilidad— parecía no haberse visto tan afectada por la dieta vegetariana de los últimos días. Seguía creciendo con fuerza, y eso tranquilizaba un poco a Blake.

El miedo de perderse de nuevo seguía latente en sus corazones. Por eso, incluso al buscar comida, preferían ir todos juntos. Preferían cargar con las crías a la espalda antes que dejar a alguien atrás.

—¡Chiu! —De pronto, Louis, que estaba a punto de quedarse dormido, chilló con fuerza. Parecía haber recuperado energía de golpe, y resbaló rápidamente por la espalda de Blake hasta aterrizar en la nieve.

—¿Qué le pasa a Louis? —preguntó Bai, que siempre estaba atento a su pareja, corriendo al instante hacia ellos.

—Parece que descubrió algo —respondió Blake, siguiéndolo de cerca.

Después de varios episodios curiosos, habían llegado a comprender que Louis no era una cría cualquiera: su sentido del olfato era mucho más desarrollado que el de un alado promedio. Por eso, solía encontrar cosas que nadie más notaba, como frutas silvestres para el bebé calvo o, hace poco, el primer crujipasto. También tenía un oído excepcionalmente agudo: fue el primero en detectar el terremoto tiempo atrás.

Con todas esas experiencias acumuladas, Blake aprendió a tomarse muy en serio cualquier reacción de Louis.

Louis corrió unos cientos de metros y se detuvo. Miró hacia Blake y Bai, chillando emocionado, y comenzó a cavar con sus pequeñas garras en la nieve. Blake y Bai se unieron enseguida. La capa de nieve no era muy espesa, así que entre los tres, la removieron rápidamente, revelando lo que había debajo…

—¡Ah! ¡Un Utahraptor1! —exclamaron Blake y Bai con entusiasmo.

¡¡Una persona!! Ese fue Meng Jiuzhao, soltando un chillido tan bajito que casi pasaba desapercibido… casi.

Porque sí, además del Utahraptor enterrado en la nieve… ¡también había una persona!

Notas del Traductor

  1. Utahraptor: era un dinosaurio con un cuerpo lo bastante adaptado para ser ágil y rápido, además, poseía una característica muy inusual, ya que tenía unos brazos relativamente largos y al final tenía unas garras lo bastante afiladas.
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