Al salir, sopló una brisa bastante fresca. Quizás porque hoy no había salido el sol, el cielo se veía sombrío.
De pronto, un alboroto llegó desde algún lugar. Theo se dirigió hacia allí, como atraído por los sonidos que provenían de la sala de entrenamiento de otro edificio.
A través de la rendija de la puerta entreabierta, divisó las figuras familiares de tres personas: eran Luke, Leo y Dylan. Parecía que se estaban tomando un descanso durante el entrenamiento, pues charlaban sentados de cualquier manera en el suelo.
—No, mira, el muro de los dormitorios es el más bajo. ¡Te digo que es perfecto para escabullirse porque es fácil de saltar! —afirmó Leo, golpeando el suelo con la mano.
Ante esto, Luke chasqueó la lengua y sacudió la cabeza.
—No tienes ni idea. Si saltas el muro, es fácil que te pille el centinela de guardia. Además, ese ni siquiera es un punto ciego. En cambio, ¿conoces la parte de atrás del comedor? Si vas directo hasta el rincón, hay una roca enorme, y si la quitas, hay un agujero en el suelo. Si sales por ahí, no hay forma de que te descubran.
Mientras Luke explicaba con total confianza, los ojos de Dylan brillaron de curiosidad.
—O sea, que cuando te da lástima gastar un día de vacaciones pero quieres salir un rato a que te dé el aire, entras y sales por ese agujero y nadie se entera.
—Parece que usted lo ha hecho muchas veces, Maestro Luke —comentó Dylan.
—Por supuesto. Lo hice cuando era oficial e incluso salí a rondar un par de veces en mis días de Capitán. Y nunca me pillaron. ¡Ni siquiera el mismísimo Theo se dio cuenta!
Leo soltó una carcajada diciendo que, sin duda, así debía de haber sido.
—Ya veo. Yo tampoco tenía ni la menor idea.
En ese momento, Theo abrió la puerta y entró. Los hombros de Leo y Luke, que estaban sentados en círculo presumiendo de sus trucos de la vida militar, se sacudieron por el susto.
—Vaya, qué cosas tan buenas les están enseñando a Dylan como superiores.
—Co… Comandante…
Incluso Leo, que siempre estaba sonriendo, lucía visiblemente desconcertado mientras forzaba una sonrisa torpe. Su mente trabajaba a toda velocidad: «¿Desde dónde nos habrá oído? ¿Desde la parte de cómo repetir comida sin que te pille el cocinero? ¿O desde los trucos para escaparse del entrenamiento con astucia?» Fuera lo que fuese, esto era un desastre total.
De todas las personas, tenía que pillarlos el Comandante. Sentirse descubierto por alguien que valora las reglas y principios por encima de todo, sin dejar pasar ni una, era puro terror. Leo, que solo había seguido a Luke y Dylan porque le pareció divertido verlos entrenar, intentaba maquinar mil excusas.
Sin embargo, incapaz de dar con una solución, giró la vista para pedir ayuda a Luke, pero… ¡qué sorpresa! Luke se había esfumado sin dejar rastro.
—¿Y… y Luke?1
Dylan señaló discretamente hacia la puerta opuesta. Al parecer, se había dado a la fuga con una agilidad pasmosa. Pero ¿realmente era necesario? En todo caso, el que debería huir es él, que es su subordinado. Luke ya ni siquiera es militar, así que no tiene por qué temer la mirada de Theo.
—Dylan.
—¡Sí!
—He oído que las habilidades de la Unidad Especial han mejorado mucho últimamente. Si sigues así, no habrá problemas en el futuro.
—¡Muchas gracias!
Dylan parecía tan feliz que sus labios no dejaban de contraerse, haciendo un esfuerzo sobrehumano por contener la risa.
—Leo, en cuanto a ti, deja de meterle ideas raras a un subordinado que se está esforzando.
—¡Sí! Pero… fue Luke quien lo contaba con más entusiasmo… —murmuró Leo, dejando la frase en el aire con la intención de darle su merecido al desleal de Luke, que había huido primero.
—Ya hablaré con Luke por separado.
Acto seguido, Theo caminó a paso firme hacia la puerta por la que Luke había escapado. Su actitud era tan natural, como si supiera exactamente a dónde se había ido, que los otros dos no pudieron evitar ladear la cabeza extrañados.
En ese momento, Luke estaba pegado a una esquina de la pared exterior del edificio de entrenamiento, tratando de calmar su corazón sobresaltado. No había una razón especial para esconderse allí tras huir de Theo; simplemente pensó que “el lugar más oscuro es justo debajo de la lámpara” y que Theo jamás imaginaría que estaría allí mismo. Planeaba esperar a que Theo saliera de la sala para poder moverse.
Pero, de todas las veces, ¡tenía que aparecer justo cuando le estaba pasando a Dylan los trucos que tan bien le sirvieron en su vida militar! Sin exagerar, en cuanto oyó la voz de Theo, sintió como si su corazón se desplomara hasta el suelo y volviera a su sitio de un salto.
Bueno, en situaciones normales habría actuado con indiferencia ante su aparición, pero esta vez era imposible.
“Me esforzaré más en adelante. Yo también soy primerizo en esto”.
En cuanto recordó esas palabras, Luke se tiró del cabello con todas sus fuerzas. Eso fue una confesión, ¿verdad? No había otra forma de explicarlo. Es decir, eso significaba que Theo le había confesado su amor e incluso lo había besado.
Cuanto más lo pensaba, más se le encendía la cabeza y sus pensamientos se volvían un caos. Estaba tan confundido que no sabía qué era qué.
—Ah, ¿acaso yo era una persona que le daba tantas vueltas a las cosas? —murmuró.
En el pasado, solía actuar por impulso y sin miedo a nada. Luke soltó un profundo suspiro y dio un paso al frente. A estas alturas, Leo ya habría recibido una buena reprimenda en su lugar y Theo se habría marchado de la sala de entrenamiento.
Sin embargo, de repente, alguien se cruzó en su camino de forma abrupta y terminó chocando contra él.
—Mira por dónde vas…
Luke, que ya estaba bastante irritado por el lío mental que traía últimamente, levantó la cabeza para quejarse, pero se quedó petrificado. Theo lo miraba desde arriba con su habitual rostro inexpresivo.
Luke, que jamás imaginó que lo descubrirían allí, movió sus ojos inquieta y erráticamente de un lado a otro.
—Lo sabía. Sabía que estarías aquí.
—¿Eh? ¿Cómo?
Theo sonrió levemente, estiró la mano y quitó una hoja que se había quedado atrapada en el cabello plateado de Luke. Debió de caerle encima cuando salió huyendo hacia ese rincón.
—¿Ya lo olvidaste? Tú y yo tuvimos varios altercados en este mismo lugar.
La mirada de Luke se perdió en el aire, como si sus recuerdos fluyeran.
Ahora que lo pensaba, Theo tenía razón. Ciertamente, en los días en que Luke era el Capitán de la Unidad Especial; es decir, cuando tenía que cumplir fielmente su papel de villano, hubo varias ocasiones en las que llevó a cabo subyugaciones de monstruos de manera arbitraria.
Por supuesto, aquello iba en contra de las reglas, pero como Luke siempre cazaba a los monstruos de forma impecable y rápida, minimizando los daños a su alrededor, no había nada que reprocharle en cuanto al éxito de las misiones.
Sin embargo, Theo, siendo un firme defensor de las normas, naturalmente no estaba satisfecho con ello, y Luke solía huir para no escuchar sus sermones; este lugar era precisamente uno de sus escondites.
Más tarde, Theo se dio cuenta de alguna manera de que Luke se escondía aquí para evitarlo, así que venía a buscarlo y le soltaba un montón de quejas.1
”Que las reglas son lo más importante, que no estás luchando solo…” Solía escucharlo hasta que se le hacían costras en los oídos. Por supuesto, Luke no se quedaba callado escuchando. Le replicaba diciendo que si había tenido éxito ya estaba bien, y le buscaba las cosquillas preguntándole si le molestaba tanto que fuera él, y no Theo, quien se llevara el mérito.
—Ahora que lo pienso, es verdad.
En una ocasión, alzaron tanto la voz que incluso unos oficiales que pasaban por allí tuvieron que venir a calmarlos. Al recordar aquello, resultaba increíble estar ahora aquí, frente a Theo, de forma tan pacífica. Ante el cambio repentino de la situación, Luke curvó los labios sin darse cuenta.
—Pero…
Luke levantó la cabeza para decir algo más. Y en ese instante, una sensación suave rozó sus labios. Con el rostro de Theo repentinamente cerca de su campo de visión, se quedó inmóvil, como un reloj averiado.
—…Oye, ¿qué… qué estás…?
—Lo he pensado desde hace mucho, pero tienes una sonrisa muy bonita —dijo Theo con naturalidad, sin que cambiara ni un ápice su expresión. A juzgar por aquel rostro tan sereno, resultaba difícil creer que fuera el mismo sinvergüenza que acababa de darle un beso sin permiso.
—¿Qué… qué tiene que ver eso con esto? ¿De verdad quieres morir?
Luke gritó con fuerza, pero al mismo tiempo asomó la cabeza para mirar a su alrededor. Por suerte, no había nadie. Menos mal que era una zona apartada.
—No te preocupes. Ya comprobé que no hay nadie.
—¿Y qué? ¿Quieres que te felicite por eso? No estamos hablando de eso ahora.
A pesar de que Luke resoplaba indignado, Theo no hacía más que sonreír, como si nada pudiera quitarle la felicidad.
—Luke, ¿te ha molestado?
—¿Qué?
—Si te ha molestado, te pido disculpas.
Los labios de Luke se agitaron levemente. ¿Que si le había molestado? Estaba a punto de decir que por supuesto, pero extrañamente las palabras se quedaron atascadas en su garganta y no salieron con facilidad.
—Si no dices nada, lo haré una vez más.
—Pero tú, de verdad…
A pesar de estar enfadado, Luke se puso en guardia, temiendo que Theo realmente fuera a hacerlo de nuevo. Entonces, esquivando a Theo, salió por fin de aquel rincón. Por muy apartado que fuera el lugar, no era un sitio por el que no pasara nadie en absoluto.
Luke se movía a paso rápido mientras murmuraba lleno de insatisfacción, y Theo se acercó con naturalidad a su lado.
—Digo yo… ¿está bien que el joven señor de una prestigiosa familia noble se comporte así? Seguro que recibiste educación de etiqueta hasta el hartazgo, ¿no?
Aprovechando el momento, descargó toda su irritación contra Theo, que caminaba a la par. Antes se disculpaba incluso por tocarle la mano sin permiso, ¿y ahora de repente un beso? Se preguntaba si realmente se trataba de la misma persona.
—Tienes razón. Mi familia es especialmente estricta con la etiqueta. Mi madre, sobre todo.
—Tu madre lloraría si supiera que andas haciendo estas cosas.
—Entonces, ¿ya lo entiendes? Lo mucho que me importas, hasta el punto de ignorar la educación de mi propia casa.
Luke se detuvo en seco. Aquella voz grave diciendo que se esforzaría más resonaba en sus oídos. Justo en ese instante, mientras Luke no sabía cómo reaccionar ante esa mirada tan sincera que buscaba sus ojos, alguien se acercó desde la distancia.
—¡Co… Comandante!
Era nada menos que Zion, su ayudante. Parecía estar exhausto, jadeando con fuerza como si hubiera corrido desde la oficina hasta allí.
—¿Zion? ¿Qué ocurre?
La voz de Theo se volvió rígida al instante. Al darse cuenta de que hasta hace un momento Theo lo había tratado siempre con una voz suave, Luke carraspeó sin querer.
—¡Lo buscan del Palacio Imperial! El propio Emperador ha solicitado su presencia de inmediato.
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