Tras escuchar las palabras de Luke, los tres intercambiaron miradas. Acto seguido, todos sonrieron y le dedicaron un saludo militar.
—¡Sí, señor!
Luke se sobresaltó ante aquella respuesta, que fue más vigorosa de lo que esperaba. Había soltado esas palabras con la intención de aliviarles la tensión, temiendo que estuvieran nerviosos por la alta dificultad de la misión, pero no imaginó que recibiría una respuesta tan llena de sinceridad.
Además, un saludo militar. No era un capitán oficial activo dentro del ejército, por lo que recibir un saludo tan protocolario le resultaba algo incómodo; sin embargo, los tres parecían tratarlo con tanta devoción que no quiso señalar ese detalle.
—¿Regresará de inmediato al Cuartel General? —preguntó Jade.
Él era un miembro especializado en magia de teletransporte, razón por la cual había sido seleccionado para este comando especial. Mientras Jade se preparaba con naturalidad para ejecutar el hechizo, Luke, sumido en sus pensamientos, hizo un gesto con la mano para detenerlo.
—Vayan ustedes primero. Tendrán mucho que preparar antes de partir hacia Wellharun, y necesitan tomarse un descanso para despedirse de sus familias.
—¿Y usted, señor Luke?
Ante la pregunta de Paul, Luke curvó los labios en una sonrisa socarrona.
—Yo no tengo nada que preparar ni tampoco tengo familia, así que me quedaré a dar una vuelta.
—…¿Qué?
Los tres preguntaron al unísono ante la inesperada respuesta, pero Luke se limitó a encogerse de hombros. Luego, se despidió de ellos con un gesto despreocupado y caminó tranquilamente hacia el callejón que llevaba a la plaza. Aunque sentía que sus miradas seguían clavadas en su espalda, los pasos de Luke no mostraron vacilación alguna.
Incluso al salir del Palacio, había querido usar el teletransporte hasta la plaza, pero seguía siendo reacio a usar maná debido a su mano. Aunque le había dicho a Theo que no pasaba nada, no quería crear la más mínima variable ahora que tenía una misión crucial por delante. Esa era la razón por la que avanzaba a pie.
En la entrada del camino que conducía a la plaza, se divisaban algunas mujeres tendiendo la ropa en las casas dispersas, y a su lado, niños correteando y haciendo travesuras. Luke avanzaba capturando cada una de esas escenas con la mirada. Ahora que lo pensaba, a pesar de haber vivido en Twellin, esta era la primera vez que contemplaba su paisaje con tanto detalle. Se había volcado tanto en el trabajo, pensando solo en cumplir su papel de villano, que nunca se detuvo a mirar.
Luke se dirigió hacia la plaza con el rostro relajado. Tal como esperaba, a medida que avanzaba, se encontraba con más y más gente en las calles.
En cuanto entró en la Plaza Rudre, sus pasos se dirigieron de forma natural hacia la Fuente Rimes, el monumento emblemático de Twellin, también conocido como “el Canal de los Comienzos”.
Mientras contemplaba distraídamente los chorros de agua fresca que caían con un flujo constante, Luke volvió a mirar a su alrededor. Los ciudadanos del Imperio, que habían acudido a la plaza por diversos motivos, lucían rostros llenos de felicidad.
—…
Durante todo este tiempo, la prioridad absoluta de Luke como militar había sido Theo. Elevar a Theo al cargo de Comandante. Para lograrlo, cumplir con el papel que se le había asignado era su primera prioridad; sin embargo, en el fondo de su corazón, siempre había existido el deseo de velar por la seguridad de los ciudadanos del Imperio.
En aquel entonces, estaba tan absorto en el objetivo principal que debía alcanzar que no tenía tiempo para reflexionar sobre ese sentimiento. Pero ahora, ya no tenía que hacerlo. No necesitaba ser el villano, ni tenía que esforzarse por parecer una mala persona. Por supuesto, no sabía cómo reaccionarían los demás ante su cambio de actitud, pero Luke se sentía embargado por una extraña sensación de liberación.
Una misión emprendida por el puro deseo de salvar y ayudar a la gente. Aunque también tenía el objetivo crucial de curar su mano, solo con ese pensamiento sentía una paz mental inusual.
Cuando era Capitán y se enfrentaba a misiones importantes, guerras o batallas, solía romperse la cabeza pensando en cómo actuar para parecer más malvado; pero ahora que no tenía que hacerlo, su situación le resultaba curiosa y, al mismo tiempo, nada desagradable.
—¿Eh?
Fue en ese momento. Alguien señaló a Luke y corrió hacia él de repente. Sorprendido, Luke bajó la vista hacia una niña que se había aferrado a su pierna.
—¡Lindo hermano!
La niña levantó la cabeza de golpe y gritó. Su voz fue tan fuerte que incluso las personas que admiraban la fuente a su alrededor se giraron para curiosear.
—¿Lia?
Lia era un rostro que Luke conocía muy bien. Vivía en la casa de al lado cuando él residía en la capital, y fue precisamente la niña con la que tuvo su última conversación antes de marcharse a Caelum.
—Eres el hermano guapo, ¿verdad?
—Sí. Cuánto tiempo sin verte.
Luke sonrió y se puso de cuclillas en el suelo. La alegría reflejada en sus grandes ojos redondos era tan transparente que, sin darse cuenta, extendió la mano y le acarició el cabello.
—¿Parece que has crecido un poco?
—¿En serio? Lia está bebiendo mucha leche últimamente.
Ciertamente, su altura era notablemente mayor comparada con su última charla antes de partir. Luke experimentó en carne propia aquel dicho de que los niños crecen muy rápido.
—Por cierto, ¿por qué estás sola otra vez?
—Mamá está allá hablando con una amiga.
Al mirar hacia donde Lia señalaba, vio a su madre conversando animadamente con una conocida. Parecía que, aburrida de esperar, se había puesto a dar vueltas por la fuente hasta que divisó a Luke y corrió hacia él.
—Juega solo por aquí cerca. No te vayas a otros lados.
—¡Sí! Pero, hermano guapo, ¿no habías dicho que ya no vendrías más por aquí?
Ah, Luke se rascó la mejilla con gesto perplejo. Le sorprendió que tuviera tan buena memoria y, de repente, recordó cómo le había asegurado con total rotundidad a Lia, al marcharse, que jamás regresaría.
En aquel entonces, de verdad no tenía ni la más mínima intención de volver. Se sentía algo confundido sobre cómo explicarle su situación actual a la niña, estando de nuevo en la capital a pesar de su firme determinación previa. Sobre todo, sintió que afloraba en él un sentido de responsabilidad adulta por saciar la curiosidad de esta pequeña, que ahora lo miraba con los ojos encendidos de intriga.
—Lia.
—¿Sí?
—Originalmente, cuando uno se hace adulto, las cosas se vuelven complicadas. Nunca se sabe qué puede pasar en la vida.
Como Luke no era muy hábil inventando excusas, terminó explicándole a Lia su filosofía de vida, tal como hizo con Pale. Por suerte, Lia pareció quedar bastante impresionada con sus palabras y asintió con vigor.
—Ah, es cierto. Tenía que pedirte disculpas, hermano.
—¿Disculpas? ¿Por qué?
—Es que…
Como si algo le pesara, Lia apretó los labios y, con las cejas caídas, comenzó a juguetear con sus dedos. Luke esperó pacientemente a que la niña se decidiera a hablar.
—Por ese objeto tan bonito que me diste antes de irte.
¿Objeto bonito? Luke miró al vacío por un momento y murmuró: —Ah, eso—. Probablemente se refería al botón del uniforme de la Academia Militar. En aquel entonces, como se marchaba sin mirar atrás, se lo había dado a Lia porque no quería cargar con ningún rastro de su pasado.
—Se lo di a otra persona.
—¿Eh?
—Un señor pobrecito tenía muchas ganas de tenerlo, así que se lo di. Lo siento.
¿Un señor pobrecito? ¿Acaso se lo dio a alguien que necesitaba dinero? Pero no era algo que tuviera tanto valor. De hecho, era dudoso que alguien pagara por ello.
—¡Lo siento! Pero ese señor de verdad lo quería mucho.
—Eh… sí, no pasa nada. Hiciste bien.
No es nada fácil regalarle a otro un presente que uno mismo ha recibido, y menos para un niño. Luke, simplemente conmovido por el buen corazón de Lia, volvió a acariciarle el cabello con suavidad.
—No pasa nada, así que no tienes porqué disculparte.
—¿De verdad?
Cuando Luke asintió, el rostro de la niña volvió a iluminarse de alegría. En ese momento, se escuchó a lo lejos la voz de la madre de Lia, llamándola.
—Tu madre te busca. Ve rápido.
—Sí.
Lia estaba a punto de darse la vuelta, pero se detuvo y miró fijamente a Luke. Él esperó, pensando que quizás le quedaba algo más por decir.
—¿Podré volver a verte, hermano?
—…
Por alguna razón, la niña parecía haberle tomado mucho cariño a Luke desde la primera vez que se saludaron. Ante su pregunta inocente, Luke vaciló por un momento. Probablemente, antes no habría podido responder afirmativamente a esas palabras. No tenía un lugar específico donde quisiera establecerse, y estaba seguro de que, si lo hacía, no sería en esta capital.
Incluso cuando subió a la capital con la intención de ayudar a Theo, su plan era regresar a Caelum en cuanto resolviera este asunto.
—…Sí, podremos vernos.
—¡Qué bien!
Ante las palabras de Luke, la niña se alegró con inocencia y salió corriendo hacia donde estaba su madre. Al darse cuenta de que sus últimas palabras habían sido “entonces, nos vemos luego”, Luke no pudo evitar soltar una carcajada.
Cerca de la enorme fuente que albergaba olas azuladas, las miradas de los transeúntes comenzaron a congregarse una a una sobre el rostro de Luke, quien reía con felicidad. La luz del sol que caía sobre el suelo y esa sonrisa que brillaba bajo ella eran mucho más hermosas que la propia fuente, considerada el monumento emblemático de la ciudad.
Mientras Luke contenía la risa mirando a Lia, de repente sintió una presencia detrás de él. Antes de que pudiera darse la vuelta, una mano se interpuso bruscamente frente a él, cubriendo su rostro como si lo envolviera.
—Mmph, ¿qué es esto?
Reconociendo de inmediato quién se acercaba por su aroma familiar, Luke sujetó con firmeza la mano de Theo y se dio la vuelta.
—Será mejor que no te rías así.
—¿Por qué?
—Porque eres especialmente hermoso cuando sonríes.
Ante las repentinas palabras de Theo, las orejas de Luke se tiñeron de un ligero rubor. Aunque Theo había suspirado preguntándose cómo Luke podía actuar de forma tan audaz, a decir verdad, él no era muy diferente al decir cosas tan vergonzosas.