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—La gente está mirando.

—¿Así que lo que quieres decir es que solo sonría frente a ti, o algo por el estilo?

—Así es.

Theo contestó con tal seriedad ante la respuesta juguetona de Luke, tanto, que aquel se sobresaltó. Su corazón reaccionó al unísono con el sonido del agua cayendo con fuerza en la fuente.

—Está bien, entonces yo también te pediré un favor, así que cúmplelo tú también.

Cuando Theo asintió, el cabello que cubría su frente se agitó levemente.

—No te dejes el flequillo hacia abajo.

—¿Eh?

—Solo bájate el cabello cuando estés conmigo. Normalmente, llévalo peinado hacia arriba.

Era algo que le causaba curiosidad. Aquel tipo, que solía llevar el cabello peinado hacia atrás, había empezado a llevarlo suelto y hacia abajo desde cierto momento reciente. Incluso entre los soldados del Cuartel General circulaban rumores de lo extraño y novedoso que resultaba ver al Comandante con el flequillo hacia abajo.

Ahora que lo pensaba, a Luke no le hacía mucha gracia ese hecho, así que jugueteó sin motivo con el flequillo de Theo.

—Lo hice precisamente por ti… ¿No te gusta?

—¿Por mí?

—Sí. Dijiste antes que me veía mejor con el cabello hacia abajo.

Theo añadió preguntándole si no recordaba lo que pasó en la Biblioteca Nacional. En ese momento, Luke recordó de repente cuando le había desordenado el cabello a Theo.

—¿Yo dije eso?

Sin embargo, Luke ladeó la cabeza, pues no recordaba con claridad haber dicho que le quedaba mejor así.

—Lo dijiste. Por eso lo he llevado así, porque quería verme bien para ti.

Luke no tenía idea de que existiera tal razón. Al enterarse de que Theo se había esforzado solo para gustarle a él, tuvo que contener a duras penas las comisuras de sus labios, que amenazaban con curvarse en una sonrisa delatadora.

—Te ves demasiado guapo con el cabello hacia abajo, así que no se lo muestres a nadie más.

Solo entonces, Theo comprendió el significado de las palabras de Luke, asintió levemente y sonrió. Entre el bullicio de las conversaciones que se oían por doquier, los dos se trataban con una comodidad y una alegría mayores que nunca.

​—Ah, por cierto, ¿qué haces aquí?

​Luke volvió a mirar con extrañeza a Theo, quien estaba de pie en medio de la plaza. A estas horas, Theo debería estar sepultado bajo el trabajo en el Cuartel General.

​—Me lo dijo Paul. Que habías desaparecido hacia la plaza diciendo que te ibas a divertir. Luke, supongo que eres consciente de que, técnicamente, este es horario de servicio, ¿verdad?

​Luke se arrepintió de haberles dicho a esos tres que se iba a jugar. Pensó que sabrían inventar una buena excusa, pero no imaginó que le transmitirían sus palabras de forma tan literal.

​—¿Así que has venido a arrestarme?

​—Así es.

​El problema, si es que era un problema, era que, para ser alguien que venía a “arrestarlo”, lucía una sonrisa sumamente dulce y no resultaba amenazante en absoluto.

​—Vaya, el gran Comandante encargándose personalmente de atrapar a un desertor que se salta el deber. Impresionante.

​—Si ese desertor eres tú, no tengo más remedio que venir. Tal como hice cuando asumí el papel de tu vigilante.

​Luke abrió los ojos de par en par. Debido a una sanción por el incidente de malversación de suministros militares, su libertad de movimiento había sido restringida y el ejército le había asignado un vigilante. En aquel entonces, se sorprendió muchísimo al ver que era Theo, ya que normalmente era una tarea que se delegaba en soldados de menor rango.

​—Eso… ¿fuiste tú quien pidió hacerlo?

​—Sí. Se lo pedí personalmente al señor Bale. Dije que yo sería tu vigilante.

​—¿Por qué?

​—Porque quería estar pegado a ti.

​En aquel entonces, él había dicho que lo hacía porque nadie más podría soportar su temperamento caprichoso. Nunca imaginó que albergara tales sentimientos. Los hechos que desconocía por completo iban revelándose uno a uno, quitándose el velo, y la sinceridad que emanaba de esas intenciones simplemente entibiaba su corazón.

​Aunque Theo no había respondido a la pregunta de cuándo empezó a quererlo, al oír aquello, Luke comprendió que ese sentimiento no era algo surgido en poco tiempo. Al pensar que él lo había estado mirando con esos ojos, a solas, durante todo este tiempo, de repente no pudo contenerse más.

​—Es una pena que haya tanta gente aquí.

​—¿Por qué?

​—Porque ahora mismo tengo muchísimas ganas de besarte.

Ante las palabras de Luke, el rostro de Theo, que hasta entonces mantenía una tenue sonrisa, se tensó. Su cuerpo se puso rígido y, acto seguido, soltó un largo suspiro. Le resultaba asombroso cómo Luke podía decir cosas así con tanta naturalidad, pero, para ser honesto, no es que le desagradara. Al fin y al cabo, Theo también deseaba tocarlo en un lugar donde no hubiera nadie más.

​En cuanto escuchó de la boca de Paul que Luke se iba a divertir, Theo se dirigió de inmediato a la plaza. Los demás soldados habrían pensado que el Comandante iba a atrapar a alguien que se escapaba del trabajo en horario laboral, pero era todo lo contrario. Theo simplemente no quería separarse de Luke. Ese sentimiento se había vuelto aún más intenso desde que se confirmó la operación en Wellharun.

​Nada más llegar a la plaza, vio a Luke de pie frente a la fuente. Al notar cómo la gente se quedaba mirando de reojo ese rostro que sonreía bajo su resplandeciente cabello plateado, extendió la mano sin vacilar. En cuanto sintió la suavidad de su piel y percibió su aroma característico, Theo estuvo a punto de abrazarlo por la espalda allí mismo.

​Si Luke no se hubiera sorprendido y no hubiera apartado su mano, probablemente se habrían convertido en el mayor espectáculo para la gente junto a la fuente.

​—¿No hay nada más aparte de eso?

​—¿A qué te refieres?

​Mientras Theo intentaba recuperar la compostura, Luke se acercó un poco más y preguntó con un tono sugerente.

​—Cosas que pensabas y que yo no sabía.

​—…

​Theo reflexionó profundamente. En ese momento, se escuchó el tintineo característico de las monedas golpeando el agua. Al girar la cabeza, vio a unos turistas arrojando monedas a la fuente mientras pedían deseos.

​—Sí que las hubo —murmuró Theo en voz baja, recordando aquel día que ya se había desvanecido un poco con el tiempo.

* * *

​Los eventos de ingreso a la Academia Militar se llevaron a cabo durante un total de tres días. No es que hicieran algo durante los tres días completos; la ceremonia de ingreso terminaba el primer día. Al día siguiente, recibían una orientación general sobre la asignación de dormitorios y las normas que debían cumplir durante su estancia en la academia, y el último día, se les otorgaba un descanso a los cadetes recién ingresados.

​Era una consideración conmovedora por parte de la academia, dándoles un día para descansar profundamente antes de comenzar una vida que estaría llena de penurias y adversidades.

​Normalmente, durante ese día no había problema en salir de las instalaciones de la academia. Sin embargo, el lugar donde se ubicaba la academia estaba cerca de la región norte. En otras palabras, estaba situada en un campo desolado, protegida por montañas detrás y con casi nada al frente, por lo que no eran muchos los que se aventuraban a salir.

​No obstante, los cadetes de personalidad extrovertida a los que les gustaba divertirse solían salir acompañados de algún amigo que dominara bien la magia de teletransporte para disfrutar de una última escapada. La academia no lo impedía particularmente. De todos modos, si no regresaban dentro del tiempo estipulado, eran expulsados de los dormitorios sin piedad, así que los que más tenían que perder eran los propios cadetes.

​—Theo.

​Así, cuando Theo salía del comedor con la intención de disfrutar de su último descanso a solas en el dormitorio, se le acercaron unos cadetes cuyos nombres no recordaba con claridad.

​—Tenemos pensado ir a la Plaza Rudre más tarde, ¿quieres venir con nosotros?

​Aunque todavía era el periodo de ingreso, Theo ya se había convertido en una figura bastante famosa entre los cadetes. Había ingresado como el primero de su clase, dio el discurso inaugural como representante y, además, el hecho de que su familia fuera la célebre Casa del Duque Redrik contribuyó a aumentar su fama.

​Algunos no veían con buenos ojos al hijo del Duque, sobre quien circulaban tantos rumores. Por supuesto, no se atrevían a demostrarlo abiertamente. Otros, por el contrario, se esforzaban por acercarse a él con hostilidad… mejor dicho, con cortesía. Como estos cadetes.

​Theo tragó un suspiro al notar la expectativa en sus ojos, sugiriendo que quizás podrían obtener algún beneficio al entablar amistad con el hijo de la Familia Redrik.

​—Está bien.

​Sin embargo, la vida en la academia apenas comenzaba. No había necesidad de ponerse a la defensiva ni de rechazar a quienes se acercaban con intenciones ocultas bajo una máscara de amabilidad. Después de todo, su objetivo era graduarse con éxito para convertirse en un militar digno, y nadie sabía qué tipo de utilidad podrían tener en el futuro los vínculos formados en este lugar.

​Al escuchar su aceptación, los rostros de los cadetes se iluminaron al instante. Después de eso, Theo salió con ellos hacia la Plaza Rudre y recorrieron diversos lugares sin descanso.

​No tenía un interés particular. No le resultaba ni divertido ni placentero.

​—Me quedaré descansando por allá, así que sigan divirtiéndose ustedes.

​Por eso, cuando consideró que ya les había seguido el juego lo suficiente, se apartó del grupo de manera adecuada. Theo buscó un lugar donde sentarse a descansar y finalmente se dirigió hacia la zona donde se encontraba el “Canal del Comienzo”. Cerca de la Fuente Rimes había buenos lugares acondicionados para el descanso.

​Theo tomó asiento en un lugar apropiado y contempló distraídamente la fuente. Veía a la gente a su alrededor luciendo feliz mientras admiraban la hermosa fuente. Sin embargo, Theo no sentía ninguna emoción especial. La fuente que había visto incansablemente desde su infancia era insuficiente para despertar sentimientos nuevos en un corazón que ya había perdido la inocencia infantil.

Mientras reflexionaba vagamente sobre qué mentalidad debía adoptar y cómo debía actuar para convertirse en un excelente militar, el rostro de alguien que le resultaba familiar y a la vez ajeno se cruzó en el campo de visión de Theo.

​—…

​Su cabello plateado ondeaba suavemente con el viento. Sus pupilas de color castaño, que reflejaban el brillo del agua, miraban fijamente hacia un punto concreto.

​—Luke.

​Theo murmuró su nombre en voz baja. Era el cadete que, en el primer día de la ceremonia de ingreso, les había dado un buen escarmiento a aquellos que se pavoneaban respaldados por su estatus noble. Theo fijó su mirada en él, recordando el momento en que se conocieron y hablaron por primera vez.

​Por alguna razón, él miraba la fuente con total rectitud. Por su personalidad, no parecía del tipo que vendría a hacer turismo a un lugar así, ¿acaso tenía tantas ganas de ver esta fuente?

​En ese momento, Luke rebuscó en su bolsillo y sacó una moneda. Luego, sin vacilar, la lanzó dentro de la fuente. La moneda describió una parábola perfecta y aterrizó justo en el centro del fondo. Tras confirmar esto, juntó las palmas de las manos y cerró los ojos con fuerza.

​«Ha venido a pedir un deseo».

​Theo apoyó la barbilla en la mano y contempló la escena. Era algo inesperado. Pensó que Luke sería escéptico ante la cultura de lanzar monedas y pedir deseos, pero al verlo allí, haciendo precisamente eso en su único día de descanso, una extraña curiosidad comenzó a brotar sin cesar.

​¿Qué deseo estaría pidiendo? ¿Realmente creía en esas cosas como para pedir un deseo?

​Mientras esas preguntas no desaparecían de su cabeza, Luke abrió los ojos y, finalmente, inclinó la cabeza hacia la fuente con las manos aún juntas. Ese gesto pareció tan sincero que Theo soltó una pequeña carcajada. Era una imagen totalmente opuesta a la de aquel primer día, cuando puso en su sitio a los cadetes que lo despreciaban.

​Tras pedir su deseo, Luke se marchó tranquilamente siguiendo el camino, como si ese hubiera sido su único propósito. Theo siguió con la mirada el rastro por donde él había desaparecido y luego volvió a contemplar la fuente.

​Era extraño. Claramente no era más que una estructura que había visto muchísimas veces antes, pero hoy, por alguna razón, lucía especialmente hermosa. El cauce del agua que fluía con frescura era estético, y su figura, que presumía de majestuosidad bajo la luz del sol, llenaba su corazón de plenitud.

​—…

​Era la primera vez. La primera vez que pensaba algo así al ver esa fuente. La primera vez que un paisaje siempre familiar se veía de forma diferente. Mientras pensaba en la razón de aquello, Theo se quedó mirando fijamente y sin descanso el lugar donde Luke había estado.

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