Mientras Luke conversaba con el anciano, el niño, quizás despertado por el sonido de las voces, abrió los ojos con pesadez y se levantó. Luego, se quedó mirando fijamente al cliente que había visitado el puesto.
—Noel, es de mala educación mirar a la gente de esa manera —le reprendió el abuelo.
—No se preocupe. ¿Te llamas Noel?
Ante la pregunta, el niño asintió levemente.
—Tu cabello…
—¿Eh?
—Es un cabello muy bonito.
Los ojos del niño brillaron. Parecía incapaz de apartar la mirada del cabello de Luke, que resplandecía con elegancia bajo la luz del sol. Al darse cuenta de ello, Luke soltó una pequeña risa y se acercó al pequeño.
—¿Quieres tocarlo?
—¿Puedo?
Cuando Luke asintió con total disposición, el abuelo empezó a inquietarse.
—Señor, las manos del niño están sucias…
—Vaya, no pasa nada.
El abuelo intentó detener la mano de su nieto, pero Luke lo impidió. En su lugar, tomó directamente la mano del niño y la llevó hacia su propio cabello. El rostro de Noel se iluminó mientras acariciaba un par de veces aquel cabello plateado, suave y brillante. Los niños encuentran la felicidad fácilmente en las cosas más pequeñas. Y si esta felicidad que sentía ahora se convertía en un buen recuerdo en la vida del pequeño, no le importaba en absoluto que su cabello se ensuciara un poco.
Al ver a su nieto sonreír con tanta alegría, el abuelo, que antes estaba inquieto, también comenzó a mirar la escena con satisfacción.
—Ah, permítame pagarle la pulsera.
Luke había recibido de antemano la moneda local del Ministerio de Asuntos Exteriores antes de cruzar a Wellharun. Sacó el dinero de una pequeña bolsa y se lo entregó al anciano. Sin embargo, al comprobar el dinero en la palma de su mano, el rostro del hombre se tiñó de desconcierto.
—C-cliente. Esto es demasiado.
En la mano que le devolvía había cinco monedas de oro. El abuelo estaba tan sorprendido que incluso le temblaba ligeramente la mano que sostenía el dinero. El niño, que seguía acariciando el pelo de Luke, también abrió mucho los ojos y no podía dejar de mirar las brillantes monedas doradas.
—Aunque comprara todo lo que hay aquí, no llegaría a esa cantidad.
—¿Ah, sí? Pues yo creo que esta pulsera tiene ese valor.
Cada una de las pulseras, tejidas con esmero, contenía la devoción de quien las había creado. Ante las palabras de Luke, quien insistió en que era justo pagar esa cantidad por un objeto tan perfecto e impecable, el rostro del anciano se contrajo como si estuviera a punto de echarse a llorar.
—No sé ni cómo expresarle mi gratitud… Por casualidad, usted no es de la capital, ¿no es así?
—¿Cómo lo supo?
—Nosotros vivimos en los barrios bajos que se ven al cruzar esta plaza. La mayoría de los habitantes de la capital suelen despreciar a quienes vivimos allí y evitan acercarse a nosotros.
Bueno, Luke podía imaginarlo sin que se lo dijeran. Por eso, incluso en una plaza tan amplia y con una zona comercial activa, este puesto había sido relegado a un rincón tan apartado.
—Además, últimamente la situación del país es tan mala que todo el mundo se está apretando el cinturón; casi nadie muestra una amabilidad así hacia personas como nosotros.
—…Ya veo. Incluso escuché que el Palacio está recaudando impuestos de forma excesiva.
El anciano asintió lentamente. Una profunda angustia se reflejaba en su rostro.
—Pienso que el Príncipe Heath se está pasando de la raya.
Luke sintió que ahora que, inesperadamente, había entablado una conversación con el anciano, era su oportunidad. Se puso la máscara una vez más para intentar sonsacar información, aunque sabía que, habiendo fallado en todos sus intentos anteriores, la probabilidad de éxito era extremadamente baja.
—¡Es porque el Príncipe está poseído por un fantasma!
Fue entonces cuando Noel gritó aquello. Ante esas palabras inesperadas, Luke miró al niño.
—¿Un fantasma? ¿El Príncipe?
—Noel, baja la voz —le reprendió el abuelo, mirando a su alrededor.
Por suerte, casi no había gente en ese rincón. El niño no habría dicho algo así sin motivo; no parecía en absoluto que estuviera bromeando.
—Abuelo, Noel dice cosas muy interesantes —dijo Luke.
No podía dejar pasar esta oportunidad.
—Como dijo que no es de la capital, supongo que no lo habrá oído.
—¿El qué?
—Desde que el Príncipe Heath comenzó a encargarse de los asuntos de Estado en lugar de Su Majestad el Emperador, ha cambiado mucho. Originalmente, era una persona sumamente afable, igual que el Emperador…
Quizás debido a la bondad que Luke le mostró antes, el anciano, sin rastro alguno de desconfianza, comenzó a hablar sin vacilar, a diferencia de las otras personas que evitaban el tema.
—Ahora ha cambiado por completo, hasta el punto de que se dice que está ejerciendo un reinado de terror.
—Por eso… ¿entre los ciudadanos corre el rumor de que el Príncipe está poseído por un fantasma?
—Sí. Al principio surgió como una especie de broma, pero ahora debe haber mucha gente que lo cree de verdad. Por eso, últimamente todos intentan no hablar del Príncipe en la medida de lo posible. Si por un descuido hablas de más y terminas poseído por un fantasma también, sería un gran problema.
Finalmente se resolvió el misterio de por qué la gente intentaba desviar el tema cada vez que surgía el nombre del Príncipe, tanto cuando investigaron Paul y su grupo como cuando él mismo recorrió las calles hoy.
—…Ya veo.
—Ah, y usted tampoco ande diciendo estas cosas por ahí descuidadamente.
—Sí. Usted también tenga cuidado, abuelo.
Luke acarició la cabeza de Noel.
—Noel tampoco debe decir esas cosas ahora, ¿de acuerdo?
—¡Sí! ¡Yo tampoco quiero que se me meta un fantasma!
Lo que le preocupaba a Luke no era eso. Para empezar, él no era de los que creían en fantasmas. Sin embargo, dado que el Palacio estaba reprimiendo en cierta medida la libertad de los ciudadanos, era posible que también estuvieran vigilando los rumores que se escuchaban por todas partes. Si uno hablaba sin cautela, podría no ser capaz de evitar la desgracia.
Luke se despidió de ambos y se alejó lentamente. El anciano no dejó de inclinarse en señal de gratitud hasta que Luke desapareció de su vista.
—Poseído por un fantasma, ¿eh? —murmuró Luke en voz baja.
En lo que debía fijarse aquí no era en algo como un fantasma. Era el hecho de que el Príncipe había cambiado de repente. Por supuesto, a la gente le gusta exagerar al hablar, pero si el rumor de que estaba poseído se había extendido en secreto de esa forma, se podía inferir que el grado del cambio era extremo.
A juzgar por los comentarios de que se parecía al anterior emperador, Heath debía haber tenido una ideología bastante pacifista en el pasado. Sin embargo, las acciones que mostraba ahora que había comenzado a gobernar en lugar del Emperador eran completamente opuestas.
¿Había cambiado al tener el poder en sus manos? No era una posibilidad que pudiera descartarse del todo, pero había demasiados cabos sueltos que inquietaban a Luke.
Luke abandonó la plaza y se dirigió al Palacio Imperial. Antes de entrar, fue sometido a un breve registro físico por parte de la guardia. Temió por un momento que pudieran confiscarle el objeto que compró personalmente en la plaza, pero tras examinar la pulsera un par de veces, se la devolvieron sin decir nada.
«¿Por qué habría cambiado el príncipe?»
Luke seguía dándole vueltas al asunto mientras se dirigía lentamente hacia el Palacio anexo. ¿Acaso estaba bajo el control de Nox? ¿Pero era eso posible mediante la magia? ¿Dominar el espíritu y los pensamientos de otra persona, e incluso controlar sus acciones?
Sin embargo, no podía decirse que fuera del todo imposible, ya que el espectro de la magia es inimaginablemente amplio. De hecho, incluso ahora se seguían desarrollando diversos hechizos y técnicas. Además, el líder de Nox era alguien capaz de manipular la energía mágica impura a su antojo, por lo que resultaba una hipótesis bastante plausible.
Mientras se rascaba la cabeza por la frustración, divisó una silueta desconocida cerca de allí. Sentado con la espalda recta bajo un cenador que se veía bastante antiguo, no era otro que el Segundo Príncipe, Cairn Ferid. Se encontraba leyendo un libro en una postura estática.
Al verlo, Luke pensó: si incluso los ciudadanos percibían que el Primer Príncipe había cambiado tan drásticamente que se rumoreaba que estaba poseído, ¿qué pensaría el Segundo Príncipe? ¿Y por qué Cairn había mostrado una expresión cargada de sed de sangre por un brevísimo instante cuando Heath le estrechó la mano?
Mientras estaba sumido en esos pensamientos, Cairn giró la cabeza, quizás sintiendo su mirada. En el momento en que sus ojos se encontraron, Luke notó que las pupilas de Cairn temblaron por un segundo. Luke, sin mostrar agitación, inclinó la cabeza para mostrar sus respetos.
—He interrumpido su lectura de forma irrespetuosa. Por favor, perdone mi descortesía.
—No tienes que disculparte de esa manera. Una interrupción… para nada lo ha sido.
Luke hizo que su mente trabajara a toda marcha. Deseaba entablar una conversación más larga con el Segundo Príncipe, pero no se le ocurría ninguna excusa adecuada. Al fin y al cabo, ¿qué pretexto podría tener un simple escolta de una delegación extranjera para conversar con un Príncipe?
—…Por casualidad, ¿tienes tiempo?
—¿Perdone?
—Pensaba que podríamos tomar una taza de té juntos… Hay demasiada comida para que me la acabe yo solo.
Cairn habló con cierta torpeza, señalando los refrigerios preparados sobre la mesa. Parecía que apenas había tocado la comida.
—Si no le importa que sea yo…
—Siéntate.
Las cosas estaban saliendo mejor de lo esperado, hasta el punto de resultar desconcertante. Era él quien más deseaba seguir conversando con Cairn, y que fuera el Príncipe quien hiciera la propuesta era una oportunidad de oro.
—Por cierto, el cenador es realmente hermoso.
Desde fuera, había pensado que era bastante viejo y mediocre para ser usado en el Palacio Imperial, pero una vez sentado dentro, su impresión cambió. En las cinco columnas que sostenían el techo arqueado había tallados dibujos exquisitos, y el interior del techo estaba adornado con una verdadera obra de arte. Este cenador parecía brillar más cuando se estaba dentro que cuando se veía de lejos.
—¿Tú crees? Su Majestad lo hizo construir especialmente para mí cuando era niño. Fue un gesto de consideración para que yo, que era de salud frágil, pudiera tomar el aire cómodamente fuera. En mi infancia, solía pasar mucho tiempo aquí con mi hermano.
Cairn hablaba mientras miraba a su alrededor. Aunque sus ojos estaban puestos en el lugar, su mirada parecía dirigirse a un punto mucho más lejano.
—Entonces, debe de ser un tesoro invaluable para usted, Su Alteza.
—Así es. Porque es un objeto impregnado de recuerdos con mi familia.
Dicho esto, Cairn comenzó a relatar anécdotas vividas con Heath una tras otra. Al menos mientras hablaba de aquello, Cairn se veía sumamente feliz. Definitivamente, eran hermanos con un vínculo excepcional. Resultaba asombroso, ya que normalmente es difícil construir una relación tan buena cuando se está atrapado en los diversos intereses que conlleva ser de la realeza.
Sin embargo, Luke se dio cuenta. Todos los recuerdos con Heath que Cairn mencionaba pertenecían al “pasado” y no al “presente”.