Las nubes negras se espesaron aún más y el aire en las alturas comenzó a vibrar. En el preciso instante en que Felix aplicó fuerza en su mandíbula con la intención de arrancar la carne de Luke, un trueno retumbó bajo las nubes y un rayo cayó directamente sobre la cabeza de Felix.
—¡Aaaaaagh!
Luke apretó con más fuerza la mano que tenía extendida hacia el cielo, como si fuera a agarrarlo y sacudirlo. Los rayos, que caían sin piedad, comenzaron a calcinar no solo a Felix, sino también al monstruo sobre el que estaba montado.
—¡Tú…! Si usas tu maná de esta forma… cof…
Luke, con los ojos desorbitados, continuó vertiendo sus ataques sin prestarle la menor atención. Pero, al mismo tiempo, el humo negro seguía brotando alrededor de su mano derecha.
Al liberar una cantidad tan ingente de maná, el maná impuro que residía en su interior también comenzó a amplificarse. Sentía un dolor tan punzante como si su brazo se estuviera quemando. Además, esa sensación parecía trepar por su brazo y extenderse por todo su cuerpo.
Los caballeros, que habían ido recobrando el sentido uno a uno, contemplaban la aterradora escena con rostros estupefactos. Los rayos que caían sobre un solo punto, como si un dios hubiera estallado en cólera, les ponían la piel de gallina, impidiéndoles siquiera abrir la boca. Solo podían observar con una mezcla de temor y reverencia.
—Ugh…
Los ojos de Felix, que se mantenía firme sobre Luke, empezaron a darse la vuelta lentamente. Al mismo tiempo, el monstruo, que recibió todo el impacto del ataque, soltó un potente rugido y se desplomó contra el suelo. Una ráfaga de polvo se levantó y las nubes negras comenzaron a disiparse poco a poco.
El entorno quedó sumido en un silencio repentino, como si nada hubiera ocurrido, haciendo que los caballeros tragaran saliva. Debido a la densa polvareda, no se alcanzaba a ver bien qué estaba sucediendo.
Poco después, divisaron una figura que se ponía de pie entre el polvo.
—Hah… ugh.
No era otro que Luke. Se levantaba lentamente apoyándose en el suelo mientras se sujetaba el brazo derecho con fuerza. El viento se calmó por completo, revelando una escena devastadora. El monstruo yacía carbonizado y sin vida, y el suelo hundido y ennegrecido daba fe de la ferocidad del combate.
—Ggh…
Y frente a Luke, Felix gemía de dolor mientras se arrastraba por la tierra.
—¡Su… Su Alteza…!
Un caballero intentó salir corriendo al ver aquello, pero un brazo cruzó el aire de repente y lo detuvo. El Capitán de los caballeros hizo un gesto con la mano indicándole que se quedara quieto. A pesar de la mirada confusa de su subordinado, el Capitán no apartó la vista de los dos hombres sin dar explicaciones.
—Oye, deja de quejarte y levántate. ¿Tienes idea de cuánto… ugh… me esforcé en controlarme para dejarte con vida? —le gritó Luke a un Felix que se retorcía de dolor. Cada palabra que pronunciaba iba seguida de un dolor agudo. Especialmente en su mano derecha. Luke se arremangó para comprobar el estado de su brazo.
La carne en la zona donde el tipo lo había mordido con saña estaba a punto de desprenderse, y la sangre seguía brotando entre las costras de sangre seca. Pero eso no era todo. Su mano derecha se estaba tiñendo de negro casi hasta el codo.
—…
Lo había previsto, pero parecía que el maná impuro se había activado y empezaba a consumir su cuerpo.
—…No quiero que Theo me regañe.
Luke se acercó lentamente a Felix, quien intentaba levantarse apoyándose en el suelo. Él era el único que podía purificar este maná. Había muchas razones por las que lo había dejado vivir, pero lo más importante para él en este momento era purificar el maná que residía en su interior.
Justo cuando Luke iba a extender su mano hacia Felix, algo surcó el aire de repente y se clavó en el suelo.
—…
Era una flecha negra. En cuanto la flecha impactó en la tierra, fluctuó de forma viscosa y desapareció. Unos segundos después del ataque, alguien conocido se interpuso en el camino de Luke.
—…Dante.
Dante, el ayudante del Príncipe Heath.
El rostro bajo la capucha era, sin duda, el de Dante, a quien todos conocían. Él inclinó ligeramente la cabeza para quitarse la túnica, y cuando volvió a alzar la vista, ya no era Dante.
Era un muchacho joven con la mitad del rostro marcado por quemaduras negras. Dante, el ayudante en quien Heath más confiaba y a quien mantenía cerca. Era lógico suponer que sería un subordinado de Felix.
—¡Dante! ¡Atrapa a ese… no, ¡mátalo! —gritó Felix desde atrás, con una voz cargada de odio.
Se pudo ver cómo los hombros del chico se estremecieron. Él hizo un gesto con la mano, cortando el aire, y un arco negro se materializó de la nada.
—…
Dante tensó la cuerda del arco. Apuntaba directamente hacia donde estaba Luke.
—¿Podrás disparar? —preguntó Luke.
—…
La mano que tensaba la cuerda temblaba sin parar. Debido a su piel quemada no era fácil notarlo, pero el chico tenía el rostro contraído, como si estuviera a punto de estallar en llanto. No se veía diferente de alguien que clamaba auxilio en agonía.
—¡Dante! ¡¿Qué haces?! ¡¿Acaso desobedeces mi orden?!
—Hays y Benji están vivos —soltó Luke de repente.
Al oír eso, los ojos de Dante se abrieron de par en par.
—Aunque están prisioneros, ambos han tenido valor. Si estoy aquí ahora es gracias a ellos dos. Si tú también quieres escapar de esto, baja el arco. Yo te ayudaré.
El muchacho se mordió el labio con fuerza y bajó la cabeza. La cuerda del arco, que antes estaba tensa, se aflojó y el arma cayó al suelo con un golpe seco.
—¡Basura inútil!
En cuanto vio que Dante se negaba a pelear, Felix se puso de pie de un salto y alzó la mano en alto. Como si estuviera acostumbrado a recibir golpes, el chico se encogió sobre sí mismo cubriéndose el rostro. Pero antes de que la mano de Felix pudiera alcanzarlo, Luke se movió primero.
—La única basura aquí eres tú.
Luke corrió con rapidez y le propinó una patada en la cintura a Felix, derribándolo. Felix, que ya había recibido el impacto total del ataque anterior, gritó de dolor y quedó tendido nuevamente sobre la tierra.
—¡Caballeros…! ¡Muévanse ahora mismo! ¡Rápido!
—…
El Príncipe gritó hacia los caballeros que estaban entre los árboles. Sin embargo, ellos solo intercambiaban miradas, dudando en dar un paso. El Capitán de la orden no había dado la orden.
—Capitán…
El Capitán de los caballeros, en lugar de mirar al príncipe que gritaba, observó fijamente a Luke.
“Observe directamente y juzgue por sí mismo”.
Esas palabras calaron hondo en su pecho. Pensar y actuar por cuenta propia en lugar de ser manipulado por otros. Eso fue lo que Luke dijo. Y tras la serie de combates que acababan de ocurrir ante sus ojos…
El Capitán no tuvo más remedio que llegar a una conclusión: ese hombre ya no podía ser el Príncipe Heath. Y la persona que los había ayudado cuando estuvieron a punto de ser arrollados por el monstruo fue Luke. Solo con eso era suficiente para saber contra quién desenvainar la espada y ante quién bajarla.
—¡Ustedes… qué demonios…!
—Detente ya. Estás dando lástima —dijo Luke mientras se acercaba lentamente, haciendo que Felix retrocediera a rastras.
—¡Llama a los capitanes de acción! ¡Dante! ¡Si tú no puedes, llama a los otros!
Sus gritos ya eran casi espasmos de desesperación. Luke recordó que Hays le había dicho que Felix contaba con un total de diez capitanes de acción.
—¿Crees que me has vencido? No saldrás de aquí jamás… ¡No hasta que mi plan tenga éxito!
—Ah, sobre eso… ya he ganado yo.
—¿Qué…?
—Ya va siendo hora de que llegue el aviso.
En el momento en que Luke miró al Capitán de los caballeros, el interior del uniforme de este comenzó a brillar tenuemente. Era la reacción que ocurría cuando alguien intentaba comunicarse a través de un orbe de cristal.
—Habla el capitán. Adelante.
- ¡Ca… Capitán! ¡Soy Brian, de la guardia de la frontera este!
La voz angustiada de un Caballero se filtró a través del orbe. De pronto, todo el entorno quedó en silencio. Todas las miradas se centraron en el cristal.
- ¡El Comandante del ejército de Heinern acaba de cruzar la frontera liderando sus tropas y ha entrado en Wellharun!
—…¿Qué? ¿Qué quieres decir con eso? ¡¿Quién les dio permiso para cruzar la frontera?! —preguntó el Capitán con voz tajante.
Los demás caballeros a su alrededor comenzaron a murmurar ante la situación tan caótica. Felix, al escuchar el mensaje, quedó en estado de shock, con los ojos temblando incontrolablemente.
—¡E-eso fue porque el Príncipe Cairn vino y ordenó la apertura forzada de la frontera…! ¡Dijo que él mismo asumiría toda la responsabilidad por lo que sucediera después, así que no tuvimos otra opción!
Luke arqueó las cejas, visiblemente sorprendido. De sus labios escapó un murmullo: —¿El Príncipe Cairn?— Aunque ocurrió algo inesperado, parecía que, de cualquier modo, la operación había sido un éxito.
—Bien, ¿ya lo oíste?
Luke aplaudió por hábito, pero un dolor agudo recorrió su mano derecha al hacerlo, provocando que frunciera el ceño con irritación.
—¿Qué…? ¿Por qué el ejército de Heinern…?
—¿Cómo qué por qué? Vienen a atraparte y a ayudar a poner en orden este país.
—¡E-eso es imposible!¡Sin ninguna prueba, ¡¿cómo podría movilizarse Heinern?!
—¿Quién dice que no hay pruebas?
Luke rebuscó en su túnica, sacó varios papeles y los dejó caer al suelo.
—Por cierto, estos papeles están en blanco.
Felix se arrastró por el suelo y extendió la mano hacia los papeles. Los recogió uno a uno y los desdobló, pero tal como dijo Luke, no tenían nada escrito; eran simples hojas en blanco.
—Desde el principio, yo no tenía las pruebas. Intentaste quitarme algo que no servía para nada.
El rostro de Felix comenzó a palidecer de forma extrema. Era una expresión totalmente opuesta a la de aquel hombre que gritaba con prepotencia hace un momento. De su boca no dejaba de salir una y otra vez la frase: “Esto no puede ser”.
Luke se tomó un respiro momentáneo mientras pensaba en Paul, Levi y Jade.