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Luke alzó la vista hacia el imponente Palacio Imperial con una expresión de incomodidad. Su rostro revelaba claramente un sentimiento de: “No puedo creer que esté aquí de nuevo”.

​En ese momento, Theo, tras haber terminado el registro corporal, se acercó a su lado.

​—¿De verdad me llamó a mí también?

​—Sí. Imagino que debe de tener algo que decirnos respecto a este caso.

​Anoche, mientras hablaban sobre Miles, Theo añadió que el Emperador Cedric los había convocado a ambos personalmente al Palacio. Luke entendía que llamaran a Theo, pero no lograba comprender por qué se tomaba la molestia de llamarlo a él también.

​—Ya casi es la hora. Entremos.

​—Está bien.

​Ambos cruzaron juntos el umbral del Palacio. Al entrar, un asistente salió a recibirlos para guiarlos. Sin embargo, el camino era bastante distinto al que recordaba haber tomado hacia la Sala de Audiencias cuando fueron a pedir permiso para la misión la última vez.

​Llegaron a un lugar algo más pequeño que la Sala de Audiencias. El interior tenía una atmósfera similar a la sala de estar de la mansión Redrik. Luke supuso que se trataba de un espacio que el Emperador utilizaba para reuniones privadas.

​—Si esperan aquí, Su Majestad llegará en breve.

​Theo y Luke se sentaron en los lugares indicados por el asistente. Luke estaba ocupado observando el nuevo entorno, mientras que Theo no podía quitarle la vista de encima a Luke.

​—Luke, pareces haber adelgazado.

​—¿Tú crees?

​—Sí, definitivamente.

​Theo acarició suavemente la mejilla de Luke. Su mandíbula, que ya de por sí era afilada, se notaba ahora más prominente. Seguramente no pudo alimentarse bien durante la misión en Wellharun, y además, estuvo inconsciente tras ser afectado por el maná impuro.

​Theo observó a Luke con ojos llenos de preocupación. Desde que regresaron a Heinern, había estado tan ocupado con el Cuartel General que no habían tenido mucho tiempo para estar juntos. Pensó que, más tarde, tendría que pedirle a Gwen que pusiera especial atención a las comidas de Luke.

​En ese momento, la puerta del frente se abrió y apareció una figura familiar. Ambos se levantaron al unísono, enderezaron la espalda y se inclinaron ante Cedric. Él se sentó frente a ellos con una sutil sonrisa en los labios.

​Tan pronto como el Emperador tomó asiento, los sirvientes se movieron con diligencia. En un instante, el té y los aperitivos estuvieron listos sobre la mesa.

​Una vez que todos terminaron de organizar y salieron de la sala, un silencio sepulcral descendió sobre los tres. Ni Theo ni Luke abrieron la boca primero. Para ser exactos, por protocolo, no debían hablar hasta que el Emperador lo hiciera.

​Cedric tomó un sorbo de té mientras miraba alternativamente a ambos.

​—Primero, el motivo por el cual los he llamado es para hablar sobre este incidente. Theo Redrik, y Luke. Han hecho un gran trabajo. Gracias a ustedes, el Imperio es ahora un poco más pacífico.

​—Esa es la labor del ejército que protege al imperio.

​—Como era de esperar, nuestro Comandante es realmente confiable.

​Cedric apoyó la espalda profundamente en el sofá. Su actitud siempre rebosaba de una calma imperturbable.

​—Sin embargo, resulta que ese mismo Comandante ignoró los protocolos y los informes para liderar al ejército hacia una nación extranjera. ¿Tienes idea de lo sorprendido que estuve al recibir el reporte?

​—…No tengo excusa, Su Majestad.

​A Luke le picaba la lengua por hablar. Pensó que el Emperador había llamado a Theo para reprenderlo. No obstante, gracias a que Theo movilizó a las tropas en el momento oportuno, fue posible arrestar a Felix y realizar un rápido procesamiento posterior. Aunque no se podía defender incondicionalmente la acción de Theo, era evidente que, de haber seguido los protocolos aquella noche, todo se habría retrasado aún más.

​Pero el oponente era nada menos que el Emperador como para soltarle tal réplica. Por mucho que quisiera, si le hablaba así al soberano, no sería extraño que lo encarcelaran de inmediato por el delito de Lesa Majestad1. Luke se mordió el interior de la mejilla, tragándose el descontento que quería estallar.

​—Si Su Majestad lo desea, aceptaré cualquier castigo con gusto.

​—Mmm, no tengo intención de castigarte. Después de todo, el Comandante me trajo un “regalo” desde Wellharun, ¿no es así?

​Cedric parecía muy feliz al pronunciar la palabra “regalo”. Sin embargo, incluso en esa expresión sincera, la presión que emanaba era extraordinaria.

​—Con regalo se refiere a… ¿está hablando de Felix?

​—Exacto. Revisé el primer informe enviado por el ejército. Dicen que Felix era ciudadano de Lair, una nación que fue anexionada a Heinern, ¿verdad?

​—Así es.

​—Dicen que su rencor hacia mí por la conquista de su patria no es ninguna broma. Últimamente he tenido sueños inquietos, tal vez se deba a eso.

​Ante ese tono astuto y burlón, ninguno de los dos se atrevió a añadir palabra. Cedric es de la realeza. Dado que el linaje real es noble por nacimiento, era inevitable que poseyera un sentido de privilegio y un orgullo sumamente fuertes.

​Desde la perspectiva de Cedric, un ciudadano de una nación conquistada hace tiempo había intentado invadir Heinern manipulando a varios países desde las sombras por venganza; sin embargo, no parecía estar particularmente enfadado.

​—Su Majestad, hay algo que quisiera preguntarle.

​—Oh, Luke. Pregunta con confianza. He oído que tu mérito en esta misión fue enorme.

​—¿Ordenó al Comandante que trajera a Felix para castigarlo usted mismo?

Sin embargo, Cedric le había ordenado a Theo que, sin falta, trasladara a Felix a Heinern. Al principio, Luke pensó que tal instrucción era para castigar y ejecutar con sus propias manos al hombre que había planeado todo esto y que intentó convertir a Heinern en un campo de ruinas a su antojo.

​Pero ahora, al observar el rostro de Cedric mientras mencionaba a Felix, no se percibía rastro de tal intención.

​—Dado que la gravedad de sus delitos no es leve, según la ley, lo justo sería ejecutarlo —dijo Cedric, levantando ligeramente su taza de té—. Luke, Theo. En este mundo existe la causalidad. Y muchas veces, esas causas y efectos están conectados entre sí. Entonces, ¿es Felix una causa o un efecto?

​Cedric miró con indiferencia su propio reflejo en el té.

​—Desde la perspectiva del incidente de Nox, él es la causa que amenazó a Heinern; pero desde el punto de vista de los eruditos de Vite, él es otro resultado. Uno muy sombrío, por cierto. Theo, ¿descubriste el pasado de los eruditos de Sahar y de Felix utilizando la red de información del Duque Redrik?

​Theo asintió, confirmando que así fue.

​—Como esperaba, la red de información del Duque Redrik es excepcional. Bueno, por supuesto, todo eso es gracias al prestigio y al poder del Duque.

​Ante el elogio hacia su padre, Theo se limitó a dar las gracias sin añadir nada más.

​—Entonces, también habrán escuchado esa historia —los ojos de Cedric se entornaron ligeramente. Aunque mantenía esa sutil sonrisa, la atmósfera cambió por completo. Si antes se sentía ligero y relajado, ahora era gélido y pesado—. Lo que los eruditos de Sahar hicieron en el pasado en estas tierras de Heinern.

​Algunos saharauis, interesados en el elemento del maná que utilizan los magos, vinieron a Heinern; donde residen magos excepcionales, y llevaron a cabo secuestros, confinamientos y experimentos humanos por su cuenta.

​Luke ya conocía esa historia por lo que Theo le había contado previamente.

​—En aquel entonces, yo todavía era un Príncipe. Lo vi con mis propios ojos: los cadáveres de los magos del Imperio, todos profanados y destrozados.

Las pupilas de Cedric grabaron con nitidez aquella escena espantosa. El escenario, donde era imposible imaginar que tales actos hubieran sido cometidos por humanos, todavía aparecía vívidamente ante sus ojos cada vez que los cerraba.

​—¿Saben por qué llaman locos a los eruditos de Sahar? Esos bastardos dejan de lado la humanidad y la ética con tal de investigar. Después de aquello, estuve persuadiendo al difunto Emperador constantemente. Le decía que debíamos invadir Rockbell y capturar a todos los que cometieron tales atrocidades. Pero, ¿saben qué? Mi estúpido padre aceptó dinero a cambio.

​Al cambiar el tratamiento de “difunto Emperador” a “estúpido padre”, ambos se estremecieron por la sorpresa. Sin embargo, Cedric no se retractó.

​—Nuestros magos imperiales, que murieron de forma tan vana, todavía no han podido descansar en paz, ¿no creen?

​—Entonces, ¿la razón por la que ordenó traer a Felix con vida es para utilizarlo?

​—Luke, tienes una mente muy ágil. Mira, Felix es una carta—. Cedric continuó hablando con una sonrisa profunda en los labios—. Él será el catalizador para enterrar por completo a esos eruditos irracionales de Vite.

​Ahora Luke empezaba a entenderlo. Qué era lo que Cedric deseaba realmente.

​—Felix es un éxito de sus experimentos. Sabiendo eso, ¿creen que los eruditos de Sahar habrían detenido sus experimentos humanos con el maná después de él?

​—Quiere decir que todavía continúan con esos actos usando al Imperio Rockbell como escudo.

​—Exacto.

​Lo que el Emperador buscaba desde el principio no era Wellharun, donde Nox estaba escondiéndose. Eran los saharauis que, bajo el nombre de investigadores en Vite, realizaban diversos estudios, y el Imperio Rockbell, que pasaba por alto cualquier conducta inmoral a cambio de sus conocimientos.

​Theo recordó de repente la conversación que tuvo con Chester la última vez. Él dijo que Cedric era un Emperador que amaba profundamente al Imperio.

​Aquel día en que los magos de su propia nación fueron asesinados indiscriminadamente a manos de eruditos extranjeros; aquel día en que la verdad fue encubierta por dinero antes de salir a la superficie… Él todavía lo recordaba todo.

​Para que, sin importar cuánto tiempo pasara, algún día pudiera revelar la verdad y corregir las cosas.

​—Su Majestad estaba mirando varios pasos por delante.

​—Rockbell es experto en hacerse de la vista gorda con los eruditos de Sahar. Han llegado a un nivel en el que ignoran actos antiéticos, por lo que su habilidad para encubrir es increíble. Por más que le daba vueltas a la cabeza, no se me ocurría una forma, hasta que ustedes dos trajeron el avance adecuado.

Notas del Traductor

  1. Delito histórico y jurídico que Representa una ofensa o traición contra la autoridad suprema, tradicionalmente el rey, la reina o la corona.
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