Las larvas grisáceas ocuparon por completo la piel blanca y suave de Hangyeol. Lee Wonseon, observando la escena con satisfacción, presionó con fuerza los muslos del joven, que mantenía abiertos de par en par.
—¡Ah…!
Entre la masa viscosa de larvas que cubría cada centímetro de su cuerpo, una de ellas reptó hasta adherirse a su miembro expuesto.
—Ugh… uuh…
Era una sensación insoportable. Las ventosas, pegadas con lentitud, empezaron a succionar rítmicamente, como si estuvieran respirando, alternando presiones fuertes y débiles en un ciclo de estimulación incesante. El movimiento sobre el sensible prepucio era excesivamente provocador. Debido a esa succión constante, similar a un masaje denso, la sangre comenzó a fluir hacia el miembro de Hangyeol, endureciéndolo gradualmente.
—No… no puede ser…
Hangyeol sollozaba al darse cuenta de su propia erección. A diferencia de su mente, su cuerpo reaccionaba con facilidad al estímulo. No entendía por qué le pasaba eso; se sentía como una bestia en celo que respondía ante cualquier placer físico.
Mientras las ventosas succionaban, las lenguas que brotaban de los espiráculos de las larvas lamían y hacían cosquillas en su piel desnuda. No sabía si los escalofríos eran de asco o porque su cuerpo estaba procesando incluso ese cosquilleo como una sensación erótica.
Inmovilizado y con el sexo endurecido, Hangyeol notó que otras larvas se abrían paso entre sus piernas. Levantó la cabeza con urgencia para mirar hacia abajo. A excepción de la que estaba fija en su miembro, el resto de las criaturas se amontonaba entre sus muslos abiertos como bestias rodeando a una presa.
Las lenguas de los espiráculos se entrelazaban mientras lamían la delicada piel de la cara interna de sus muslos. Todas forcejeaban por hundir la cabeza en ese espacio. Hangyeol tensó sus piernas temblorosas con todas sus fuerzas.
—Hic… no, ¡no! ¿Qué piensan hacer? Ugh… ¿Qué me van a hacer…?
Por miedo a ser mordido, no se atrevía a resistirse violentamente; solo podía observar con horror. Las lenguas de los espiráculos rozaban su sensible orificio, amenazando con entrar en cualquier momento. Con la única idea de bloquear la entrada, Hangyeol contrajo sus músculos inferiores, pero con las piernas abiertas; eso solo servía para que su esfínter se estremeciera visiblemente.
A pesar de sus esfuerzos, las larvas competían por hundir sus cabezas, presionando el orificio hasta que este empezó a ceder y a dilatarse ligeramente.
—Ah… ugh…
Un leve gemido escapó de sus labios sin querer. Sabía que, en su sano juicio, no debía sentir nada en una situación así, pero el estímulo era inevitable. Su cuerpo simplemente reaccionaba.
No era solo en su sexo o en su orificio. Cintura, costados, vientre, pecho, axilas y brazos: innumerables ventosas succionaban y soltaban su piel por todo el cuerpo. Además, cada larva sacaba su lengua-tentáculo, sumando un cosquilleo insoportable a la tortura.
Hangyeol apretó sus puños encadenados. Tenía que ignorar las sensaciones de su cuerpo. No debía sentir nada. Pero era imposible, pues la succión de las ventosas y el movimiento de las lenguas no se diferenciaban en nada de un estímulo sexual directo.
—Ugh… ah…
Al ver a Hangyeol apretando los dientes para contener sus gemidos, Lee Wonseon sonrió de oreja a oreja.
—A la hembra le gusta que la succionen. Está sintiendo placer.
Observando a Hangyeol cubierto de larvas, Lee Wonseon extendió su propia mano y la examinó, girándola para ver la palma y el dorso. Bajo la piel de su mano, al igual que en su rostro, algo se retorcía y formaba bultos extraños. Tras inspeccionarla con calma, llevó sus dedos hacia el orificio de Hangyeol.
—A las hembras les gusta todavía más cuando las hurgan.
Al oírlo, Hangyeol negó débilmente con la cabeza.
—No… no es cierto. Ugh… no me gusta. No… no me gusta que me hurguen…
—No, te gustará.
Los dedos de Lee Wonseon se abrieron paso entre las cabezas de las larvas amontonadas y penetraron profundamente en el orificio de Hangyeol.
—¡Ah!
La cintura de Hangyeol se arqueó violentamente. Podía sentir con total nitidez los dedos de Lee Wonseon retorciéndose en su interior. Aquel movimiento bultoso bajo la piel… Independientemente del roce de los dedos contra las paredes internas, algo dentro de la carne del hombre se movía con voluntad propia. Vibraba, se hinchaba y latía con fuerza.
Aquello ya no eran dedos humanos. Era otra forma de vida. Lee Wonseon empujó sus dedos aún más al fondo.
—Ugh… no… por favor…
Para evitar que los dedos entraran, Hangyeol contrajo los músculos de sus paredes internas, intentando empujarlos hacia fuera. Sin embargo, lo único que logró fue apretarlos con fuerza, lo que le permitió sentir con mayor crudeza el movimiento bultoso y serpenteante de los dedos bajo la piel.
—¡Ah…! ¡Ugh!
Su cintura se sacudió mientras soltaba gemidos entrecortados. Lee Wonseon, al ver esa reacción, se convenció de que estaba haciendo lo correcto.
—Mira esto. Después de todo, te gusta que te hurguen. ¿Cuándo vas a eyacular? ¿Todavía no es suficiente?
Sin dudarlo, añadió dos dedos más y los hundió en el orificio. Las larvas amontonadas alrededor, ansiosas por entrar también, empezaron a agitarse frenéticamente buscando cualquier resquicio. La entrada del orificio, saturada por los dedos, sufría una presión constante.
—¡Ah…! ¡Augh!
Las estrechas paredes internas no cedían fácilmente. Al ver que no podían meter la cabeza, las larvas empezaron a introducir sus lenguas en su lugar. Las largas y finas lenguas de los espiráculos se deslizaron entre los dedos de Lee Wonseon, penetrando profundamente en el orificio. Al probar el sabor de la mucosa caliente, las lenguas comenzaron a retorcerse con locura.
—¡Ah…! ¡Haaan! ¡Uuugh…! ¡Aaaah!
Con los dedos bultosos de Lee Wonseon y las lenguas de los espiráculos lamiendo salvajemente cada rincón de sus paredes internas, los sentidos de Hangyeol empezaron a nublarse. Su vientre ardía. Sentía una presión punzante y eléctrica a la vez. El fluido lubricante brotaba a borbotones, empapando de forma viscosa tanto los dedos como las lenguas de las larvas.
—¡Ah, ah… ngh, hic, haa!
Entre los labios de Hangyeol, teñidos de un rojo intenso, escapaba un aliento ardiente. Tres o cuatro larvas envolvieron sus hombros y su cuello, irguiendo la cabeza para observar de cerca aquellos labios febriles.
Hangyeol, ajeno a esto, mantenía la cabeza echada hacia atrás, totalmente absorto en el placer que sentía en su interior. Estaba perdido en las sensaciones provocadas por el movimiento de los dedos y las lenguas.
Una de las larvas que observaba el rostro de Hangyeol se dio la vuelta lentamente. No era un movimiento para retirarse; giró su cuerpo para posicionar su cabeza hacia el pecho de Hangyeol y apuntar su parte trasera directamente hacia su rostro.
Al ver esto, Lee Wonseon sentenció:
—Hurgaremos en todos los orificios de la hembra. Cuando todos sus orificios son hurgados, la hembra entra en celo.
Tan pronto como terminó de hablar, la parte posterior de la larva se hundió de golpe en la boca de Hangyeol.
—¡Cof!
Hangyeol, que gemía sin sospechar nada, recibió de lleno el impacto de la larva penetrando en su boca, hundiendo la nuca contra el colchón. Sus ojos se abrieron desorbitados. Al ser forzada su boca hasta el límite, sus glándulas lagrimales se comprimieron, humedeciendo sus ojos.
Tenía una larva dentro de la boca. Hangyeol intentó comprender qué estaba ocurriendo con los ojos fijos en la nada. Pero antes de que su mente pudiera procesar la situación, la criatura se movió. La parte trasera de la larva comenzó un vaivén lento, de adelante hacia atrás. Con la boca llena de aquel cuerpo extraño, Hangyeol soltó jadeos ahogados.
—Og, ug, cof.
De los espiráculos del cuerpo de la larva que llenaba su boca, empezaron a salir las lenguas, deslizándose para hacerle cosquillas en el paladar y en la cara interna de las mejillas. Eran lenguas rojas, viscosas y delgadas.
—¡Mph! ¡Mmph!
Hangyeol sacudió la cabeza débilmente. Aquellas lenguas resbaladizas empezaron a frotar rítmicamente su paladar y sus mejillas. De los espiráculos comenzó a brotar una sustancia mucosa que ayudaba a que la fricción fuera mucho más suave y fluida.
—Cuando hurgamos en su boca, la hembra entra en celo, por eso lo hacemos. El paladar es un punto muy sensible —explicó Lee Wonseon con una amabilidad gélida.
Como si entendiera sus palabras, la larva comenzó a mover su parte posterior suavemente de adelante hacia atrás, frotando y barriendo el paladar de Hangyeol.
—¡Mph! ¡Mmmph!
A diferencia de cualquier oruga común, estas criaturas tenían un cuerpo firme y musculoso. Eran masas de tejido cavernoso, elásticas y compactas a la vez. Ser penetrado en la boca por ese tejido era indistinguible de ser penetrado por un miembro viril. Hangyeol sacudió sus brazos atrapados, negando con la cabeza en un gesto de rechazo absoluto.
Recordó cómo Seong Cheon-il solía acariciar su paladar con la lengua durante sus besos, o cómo a veces introducía sus dedos para frotar esa zona con una intensidad casi despiadada. Fue a través de Cheon-il que Hangyeol aprendió que su paladar era una zona erógena poderosa, especialmente cuando el hombre introducía su enorme sexo en su boca y se movía rítmicamente.
Chlop, chlop. El sonido viscoso se intensificó. La saliva de Hangyeol, la lubricación natural de la larva y los fluidos que brotaban de los espiráculos se mezclaron, empapando rápidamente las comisuras de su boca. El líquido derramado resbalaba por su barbilla en hilos brillantes.
Abajo, su miembro, erguido y rodeado por las criaturas, palpitaba con fuerza. Cuando un hilo de líquido preseminal escapó, la larva adherida a su sexo lo lamió de inmediato con las lenguas de sus espiráculos, tragándoselo por completo.
Su paladar era frotado con fuerza, mientras su orificio trasero era invadido simultáneamente por los dedos y las lenguas de las larvas. Además, las ventosas fijas en su sexo repetían una succión insoportable. Siendo penetrado por arriba y por abajo, mientras su miembro era masajeado, Hangyeol sintió una descarga eléctrica recorriendo su columna vertebral. No había forma de contener los gemidos.
—Hng, mmm, hng, ugh…
—El orificio del pene también es un orificio. Si lo hurgamos, la hembra eyaculará y disfrutará aún más.
Apenas Lee Wonseon terminó de hablar, las larvas amontonadas sobre su bajo vientre agitaron sus lenguas y comenzaron a forzar la entrada de la uretra de Hangyeol.
—¡Mmm, hng! ¡Uuuh… hng!
La cintura de Hangyeol se arqueó violentamente y sus nalgas sufrieron un espasmo. El líquido acumulado en su uretra fue empujado por las lenguas y brotó a borbotones. Las lenguas de los espiráculos dilataron su conducto, hurgando en su interior con ritmos desiguales. El fluido viscoso rebosaba sin cesar.
—¡Mmm! ¡Hng!
Sentía el vientre bajo pesado y entumecido. El placer subía por su espalda sin tregua, golpeando su cerebro. La larva en su boca se mantenía firme, con sus patas cortas succionando su mandíbula, cuello y pecho. Los músculos de su cuerpo ondulaban como olas, transmitiendo ese movimiento hasta su extremo posterior, que seguía frotando incansablemente el paladar del joven.
La larva adherida a su sexo se movía de forma pastosa alrededor de su entrepierna. Incapaz de resistir el estímulo, Hangyeol empezó a sacudir las caderas de arriba abajo. Sus ojos, anegados en lágrimas, estaban teñidos de un rojo febril, y en sus pupilas brillaba un placer que ya no podía negar.
—Mph, mmm… hng…
Un dulce gemido nasal se filtró a través de la obstrucción en su boca. Otra larva trepó por su mejilla y se fijó en su oreja. Se movía con precisión, como si conociera perfectamente cada zona sensible de su cuerpo. Tras mordisquear el pabellón auricular con su boca circular, tiró suavemente del lóbulo. Entonces, las delgadas lenguas de sus espiráculos se extendieron y penetraron en su canal auditivo, frotando el interior con frenesí.
Escalofríos recorrieron todo el cuerpo de Kang Hangyeol. Una sensación eléctrica galopaba por sus nervios. Las larvas sabían demasiado bien cómo hacerle sentir; se movían con propósito, estimulándolo con una precisión aterradora.
—Mph… ¡Mmph! ¡Mmm!
Las ventosas de succión apretaron su miembro con una firmeza brutal. Al mismo tiempo, Lee Wonseon comenzó a mover sus dedos dentro de su orificio con una violencia frenética, hurgando sin piedad. La cintura de Hangyeol se sacudió violentamente.
—El orificio de la boca, el de las orejas, el del pene y el trasero… todos se sienten de maravilla, ¿verdad? ¿Estás en celo? ¿Ha entrado en celo la hembra?
—¡Mmm… hng! ¡Uuh… hng! ¡Ah, hng! ¡Mmm!
No había ni un ápice de error en las palabras de Lee Wonseon. Tal como decía, al ser invadidos todos sus orificios simultáneamente, Hangyeol experimentaba un placer llevado al límite absoluto. La larva fija en su sexo apretaba sus ventosas una y otra vez; se sentía como si miles de pequeñas bocas estuvieran succionando y envolviendo su miembro a la vez.
Incapaz de contenerse más, Hangyeol eyaculó. Arqueando la espalda, expulsó oleadas de un fluido blanquecino y espeso. Con la boca forzada de par en par, mientras su paladar, su lengua y sus mucosas eran profanadas por la larva, derramaba su simiente por el otro extremo.
La criatura adherida a su sexo se retorció, usando las lenguas de sus espiráculos para recolectar el semen y tragarlo por completo. Utilizando cada orificio de su cuerpo, barrió hasta la última gota sin dejar rastro.
Tras ingerir el fluido, la larva sufrió un espasmo violento e irguió la cabeza. Estaba rebosante de excitación tras alimentarse de Hangyeol; su cuerpo se hinchó y comenzó a emitir un chasquido ruidoso y frenético: clac-clac-clac.
—Hng… uugh… hng…
A pesar de haber eyaculado, su miembro no tuvo respiro; las ventosas continuaron succionando sin pausa. La mano de Lee Wonseon tampoco se detuvo. Con ese movimiento bultoso bajo la piel, presionaba su próstata incesantemente, vibrando y hurgando en sus paredes internas.
Sin tiempo para sumergirse en el letargo del post-orgasmo, Hangyeol fue arrastrado de nuevo hacia el clímax. Como si resonaran con su estado de excitación, las larvas pegadas a su cuerpo intensificaron sus espasmos. Una de las criaturas, adherida a su pecho, fijó sus ventosas directamente sobre su pezón.
—¡Mmhng!
En el instante en que soltaba un gemido nasal, la larva abrió su boca circular de par en par y clavó sus dientes en toda la areola de Hangyeol con un crujido seco: ¡Zas!
—¡Mngh!
El pecho de Hangyeol se sacudió violentamente. Al ver su reacción extrema, las larvas se excitaron al unísono, compitiendo por apretar al máximo sus ventosas contra su cuerpo. Ante la sensación de ser succionado por todas partes, Hangyeol lloró emitiendo agudos gemidos nasales.
—¡Mmm! ¡Hng! ¡Ah… hng!
La larva pegada a su pecho no dejaba de morderle el pezón con sus dientes. Hangyeol, que soltaba sonidos lánguidos cuando era succionado, arqueaba la espalda con fuerza y ahogaba gritos cuando sentía las dentelladas secas.
—¡Hng! ¡Ah! ¡Mmm… hng!
En un instante, sus pezones se hincharon y quedaron cubiertos por una red de marcas de dientes. Mientras tanto, la parte posterior de la larva que llenaba su boca comenzó un frenético movimiento de vaivén, frotando su paladar como si fuera un miembro viril en plena embestida, hurgando sin piedad en su garganta.
Entre los pezones mordidos y succionados, las larvas que se habían hundido en sus axilas le provocaban un cosquilleo enloquecedor con sus lenguas-tentáculo. La criatura fija en su oreja le mordía el lóbulo mientras, al mismo tiempo, hurgaba en su canal auditivo con su lengua viscosa. No había rincón de su piel delicada, ya fuera el pecho, vientre o costados, que no estuviera siendo mordisqueado y macerado por aquellas criaturas.
Las lenguas incrustadas en su uretra dilataban el conducto a su antojo, frotando y lamiendo la mucosa interna. Su sexo era devorado por las ventosas y los dedos de Lee Wonseon, que hurgaban en sus paredes internas; ya estaban empapados por completo en los fluidos de Hangyeol; el exceso de lubricación llegaba a acumularse incluso en la palma de la mano del hombre. Estaba siendo profanado literalmente de la cabeza a los pies.
—¡Mmm! ¡Hng! ¡Uugh! ¡Aahng!
Hangyeol estaba a punto de perder la cordura. Su piel, succionada y mordida, estaba teñida de un rojo vivo. Todo su cuerpo brillaba pegajoso por los fluidos que las larvas secretaban a través de sus espiráculos. La parte trasera de la larva que obstruía su boca ahora embestía con tal violencia que producía un sonido rítmico y carnal. Hangyeol luchaba por no desmayarse.
—¡Mmm! ¡Mhng! ¡Hng! ¡Ah!
—A la hembra que disfruta tanto le daremos el fluido seminal. Si esparcimos la semilla en la hembra en celo, nacerán las crías.
Chlop, chlop. Zas, zas. La parte posterior de la larva, que embestía salvajemente su boca, se tensó y se hundió hasta el fondo de su garganta, comenzando a expulsar oleadas de un fluido eyaculatorio transparente.
En ese instante, el cuerpo de Hangyeol se tensó y sufrió un espasmo convulsivo. Lee Wonseon no dejó pasar la oportunidad; hundió sus dedos aún más profundo y los agitó con fuerza, desgarrando y hurgando en las paredes internas que se habían contraído por la tensión.
—¡Gugh!
Las paredes internas de Hangyeol, calientes y colmadas de carne, se retorcieron y abultaron, aprisionando con fuerza los dedos de Lee Wonseon.
—¡Gugh! ¡Cof! ¡Ahg!
Ante la fricción violenta en sus entrañas, la cintura de Hangyeol se arqueó con rigidez y de su sexo brotó un chorro de líquido transparente. El fluido estalló con fuerza, abriéndose paso entre las lenguas de los espiráculos incrustadas en su uretra.
Mientras tanto, el fluido eyaculatorio transparente que inundaba su boca golpeaba su garganta, obligándolo a tragar bocanada tras bocanada. El líquido llenó cada rincón de su cavidad bucal hasta desbordarse; al no poder contener más, el fluido terminó por estallar entre los labios de Hangyeol.
—¡Pff…mph! ¡Mmm…ph!
La nuez de Adán de Hangyeol subía y bajaba espasmódicamente. Convulsionó con violencia debido a la falta de aire. La sensación del semen viscoso pegándose a su garganta mientras pasaba era demasiado vívida. Dentro de su boca, las lenguas de los espiráculos se retorcían como dragones, frotando con frenesí su paladar y su lengua.
El semen, eyaculado sin cesar desde la parte posterior de la larva, llenó su estómago por completo. Los muslos de Hangyeol temblaban sin control. El líquido claro que brotaba de su miembro se esparcía sobre las larvas que cubrían su cuerpo.
Bañadas en el fluido caliente de Hangyeol, todas las larvas abrieron sus espiráculos al unísono y agitaron sus lenguas. Lamieron con avidez cada gota que mojaba sus cuerpos, tragándolo todo a través de sus orificios respiratorios.
Acto seguido, como si se hubieran puesto de acuerdo, se retorcieron con un escalofrío. Cada individuo parecía sumergido en un éxtasis absoluto.
El flujo de fluido de su sexo pasó a ser intermitente hasta detenerse por completo, dejando un rastro agónico. Las lenguas clavadas en su uretra dilataron el conducto de un lado a otro, como si le exigieran que expulsara más. Respondiendo al estímulo, otra oleada de líquido brotó y se derramó; las larvas lamieron y tragaron eso también, sin dejar ni rastro.
Tras vaciarse por completo, el cuerpo de Hangyeol perdió toda fuerza y se hundió pesadamente en la cama. Cuando la larva que había eyaculado en su boca retiró su parte posterior con un movimiento seco, el semen acumulado se desbordó de sus labios. Hangyeol jadeaba con dificultad, dejando que los fluidos chorrearan por la comisura de su boca.
—Haa… haa… no quiero… ya no quiero más…
Las larvas, arremolinándose alrededor de su rostro, comenzaron a lamer sus mejillas y su boca con las lenguas de sus espiráculos. Lamieron la saliva que caía, lamieron las lágrimas que empapaban sus mejillas y lo tragaron todo. Se comportaban como si cada fluido que emanaba del cuerpo de Hangyeol fuera su fuente de vida.
Lee Wonseon retiró bruscamente los dedos que hurgaban en su orificio. El cuerpo de Hangyeol tuvo un espasmo ante la sensación de vacío que dejó el roce al salir.
Lee Wonseon lamió y tragó cada gota de los fluidos de Hangyeol que impregnaban su mano. Era exactamente el mismo comportamiento que el de las larvas. Entonces, emitió un sonido en aquel lenguaje ininteligible para Hangyeol:
Claca-dac, ta-dac, tac.
La orden había sido dada.
Las larvas que ocupaban el cuerpo de Kang Hangyeol comenzaron a retirarse, moviendo sus ventosas al unísono. Como si fueran un solo organismo, descendieron de la cama en formación, como granos de arena arrastrados por una marea invisible.
Una vez libre de la opresión en sus muñecas, Hangyeol apoyó sus brazos temblorosos en el colchón e intentó incorporarse. Con la voz quebrada y exhausta, le preguntó a Lee Wonseon:
—¿Ya… ya se terminó?
No le quedaba ni un gramo de energía. Al ver que las larvas se retiraban tras el chasquido de Lee Wonseon, pensó que la “cópula” de la que hablaba el hombre finalmente había concluido. Después de todo, ya habían hurgado en cada uno de sus orificios, tal como él prometió.
Lee Wonseon no respondió. Su rostro inexpresivo no permitía adivinar si aquello era el final o apenas el comienzo.
Hangyeol logró sentarse con dificultad. Al ver que el otro permanecía inmóvil, supuso que todo había acabado. «Vámonos de aquí. Conozco el camino al centro de control. Debo salir de esta cámara e ir con Cheon-il», se dijo.
Pero su juicio fue erróneo. La cópula no había terminado. Su pequeña esperanza se desvaneció en el momento en que Lee Wonseon comenzó a rasgar su propia ropa como si fuera papel. El hombre volvió a recitar aquellas frases detestables, como un disco rayado.
—Descanse antes de irse.
—No… no quiero.
—Beba agua y coma algo fresco.
—Hic… ugh…
—Coma de mi sexo fresco y copulemos.
—No…
Con una sonrisa forzada que estiraba sus labios al máximo, Lee Wonseon terminó de desgarrar sus prendas superiores e inferiores. Entonces, su miembro saltó hacia fuera.
Por un instante, Hangyeol pensó que se había vuelto loco y estaba alucinando. El sexo de Lee Wonseon no era normal. Tras haber sido vejado por las larvas y ver algo retorcerse bajo la piel del hombre, pensó que nada podría asombrarlo más, pero sus ojos se negaban a creer lo que veían.
Era un miembro del grosor y la longitud del antebrazo de Hangyeol. Pero lo más aterrador no era su tamaño, sino que no estaba inerte ni simplemente erecto. Aquel sexo estaba vivo.
Hangyeol miró inconscientemente hacia abajo. Bajo la cama, las larvas blanco-grisáceas se amontonaban con las cabezas erguidas. El sexo de Lee Wonseon era del mismo color grisáceo que aquellas criaturas. Mientras que las larvas tenían patas con ventosas en el vientre, el miembro de Lee Wonseon estaba cubierto por completo de ventosas.
Era un sexo tapizado con órganos de succión. Además, en la punta, donde debería estar el glande, había una boca. El extremo del miembro se abrió de par en par como la mandíbula de una serpiente, y de su interior brotaron decenas de lenguas delgadas que se retorcían en el aire. Al igual que las larvas tenían espiráculos de los que salían lenguas, este miembro también poseía orificios respiratorios entre las ventosas, por los cuales goteaba saliva mientras más lenguas bullían hacia fuera.
Lee Wonseon, con algo moviéndose bajo su piel, le dedicó una sonrisa siniestra.
—Ahora te hurgaré. Come de este sexo fresco y bebe mi semilla.
—No… no… ¡Tengo miedo! ¡Aléjate!
Hangyeol retrocedió temblando hasta el cabezal de la cama, ovillándose sobre sí mismo. El sexo de Lee Wonseon se balanceaba de izquierda a derecha, abriendo su boca terminal y emitiendo chasquidos metálicos.
Ta-dac, claca-dac.
—Huelo el celo de la hembra. Tienes miedo, pero estás excitada. Parece que cuanto más miedo sientes, más entras en celo.
—¡Mientes! No es verdad… ¡Tengo miedo!
Hangyeol pensó que era una locura. Estaba convencido de que, si esa cosa entraba en su cuerpo, moriría. Esa boca monstruosa en la punta del miembro seguramente desgarraría sus entrañas hasta matarlo. El pavor era tal que sus dientes no dejaban de castañetear.
Se abrazó a sus rodillas, encogiéndose como un erizo para evitar cualquier invasión. Sin embargo, Lee Wonseon extendió su mano de forma antinatural, atrapó el tobillo de Hangyeol y lo arrastró hacia él con una facilidad insultante. Hangyeol se aferró al cabezal de la cama, suplicando:
—¡No! ¡No! ¡Sálvame! ¡Cheon-il, ayúdame! ¡Cheon-il!
—El director Seong Cheon-il está en el centro de control. Estamos en estado de emergencia, así que no vendrá. Cópula conmigo. Será muy placentero.
—¡No! ¡Hic… uaaah! ¡No! ¡Sálvenme! ¡Por favor, sálvenme!
Lee Wonseon aplicó fuerza en su mano y lo arrastró de un tirón. Las manos de Kang Hangyeol, que se aferraban desesperadamente al cabezal de la cama, se soltaron con una futilidad aterradora. Tras tumbarlo por completo, Lee Wonseon se montó sobre él, aplastándolo con su peso anormal. Miró el rostro tembloroso de Hangyeol con una sonrisa desgarrada y abrió la boca:
—¿Nos besamos? Si nos besamos, te sentirás de maravilla.
Hangyeol sacudió la cabeza con violencia, apretando los dientes y sellando sus labios con firmeza. Unirse a ese rostro que bullía, besar esos labios que se retorcían… solo pensarlo era una pesadilla. Ante su resistencia, Lee Wonseon forzó su pulgar en la comisura de la boca de Hangyeol, hundiendo la carne contra la dentadura cerrada.
Hangyeol juró no abrirla jamás, pero la fuerza de aquel dedo era sobrehumana. Escarbó entre sus dientes, forzando la apertura con una potencia bruta. Como último recurso, Hangyeol mordió el pulgar de Lee Wonseon con toda la fuerza de su mandíbula. Sin embargo, el dedo no se cortó ni se rompió; solo sintió la textura de un tejido cavernoso y elástico que se retorcía bajo la piel. Peor aún: Lee Wonseon no pareció sentir dolor alguno.
El hombre introdujo el pulgar por completo y tiró hacia un lado, deformando la mejilla de Hangyeol, de donde escapó un gemido ahogado.
—Hng… u-uhng…
—Abre la boca. Hay que abrirla para besar. Si no la abres, tendré que desgarrarte los labios.
Acompañó sus aterradoras palabras con una expresión de absoluta indiferencia mientras seguía tirando de la comisura. Ante el pavor de que realmente le rajaran la boca, Hangyeol cedió. Lee Wonseon sonrió satisfecho, manteniendo la presión con su pulgar.
—Besémonos. Frotaré tu paladar, frotaré tu lengua y tu garganta. Incluso frotaré más allá de tu garganta, hasta llegar a tus entrañas. Besémonos.
Hangyeol quiso gritar que aquello no era un beso, pero con la boca forzada por aquel dedo, fue incapaz de articular palabra alguna.
—Uuu… hng…
Sin embargo, Lee Wonseon se quedó allí, simplemente observándolo con la mirada perdida. Hangyeol, sin saber qué estaba pensando el monstruo, parpadeó varias veces con los ojos inyectados en pánico. Fue entonces cuando algo osciló cerca de su rostro. Al desviar la mirada, vio el miembro de Lee Wonseon retorciéndose junto a su mejilla. La boca en su extremo estaba abierta de par en par, agitando decenas de lenguas.
Sin tiempo para reaccionar, el miembro se hundió de golpe en la boca de Hangyeol.
—¡Ahg!
—Ah, un beso. Qué bien se siente.
Dentro de su boca, el sexo de Lee Wonseon abrió sus fauces. Con sus múltiples lenguas, comenzó a frotar el paladar y a enredarse con la lengua roja de Hangyeol.
—¡Mmm… hng! ¡Uuh, hng!
Atrapaba su lengua, tirando de ella con fuerza, mientras barría las mucosas internas de sus mejillas y su paladar. Aquello no era un beso; era imposible llamar así al acto de ser forzado a tener un miembro vivo en la boca. Pero Lee Wonseon parecía disfrutarlo enormemente.
—¿Se siente bien tu paladar? ¿Se siente bien tu lengua? ¿Te gusta que nos besemos?
De inmediato, el miembro se impulsó con fuerza hasta el fondo de su garganta.
—¡Gugh!
—¿Se siente bien tu garganta? Te sentirás bien besando con la garganta.
La nuez de Adán de Hangyeol se abultó. A pesar de que el joven emitía sonidos de asfixia, el miembro ignoró su agonía, entrando y saliendo de su laringe con violencia.
—Ah, el beso de garganta se siente genial. Te daré algo todavía mejor.
Zuuu-ut. El miembro, con sus fauces abiertas, pasó sin frenos por su esófago hasta chocar contra su estómago. Sus entrañas, invadidas por aquel ser extraño, sufrieron una sacudida violenta. Sin poder tragar ni escupir, Hangyeol quedó rígido, convulsionando con espasmos frenéticos. Podía sentir con total nitidez cómo el miembro abría la boca dentro de su estómago y lamía sus paredes gástricas.
—Gugh, mmm, hng…
La saliva chorreaba por las comisuras de sus labios. Aquel miembro alargado se retorcía dentro de su vientre; las decenas de lenguas frotaban agresivamente las paredes de su estómago en lo que Lee Wonseon llamaba un “beso”. Hangyeol comenzó a retorcerse con todo su cuerpo, jadeando en un estertor agónico.
—¡Ag! ¡Haaa! ¡Uugh! ¡Cof!
Lee Wonseon lo mantuvo aplastado, hurgando en su interior a su antojo. La consciencia de Hangyeol empezó a desvanecerse. Justo cuando pensó que moriría allí mismo, el hombre retiró el miembro de sus entrañas con un tirón seco. El cuerpo de Hangyeol se arqueó con un espasmo brutal.
—¡Cof! ¡Cof! ¡Haeee! ¡Uuuhk… ugh…!
En cuanto el miembro se retiró, Hangyeol estalló en llanto, con la boca aún forzada de par en par. Como el pulgar de Lee Wonseon seguía tirando de su comisura, sus sollozos sonaban como los de un niño pequeño, un lamento lastimero y deformado.
Aunque Lee Wonseon había sacado su sexo, la criatura parecía no querer irse; se resistía a abandonar el contacto y comenzó a lamer frenéticamente los labios de Hangyeol con sus múltiples lenguas.
—Uuu… hng… uaaah…
—¿Lloras de placer? Te gustó tanto que no puedes evitar las lágrimas, ¿verdad?
Hangyeol solo podía llorar desconsoladamente, mientras Lee Wonseon seguía escupiendo sus propias conclusiones.
—Ah, esto de besar es realmente increíble. ¿Lo hacemos otra vez?
Ante la propuesta de repetir la tortura, Hangyeol sacudió la cabeza con espanto. Lee Wonseon, ignorando su negativa, divagó de nuevo:
—¿Te aburriste de besar? Ah, entiendo… es que quieres que te meta el miembro por el agujero trasero, ¿no? —Asintió para sí mismo como si comprendiera perfectamente los deseos de su víctima—. A las hembras en celo les encanta que les hurguen el orificio inferior con el sexo. Sí, eso es. Debo perforar ese agujero. Debo hacer que derrames tus fluidos sin parar.
Lee Wonseon esbozó una sonrisa siniestra.
En ese instante, su cuerpo comenzó a transformarse. Su piel se abultó de forma grotesca; lo que sea que vivía bajo su epidermis empezó a inflarse. Su rostro se alargó de forma antinatural, perdiendo sus rasgos humanos. Brazos, piernas, tronco… todo crecía y se expandía en todas direcciones, desafiando la anatomía.
Pequeños orificios brotaron por todo el cuerpo de Lee Wonseon: eran espiráculos. Al igual que las larvas, de cada agujero asomó una lengua, pero estas eran mucho más gruesas y largas. Aunque ya era alto, ahora su estatura superaba cualquier límite humano, rozando el techo de la cámara. Su piel se estiraba hasta el límite y su rostro colapsaba en una máscara de carne inhumana.
—Copulemos. Cópula conmigo y derrama tus fluidos. A las larvas les encantará alimentarse de ti. Apareémonos. Es hora del apareamiento.
Lee Wonseon se abalanzó sobre Hangyeol. Le dio la vuelta al cuerpo del joven en un instante y lo levantó en vilo, manteniéndolo boca abajo.
—¡No! ¡No, hick!
De repente, Hangyeol sintió cómo decenas de ventosas de succión se adherían a su espalda y a sus glúteos. Giró la cabeza desesperado y vio que el torso y el abdomen de Lee Wonseon estaban cubiertos de ventosas. Su espalda había quedado fusionada al frente del monstruo.
La succión se intensificó gradualmente. Las ventosas apretaron la piel de su espalda y nalgas con una fuerza implacable.
—Ah… ugh.
Hangyeol, pegado al cuerpo de Lee Wonseon, fue elevado completamente por encima de la cama. Las lenguas que brotaban de los espiráculos del monstruo comenzaron a envolverlo como lazos, aprisionándolo. Una lengua se enroscó en su cuello, provocándole un cosquilleo aterrador, mientras otra rodeaba sus pezones en círculos cerrados y apretados.
La lengua que recorría su vientre delineó su ombligo antes de hundirse dentro de él. Al sentir la invasión en su ombligo, Hangyeol soltó un grito desgarrador.
—¡Aahng!
La cámara tenía un techo alto, y Lee Wonseon, que ahora era lo suficientemente grande como para tocarlo, se inclinó hacia adelante como si observara una presa desde las alturas. Las extremidades de Hangyeol colgaban inertes en el vacío. No podía hacer nada. Estaba suspendido en el aire, con toda su espalda y glúteos adheridos por succión, sin nada de donde sujetarse.
—Bájame… bájame, ¡ah… hng!
Sintió un cosquilleo entre sus nalgas. La boca situada en la punta del sexo de Lee Wonseon estaba lamiendo su orificio íntimo.
—¡No! ¡Detente! ¡Eso no!
Hangyeol intentó resistirse sacudiendo las caderas, pero debido a la fuerte succión en sus glúteos, lo único que consiguió fue un leve y patético espasmo. La boca del miembro, que lamía el espacio entre sus nalgas, hundió su cabeza contra el orificio y, acto seguido, abrió sus fauces de par en par. Cuando su entrada, antes cerrada con fuerza, fue obligada a dilatarse sin resistencia, Hangyeol estalló en un grito final.
—¡Agh! ¡Aaaaah!
El extremo del miembro, con sus fauces abiertas de par en par, se hundió con un empuje seco, desbrozando el orificio íntimo. Contraía la boca un instante para luego abrirla rítmicamente: zup, zup. A través de ese movimiento peristáltico, perforaba las paredes internas de forma secuencial.
El vientre de Hangyeol se abultaba y se hundía mientras sus entrañas eran forzadas a engullir el sexo de Lee Wonseon.
—¡Mm… hng! ¡Uuh…uugh!
Cada vez que el miembro abría sus fauces, las lenguas lamían las paredes internas sin piedad. La chispa del placer, que creía extinta, se reavivó violentamente, extendiéndose como un incendio forestal.
—¡Haaa… ahng! ¡Aaaaaah!
—¿La hembra se siente bien siendo perforada por este sexo? ¿Estás en celo porque se siente bien?
—¡Ah… ahng! ¡Haaa… aaaaah!
A medida que el miembro se abría paso centímetro a centímetro, el bajo vientre de Hangyeol se deformaba. Cuando el sexo abría la boca, el bulto era prominente; cuando las lenguas lamían las mucosas, la superficie de su piel vibraba con pequeñas protuberancias irregulares. Como agua hirviendo en una olla, el abdomen de Hangyeol subía y bajaba sin control.
—¡Hng… no! Va a estallar… Se va a desgarrar. ¡Mi vientre se rompe! ¡Ahg!
Hangyeol, que se retorcía espasmódicamente, de pronto se quedó rígido, sufriendo una convulsión. Las innumerables ventosas que cubrían el tronco del miembro comenzaron a succionar y adherirse a sus paredes internas.
—¡Gugh! ¡Uuugh!
No era una contracción propia, sino una opresión forzada. Sus entrañas, ya estrechas y colmadas de carne, fueron obligadas a aferrarse al miembro de Lee Wonseon sin dejar un solo resquicio. Las membranas mucosas, tensadas al máximo, sufrían microespasmos.
—¡U-ugh… ugh…!
—Ah, qué bien se siente. Un agujero caliente. Un agujero de hembra.
El sexo de Lee Wonseon abrió sus fauces una vez más y comenzó a retorcer su cuerpo de un lado a otro.
—¡Haaaa… ack!
Hangyeol echó la cabeza hacia atrás, soltando un grito desgarrador. Sus paredes internas, pegadas a las ventosas, eran estiradas de forma violenta y abrasiva.
—Hng… sálvenme… salve…
Antes de que pudiera terminar la súplica, el miembro comenzó un rítmico vaivén desde lo más profundo de sus entrañas, abriendo y cerrando su boca terminal.
—¡Haaaack!
Un chorro de fluido transparente brotó con fuerza del sexo de Hangyeol. Sus paredes internas, sujetas por las ventosas, eran arrastradas hacia arriba y hacia abajo repetidamente. Lo que debería haber estado fijo en su lugar dentro de su cuerpo estaba siendo arrasado hasta el límite. Si el placer ordinario proviene de la fricción, esto era una estimulación extrema que consistía en estrujar y sacudir todo su interior desde adentro hacia afuera.
Era un placer aterradoramente extraño, una sensación límite que nunca antes había experimentado. Hangyeol gritó entre sollozos:
—¡No! ¡Haaa… uuu… hng! ¡No! ¡Se va a desprender! ¡Mis entrañas se van a arrancar! ¡Haaa… ahng!
La boca del miembro secretaba un moco viscoso en grandes cantidades. El fluido se mezclaba con los jugos de Hangyeol, desbordándose por la unión de su orificio trasero y fluyendo de forma pegajosa por su perineo. El sexo, manteniendo la succión sobre la carne, comenzó a cavar aún más profundo.
Como la carne interna no cedía fácilmente ante la tracción, la cabeza del miembro se sacudía con terquedad, luchando por avanzar. Abría la boca y agitaba las lenguas, retorciéndose para arrastrar las paredes internas y clavarse en el fondo.
—¡Haaaaaaaah! ¡Aaaaaah!
Naturalmente, las paredes internas humanas no son un fluido que pueda desplazarse libremente. Las ventosas que tiraban de la carne, en un punto crítico, perdieron su presión de succión con un sonido húmedo y estallante. En ese mismo instante, el miembro logró lo que tanto ansiaba y se hundió con un golpe sordo en lo más profundo.
—¡Haaaaahng!
Las paredes que habían sido estiradas con una presión asfixiante regresaron a su lugar de golpe, mientras el miembro se incrustaba violentamente aún más adentro.
—¡Haaa… aaah… ngh…! ¡Haaaaa!
—Ah, el interior de este agujero no se mueve como yo quiero. Las entrañas humanas son incómodas —comentó Lee Wonseon con un tono de ligera decepción entre los gritos de Hangyeol.
Debido a la profundidad de la inserción, ya no solo era el bajo vientre, sino también la parte superior del abdomen de Hangyeol la que sobresalía de forma grotesca.
El miembro, frustrado al no poder embestir libremente con sus ventosas adheridas, pareció enfurecerse; abrió sus fauces de par en par y comenzó a retorcerse violentamente de un lado a otro. La presión era tan salvaje, desplazando sus órganos internos en un caos total, que Hangyeol sintió que su vientre estallaría en cualquier segundo.
—Haaa… ngh… Mm… mnh…
Del sexo de Hangyeol volvió a brotar un chorro de líquido claro. No sabía si era orina o una eyaculación fisiológica provocada por el último espasmo de su cuerpo intentando sobrevivir.
—¡Sálvenme! ¡Gugh! ¡Por favor, sálvenme…! ¡Sálven… mmm…hng!
Varias lenguas de los espiráculos de Lee Wonseon, que mantenían envuelto el cuerpo de Hangyeol, se enroscaron en su miembro. Tras recorrerlo de arriba abajo, hundieron sus puntas afiladas con lentitud en la abertura de la uretra.
—¡Gugh! ¡Ah… hng!
—También hurgaré el orificio de tu sexo. Cuando se penetra el agujero trasero y el del miembro al mismo tiempo, las hembras derraman sus fluidos de forma lujuriosa —sentenció Lee Wonseon.
—¡Uugh! ¡Mmm… hng! ¡Haaa… ahng!
La lengua del espiráculo se deslizó profundamente dentro de la uretra de Hangyeol, frotando la mucosa con una suavidad invasiva. Al llegar al fondo, presionó con firmeza la próstata a través de la membrana.
—¡Haaaa… ahng!
Su próstata estaba siendo aplastada y frotada desde dos frentes: la uretra y la pared interna del recto. Al mismo tiempo, las lenguas que envolvían su miembro por fuera lo estimulaban con un roce frenético.
—¡Haaaaaaaah! ¡Ah… hng! ¡Ah…! ¡Haaaaaah!
Ante aquel placer antinatural, Hangyeol soltó un gemido lascivo. Al enfrentarse al terror absoluto de la muerte, su cerebro comenzó a segregar hormonas específicas; el pánico extremo, lejos de inhibirlo, actuaba como un catalizador que disparaba su excitación. Tal como dijo Lee Wonseon, el miedo lo sumía en un celo aún más profundo.
Su cuerpo ardía. Sentía que perdería la razón, como si su cerebro estuviera siendo cauterizado por el placer. Su sexo, congestionado de sangre, se mantenía rígidamente erecto mientras era invadido por la uretra.
Era demasiado bueno. Al ser presionada su próstata, chorros de un fluido viscoso brotaron de él, cayendo directamente sobre las larvas que aguardaban debajo.
—Haaa… mmm… hng… hng… ah… hng… haaaaa…
Sus paredes internas se contraían rítmicamente, engullendo y apretando el miembro de Lee Wonseon. Sabía que podía morir, que la boca de aquel sexo podría morderlo y desgarrarlo en cualquier momento, haciendo que sus entrañas reventaran. Y aun así, no podía detener los gemidos dulces y pecaminosos que escapaban de sus labios.
—Mmm… hng… ahng… uugh… haaa, hng… uhng…
Lee Wonseon comenzó a mover su enorme cuerpo, insertando y retirando su miembro con profundidad. Al girar lentamente, Hangyeol, suspendido en el aire por las ventosas, fue desplazado junto con él. La escena bajo sus ojos se volvió nítida.
Las larvas que antes lo cubrían estaban ahora amontonadas bajo él, alzando sus cabezas y torsos con expectación. Cuando Lee Wonseon inclinó su gran volumen sobre ellas, las criaturas agitaron sus cortas patas hacia Hangyeol, ansiosas.
En esa posición, Lee Wonseon reanudó las embestidas. Mientras las lenguas recorrían y perforaban su uretra, el miembro se hundía con violencia en su orificio íntimo. Las fauces abiertas del sexo hurgaban en sus entrañas, abriéndose paso como si intentaran devorarlo desde adentro.
—¡Haaaack!
Un grito desgarrador brotó de la garganta de Hangyeol. Cada vez que Lee Wonseon retiraba el miembro, la boca terminal del mismo se resistía a salir, retorciéndose y aferrándose a su interior, aplastando y frotando las paredes internas con una fuerza bruta.
—¡Hng… mmm… hng! ¡Haaaaahng!
Y cuando el hombre volvía a hundirlo con furia, la boca del sexo, como si hubiera esperado ese instante, abría sus fauces de par en par y lamía vorazmente las mucosas intestinales de Hangyeol.
—¡Ugh, haahng, ha… ahng, haaaah!
Del sexo de Hangyeol brotaba un fluido viscoso que se estiraba en largos hilos antes de caer. Las larvas congregadas abajo abrieron sus espiráculos y agitaron sus lenguas, compitiendo ferozmente por beber cada gota de aquel elixir.
Chlic, chlac, slurp, squelch. Sonidos húmedos y pegajosos resonaban sin cesar desde el orificio íntimo de Hangyeol, fundiéndose con el movimiento del miembro.
En la uretra ocurría lo mismo. Cada vez que la lengua se incrustaba, un sonido de fricción viscosa emanaba de la mucosa. El orificio uretral, dilatado al máximo, sufría espasmos constantes.
El sonido empapado que provenía de su entrepierna se filtraba por sus oídos, y Hangyeol, estimulado por esa audición, se sentía cada vez más exaltado. Aquel estrépito obsceno era una provocación insoportable. Incluso sin mirar, podía saber cuán desastroso y caótico era el estado de su cuerpo ahí abajo.
Ese mismo hecho lo excitaba. La conciencia de estar siendo profanado de forma tan promiscua por una especie alienígena llevó su excitación al clímax.
—Haaa, haa… huuu, no… mmm… hng, haaa…
Los músculos de la espalda de Lee Wonseon comenzaron a ondular como mareas. Las embestidas se volvieron más rápidas, perforando y ensanchando las paredes internas con una fuerza implacable. El movimiento de la lengua que violaba su uretra también se volvió frenético.
Hangyeol, con los brazos colgando inertes, se sacudía descontroladamente. Su cabello, empapado en sudor, se pegaba a su frente mientras volaba con cada impacto.
—¡Mm… hng! ¡Haaa, haaa, ugh! ¡No! Es demasiado… rápido. ¡Hng, detente… detente!
Cada vez que la lengua del espiráculo hurgaba en su uretra, el fluido brotaba como una fuente. Las larvas de abajo bebían esa lluvia de fluidos como si fuera un manjar sagrado. Hangyeol, en pleno estado de trance, soltaba gemidos que parecían gritos.
—¡No! ¡Basta! ¡Va a salir! ¡Va a salir! ¡Ha… ahng! ¡Ahhng! ¡Aaaaah!
La lengua penetró profundamente por la uretra, alcanzando incluso la vejiga. Al retorcerse allí dentro, Hangyeol sufrió una convulsión, como si una corriente eléctrica lo atravesara.
—¡Haaaaaaaaaaaaaah!
Un chorro de fluido blanquecino estalló con fuerza. La lengua dentro de su vejiga se retorcía como loca, presionando, frotando y sacudiendo las paredes de la mucosa. La semilla de Hangyeol salió disparada en todas direcciones.
—¡Aaaaah! ¡Haaa… huuuuu! ¡Haaaaaahng!
Lee Wonseon, embistiendo con brutalidad, habló desde su espalda:
—Estás derramando mucho. ¿Se siente bien? Te daré de comer mi semilla. Derramaré mi simiente dentro de ti. Tienes que tragarla toda.
El miembro de Lee Wonseon se incrustó con un golpe sordo en lo más profundo de sus entrañas. El sexo abrió sus fauces y comenzó a eyacular. El fluido brotaba a borbotones, como una inundación.
Su vientre, ya deformado, se llenó por completo con la simiente ajena. Sintiendo una plenitud tan extrema que parecía que su abdomen iba a rasgarse, Hangyeol siguió expulsando líquido blanquecino por la uretra.
—¡Aaaaaaaaaah! ¡Haaaaaaaaaah!
Un gemido agudo y prolongado escapó de sus labios. Sus entrañas se inflaron hasta el límite absoluto, colmadas por la eyaculación caliente de Lee Wonseon que entraba a borbotones.
La eyaculación fue eterna. Mientras su interior se llenaba de simiente, Hangyeol no dejaba de derramar sus propios fluidos; una sensación contradictoria donde su vientre se rebosaba de lo ajeno mientras su propio cuerpo se agotaba. Como si quisiera compensar esa pérdida, Lee Wonseon vertió una cantidad astronómica de esperma.
Finalmente, Lee Wonseon retiró el miembro mientras aún terminaba de eyacular. El sexo salió desbrozando el orificio con sus fauces abiertas de par en par. La simiente seguía brotando de la boca del miembro, bañando el agujero de Hangyeol, que permanecía dilatado mostrando sus paredes de carne roja.
—A-ah… ngh… haa, mmm… hng…
Las larvas que esperaban debajo quedaron empapadas por la eyaculación de Lee Wonseon que rebosaba del cuerpo de Hangyeol. Cientos de lenguas se agitaron para engullirlo todo. Sus cuerpos, tras haber bebido con codicia, se retorcían abultados, mucho más hinchados y gruesos que antes.
Incluso en ese estado, la lengua del espiráculo de Lee Wonseon, incrustada en la uretra de Hangyeol, seguía moviéndose. Hurgaba en la vejiga y frotaba la próstata, obligándolo a expulsar hasta la última gota de fluido. Tras una descarga prolongada, el flujo disminuyó gradualmente hasta quedar en unas pocas gotas residuales. Las larvas congregadas abajo lamieron y engulleron con avidez hasta la última de ellas.
Finalmente, vacío de todo lo que podía ofrecer, Hangyeol dejó caer la cabeza y quedó inerte.
—Haaa… haaa… haaa…
Embriagado por la sensación de un orgasmo extremo y agotador, Hangyeol jadeaba con las extremidades lánguidas. Su visión se nublaba; estaba tan exhausto que solo quería dormir. Anhelaba sumergirse en el sueño para escapar de aquella realidad.
Lee Wonseon se inclinó y depositó a Hangyeol de nuevo en la cama. Las ventosas que lo mantenían adherido se relajaron y se despegaron de su piel. Hangyeol, sin rastro de energía, no se movió. Solo su pecho subía y bajaba con una respiración superficial. Incluso cuando Lee Wonseon sujetó sus muslos y los abrió de par en par, Hangyeol solo reaccionó con un leve y patético estremecimiento.
Tras dejar las piernas de Hangyeol bien abiertas, Lee Wonseon retrocedió hacia un rincón de la habitación. Era tan inmenso que su sola presencia parecía llenar cada rincón de la estancia. Desde allí, observó a las larvas. Sus cuerpos se abultaban ahora con una violencia mayor que antes; bajo la piel estirada y traslúcida, se percibía un movimiento frenético.
—Las larvas han consumido el fluido de la hembra y la simiente del macho. La fertilización está ocurriendo dentro de ellas.
Hangyeol solo quería dormir, descansar. Las palabras de Lee Wonseon le llegaban como un eco lejano y distorsionado. De pronto, una larva comenzó a convulsionar y abrió su parte posterior. Entre un torrente de mucosidad, dio a luz a una criatura idéntica a ella, pero del grosor de un dedo humano. Siguiendo su ejemplo, el resto de las larvas comenzaron a parir en masa.
Las crías recién nacidas estaban cubiertas de un moco brillante. Retorcían sus cuerpos minúsculos mientras extendían sus cortas lenguas a través de sus espiráculos.
Lee Wonseon observó al exhausto Hangyeol. Por un gesto de su cabeza, las crías recién nacidas, que se amontonaban en una masa bullente, fijaron su atención en el joven.
—Originalmente, es la hembra quien debería parir a las crías, pero eso es imposible. Por eso, en lugar de gestarlas en su interior, las larvas consumieron los fluidos de la hembra y el macho. Los fertilizaron dentro de sus propios cuerpos para dar a luz.
Esa era la razón por la cual las larvas habían succionado cada gota del cuerpo de Hangyeol: para actuar como incubadoras biológicas inmediatas. Estas criaturas compartían una conciencia colmena; pensaban y actuaban bajo un único propósito dictado por Lee Wonseon, o mejor dicho, por la Criatura Madre que habitaba bajo su pellejo.
Las crías también compartían esa red mental. Levantaron sus cabezas, esperando la orden de la Madre.
—El lugar donde estas crías deberían haber nacido es el vientre de la hembra. Deberían haber sido concebidas allí, gestadas allí y haber salido al mundo desde allí. Su origen, su hogar primordial, es la hembra.
La Criatura Madre emitió un chasquido metálico. Era una orden directa: “Vayan a su hogar. Sientan su calidez. Regresen al lugar al que pertenecen.”
Ante la orden, las crías comenzaron a reptar hacia Hangyeol. Treparon por los costados de la cama utilizando sus rudimentarias ventosas. Hangyeol, con las rodillas levantadas y los muslos expuestos, apenas respiraba, ajeno a lo que ocurría. Fue solo cuando sintió una extraña presencia entre sus piernas que movió pesadamente la cabeza para mirar.
—…¿Eh?
Hangyeol soltó un sonido de desconcierto al ver a las crías amontonarse entre sus muslos. «¿De dónde han salido estas cosas del tamaño de un dedo?», pensó con torpeza. Solo entonces miró hacia el suelo, viendo la horda de larvas que aún seguían pariendo.
—Ah…
Su razonamiento, lento como un engranaje oxidado, empezó a conectar los puntos: las larvas paren crías, y esas crías se dirigen hacia su entrepierna. Antes de que pudiera llegar a una conclusión consciente, Hangyeol soltó un jadeo de horror. Las crías habían comenzado a introducirse, una tras otra, en su orificio íntimo, que aún supuraba la simiente de Lee Wonseon.
—¡Ahg!
Innumerables ventosas diminutas se adhirieron a su perineo y testículos. El orificio íntimo, que ya había sido martirizado por el sexo de Lee Wonseon, estaba totalmente dócil y dilatado. Las crías se deslizaron por él sin la menor resistencia.
—¡Ah, ahhng, aaaaaah!
Lee Wonseon soltó una risa aberrante. Su miembro se retorció abriendo sus fauces de par en par. Para ellos, este era el glorioso momento del “nacimiento inverso”.
A las crías no les importaban los gritos de Hangyeol. Trepando unas sobre otras, comenzaron a abarrotar su vientre, retorciéndose y frotándose frenéticamente contra las paredes internas, aplastando su interior sin piedad. Aquellas mucosas, que aún conservaban el rastro punzante del placer anterior, fueron estimuladas de nuevo. Cuando la próstata fue presionada con fuerza tras las membranas, Hangyeol no pudo contenerse y soltó un gemido lascivo.
—¡Ahg! ¡Ahhng! ¡Haaaa… ahng!
El vientre plano de Hangyeol bullía de forma visible desde el exterior. A medida que nacían, las pequeñas larvas se dirigían directamente hacia él. Entraban a empujones, unas empujando a las otras, hasta llenar por completo su cavidad interna en una masa hormigueante.
—Uuu, mmm… hng! ¡Gugh! ¡Ahhng!
Hangyeol levantó sus brazos debilitados para palpar su propio abdomen. Podía sentir nítidamente a las crías retorciéndose dentro. Con sus cortas lenguas espiraculares, lamían las paredes internas, engullendo los restos de la simiente de Lee Wonseon y los fluidos de Hangyeol. Al alimentarse, las larvas aumentaban de tamaño gradualmente. Su velocidad de crecimiento era aterradora.
—¡Haaaa, ah, ahhng! Basta… detente. ¡Aaaaaah!
Debido a la invasión forzosa de las crías, Hangyeol tenía los ojos en blanco y sus muslos temblaban violentamente. El placer volvió a cubrirlo como un tsunami. En contra de su voluntad, su cuerpo se preparó una vez más para correr hacia el clímax.
Por la presión, algunas cabezas de las crías asomaban por el orificio para luego ser succionadas de nuevo hacia adentro; otras dejaban fuera solo la parte posterior, agitándose con frenesí. El resto de la simiente chorreaba por el orificio, produciendo sonidos húmedos y viscosos con cada espasmo de las criaturas. El orificio, saturado de larvas, permanecía entreabierto y palpitante, dejando ver destellos de sus paredes de carne roja en un estado deplorable.
Sintiendo la plenitud de las larvas en su vientre, Hangyeol comenzó a perder el control de su vejiga.
—Haaa… uuuuh… gugh… mi vientre… mi vientre…
Lee Wonseon observaba la escena con una sonrisa de oreja a oreja. Estaba sumamente satisfecho de ver a las crías regresar al lugar donde debían haber sido gestadas. Mirando al convulsionado Hangyeol, sentenció con regocijo:
—La hembra está devorando a las crías por su agujero trasero. ¿Saben ricas? Come muchas. Devora a muchas de tus crías.
—No… mi vientre… hng… mi…
En ese instante, un estruendoso disparo resonó desde la puerta abierta del dormitorio. La cabeza de Lee Wonseon, que estaba fija en Hangyeol, se ladeó bruscamente. Un pequeño agujero apareció en su cráneo, del cual brotó un chorro de sangre turquesa.
—¿Eh?
Con un rostro estupefacto y lleno de dudas, Lee Wonseon giró la cabeza hacia la puerta. Allí estaba un hombre alto, apuntando con firmeza con su arma y manteniendo una expresión imperturbable. Siguiendo la mirada de Lee Wonseon, todas las larvas que parían en el suelo se giraron hacia la entrada.
—El director Seong Cheon-il debería estar en el centro de control… —murmuró Lee Wonseon mientras la sangre seguía fluyendo.
De inmediato, se escuchó una ráfaga de disparos certeros. Los impactos sacudieron el cuerpo y la cabeza de Lee Wonseon con sonidos secos.
—¿Eh… eeh?
El rostro y el cuerpo grotesco de Lee Wonseon se deformaron y se agrietaron. La piel que usaba como disfraz se rasgó verticalmente, deshaciéndose como una cáscara vieja. De su interior, emergió la Criatura Madre, una masa grisácea envuelta en membranas, cubierta de un moco pegajoso y enroscada sobre sí misma. Infló su cuerpo y mostró sus afilados colmillos, lanzándose con furia hacia el hombre.
Pero el extraño fue más rápido. Los proyectiles láser impactaron directamente en el interior de las fauces de la Criatura Madre con una precisión milimétrica. Trozos de carne y sangre turquesa saltaron por el aire mientras el enorme cuerpo del monstruo colapsaba contra el suelo del dormitorio con un golpe sordo.
—Hangyeol.
Seong Cheon-il pronunció su nombre mientras entraba con paso firme en la habitación. Era un hombre de presencia imponente, vestido con un uniforme azul oscuro que resaltaba su musculatura sólida. Por la severidad de sus ojos, el puente de su nariz y sus labios apretados, emanaba el aura de alguien extremadamente estricto.
Sin embargo, Kang Hangyeol sabía muy bien que, cuando una sonrisa afloraba en aquel rostro, su severidad se derretía en una dulzura infinita.
La Criatura Madre, con la cabeza y el cuello atravesados por los proyectiles láser, aún no había muerto. Convulsionaba violentamente mientras derramaba una espesa sangre turquesa. El arma de Seong Cheon-il volvió a tronar varias veces más; con cada impacto, trozos de carne saltaban con un sonido sordo. Las larvas que cubrían el suelo como una plaga castañeteaban frenéticamente sus mandíbulas.
Con una postura imperturbable, Seong Cheon-il disparó una y otra vez a las cabezas de las larvas que bullían a sus pies. Era un exterminio absoluto. Cada disparo, sin un solo error, atravesaba el cráneo de una criatura. Las larvas morían en el acto; muchas quedaron desparramadas por el suelo, con el cuerpo de sus crías a medio salir de sus orificios posteriores.
—¡Hangyeol! —Seong Cheon-il saltó sobre los cadáveres de las larvas y llegó a la cama de un solo impulso. —¡Hangyeol! ¡Kang Hangyeol!
Hangyeol, con las manos apretando su vientre, apenas pudo abrir sus ojos rojos e irritados para mirar a Seong Cheon-il. Bajo sus palmas, el movimiento era nítido. Las crías que abarrotaban su interior seguían retorciéndose en la calidez de sus entrañas, ajenas al destino de la Criatura Madre.
Con una voz trémula, Hangyeol apenas pudo articular palabra.
—Cheon… Cheon-il. Yo… yo…
Finalmente, se habían reunido, pero Hangyeol no estaba en condiciones de celebrar el reencuentro. Su razón se había desmoronado ante el trauma.
Seong Cheon-il apartó con dulzura el flequillo empapado en sudor de la frente de Hangyeol y, de inmediato, desvió la mirada hacia su vientre. Sobre él, las manos de Hangyeol se movían de forma irregular. La piel de su abdomen se elevaba y se hundía al ritmo del caos interno, haciendo que sus manos oscilaran con cada espasmo de las crías.
—Ah… Cheon-il. Mmm… hng… mi vientre… mi vientre se siente tan extraño… hay demasiadas… demasiadas cosas dentro…
Sus ojos estaban desenfocados y su mandíbula temblaba sin control. Seong Cheon-il apretó los dientes con furia contenida, pero su voz fue suave mientras acariciaba el cabello de Hangyeol.
—Hangyeol, voy a sacar lo que hay en tu vientre. Pero para eso, necesito que me ayudes.
—Las crías… hay tantas… que mi vientre… está lleno… haaa…
—Lo sé. Por eso hay que sacarlas. Hangyeol, ¿puedes pujar? Tienes que hacer fuerza para que salgan. Puedes hacerlo, ¿verdad?
Hangyeol sacudió la cabeza, temblando violentamente.
—No puedo… hay demasiadas… hng…
Cuando Hangyeol rompió a llorar, Seong Cheon-il le dio un tierno beso en la frente. Arrancó a las crías que aún no habían entrado y que estaban adheridas a las piernas de Hangyeol, las arrojó al suelo y las aplastó sin piedad con la suela de su bota hasta hacerlas explotar.
—Puedes hacerlo. Yo te ayudaré.
—Uugh… mmm… hng…
Seong Cheon-il se posicionó entre las piernas de Hangyeol. Deslizó sus manos tras las corvas de sus rodillas, levantándolas y abriéndolas de par en par. Al hacerlo, los muslos presionaron naturalmente el vientre hinchado, provocando un gemido de dolor en Hangyeol.
—¡Haaaaahng!
Debido a la presión sobre el abdomen, las cabezas y colas de algunas crías que ya estaban en el umbral del orificio asomaron bruscamente. Seong Cheon-il las sujetó y las extrajo; cuatro o cinco de ellas salieron deslizándose junto con una mucosidad viscosa.
—¡Ahg!
El orificio que acababa de expulsar a las crías quedó dilatado y enrojecido por un momento antes de volver a contraerse. Seong Cheon-il arrojó las criaturas al suelo y las trituró bajo su pie como antes.
El orificio de Hangyeol, terriblemente inflamado, permanecía cerrado pero abultado. Aunque el esfínter estaba contraído, era evidente la inmensa cantidad de seres que albergaba en su interior, soportando una presión a punto de estallar.
Seong Cheon-il introdujo con cuidado un dedo en el orificio de Hangyeol. Como el tejido estaba completamente dócil y empapado en lubricante y fluidos, el dedo entró sin ninguna resistencia.
Al introducir los dedos, sintió a las crías calentadas por la temperatura corporal. Se retorcían frenéticamente.
—Mmmhng…
El orificio de Hangyeol se contrajo, atrapando los dedos de Seong Cheon-il. Él introdujo un dedo más. Al separar los dos dedos insertados, el orificio íntimo de Hangyeol se dilató suavemente, revelando entre las paredes internas a las crías que bullían en una masa densa.
Seong Cheon-il presionó con fuerza las manos que sujetaban las corvas de Hangyeol, empujando sus muslos contra su propio abdomen para comprimirlo. Ante la presión abdominal, varias crías asomaron por el orificio abierto. Las que habían salido solo a medias luchaban con espasmos por volver a entrar.
—¡Haaaack!
Hangyeol soltó un gemido ante el violento movimiento interno. No era un grito de dolor, sino algo más cercano a un gemido lascivo.
—Está bien, Hangyeol.
Seong Cheon-il lo tranquilizó mientras aplicaba aún más fuerza sobre sus piernas. Empujó con una intensidad casi excesiva, aplastando de nuevo el vientre del joven. Con un sonido húmedo y viscoso, tres o cuatro crías que forcejeaban en la entrada salieron disparadas, arrastrando largos hilos de mucosidad pegajosa.
—Haaa…
Entre el caos de las crías saltando en su vientre y la sensación de evacuación al ser desbrozado su orificio, Hangyeol reaccionaba con gemidos a cada estímulo que percibía.
—A este paso, no terminaremos nunca —murmuró Seong Cheon-il para sí mismo.
Entonces, comenzó a introducir un tercer y un cuarto dedo en el orificio que antes solo mantenía abierto con dos.
—¡Ahhng, ah… ugh! Cheon-il, Cheon-il…
Hangyeol se tensó y arqueó la espalda. Seong Cheon-il le habló con un tono suave, casi seductor, para calmarlo:
—Está bien. Hangyeol, yo lo haré por ti. Relájate y quédate quieto, ¿de acuerdo? Todo saldrá bien. Confías en mí, ¿verdad?
—Cheon-il… haaa… ahhng, Cheon-il.
Hangyeol solo podía recitar el nombre del hombre como si fuera una oración. En aquel orificio blando y elástico, Seong Cheon-il finalmente forzó la entrada de sus cinco dedos.
—¡Gugh! ¡Haaaaaahng!
Hangyeol echó la cabeza hacia atrás, llorando. De su sexo, que temblaba sin control, brotó un chorro de líquido claro. La nuez de Adán de Seong Cheon-il se movió con un trago pesado; mantener la compostura ante un Hangyeol en ese estado no era tarea fácil. Sin embargo, debía concentrarse únicamente en extraer a las crías.
Girando la muñeca con lentitud, introdujo gradualmente la palma entera de su mano. Sintió las paredes internas, cálidas y estrechas, y la masa de crías que bullía entre sus dedos. Sujetó a tantas como pudo, con cuidado de no lastimar a Hangyeol, y retiró la mano despacio.
La mano de Seong Cheon-il y las crías atrapadas en ella comenzaron a emerger mientras el orificio de Hangyeol se dilataba. Las paredes internas, de un rojo vivo, se aferraban con fuerza a su mano, succionándola.
—¡Haaaack! ¡Haaaahng! ¡Mmm… hng!
Contrarrestando la fuerza de succión de las entrañas, Seong Cheon-il retiró la mano con firmeza. Arrastradas por el impulso, varias crías más salieron en fila. Una oleada de mucosidad transparente brotó del orificio antes de que este volviera a cerrarse con fuerza. Al introducir la mano directamente, pudo extraer muchas más crías que mediante la simple presión abdominal.
Seong Cheon-il arrojó las larvas al suelo y las trituró con su bota.
—Lo hiciste bien. Muy bien, Hangyeol.
Bañado en sudor frío, Hangyeol jadeaba mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas. Seong Cheon-il lo acarició con calma para reconfortarlo.
—¿Puedes aguantar un poco más? Sé que puedes, Hangyeol.
—Sí.
Kang Hangyeol asintió débilmente.
Seong Cheon-il volvió a llevar su mano, brillante por la mucosidad, hacia el orificio íntimo de Hangyeol. Primero insertó dos dedos, abriéndolos para inspeccionar el interior; a pesar de lo que acababa de extraer, el fondo seguía atestado de aquellas crías grisáceas.
Aumentando el número de dedos, Seong Cheon-il forzó la entrada de su mano completa, tal como antes. Pero esta vez, si antes solo había entrado la mitad, ahora empujaba la mano entera lenta y progresivamente hacia el interior.
Hangyeol echó la cabeza hacia atrás, arqueando la cintura en el aire mientras temblaba como si sufriera un ataque.
—¡Ag! ¡Ah, ah! ¡Cheon-il! ¡Haaack!
—Shhh, shhh. Buen chico. Hangyeol, relájate.
—¡No puedo! ¡No puedo! ¡Haaaaaahng!
—Está bien. Terminará pronto.
Mientras sus labios susurraban palabras de consuelo, la mano grande y veteada de Seong Cheon-il ya estaba sumergida por completo. El orificio de Hangyeol estrujó su muñeca con una fuerza asfixiante.
—Hangyeol, tienes que relajarte. Si aprietas así, no puedo mover la mano.
—No te… ah… hng… ¡No te muevas! ¡Hng, está tan lleno… tan lleno que…! ¡Mmhng!
Sin otra opción, Seong Cheon-il aplicó fuerza y empujó de forma impositiva. Las paredes internas se resistían con tal tenacidad que apenas lograba avanzar. Sometiendo a un Hangyeol que forcejeaba débilmente, movió la mano dentro de las entrañas, sujetando a todas las crías que pudo atrapar.
Al sentir que las crías se retorcían frenéticamente para no ser expulsadas, las paredes internas de Hangyeol también convulsionaron. Su interior se aferró a la mano de Seong Cheon-il en una serie de espasmos.
—¡Aaaaaaaaaah!
Apretando los muslos de Hangyeol para inmovilizarlo, Seong Cheon-il retiró la mano lentamente. Desbrozando las paredes de carne al máximo, emergieron su muñeca, su palma y sus dedos cargados de crías. Un torrente de mucosidad brotó del orificio de Hangyeol.
—¡Haaaaaahng!
Del sexo de Hangyeol también brotó un semen blanquecino que se deslizó por su vientre. Sus pupilas, sin rastro de luz, miraban al vacío mientras su cabeza amenazaba con rodar hacia atrás una y otra vez.
Seong Cheon-il tuvo que contener su propia respiración, que amenazaba con volverse errática. El aspecto actual de Hangyeol era una prueba extrema para su paciencia.
—Lo estás haciendo bien. Muy bien. Ya casi terminamos. Ya casi no queda nada.
Aunque todavía faltaba mucho, le mintió para tranquilizarlo. Al poner su mano sobre el abdomen abultado de Hangyeol, Seong Cheon-il pudo sentir a las crías bajo la piel. Cuando empezó a presionar rítmicamente hacia abajo para empujarlas, Hangyeol sacudió la cabeza llorando.
—¡Ugh! ¡No presiones! ¡Haahng! ¡No lo hagas!
—Sí, no lo haré.
Pero siguió presionando a pesar de sus palabras. Para someter sus forcejeos, Seong Cheon-il terminó usando sus rodillas para aplastar los muslos de Hangyeol contra la cama, manteniéndolos abiertos a la fuerza, ya que el joven intentaba cerrarlos instintivamente.
Con las rodillas bloqueando sus piernas, empezó a usar ambas manos: una presionaba el vientre y la otra se hundía en el orificio íntimo.
—Siento que… voy a morir… hng, uh-uhng. Cheon-il, siento que muero…
—¿Morir? Hangyeol, no digas eso. ¿Cómo vas a morir si yo estoy aquí? No vuelvas a decirlo.
El orificio se dilató al máximo mientras la mano de Seong Cheon-il era engullida de nuevo. Hangyeol jadeaba como si se le fuera la vida.
Seong Cheon-il presionó el abdomen superior de forma gradual mientras, simultáneamente, hundía su mano hasta la muñeca. Ante la presión abdominal, las larvas se desplazaron en masa hacia abajo, chocando contra las yemas de sus dedos.
Paredes internas cálidas y blandas. Mucosas que apretaban con fuerza. El sonido húmedo y obsceno de la fricción resonando en la habitación.
—Sí, este lugar debe de ser maravilloso. Yo soy quien mejor sabe lo bien que se siente aquí dentro… pero no es un sitio para ustedes —Seong Cheon-il murmuró para sí mismo en un susurro casi inaudible. Hangyeol, cuya consciencia se fragmentaba a cada segundo, no pudo oírlo.
Mientras extraía el puñado de crías, Seong Cheon-il presionó con fuerza el bajo vientre. Ante la extraña sensación de vacío tras el paso de la gran mano, seguida de la desolación de sentir el torrente de crías saliendo en masa, Hangyeol eyaculó una vez más aquel fluido blanquecino.
—¡Haaahng!
Gracias a la presión abdominal, esta vez logró extraer una cantidad considerable. Tras repetir el proceso varias veces más, Hangyeol, bañado en un sudor frío y agotador, terminó de expulsar a las crías. Finalmente, su vientre recuperó su forma plana original.
Seong Cheon-il acarició la mejilla de Hangyeol con suma delicadeza, con una ternura propia de quien palpa un tesoro invaluable. Entre los labios carmesí del joven escapaban jadeos ardientes; parecía estar al borde del desmayo.
—Hangyeol. ¿Hangyeol?
Los párpados de Hangyeol temblaron antes de abrirse con una mirada turbia y distante. Seong Cheon-il lo observó fijamente y preguntó con tono reconfortante:
—Parece que han salido todas. ¿Cómo te sientes? ¿Está bien tu vientre?
Hangyeol clavó su mirada vacía en las pupilas de Seong Cheon-il y frunció el ceño. Sus ojos, anegados en lágrimas, brillaban bajo la luz.
—Siento… siento que algo se retuerce. Creo que aún quedan algunas dentro.
Seong Cheon-il unió sus labios a los de Hangyeol en un beso suave. No le importaba si en ellos había rastro de la saliva de la Criatura Madre o fluidos de las larvas; los labios de Hangyeol eran, para él, simplemente suyos.
—Ya veo. Entonces, lo intentaremos una vez más.
Hangyeol estuvo a punto de romper a llorar, pero si aún quedaba algo, lo correcto era sacarlo todo. Seong Cheon-il hundió dos dedos en el orificio íntimo con un movimiento fluido.
—Mmm… hng…
Hangyeol soltó un gemido débil. En esa zona no parecía haber nada atrapado, y la presión firme sobre su bajo vientre arrojó el mismo resultado. Sin embargo, Hangyeol apretó los dientes y balbuceó:
—¡Ah… hng! Se retuerce… Se está retorciendo muy adentro…
Al parecer, la última cría se encontraba en lo más profundo de sus entrañas. El proceso para extraerla prometía ser inclemente; Seong Cheon-il decidió que, en lugar de obligarlo a soportar más agonía, sería mejor envolverlo en una marea de placer.
Con sus largos dedos, comenzó a frotar lentamente las paredes internas de Hangyeol. Él conocía el cuerpo del joven a la perfección: sabía exactamente dónde tocar para hacerlo sollozar y cómo acariciarlo para que perdiera el control. Él mismo había sido el arquitecto de esa sensibilidad.
Masajeó la mucosa, estimulando directamente la próstata que se ocultaba tras ella.
—Mmm… hng… Cheon-il, ¿por qué…?
Una descarga eléctrica de placer recorrió su columna vertebral, y Hangyeol gimió, confundido. No entendía por qué, en lugar de buscar a la cría, el hombre lo estaba provocando de esa manera.
—Hangyeol, déjamelo a mí. Tú solo limítate a sentir lo que te doy.
Curvando los dedos, presionó y frotó la próstata con insistencia. Hangyeol soltó un gemido mientras sus muslos temblaban. Su miembro rosado se irguió por completo, palpitando con fuerza.
—Haaa…
—Te gusta aquí, ¿verdad?
—Haaa… sí… me gusta… me gusta mucho ahí.
Seong Cheon-il esbozó una sonrisa y, de repente, comenzó a mover su muñeca con una velocidad frenética. Sus dedos dentro del orificio acompañaron el ritmo, fustigando las paredes internas. Del sexo de Hangyeol brotó un chorro de fluido preseminal.
—¡Ahhng! ¡Haaaa! ¡Ah… hng!
—Hangyeol… —Susurró Seong Cheon-il con voz grave.
Ese nombre, pronunciado con tal profundidad, se clavó en los oídos de Hangyeol. Fue un llamado tan dulce y añorado que todas las penurias sufridas hasta ese momento parecieron desvanecerse en un instante. Ante la voz del hombre, sus entrañas se contrajeron violentamente, atrapando los dedos en una serie de espasmos.
—Cheon-il… mmm… hng, Cheon-il…
Hangyeol respondió al estímulo repitiendo el nombre de su captor como un mantra. Seong Cheon-il agitaba su muñeca con ferocidad, devorando el rostro del joven con la mirada. Ver a Hangyeol jadeando, intoxicado por el placer, siempre hacía que su corazón latiera fuera de control.
—¡Mmm… hng! ¡Haaa! ¡Uugh!
Su parte inferior se sentía caliente y pesada, como si algo estuviera a punto de estallar. Las paredes internas asfixiaban los dedos de Seong Cheon-il con un celo maníaco. Sin dejar un ápice de espacio, el hombre frotó y sacudió aquel interior que lo aprisionaba, agitando su muñeca con una fuerza imparable.
—¡Haaa, haaaah! ¡Aaah… mngh!
Hangyeol sacudía la cabeza de un lado a otro mientras agitaba sus caderas. De su sexo, que derramaba fluidos sin cesar, estalló finalmente un torrente de semen blanquecino que bañó su propio cuerpo.
—¡Haaaaaa! ¡Aaaaaaaah!
Kang Hangyeol soltó un gemido desgarrador mientras sentía cómo su mente estallaba en un blanco puro. No podía creer que, después de haber derramado tanto, su cuerpo aún fuera capaz de eyacular con tal intensidad.
Aprovechando la presión extrema de las paredes internas que se contraían, Seong Cheon-il hundió cuatro dedos de golpe hasta lo más profundo.
—¡Ahg!
Embriagado por el clímax, Hangyeol arqueó la espalda violentamente, temblando de pies a cabeza. Seong Cheon-il, implacable, forzó incluso la entrada de su pulgar, abriéndose paso a través de aquel interior que lo aprisionaba con celo.
—¡Ah! ¡Aaaah!
Hangyeol abrió los ojos de par en par, desenfocados, y apretó los dientes con fuerza.
—Haaa… mngh…
—Te haré sentir bien. Esto es algo bueno, Hangyeol —susurró Seong Cheon-il.
Su mano comenzó a frotar cada rincón de las paredes internas, avanzando centímetro a centímetro. Hangyeol sentía la invasión progresiva de aquella mano masiva: los nudillos, las venas hinchadas en el dorso, los tendones. La fuerza de su muñeca, los huesos y el músculo sólido.
—Aaaaah…
—Hangyeol, mi muñeca ya entró por completo. ¿Puedes sentirla?
—Ah… aah… haah…
Cuando Seong Cheon-il retiró suavemente la muñeca que había insertado, Hangyeol se estremeció con un escalofrío que recorrió todo su cuerpo.
—Cheon-il… haaa…
El hombre repitió el movimiento: hundiendo la muñeca lentamente para luego retirarla con parsimonia. Cada vez que su mano entraba y salía, sonidos obscenos y caóticos resonaban junto con la expulsión de aire y mucosidad. Bajo ese movimiento que dilataba sus entrañas, Hangyeol ya estaba completamente entregado al placer.
El contacto de Seong Cheon-il sobre sus mucosas era distinto al de las criaturas alienígenas que lo habían sacudido de forma puramente instintiva. Hangyeol podía sentir el afecto de Seong Cheon-il en cada caricia forzada; y ese afecto era, en sí mismo, el afrodisíaco más potente.
—Haaa, ahhng, aah, mmm… hng…
Con cada embestida profunda de la mano de Seong Cheon-il, Hangyeol eyaculaba rítmicamente, respondiendo a la presión interna.
—Haaa, ah… ugh, ahhng… Cheon-il… me gusta… me gusta mucho…
Seong Cheon-il apretó la mandíbula, haciendo que los músculos de sus mejillas se tensaran. Su propia entrepierna estaba tan rígida que el bulto era claramente visible incluso a través de la tela de su uniforme.
Sin embargo, su propia excitación no era la prioridad. El propósito de este acto era, supuestamente, extraer a las crías restantes. Mientras Hangyeol temblaba por el placer, la mano del hombre se hundía cada vez más hacia lo prohibido. Debido a la lentitud del proceso, Hangyeol ni siquiera se dio cuenta de la profundidad alcanzada.
De pronto, las yemas de los dedos de Seong Cheon-il presionaron firmemente la entrada del colon sigmoide.
—¡Haaack!
Hangyeol soltó un gemido agudo y su cuerpo dio un respingo violento sobre la cama.
Seong Cheon-il frotó lentamente la entrada curvada del colon. Paredes de carne ardientes y dóciles. Mucosas deslizantes. Él conocía perfectamente la euforia que sentía al hundir su propio sexo allí y embestir con furia; aquel placer supremo permanecía vívido en su memoria como si hubiera ocurrido ayer.
—Hangyeol, llegué al colon. ¿Sientes cómo acaricio la entrada?
Ante el susurro grave de Seong Cheon-il, Hangyeol balbuceó con el rostro encendido:
—Sí… sí… el colon… hasta el colon… haaa… la mano de Cheon-il… tocó mi colon…
Seong Cheon-il sabía que tras esas palabras entrecortadas se escondía un placer absoluto. Giró su muñeca, recorriendo y barriendo toda la circunferencia de la entrada del colon.
—¡Aah… ahk!
Hangyeol convulsionó, arqueando la cintura con un temblor incontrolable. Seong Cheon-il sujetó entonces el sexo de Hangyeol, que estaba erguido y dolorosamente congestionado, envolviéndolo por completo con su mano inmensa.
—¡Hng! ¡Ahhng!
Había eyaculado demasiadas veces. Debido a ello, el miembro de Kang Hangyeol se había vuelto extremadamente sensible; no se podía comparar con su sensibilidad habitual. Su próstata, uretra, vejiga e incluso el prepucio externo habían sido martirizados hasta el límite, por lo que bastó que Seong Cheon-il lo sujetara para que empezara a brotar de nuevo un semen espeso y blanquecino.
—¡Ahg! ¡Haaaah!
Seong Cheon-il, con una mirada ardiente y depredadora, comenzó a recorrer el miembro de Hangyeol de arriba abajo. Hangyeol, sujetando con ambas manos la muñeca de su captor, sacudió la cabeza con desesperación.
—¡No! ¡Si me tocas ahora, es extraño! ¡Ahhng! ¡Cheon-il! ¡Siento que mi mente se va a romper!
—Está bien. No importa si te vuelves loco —respondió él.
Aunque Hangyeol intentaba apartar la mano de Seong Cheon-il, la diferencia de fuerza era abismal. Hangyeol era un astronauta que había superado todas las pruebas físicas, pero Seong Cheon-il poseía una complexión y una fuerza innatas contra las que Hangyeol no tenía nada que hacer; su fuerza parecía la de un niño pequeño en comparación.
—¡Cheon-il! ¡Ahhng, Cheon-il!
—Dime, Hangyeol.
Seong Cheon-il presionó y frotó con fuerza el glande con su pulgar.
—¡Aaahk!
Hangyeol se retorció frenéticamente. El fluido blanquecino que desbordaba de su uretra fluyó sin reservas sobre el dorso de la mano de Seong Cheon-il. Al rozar el glande con un movimiento rápido, el líquido eyaculado salió disparado, salpicando incluso los labios de Seong Cheon-il. El hombre sacó su lengua roja y lamió el semen que había manchado su boca.
Su otra mano seguía presionando y frotando la entrada del colon sigmoide. Hasta esa profundidad no había encontrado ninguna cría, lo que significaba que debían haber reptado aún más adentro, hacia el interior del colon.
Seong Cheon-il continuó sujetando, frotando y sacudiendo el sexo de Hangyeol mientras hundía su brazo más profundamente. Los pliegues del colon se aplanaron bajo la invasión, y la mano del hombre entró llenando por completo las paredes del intestino.
—¡Huk!
Hangyeol soltó un sonido que no era ni un grito, ni un gemido, ni un lamento. Fue como si todo el aire de sus pulmones fuera expulsado a la fuerza de un solo golpe. Con la cabeza hacia atrás, tembló violentamente como si estuviera siendo electrocutado. Incapaz de soportar la sensación extrema de la invasión, Hangyeol finalmente perdió el juicio.
—Hu-huuu… mmm, mmm… hng…
Sus pupilas se dilataron por completo y de su boca empezaron a escapar sonidos incoherentes de forma intermitente. El miembro que antes eyaculaba semen dentro de la mano de Seong Cheon-il comenzó a derramar un líquido claro y sin viscosidad. Se había orinado involuntariamente por la pérdida de control.
—Mmm… hng… Ug-ugh…
—Hangyeol, ya casi terminamos.
La voz de Seong Cheon-il era de una dulzura que parecía derretirse. Sin embargo, el acto de tener su mano y parte del brazo insertados en el orificio íntimo era de una naturaleza extrema.
El antebrazo de Seong Cheon-il, cubierto de músculos firmes, estaba sumergido hasta la mitad dentro del cuerpo de Hangyeol. Además de la gran mano que hurgaba en el colon, el orificio de Hangyeol, que había devorado el grueso antebrazo, se encontraba dilatado hasta su límite absoluto. Cada vez que Seong Cheon-il movía la mano para explorar el intestino, los huesos y músculos de su brazo conectado se tensaban y resaltaban bajo la piel.
—Gugh… ah… hng… ugh…
Seong Cheon-il tuvo que ahogar una exclamación entre sus dientes al sentir cómo las paredes internas de Hangyeol estrujaban su brazo hasta el extremo. Aquel interior envolvía su antebrazo y su mano en una serie de espasmos incesantes. Las paredes de carne se adherían a su brazo como si fueran un organismo vivo e independiente; se sentían calientes, resbaladizas y extrañamente pegajosas. Del punto de unión donde el antebrazo se fundía con el orificio íntimo, caían gotas de una mucosidad densa.
—Haaa…
Hangyeol ya no podía pensar en nada. Todos sus receptores sensoriales estaban concentrados únicamente en la mano y el brazo de Seong Cheon-il que habían colonizado su vientre. Cada vez que las paredes de carne apretaban el brazo, Hangyeol podía incluso dibujar mentalmente la forma de esos músculos y tendones sólidos.
Cada vez que la mano, hundida hasta el fondo del colon, palpaba las mucosas, su conciencia se desconectaba por ráfagas. Hacía mucho que el placer había sido superado. Por encima del placer, en una dimensión lejana, ¿qué sensación existía? ¿Acaso era un “hipersentido”? ¿Era posible que un ser humano sintiera algo así?
Hangyeol no tenía forma de saberlo, pero si tuviera que dar un nombre a esa sensación desconocida que lo embargaba, sin duda sería esa: hipersensibilidad.
—Mmhng…
Los ojos de Hangyeol se pusieron completamente en blanco y sus párpados temblaron antes de cerrarse finalmente. Se había desmayado. La presión extrema que dificultaba el movimiento del brazo de Seong Cheon-il se relajó suavemente, facilitando la tarea.
Seong Cheon-il inclinó su torso y besó profundamente los labios de Hangyeol. Presionó su boca contra los labios lánguidos y entreabiertos del joven desmayado y deslizó su lengua hacia el interior. La lengua de Hangyeol, sin fuerza alguna, se sentía blanda y ardiente.
No le importaba qué fluidos de monstruos hubieran estado allí antes. Seong Cheon-il, en cualquier momento y lugar, solo podía sentir los labios, la lengua y la saliva de Kang Hangyeol.
Succionando con fuerza la lengua de Hangyeol, roja como una fruta madura, Seong Cheon-il hundió la mano en el colon, ahora dócil y relajado. Sus yemas tropezaron con el movimiento de la última cría. Mientras devoraba la lengua de Hangyeol, movió los dedos abajo para apresar a la pequeña larva.
Tras lamer con suavidad los labios superior e inferior del joven, Seong Cheon-il enderezó el torso y retiró el brazo lentamente. La extremidad, emergiendo del orificio, brillaba empapada por los jugos viscosos de Hangyeol. Era una visión insoportablemente provocadora.
Dado que el grosor disminuye del antebrazo a la muñeca, la extracción fue relativamente fluida. Sin embargo, al sacar la mano después de la muñeca, tuvo que dilatar de nuevo el orificio, que ya empezaba a contraerse. Al girar la mano media vuelta mientras la extraía con la larva sujeta, las paredes de carne carmesí se asomaron un instante antes de regresar a su lugar. El orificio, abierto en un círculo perfecto, tardó en recuperar su forma, cerrándose con una lentitud agónica.
Seong Cheon-il arrojó la última larva al suelo y la aplastó. Acto seguido, lamió su propio antebrazo, recorriéndolo desde el codo hasta la muñeca, saboreando los fluidos de Hangyeol que lo cubrían. Su sabor y su aroma únicos. Durante un breve instante, se entregó por completo a esa esencia.
Tras observar el rostro del Hangyeol inconsciente, se puso en pie. Encontró una sábana de repuesto y envolvió al joven en ella. Envuelto en el lienzo blanco, Hangyeol dormía como si estuviera muerto.
Cargándolo con delicadeza en sus brazos, Seong Cheon-il salió del dormitorio. Algunas crías que aún se retorcían en el suelo murieron bajo sus botas; no las cazó una a una, simplemente estaban en su camino.
Fuera de la cámara de Lee Wonseon, oteó ambos lados del pasillo. Colocó el comunicador en su oído y habló con alguien:
—Soy yo. Pasaré por el ala médica antes de ir.
En el ala médica había unidades de recuperación donde era posible no solo sanar el cuerpo, sino también suministrar nutrientes.
La iluminación en el bloque de cámaras, al igual que en el resto de la base, fallaba en varios puntos. Mientras avanzaba con paso firme por el lúgubre pasillo, Seong Cheon-il se detuvo en seco, pegando la espalda a la pared y conteniendo el aliento. A lo lejos, sombras grotescas se proyectaban de forma errática.
Llevando a Hangyeol en brazos, le resultaba difícil disparar. Lo mejor era dar un rodeo para evitar cualquier encuentro con los especímenes alienígenas. Empezó a retroceder por donde había venido. Hangyeol, lánguido y con la cabeza apoyada en su pecho, no daba señales de despertar.
Escondiéndose de los zombies y otras criaturas, y desandando el camino cuando era necesario, el trayecto le tomó el doble de tiempo.
Finalmente, al llegar al ala médica, abrió la puerta y entró. No olvidó activar el protocolo de seguridad de la entrada: una vez sellada desde dentro, nadie podría abrirla desde el exterior.
Depositó a Hangyeol en una camilla y encendió el tanque de recuperación. Una luz azul iluminó la gran cápsula horizontal. Tras abrir la compuerta, retiró la sábana que cubría el cuerpo de Hangyeol. Su piel estaba llena de hematomas por el trato brutal recibido; incluso sus glúteos mostraban marcas moradas.
Además, su cuerpo estaba plagado de mordeduras de las larvas. Las marcas de dientes se concentraban especialmente alrededor de las areolas y los pezones, que estaban hinchados y enrojecidos. Seong Cheon-il besó ligeramente los labios de Hangyeol, apretó una vez sus pezones inflamados y volvió a alzar su cuerpo inerte.
Tras acomodarlo en el tanque y ajustar la máscara de oxígeno sobre su nariz y boca, la preparación terminó. Cerró la compuerta y se situó ante el panel de control. Al accionar los mandos, un líquido de color rosa pálido llenó el tanque al instante. Hangyeol flotó en su interior como un cuerpo ingrávido. En el monitor del panel aparecieron detallados todos sus datos biométricos.
Ajustando los parámetros con precisión milimétrica, Seong Cheon-il equilibró el proceso de curación. Un par de horas sumergido en aquel fluido bastarían para que la condición de Hangyeol volviera a la normalidad.
Seong Cheon-il permaneció con la mirada fija en la información vital de Hangyeol. Los valores que brillaban en blanco y azul en la pantalla se reflejaban con una intensidad gélida y penetrante en sus pupilas.