Capítulo 149- La víspera. Parte 4

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La noche en la que fue la reunión social en la casa de la familia Scarciapino.

Ricardo fue encontrado en el jardín trasero completamente cubierto de sangre, nadie comprendía cómo es que terminó así. Se decía, que a su alrededor había tanta sangre, posiblemente varios litros.

Sin embargo, el cuerpo del joven noble no tenía ni un solo rasguño, por lo que la procedencia de esa sangre seguía siendo un misterio.

“¿No me digas que…?”

Cuando Dasha le informó por primera vez sobre ese asunto, solo una persona se le vino a la mente de Seong-jin.

Una persona capaz de curar heridas y regenerar la sangre perdida en tiempo real.

“Bah, no puede ser. Él estaba en el Palacio Principal esa noche”.

En cualquier caso, esa misma noche, Ricardo empezó a mostrar signos severos de psicosis y fue sometido a un tratamiento intensivo por parte de los médicos.

Seong-jin también estaba demasiado ocupado con Cadmus y los preparativos para celebrar el cumpleaños del Santo Emperador por lo que el ajuste de cuentas con ese sujeto seguía posponiendo una y otra vez.

Pero…

«No quiero morir así».

¡No podía quedarse de brazos cruzados después de oír algo así de la pequeña!

El Rey Demonio murmuró mientras dejaba escapar un suspiro. 

—[A pesar de que tu padre te advirtió tanto, ¿por qué siempre provocas estas situaciones inesperadas?]

—“No digas tonterías. Todo esto está completamente dentro de lo planeado. De hecho, puede que este sea el momento perfecto”.

—[¿Eh?]

—“Vamos, piensa un poco, Rey Demonio. Un día antes de un gran evento, ¿acaso no están todos más distraídos? Todos están ocupados con los preparativos del cumpleaños o asistiendo a las reuniones sociales privadas. Incluso ahora, hay banquetes simultáneos por toda la capital imperial, incluyendo la mansión principal de los Scarciapino”.

—[¿Eh?…]

Tal como lo predijo Seong-jin, la seguridad se concentró en los lugares donde estaban las figuras importantes, dejando los accesos a la mansión más desprotegidos que de costumbre.

—[¡Increíble! ¡Y eso que se trata de ti Lee Seong-jin!]

—“¿Qué tonterías dices? Ya te lo dije, soy bastante meticuloso”.

Antes no tuvo tiempo de planear, pero siempre estuvo pensando en prepararse adecuadamente para enfrentarse al bastardo de Ricardo.

Por supuesto, hubo algunas veces en las que se encontró con algunos invitados nocturnos que se parecían a Seong-jin y su acompañante.

—Son de los nuestros —informó Dasha que hizo una señal para identificarse.

“Hmm…” 

De alguna manera, tenía el presentimiento de que eso se reportaría directamente al Santo Emperador a través de su departamento de inteligencia.

—“No, conociéndolo, seguro ya sabe que salí y desde el principio”.

—[Desde hace rato, hay dos presencias espirituales siguiéndonos. Probablemente son agentes de Arenja.]

—“Ah, como era de esperarse”.

Pero está bien. 

—“Hoy no tenía la intención de causar problemas”.

—[¿¡Esto no es causar problemas!?]

Mientras tanto, Dasha, que estaba ocupada enviando señales y recibiendo respuestas, corrió rápidamente para alcanzar a Seong-jin con el ceño fruncido.

—Su Alteza… ¿No me diga que la orden de investigar el sistema de seguridad de la familia Scarciapino era para esto?

—Bueno, sí… digamos que matamos dos pájaros de un tiro.

Después de todo, los asuntos que estaban investigando eran demasiado delicados. Seong-jin ya había previsto que la única forma de avanzar sería moverse secretamente de noche.

No podían simplemente irrumpir usando la autoridad imperial en negocios legalmente establecidos en el gremio Milo, ni tampoco en la poderosa y respetada familia Scarciapino.

Además, ni siquiera estaba seguro que el poder imperial estuviera de su lado.

Si Seong-jin les decía que Ricardo estaba aliado con el Culto Oscuro y que era capaz de enviar a las personas a otra dimensión, el Tribunal de Herejía lo arrastraría a él mismo para ser interrogado.

“Ah, qué buen recuerdo tengo de la vez que me dirigí con ellos para arrestar a Seo Yi-seo”.

Sentir que el poder oficial estaba de su lado había sido electrizante.

*** ** ***

La casa Scarciapino en la zona residencial. 

Justo antes de iniciar oficialmente la infiltración, Seong-jin revisó una vez más los frascos alineados en su cinturón. Eran medicamentos cuya aplicación había aprendido recientemente de Dasha.

Uno era un suero de la verdad, el otro un somnífero, y un más era…

Dasha, que había estado observando en silencio lo que hacía Seong-jin, puso cara de cansancio.

—Su Alteza, ¿realmente los usara? ¿Qué planea hacer ahí dentro exactamente?

—No te preocupes. Solo considéralo como una herramienta para una conversación pacífica.

Si de verdad ese tipo estaba sufriendo un episodio psicótico, sería un problema.

Pero si solo estaba actuando para evitar ser interrogado, hoy sin duda iba a ser desenmascarado por completo.

—Qué pena. Si tuviera poder divino, podría golpearlo cuanto quisiera, curarlo al instante y volver a golpearlo. —murmuró.

Al escucharlo, Dasha se sobresaltó horrorizada.

—¡Estamos hablando del joven maestro de la familia Scarciapino, Su Alteza! ¡Esto podría traernos consecuencias graves más adelante!

—No te preocupes, Dasha. Mientras no descubran quiénes somos, no es un crimen.

—¡Dios mío! 

Absolutamente estresada por la situación, Dasha se jaló los cabellos.

Ignorándola por completo, Seong-jin se bebió uno de los frascos preparados y se subió la máscara al rostro.

—A partir de ahora, no debes llamarme ‘Su Alteza’, ¿entendido?

Con un profundo suspiro de Dasha, Seong-jin entró a la mansión.

Tal vez gracias a lo mucho que había mejorado su habilidad para ocultar su aura, pasó junto a los caballeros de guardia sin que notaran su presencia mientras bostezaban, y pronto logró infiltrarse en la habitación de Ricardo.

—Mira este imbécil…

Decían que estaba sufriendo de psicosis, pero su cara dormida parecía absurdamente tranquila.

“¿Cómo puede dormir tan plácidamente después de todo lo que le hizo pasar a la pequeña?”

Sin dudarlo, Seong-jin le agarró el cuello del pijama y, usando su aura, lo alzó con facilidad.

—¿Eh?

Antes de que Ricardo pudiera reaccionar, lo azotó con fuerza contra la cama. Su cara sobre su colchón. Ricardo, con la respiración cortada, se revolvió y soltó un gemido ahogado, pero antes de que lograra emitir un grito, Seong-jin presionó su cabeza contra la almohada.

—Cierra la boca. —susurró con voz baja pero firme.

—¡…!

—Por tu culpa, nuestro Culto fue rastreado por los servicios de inteligencia. Espero que estés listo para asumir las consecuencias. —Su voz sonaba áspera y ronca, un efecto del medicamento que había tomado para alterar la voz.

Parecía funcionar causando una inflamación temporal en las cuerdas vocales. Sin embargo, como sentía picazón en la nariz y le lloraban los ojos, empezó a temer que el efecto fuera más parecido a una reacción alérgica aguda.

“¿No me dará un ataque respiratorio?”

—Si gritas, mueres. Pero si colaboras y arreglas todo este desastre, te dejaré vivir.

Ricardo, completamente aterrorizado, trató de asistir con desesperación. Su actitud ya no tenía nada que ver con el tipo que se jactaba de ser el “Rey Demonio de los sueños”.

—[Su pulso se ha disparado. Parece que realmente está asustado.]

—“Hmm”

Seong-jin lo observó un momento, pero no apareció ninguna mariposa azul o algo similar.

¿Será que Sigurd Sigurdson realmente abandonó a esta marioneta y lo dejó tirado?”

Al notar que dejó de resistirse, Seong-jin soltó su cabeza poco a poco. Ricardo, temblando, preguntó con voz temblorosa.

—¿Eres de la Iglesia?

Seong-jin solo había mencionado al Culto Oscuro como un farol, basándose en el rumor de que le habían enviado a Orden una señal secreta. Pero parecía que ese tipo en verdad estaba coludido con ellos.

—No tengo nada que hablar contigo. Llama a ese cuentacuentos ahora mismo.

—¿Q-quién demonios es usted? No me diga que eres el arzobispo de qué habló el Titiritero.

“Así que así llamaban a ese cuentacuentos, bastardo. Titiritero”.

Un nombre adecuado, considerando que manipulaba a sus avatares como si fueran marionetas.

—¿Acaso él planea aliarse ahora con el jefe del gremio?

Probablemente se refería al jefe del gremio Milo.

—Qué más da. Piensa lo que quieras.

En ese momento, Ricardo intentó correr hacia la puerta. Pero Seong-jin, que ya había anticipado el movimiento, le metió el pie fácilmente.

¡CRASH!

Ricardo cayó pesadamente al suelo, haciendo un ruido bastante fuerte. Pero incluso al agudizar sus sentidos, Seong-jin no detectó movimientos cercanos.

Parece que Dasha había hecho su trabajo correctamente.

—Aaargh.

Ricardo, que había caído de cara al piso, se revolcaba sujetándose la nariz sangrante.

Mientras tanto, Seong-jin se acercó lentamente a la mesita junto a la cama y colocó sobre ella los frascos que había traído.

Clink, clank.

Ricardo, al escuchar el sonido, levantó la cabeza.

—¿Q-qué va a hacer? —preguntó con miedo.

Seong-jin añadió pequeños cuchillos de distintas longitudes y unos pinchos de metal que parecían ser usados con fines aterradores.

Al ver eso, el rostro de Ricardo se puso pálido como un cadáver.

—¿¡Por qué me hace esto!? ¡Incluso la Iglesia sabe que el Titiritero ya me ha abandonado! ¡¡Borró todos los planes de mi mente!! ¡¡No sé nada!! 

Lágrimas comenzaron a caer a raudales de sus ojos. 

—¡Me abandonó! ¡Me dejó solo en este inmenso universo! ¡¿Có-cómo pudo hacerme eso?!

Ya no estaba claro si estaba más asustado o más dolido por haber sido dejado atrás.

—“¿Qué opinas, Rey Demonio?”

—[Hmm. Parece cierto que no recuerda nada. Probablemente sí le borraron sus recuerdos y huyó].

Era una verdadera pena. Si este tipo hubiera sido Sigurd Sigurdson en persona, habría sido perfecto. Seong-jin suspiró

—No te preocupes. No necesitas decir nada.

Ricardo abrió los ojos, sorprendido.

—¿E-entonces todo eso para qué?

—A veces, cuando solo estudias la teoría, te entra curiosidad por la práctica. Aunque en tu caso, ni siquiera creo que haga falta usarlos.

—¿Qué quiere decir con eso?

—Piensa en esto como tu castigo por haberte relacionado con ese desgraciado.

Seong-jin tronó los nudillos de ambas manos mientras hablaba.

—Tranquilo. Afortunadamente, no creo que valgas tanto como para torturarte por horas. Así que me conformaré con darte una buena paliza.

—¡Hiiiiek!

Ricardo, que se había dejado caer al suelo comenzó a retroceder a rastras, pronto su espalda golpeó la pared.

Seong-jin, que lo observaba con un rostro impasible, tomó una de las varillas más largas y delgadas que estaban sobre la mesa, la alzó a la tenue luz de la luna y continuó hablando.

—Al final, pienso clavarte esto directo en el costado. Imbuida con aura, la retorceré varias veces para revolverte bien los órganos internos.

—¿Q-qué?

—Por fuera, no parecerá que tengas heridas, pero gracias a los órganos destrozados, la sangre se irá acumulando lentamente en tu abdomen. Aunque no sangres externamente, al amanecer estarás muerto por hemorragia interna y la causa quedará envuelta en misterio.

—¡…!

—Te retorcerás hasta morir, con un dolor indescriptible por dentro, sin poder pedir ayuda a nadie hasta que amanezca.

Clavando la mirada en los ojos temblorosos del otro, sacudidos como por un terremoto de puro terror, Seong-jin dibujó una sonrisa lenta en el rostro.

—Vamos, elige tú. ¿Prefieres el hígado? ¿El bazo? Si quieres, también puedo incluir los riñones. Todos ellos son órganos ricos en vasos sanguíneos.

Ricardo, miró fijamente la varilla que brillaba al reflejar la luz, parecía estar al borde de la locura.

El sonido de la orina empapando el suelo se escuchó cuando, al parecer, el miedo extremo le hizo perder el control de su vejiga.

—L-lo siento… solo era un títere… de ese hombre… ¡snif! Jamás quise… perjudicar al culto… ¡sniff!

Le temblaba tanto la mandíbula que no podía articular bien las palabras.

—Esta es tu última oportunidad. ¿Dónde está ahora el Titiritero?

—¡Hic! ¡Snif! Probablemente… probablemente se ha pasado a otro… títere.

—¿Y quién es ese otro títere?

—¡N-no lo sé! ¡De verdad no sé nada!

Seong-jin lo observó desde arriba, con cierta lástima reflejada en los ojos, mientras el otro sollozaba como si estuviera siendo estrangulado.

“Qué decepción… Si este tipo fuera realmente ese bastardo, podría haberle hecho sentir, con toda claridad, lo que es morir lentamente”

—¡Agh!

De una patada en la mandíbula, Seong-jin lo estrelló contra la pared y Ricardo cayó pesadamente al frente.

—¡Gugh! ¡Ya te dije todo lo que sabía! ¿Por qué?

—¿Por qué? ¿En serio me preguntas el por qué?

Ya se lo había dicho. Desde el principio, su verdadero objetivo era golpearlo y a partir de ahí, la paliza se volvió salvaje.

Cada golpe de Seong-jin iba acompañado de un grito doloroso que resonaba en la habitación. La intensidad de la violencia fue aumentando tanto, que Dasha, que vigilaba desde afuera, no pudo más y corrió alarmada hacia la habitación.

—¡Su…!

Por poco y lo llama ‘Su Alteza’, pero se contuvo a tiempo y susurró con voz baja:

—Usted dijo antes que no usaría la violencia.

—¿Cuándo dije eso?

Solo mencioné que llevaría herramientas para una conversación pacífica. Nunca prometí que no golpearía después de que terminara la charla, ¿verdad?

En cuestión de minutos, Ricardo estaba completamente hecho puré en el suelo, con el cuerpo inerte.

—¡Él es el hijo de la familia Scarciapino! ¡Esto sin duda causará un gran escándalo!

—No te preocupes. Ya lo tengo todo planeado. —Seong-jin sacó de su ropa un pequeño medallón.

Era una medalla de cobre burdamente grabada con una araña, el símbolo de Culto Oscuro, que había recibido de Orden.

—No creo que este tipo salga gritando que lo atacaron los remanentes de la Iglesia Oscura.

Por lo que decía antes, parecía que el Culto Oscuro, el gremio Milo y la familia Scarciapino estaban en plena guerra fría, cada uno vigilando al otro.

Y si esto los hacía sospechar más entre ellos, era mejor.

Seong-jin colocó cuidadosamente la medalla junto a la cabeza de Ricardo, torció una comisura de sus labios.

—A partir de ahora, mátense entre ustedes. —murmuró.

—[Eres un tipo tan malvado…]

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