Capítulo 150- La víspera. Parte 5

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Golpear al bastardo de Ricardo hasta casi matarlo. Ese era el objetivo principal de venir a la mansión.

Sin embargo, ya que la salida nocturna había comenzado, Seong-jin no tenía intención de desperdiciar la oportunidad. Por eso seguía revisando a conciencia la biblioteca del primer piso hasta el amanecer.

—¿Cómo terminé así? Ni siquiera en La Mano de Oberón, con toda su larga tradición, nunca ha habido un miembro que se comportara tan imprudentemente como él. 

Seong-jin le dio instrucciones a Dasha que seguía murmuraba con resignación a su lado.

—Es posible que los documentos importantes están bien escondidos dentro de alguna habitación. ¿Por qué no investigas el dormitorio, Dasha?

—Claro, por supuesto —respondió ella con un suspiro de resignación antes de marcharse de la biblioteca.

Era una noche completamente oscura, incluso la tenue luz de la luna estaba cubierta por las nubes. Pero gracias al aura que reforzaba su vista, Seong-jin podía leer los documentos sin dificultad. Era otra habilidad que había aprendido de Dasha.

—[Tal vez los documentos realmente importantes estén guardados en la casa principal.]

—“Eso no lo sabemos”.

Ricardo e Isabella vivían principalmente en esta mansión para poder facilitar su vida social. Según la investigación de Orden, también eran ellos quienes se relacionaban directamente con el gremio comerciante Milo.

Dado que no mencionaron al primogénito Domenico, era muy probable que esta colaboración con el gremio fuera algo orquestado únicamente por Sigurd Sigurdson, y no un negocio oficial de la familia Scarciapino.

—“En ese caso, tendría más sentido que la evidencia estuviera aquí y no en la mansión principal, ¿no te parece? Además, ¿no crees que hay algo raro?”

—[¿Qué cosa?]

La razón por la que Seong-jin había llevado a cabo esta operación nocturna con tanta confianza era porque había investigado previamente el sistema de seguridad de la casa Scarciapino. Calculó que tanto él como Dasha podían infiltrarse sin ser detectados y ese es precisamente el problema. El nivel de seguridad entre la mansión y la residencia principal era excesivamente diferente.

La familia Scarciapino. 

Los nobles más ricos de Delcross, operaba un sistema de seguridad tan estricto que incluso tenían su propio escuadrón privado de asesinos para proteger a sus miembros clave. 

Pero aquí, ¿qué es lo que encontraron? 

Eran solo algunos guardias que manejaban el aura, además eran simplemente caballeros de escolta poco eficientes que eran incapaces de lidiar con asesinos verdaderamente hábiles.

Si no fuera por la venganza de Sisley, Seong-jin probablemente se habría contenido y comenzado a investigar qué secretos turbios había detrás de esto.

¿Fue el propio Ricardo, mientras estaba controlado por el Titiritero, quien debilitó la seguridad de manera intencionada para facilitar su movilidad? ¿O acaso…?

“¿Alguien en la casa principal Scarciapino metió la mano?”

Justo cuando pensaba eso, sintió de repente una leve presencia acercándose desde el otro lado.

Seong-jin se preparó para ocultarse, reorganizando rápidamente los documentos abiertos, pero entonces reconoció al dueño de esa presencia y detuvo sus movimientos.

Una mujer noble, con pasos elegantes y un aura absolutamente normal.

“¿Isabella?”

Atrapado por un extraño presentimiento, Seong-jin decidió quedarse quieto y esperarla en su sitio.

Efectivamente, la que entró en la biblioteca fue Isabella, vestida únicamente con una bata de noche, completamente indefensa.

Sus ojos se encontraron de inmediato con los de Seong-jin, y aunque era un intruso en su casa, ella no se mostró particularmente sorprendida. Lo miró fijamente, al extraño vestido de negro.

—¿Quién eres tú?

El ceño de Seong-jin se frunció detrás de la máscara.

“¿Isabella siempre fue así?”

Cuando estaba frente a Orden, se había mostrado temblorosa y aterrada. ¿Pero ahora, ante un desconocido enmascarado, estaba tan tranquila?

—¿Quién eres? ¿Qué estás haciendo aquí?

¿Esa es la reacción normal de una joven noble al encontrarse con un intruso en su casa?

Además, había algo en ella que no podía señalar con precisión, pero parecía distinta a la Isabella que había conocido antes.

—…

—Mmm…

Mientras Seong-jin la observó en silencio, Isabella también lo miró fijamente y comenzó a caminar lentamente, arrastrando el dobladillo de su bata.

—Eres muy joven. Un muchacho… no, casi un niño. —Su voz empezó a sonar más baja, más profunda—. ¿A qué grupo perteneces? La Mano de Oberón no asigna misiones reales a miembros tan jóvenes y tampoco El Aliento de Kaya ha extendido operaciones hasta la capital.

No solo su voz, algo en su forma de hablar también estaba cambiando. Como si una capa estuviera siendo retirada poco a poco.

Ante esa sensación tan extraña, Seong-jin decidió observar en silencio los movimientos de Isabella. Sin mostrar el menor temor, ella se acercó. Estaba casi pegada a él.

—Qué curioso. Realmente curioso. No sé por qué, pero siento un fuerte interés por ti.

Sus finos dedos se entrelazaron con los de él sobre el guante. Sus labios se acercaron tanto a su rostro que parecía que fuera a besarlo en cualquier momento.

—Vamos, dime.

Una voz con una extraña vibración que le cosquilleaba el corazón le susurró al oído, como si lo estuviera seduciendo.

—¿Quién envió a un joven tan extraordinario como tú? ¿Quién está detrás de ti?

“¿Oh? ¿Conque así están las cosas?”

Seong-jin no respondió, y suavemente tomó la mano de ella. En los ojos verde esmeralda de Isabella apareció un leve atisbo de desconcierto.

—¿Cómo es posible que no te afecte mi hechizo de Encanto? ¿Quién eres tú realmente?

En ese momento, Seong-jin sonrió de lado y tiró con fuerza de la mano de Isabella.

—Sigurd Sigurdson.

—¡…!

¡Te atrapé, desgraciado!

*** ** ***

En otro lugar…

—…Y así, lo que exigieron al cardenal de Gistier fue… ¿Majestad? ¿Está escuchando?

Pregunto número 21, que estaba presentando un informe sobre la situación en Bretaña, al ver que el Santo Emperador no apartaba la vista de la ventana.

—¿Ocurre algo, Su Majestad?

—…

Por alguna razón, el Santo Emperador parecía completamente distraído desde hacía un rato, sin prestar atención al informe. De vez en cuando, sus ojos emitían un extraño destello, lo que le hizo pensar a número 21 que probablemente estaba viendo algo que los demás no podían ver.

Pasó un rato así. 

Finalmente, el Santo Emperador se llevó una mano a la frente y suspiró profundamente antes de hablar.

—Cuando un niño quiere enfrentarse solo al mundo… primero, no le queda más remedio que desgastarse a sí mismo de esa manera. 

—… ¿Perdón?

—No puedo reprocharle que haya sido demasiado severo consigo mismo.

A veces, el Santo Emperador solía soltar frases crípticas que Número 21 no podía comprender. Pero no era tan común para él salirse completamente de contexto de esa manera.

Número 21 abrió la boca para preguntar algo, pero el Santo Emperador lo interrumpió.

—Puedes retirarte ya, Enrique. Yo estaré fuera por un momento.

Y antes de que pudiera responder, el cuerpo del Santo Emperador se desplomó sin fuerza hacia un lado.

—¡…!

Aunque se alarmó por un instante, Número 21 se dio cuenta por experiencia que el alma del Santo Emperador se había separado nuevamente, viajando a otro lugar.

Se levantó lentamente y lo observó recostado en el sofá.

Con su alma ausente, el cuerpo del Santo Emperador parecía estar muerto o en un profundo sueño.

Mirando fijamente ese rostro completamente indefenso, Enrique apretó con fuerza la empuñadura del puñal que llevaba oculto. Su respiración se volvió poco a poco más agitada por la tensión.

“¿Es ahora?”

Era el momento perfecto. No estaban presentes ni el molesto mayordomo principal, ni la imponente comandante de los Caballeros de San Aurelio.

“¿Puedo hacerlo?”

Sí. Era posible, el Emperador se había marchado con tanta prisa que ni siquiera había avisado adecuadamente, así que tardaría en regresar, pero…

—…Incluso si tuviera la oportunidad de matarte ahora… probablemente tú no morirás, ¿verdad? 

La voz que murmuró esas palabras sonó terriblemente desgarrada.

Las emociones que ha estado conteniendo en un solo lugar se han terminado de mezclar y se desbordan de manera irreversible. Sin saber si aquello que sentía era resignación o alivio, Enrique soltó lentamente el puñal y se mordió los labios.

*** ** ***

—Sigurd Sigurdson.

Cuando Seong-jin pronunció el nombre con una sonrisa y tomó su mano, Isabella se sobresaltó y abrió los ojos por la sorpresa.

—¿Quién eres tú?

Al parecer, el efecto de la droga seguía presente, y no podía reconocer su voz.

Seong-jin se quitó lentamente la máscara y sonrió con serenidad.

—Para haber huido con el rabo entre las piernas, no lograste llegar muy lejos, ¿eh?

Orden le había advertido, y como Isabella también frecuentaba el gremio Milo junto a Ricardo, la tenía clasificada como persona sospechosa. Pero jamás pensó que este desgraciado tendría el descaro de poner otra marioneta justo al lado suyo.

—Increíble. No me digas que también el primogénito de esta casa es una de tus marionetas.

En ese momento, Isabella, o mejor dicho, Sigurd Sigurdson intentó zafarse de su agarre, visiblemente alterado.

Ni lo sueñes.

Seong-jin apretó aún más su mano para evitar que escapara, y finalmente el otro suspiró con resignación.

Cierto. No es común encontrarse con alguien inmune a mi  Encanto. Así que tú fuiste quien dejó al pobre Ricardo en ese estado.

Últimamente, Ricardo sufría de frecuentes delirios y ataques. 

Como siempre, Isabella había ido a revisar su estado al amanecer y, para su sorpresa, lo encontró tirado en el suelo, cubierto de sangre. Por eso, había bajado a revisar el estudio donde se almacenaban los documentos de Ricardo.

—Exacto. Así que ya deberías imaginar lo que te espera ahora, ¿verdad?

Cuando Seong-jin comenzó a crujirse los hombros, Sigurd retrocedió un paso con nerviosismo.

Espera, amigo mío. ¡Hablemos! Creo que hay un gran malentendido entre nosotros. —habló con tono suplicante.

—¿Malentendido? ¿De qué hablas?

—¡Por favor, cálmate! Por más violento que te pongas, no resolverás nada.

Sigurd hizo todo lo posible por calmar al príncipe. Después de todo, ya había intentado matarlo una vez abriendo el laberinto y fue castigado duramente por el Santo Emperador. Si perdía también esta marioneta, se quedaría sin opciones. Y sobre todo, la mirada intensa de Seong-jin, que brillaban como si fueran la única luz en la oscuridad, le ponían los pelos de punta.

—¡Nuestra querida Bella no sabe nada! Es una mujer pura e inocente, que ha perdido casi toda su consciencia. ¿Realmente piensas hacerle daño a una víctima tan inocente?

“¿Este cabrón encima tiene la cara para decir eso?”

Sin responderle, Seong-jin dio un paso más hacia él, y Sigurd se apresuró a continuar.

—¡Tú también tienes parte de la culpa de que Bella esté así! La trataste con desprecio, la hiciste sentirse inútil ¡Eso me facilitó absorberla completamente y sin mucho esfuerzo!

Seong-jin se detuvo un momento, sorprendido.

—¿Yo?

—Así es. Fuiste tú quien la trató constantemente como si no fuera una persona. Fuiste tú quien destruyó poco a poco su autoestima. Gracias a eso pude devorar fácilmente a Bella sin demasiado esfuerzo. 

—¿Yo no la traté como una persona? ¿Por qué?

—Porque Bella ha sido mi marioneta desde hace mucho tiempo. Seguramente, tú lo sabías.

Un enojo profundo surgió desde las entrañas de Seong-jin.

¡Hijo de perra! ¡Entonces todo fue por tu culpa desde el principio! ¿Y encima tienes el descaro de echarme la culpa?

—¿Lo entiendes ahora? Bella y Ricardo solo fueron controlados. Ambos son inocentes.

Y precisamente quien los controlaba decía eso sin la menor vergüenza. 

—Por favor, deja de atormentar al pobre Ricardo. Está sumido en una profunda pérdida. Aunque no era mi intención, he perdido por completo el vínculo con él.

Seong-jin miró fijamente el rostro de Isabella. No, el rostro de ese bastardo sinvergüenza. 

¿Es solo su imaginación? 

Parecía que el carácter de este títere era distinto al de cuando controlaba a Ricardo.

—Si tanto te compadeces de él, ¿por qué no borraste su memoria por completo? Sabías que vendría a interrogarlo, ¿por qué dejaste rastros de ti?

El tipo comenzó a explicar:

—Si borraba todos sus recuerdos de mí, su mente habría colapsado.

La memoria de Sigurd era tan dominante en Ricardo, que eliminarla por completo habría sido letal para su estabilidad mental.

—Es un hermano incorregible que suelta frases cursis como si respirara… pero dejarlo hecho un vegetal habría sido demasiado cruel.

Mientras el desgraciado soltaba ese monólogo, Seong-jin organizaba sus pensamientos.

“Más allá de las excusas del tipo, las marionetas que él manipulaba probablemente eran, en efecto, víctimas. Y aunque destruyera esta marioneta, el bastardo simplemente se mudaría a otro cuerpo. Pero aun así…”

—Todo esto también es voluntad de nuestra Bella. Es de naturaleza bondadosa. Gracias a eso, yo también soy algo más incorregible.

¿Vivir como marioneta podía considerarse una vida real? ¿Y si dejarlo vivo significaba permitir que seguirá perjudicando a Delcross?

Si llegaba a ponerle una mano más encima a Sisley ¡No! 

Antes de eso.

“¡Yo mismo acabaré contigo!”

Seong-jin tomó su decisión.

Cuando una escalofriante intención asesina apareció en sus ojos, Sigurd la percibió al instante y suspiró profundamente.

Sabía que sería difícil apelar a tus emociones, dado lo seco que eres. ¿Tendré que abandonar también está marioneta? Qué desdicha.

Entonces, una mariposa azul apareció frente a él y en ese instante, Seong-jin vio algo inexplicable. 

Justo cuando el bastardo intentaba abrir una grieta dimensional para huir al mundo de las reglas, en ese breve instante en que escapaba de una marioneta a otra, su alma dejaba un rastro, como una línea luminosa.

Seong-jin lo intuyó de inmediato.

“¡Es ahora o nunca!”

Era posible.

Podía cortar no solo a la marioneta sino también a la esencia que lo controlaba.

Su brazo se tensó y el aura comenzó a concentrarse con fuerza. Una sensación le indicaba que algo enorme estaba por desatarse. Lo que se percibe, comenzó a manifestarse.

Atraído por ese momento de trance absoluto, sin saber exactamente qué era eso que palpitaba dentro de él, Seong-jin apretó con fuerza la empuñadura de su espada el Cascanueces y justo cuando estaba a punto de desenvainar…

—[Detente, hijo mío.]

Alguien le puso suavemente la mano sobre la suya.

—¡…!

Seong-jin giró la cabeza y vio a alguien que conocía muy bien, era la exorcista Dama Sharon.

—…¿Dama Sharon?

Pero los ojos que lo miraban fijamente no era el negro habitual, sino un familiar y muy conocido gris plateado.

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