Capítulo 151- La víspera. Parte 6

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—[Detente, hijo mío.]

Era una voz que no resonaba en los oídos, sino que parecía transmitirse directamente a su mente.

—.. ¿Dama Sharon? —Seong-jin parpadeó.

La persona que le sujetaba la mano tenía el aspecto de dama Sharon. Pero los ojos que lo observaban con calma desde arriba… No eran suyos. Sus ojos con una tonalidad plateada, eran los mismos que él conocía muy bien.

“¿Eh?”

Antes de que Seong-jin pudiera comprenderlo del todo, ya lo estaba llamándolo en voz alta.

—¡¿Padre?!

Entonces la dama Sharon o, mejor dicho, el Santo Emperador volvió a hablar.

—[Aún no es el momento. No necesitas ir tan lejos ahora mismo.]

En el instante que oyó esas palabras …

Poco a poco, aquella pulsación indescriptible fue calmándose, y el aura que desbordaba por su brazo se serenó en un instante.

Su visión, que se había expandido de forma extraña, volvió a la normalidad, y su conciencia, que se había exaltado y extendido sin límites, se extinguió en un instante. 

Frente a Seong-jin ya no quedaban grietas dimensionales torcidas ni rastros de almas tenues. 

Sólo quedaba Isabella, que temblaba mientras lo miraba.

“¿… Qué fue eso?”

Fue una sensación de expansión masiva de su conciencia. Sintió que había algo tremendamente importante que no debía dejar escapar.

Mientras luchaba por recordar esa sensación que ya había desaparecido con su mente aún nublada, notó que la mano que lo sujetaba se apartó, como si ya no fuera necesario retenerlo.

Seong-jin levantó la vista hacia la alta exorcista.

“Como pensé, es la dama Sharon, pero…”

Aunque tenía la apariencia de la excéntrica exorcista de Unidad Especializada en Monstruos, el aire que la rodeaba era completamente distinto ahora. 

Aquella aura tan característica, perfectamente controlada, y al mismo tiempo extraordinariamente natural.

Dama Sharon nunca fue una caballera de bajo rango, pero la forma en que manejaba su aura ahora, estaba perfectamente integrada con el entorno, casi comparable al nivel de un Caballero Decaron. 

No era extraño que Seong-jin no se hubiera percatado de su presencia hasta que se acercó bastante.

Y lo más importante, eran sus ojos.

No podía haber otra persona en el mundo con esos ojos.

Para Seong-jin, esta situación no era del todo desconocida. ¿No sintió lo mismo cuando el líder de Arenja poseyó al comandante Bruno?

—[¡Hiiiiiik!]

Al ver el estado del Rey Demonio, que no hacía más que soltar chillidos desde hace rato, no cabía duda. Quien estaba en el cuerpo de dama Sharon,  era el mismísimo Santo Emperador.

¡Tump!

En ese momento, Isabella tambaleó y cayó al suelo. Sus ojos, sin enfoque, temblaban como si hubiera sufrido un gran impacto.

—…Yo, yo.

La exorcista, no, el Santo Emperador la miró con frialdad.

[Él ya se ha marchado]  —dijo.

—No puede ser…  —Isabella, con el rostro desencajado, miraba al vacío. Luego negó con fuerza—. No… eso no puede ser. ¡Yo soy… el Rey Demonio de los Sueños!

Lágrimas empezaron a caer de sus ojos.

—¡Yo… hic! Yo no soy una simple humana… no…

Y pronto, sin poder sostenerse más, cayó arañando al suelo mientras rompía en un llanto desgarrador. 

Eran los sollozos dolorosos, de quien lo ha perdido todo en un instante, como si le estuvieran arrancando las entrañas.

Seong-jin lo supo instintivamente.

La Isabella que saltaba por la habitación con una aguja clavada en el brazo ya no existía.

Jamás volvería. 

—Padre. 

Seong-jin, habiendo tomado una decisión, dio un paso al frente.

—Isabella ya es una marioneta completa de Sigurd Sigurdson. Aunque haya sido expulsado por ahora, mientras sigan conectados, podría regresar en cualquier momento.

—[…]

—Un ser consumido hasta el punto en que quizás no pueda recuperarse. Incluso ahora que se ha ido, ella sigue creyendo que es el Rey Demonio de los Sueños.

Seong-jin no sabía cómo cortar la conexión de una marioneta. Ni siquiera podía imaginar cómo se eliminó la de Riccardo. Y si acaso existiera una forma de separarla completamente de ese tipo…

¿Sería realmente algo bueno?

Incluso Ricardo, que pensaba ser solo un ayudante, sufría constantes episodios de confusión y colapsos. 

¿Podría Isabella, que ha perdido por completo su identidad, soportar tal pérdida?

—Sigurd Sigurdson es extremadamente peligroso. Aunque sea lamentable para Isabella. No tenemos otra opción.

Al escuchar eso, Isabella levantó la cabeza y miró a Seong-jin. Sus ojos verdes azulados, llenos de tristeza y miedo, temblaban violentamente, como si estuviera en medio de una tormenta. 

Sin apartar la mirada, Seong-jin finalmente pronunció una última y pesada frase.

—…Padre. Antes de que surja un problema mayor, ¡debemos destruir la marioneta aquí y ahora!

El Santo Emperador bajó la vista y observó a Seong-jin con calma.

Seong-jin pronunció sus palabras esperando críticas o reproches, pero en los ojos del Santo Emperador sólo brillaba una profunda comprensión.

—[Sí. Tu juicio es racional.]

—¡Entonces …!

Toc.

Antes de que Seong-jin pudiera continuar, una mano descendió sobre su cabeza y una suave voz resonó:

—[Sé bien que jamás vacilarás al tomar decisiones frente a la adversidad.]

Toc, toc.

El leve golpeteo sobre su cabeza le transmitía una extraña sensación de alivio.

Seong-jin, que estaba parado allí sin comprender, sintió cómo todo su cuerpo se relajaba de repente, solo entonces se dio cuenta de lo tensó que había estado en todo momento.

—[Pero hijo, aún no necesitas enfrentarte a decisiones tan duras].

—Ah…

—[A veces, puedes dejar esa carga a otras personas].

Después de acariciar su cabeza algunas veces más con ternura, el Santo Emperador se acercó lentamente a Isabella.

—[Tu hermano cooperó con él por voluntad propia. Pero ¿qué hay de ti?]

—Y-yo…

Isabella, pálida como un cadáver, temblaba incapaz de responder. El Santo Emperador suspiró levemente al verla.

—[…Quizá ya sea tarde, pero hay cosas que aún deben hacerse.]

Y entonces, Seong-jin no pudo creer lo que veían sus ojos. El Santo Emperador desenvainó un shotel como un rayo y lo clavó directamente en la coronilla de Isabella con su afilada hoja plateada.

¡Zas!

—¡¿…?!

Un chorro de sangre brotó como una fuente y el cuerpo de Isabella cayó hacia atrás sin fuerzas. La gran cantidad de sangre se expandió a su alrededor en círculos concéntricos. 

Ante esa escena impactante, Seong-jin sólo fue capaz de parpadear y mirar al Santo Emperador con desconcierto.

—Eh…

¿Qué demonios fue eso? 

Estaba seguro de que el Santo Emperador iba a intentar detener que él matara a Isabella… entonces ¿por qué, de repente, fue él mismo quien lo hizo?

“No me digas que cuando dijo que no debía cargar con todo solo…”

—Padre… ¿Quiere decir que debo dejar una parte de la venganza a usted?

—[…]

El Santo Emperador lo miró con una expresión extraña durante un momento, a punto de responder, cuando Dasha entró corriendo a la biblioteca hablando con urgencia.

—¡Su Alteza, algo no va bien! Pensé que todo había sido demasiado fácil. Hay gente vigilando este lugar desde la distancia… ¡¿Huuuuaaaaah?! 

Su voz se apagó de golpe al ver la escena sangrienta en la biblioteca, y se quedó sin palabras. El Santo Emperador se agachó lentamente y colocó su mano sobre la cabeza caída de Isabella.

Una luz brillante emergió de su palma, y el rostro pálido de Isabella recuperó el color en un instante. Con el color completamente devuelto al rostro y una respiración tranquila, cualquiera que la viera pensaría que simplemente estaba dormida en el suelo.

Entonces, una pieza del rompecabezas encajó en la mente de Seong-jin. 

Ricardo, encontrado sin una sola herida a pesar del evidente rastro de sangre…

—¿No me diga que a Ricardo también le abrió la cabeza exactamente de la misma forma?

—[…]

Era evidente.

“Espera… ¿Fue él quien rompió la conexión entre Riccardo y ese Narrador?”

Seong-jin volvió a mirar a Isabella, que yacía entre el charco de sangre, aparentemente inofensiva y profundamente dormida.

¿Acaso no había dicho que aún no necesitaba tomar esa decisión?

“Ya veo…”

Tal vez, será eso mientras este hombre esté frente a él.

“Yo…”

En ese momento, Dasha, que observaba con cautela por la ventana, susurró:

—Se acercan cada vez más, Su Alteza. Tenemos que evacuar este lugar de inmediato. Caballero, venga conmigo ¡rápido!

Probablemente Dasha ni siquiera imaginaba que Dama Sharon era el Santo Emperador. 

—Ah, espera un segundo. Tengo que dejar algo aquí.

—¿Eh?

Ante la mirada perpleja de Dasha, Seong-jin sonrió confiado y sacó otra medalla de su pecho.

♦♦♦ ♦♦♦

—Dominic, hubo una intrusión en la casa. Riccardo está gravemente herido, e Isabella está inconsciente.

Residencia principal de la familia Scarciapino.

Dominic, que trabajaba sin descanso hasta el amanecer, no despegó la vista de los documentos ni siquiera ante el informe del espía, y asintió.

—Ya veo 

Es como si ya lo hubiera previsto.

—¿Fue la Compañía Milo, o el Culto Oscuro?

—No estoy seguro. Solo los vimos desde lejos, pero dejaron un emblema del Culto Oscuro en el lugar.

Dominic apenas le echó un vistazo a la pequeña medalla que le ofrecía su informante personal, Olivier, y volvió a hundirse en los documentos sin mucho interés.

El día que el joven señor Riccardo se desplomó en el jardín de su mansión.

Después de que Dominic manejó de la mejor manera la finalización del evento social, se retiró directamente a la casa principal con todo su equipo de seguridad.

Como resultado, la seguridad en la casa urbana quedó debilitada, pero ni Riccardo o Isabella dijeron algo al respecto.

—Habrá que contactar con el joven maestro de Sigsmund y decirle que Isabella ha caído enferma, por lo que lamentablemente no podrá asistir a la celebración de cumpleaños del Emperador.

—Ja, ja —Olivier soltó una risa sarcástica mientras cruzaba las piernas con desdén—. Qué frío eres. Se trata de tus propios hermanos Dominic. ¿No estás preocupado?

Detrás de las gafas, los fríos ojos verde azulados de Dominico se clavaron en ella.

—Te lo dije, Olivier. Desde hace mucho tiempo, esos dos dejaron de ser mis hermanos.

♦♦♦ ♦♦♦

A la mañana siguiente.

Tras recibir de madrugada un mensaje urgente de la familia Scarciapino, Orden masajeaba sus sienes a causa de un fuerte dolor de cabeza.

Isabella había colapsado inesperadamente el día anterior y no podía asistir al banquete de cumpleaños.

Ya era ridículo que el Culto Oscuro le hubiera enviado un emblema como amenaza para obligarlo a que fuera su compañero, ¡y ahora esto también!

No quería sobre analizar a todos, pero, aun así, Orden era una figura pública muy popular en la capital imperial. Y ahora, se vería obligado a asistir solo al evento imperial.

¿Qué clase de humillación era esa?

—Vamos, incluso los más populares tienen días así, ¿no? Ánimo, Lord Orden.

Ignorando el comentario sarcástico de Hermann, que sonaba casi como burla, Orden, con el rostro sombrío, se preparó para asistir a la misa, cuando recibió un inesperado mensaje.

La mismísima santa, conocida como la Pequeña Bendición del Dios Principal pidió hablar con él.

Desconcertado, llegó a la iglesia de San Bastián, donde lo esperaban la santa Sisley y el príncipe Logan.

—Saludo a su alteza el príncipe Logan y a santa Sisley. Es un honor.

Orden saludó respetuosamente, y luego miró al príncipe Logan, que estaba más atrás.

Un caballero un genio, junto con él, uno de los espadachines más prometedores en todo Delcross.

El aura que emanaba era comparable o quizás ligeramente inferior a la suya, lo cual, considerando que era unos años más joven que él, era un logro asombroso.

Pero… había algo inquietante. 

Cada vez que lo veía, sentía un vago temor de que aquello que percibía no era la verdad. 

Pensaba en Logan como un lago pequeño y cristalino, pero cuándo uno se sumergía, se daba cuenta que era un océano insondable.

“Todos los príncipes de la familia imperial tienen algo inquietante”. 

No pudo evitar pensarlo. Recordó al príncipe Morres, que siempre torcía los labios con arrogancia al verlo. 

Pero si Orden, supiera lo que Logan estaba pensando en ese momento, se habría quedado en shock.

“Qué joven tan admirable. Tiene un talento natural como espadachín. Es de los que ya no se ven”.  

Logan lo miraba con gran satisfacción. 

“Además, es un hombre serio que jamás habla tonterías. Realmente parece la encarnación viviente de la virtud de actuar exactamente como habla. ¡Un joven admirable!”

Pero, si Seong-jin lo hubiera escuchado, habría resoplado molesto diciendo: ¡Ese tipo es solo un idiota con fuerza bruta, viejo loco!

—Joven maestro Sigmund —una voz cristalina y pura resonó por encima de su cabeza—. Perdón por llamarte tan de repente. Si no te molesta, ¿podría pedirte un favor?

Al oír eso, Orden levantó la vista y contempló a la pequeña princesa frente a él.

A diferencia de Amelia, que era expresiva, esta joven parecía una muñeca frágil sin muchas emociones.

“Esos ojos…”

Era de un color gris claro idénticos a los de Amelia, era una mirada que rompía sin querer las barreras de su corazón.

Arrodillándose sobre una rodilla para quedar a su altura, respondió:

—Sí, Santa. Estoy a su servicio.

Su voz inusualmente suave hizo que Hermann, a su lado, lo mirara con sorpresa.

—Como sabrás, esta es mi primera celebración de cumpleaños. Por eso, necesito la ayuda de alguien tan distinguido como tú.

Originalmente, la Iglesia Ortodoxa tenía planeado presentar a Sisley en el evento, donde asistirán las figuras más importantes del continente. Pero, inesperadamente, apareció una nueva santa, y ahora serían ambas presentadas al mismo tiempo.

El problema era que Seo Yi-seo no sabía nada de danza o sobre la etiqueta de la corte. 

Sería una desgracia que se cometiera un error fatal en un evento tan importante, e incluso Cadmus podría causar una escena. Sería funesto.

«Yo la escoltaré. La vigilaré de cerca y no le quitaré los ojos de encima. Nunca se sabe cuándo Cadmus podría causar problemas» 

Como el antiguo espadachín más fuerte del Este y el maestro de espada más joven de la historia, Logan había sentido la responsabilidad de controlar personalmente aquella variable problemática. 

«¿Y qué hay de Sisley?»

Ante la pregunta de Seong-jin, Amelia reflexionó y dijo:

«Ahora que lo pienso, escuché que ocurrió algo con la señorita Scarciapino…» 

Y así fue como terminaron convocando apresuradamente a Orden a la iglesia. 

—Joven maestro Sigsmund. ¿Aceptaría convertirse en mi pareja durante la celebración de cumpleaños?

La pequeña y blanca mano se extendió hacia él;  Orden la sostuvo con delicadeza.

—Ser el escolta de la Santa será el mayor honor de mi vida —respondió con toda sinceridad. Y lo decía completamente en serio.

Porque si ayudaba a la Santa, quizás Amel que tanto amaba a sus hermanos volvería a sonreírle.

Como beneficio adicional, Logan que estaba detrás de ella, asintió satisfecho ante aquella respuesta completamente honesta.

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