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Llegó el día de la fiesta de cumpleaños.
La noche anterior, Seong-jin había estado deambulando fuera del Palacio Imperial y no había dormido lo suficiente, por lo que ese día terminó quedándose completamente.
Se saltó el entrenamiento matutino y, mientras cabeceaba con la comida aún en la boca, Edith se horrorizó al verlo.
—¡Santo cielo, alteza! ¡¿Qué le ha pasado a su rostro?!
—¿Eh? ¿Por qué?
—¡Está completamente reseco e hinchado! ¡En un día tan importante como hoy, es cuando debería mostrar su mejor aspecto! ¿Qué es esta calamidad?
“Hmm, ¿realmente es para tanto alboroto? Aunque siento el cuerpo un poco pesado”.
Sin embargo, al parecer, su doncella lo veía de forma distinta.
Cuando Edith llamó a otras doncellas, estas corrieron al lugar y al ver el rostro de Seong-jin, mostraron reacciones de lo más variadas.
Gracias a eso, tan pronto como terminó de desayunar Seong-jin tuvo que quedarse quieto en su habitación con la cara llena de mascarillas y un sinfín de cosas raras.
—Haaam
Seong-jin no se desesperó como de costumbre ni corrió al campo de entrenamiento. Su cuerpo se sentía inusualmente casado y torpe. Además, había adquirido hace poco una nueva habilidad: meditar mientras está acostado.
Así que mientras dormitaba y meditaba recibiendo la atención de las doncellas, Edith murmuró mientras le limpiaba la cara con agua fría:
—Alteza, ¿por qué tuvo que pasar toda la noche meditando justo en la víspera de la fiesta?
—¿Eh?
“¿Meditando toda la noche?”
—Como no escuché sus habituales murmullos mientras dormía, fui a buscar al caballero escolta. El comandante Bruno me dijo que no lo molestáramos hasta la mañana, porque estaba en una importante meditación.
—¿El comandante?
Seong-jin giró la cabeza y vio al comandante Bruno acariciándose el bigote con una mirada significativa.
“Ya lo sabía”.
Bueno, tampoco esperaba poder salir del palacio sin que se enterara un ex caballero Decaron.
Seguramente había obtenido una idea general de la situación a través de Arenja y había evitado que se produjera un gran alboroto como la vez anterior.
Por fortuna, Masain no estaba presente.
De lo contrario, sin duda habría sospechado y empezado a interrogarlo.
Masain había regresado a su residencia en la capital la noche anterior, ya que, como miembro de la familia imperial, también tenía mucho que preparar para la fiesta.
“Pero eso de hablar dormido… ¿Qué demonios será?”
Edith ya tenía antecedentes de haber sido la primera en darse cuenta de las desapariciones de Seong-jin.
Al preguntarle con más detalle, ella dijo que cada noche, poco después de la medianoche, Seong-jin hablaba dormido durante unos minutos. Dado que comenzó después de tener fiebre, probablemente era un hábito que Morres nunca había tenido.
Seong-jin estaba muy desconcertado, porque no recordaba tener semejante hábito de dormir en su vida anterior. Así que, le preguntó qué clase de cosas decía mientras dormía.
—Pues… no entendí muy bien. Era un murmullo. Incluso parecía no estar hablando en delcrosiano. —Edith contestó con naturalidad, pero tras oír eso, a Seong-jin le recorrió un escalofrío.
“Esta chica no le daba importancia, pero ¿y si lo escuchaba otra persona?”
Un príncipe hablando en lenguas desconocidas a medianoche ¿acaso no pensarían que estaba poseído por un demonio?
Cuando le preguntó al Rey Demonio, su respuesta fue aún más absurda.
—[No sé qué significa. Quizás ni siquiera era un lenguaje real, solo balbuceos. No le des importancia].
“¿Balbuceos? ¿Está bromeando?”
Seong-jin se quedó sin palabras, pero el Rey Demonio no quiso hablar más del tema.
“Esto es muy inquietante”.
Pero ya no tuvo tiempo para pensar en eso, porque Amelia y Logan vinieron al Palacio de la Perla desde temprano en la mañana.
Al ver a Seong-jin con cosas pegadas en la cara, ambos se rieron y se sentaron a su lado, encantados.
—¿Y justo anoche tenías que quedarte despierto? Sabes lo importante que es hoy.
—Sí, Morres. Me temo que pasarás toda la mañana con tratamientos faciales.
—¿Por qué tanto alboroto? No es como si la fiesta solo durara un día.
Ante su queja, los hermanos se miraron y asintieron.
—Se nota que no sabe cómo funcionan las cosas.
—Claro. No tiene recuerdos del pasado, ¿cierto?
Entonces, Amelia le explicó con calma.
—Escucha bien, Morres. Las doncellas hacen esto por una razón. La fiesta de hoy es, sin exagerar, la más importante del año.
La Fiesta de Cumpleaños del Santo Emperador se celebra durante tres días.
A primera vista, uno pensaría que el segundo día es el evento principal, pero en realidad es un poco diferente.
El evento central es más bien una ceremonia religiosa dirigida por el Santo Emperador, y el tercer día es más una fiesta informal para relajarse.
Por eso, el primer día es el que más emoción genera, siendo una especie de ‘gran gala’.
En la fiesta asienten familias reales y personajes ilustres de otros países, es el momento crucial para causar una primera impresión.
—Además, como Su Majestad, Padre no estará hoy, el ambiente será mucho más libre. Él solo participa en la ceremonia del segundo día. Siempre ha sido así.
En resumen ¿es como una cena de la empresa sin el director ejecutivo?
—¿Pero por qué no asiste padre? Es su cumpleaños, ¿no? ¿Por qué deja que otros celebren por él?
Mientras Seong-jin se rascaba su cabeza confundido, Amelia sonrió.
—Supongo que lo hace por consideración a los invitados. ¿Quién podría disfrutar de la fiesta con el representante de Dios observando fijamente?
—Hmm.
“Bueno”.
Seong-jin estaba dispuesto a apostar toda su fortuna a que aquel hombre simplemente no aparecía porque le daba pereza.
Aunque, claro, toda su fortuna provenía de su padre.
—Por cierto, ¿qué los trae por aquí? ¿No están todos ocupados con los preparativos?
—Queríamos discutir algo contigo. Como debo asistir a la Gran Misa, no tendré otro momento para hacerlo. —Logan fue al grano.
Al final la Iglesia Ortodoxa decidió permitir que Seo Yi-seo asista a la fiesta junto con Sisley.
—No me siento tranquilo dejando a Cadmus solo en el salón de banquetes con ella.
Lo que pasó la última vez, cuando Cadmus casi derrumbó el palacio, había dejado una profunda huella en Logan.
—La escoltaré personalmente y la estaré vigilando todo el tiempo. No sabemos cuándo Cadmus pueda causar un incidente.
Seo Yi-seo y Cadmus. Ambos son personas a las que se debe mantener bajo control, aunque por distintas razones. Era comprensible que Logan se preocupara.
—¿Y qué pasa con Sisley?
—Ahora que lo mencionas, escuché rumores de que ocurrió un incidente con la señorita Scarciapino.
—¿…?
—Por eso pensé que quizás podrías considerar pedirle un favor al joven maestro Sigsmund. —Ante la respuesta de Amelia, Seong-jin casi se desmaya.
—¿¡Quéee!?
“¿Cómo dice?”
“¡Eso no lo aceptó jamás!”
“¿Confiar a la pequeña a un matón como ese?”
Mientras Seong-jin agitaba los brazos con tanta furia que estuvo a punto de tirar todas las mascarillas de su rostro al suelo, Amelia añadió con sutileza:
—Sisley necesita un compañero que esté a su altura. Y actualmente, probablemente no haya mejor opción que el joven maestro Sigsmund. Aunque sea un noble provincial, la influencia del conde fronterizo Sigsmund no es inferior a la de los grandes nobles del centro.
Incluso Logan tenía una opinión positiva.
—Es un joven bastante prometedor. Aunque sólo lo he visto un par de veces en los cumpleaños reales, parecía bastante serio y sincero, poco común entre los de su edad.
“¡Increíble!”
“¿Soy el único que conoce la verdadera naturaleza de ese sujeto? ¿Cómo es posible que todos tengan tan mal ojo para juzgar a las personas?”
“¡Y tú, Logan, se supone que estás en tu segunda vida!”
—[Cuando veo que alguien como tú recibe tantos elogios, definitivamente puedo decir que estos chicos son demasiado ingenuos].
—“¡Cállate!”
Mientras discutía mentalmente con el Rey Demonio, Logan recogió cuidadosamente las mascarillas caídas y volvió a ponerlas en la cara de Seong-jin.
—¡Oye, idiota! ¿Acaso piensas ponerle de nuevo eso en la cara, a pesar de que se cayó al suelo?
—¿No se puede?
Seong-jin lo miró fijamente, desconcertado por esa cara tan pura que no entendía lo que estaba mal, y sintió que le palpitaban las sienes.
“Ah, me va a subir la presión”.
Mientras tanto, Amelia continuó hablando con preocupación.
—De todos modos, me preocupa mucho la señorita Scarciapino. Espero que no sea nada grave.
—…
—Morres, tú también deberías enviar una carta para preguntar por ella lo antes posible. Cuando termine la celebración del cumpleaños, deberías ir a verla. Aunque no sea oficial, sigue siendo tu prometida desde hace muchos años.
Sin embargo, Seong-jin era bastante escéptico sobre la condición de Isabella.
Gracias al Santo Emperador, había sobrevivido, pero incluso si recuperaba la conciencia, no era seguro en qué estado quedaría.
Si su suposición era correcta, el Emperador probablemente la golpeó en la coronilla para cortar por completo la conexión con Sigurd Sigurdson.
Pero…
«¿De verdad pretende hacer daño a esta inocente y desafortunada chica, que ya ha perdido casi por completo su sentido del yo?»
Si lo que dijo aquel sujeto era cierto, entonces la personalidad de Isabella ya había desaparecido.
Si ella sufriera delirios mentales como Riccardo, no sería menos grave, si no peor. Aunque quizás eso sería lo mejor. Si aún cree que es la narradora dimensional.
“¿No pensaría y actuaría de forma completamente como Sigurd Sigurdson?”
Entonces, ¿cómo debería verla Seong-jin y cómo debería responderle?
Mientras las doncellas lo asistían con los preparativos, el tiempo pasó rápidamente.
Finalmente, al caer la noche, Seong-jin apareció impecablemente vestido con su traje de gala y todas las doncellas lo elogiaron entusiasmadas.
—¡Su Alteza luce absolutamente majestuoso!
—Tal vez sea por el traje oscuro, pero su cabello dorado resplandece aún más, ¿no creen?
—¡Incluso los puños y los pequeños adornos combinan a la perfección con el color de sus ojos!
—¡Ay, creo que me he enamorado al instante!
“Estas niñas ¿tomaron clases juntas? ¿Por qué todos los elogios suenan exactamente iguales?”
Mientras tanto, Edith miraba con nostalgia las joyas rojas en una esquina del joyero.
—Su Alteza, ¿por qué no usa esas joyas tan valiosas que le regalaron? He oído de las otras doncellas, que las joyas de oro rojo están de moda ¡Todos están desesperadas por conseguir al menos una!
Aquellas joyas eran regalos carísimos enviados recientemente por la casa del marqués de L’Aviguri.
Según se decía, también enviaron un juego completo de joyas a Amelia, como disculpa por el escándalo provocado por sus caballeros escolta en el restaurante.
Amelia guardó aquellas joyas con cuidado en su habitación y no volvió a tocarlas.
Por supuesto, como no conocía los detalles del incidente, recibir de repente un regalo tan costoso de un noble extranjero a quien no conocía la dejó perpleja.
Sin embargo, había una razón más profunda por la que no usaba esas joyas de oro rojo.
«Están finamente talladas, pero por alguna razón ese brillo rojizo me resulta muy incómodo, Morres».
Fue lo que le dijo Amelia. Y para Seong-jin, ese tono rojizo, como si estuviera teñido de sangre, no era precisamente de su agrado.
Por eso, ambos acordaron combinar sus atuendos usando otros accesorios distintos a los del oro rojo.
—Pero si el Gran Duque de Asein se entera, podría decepcionarse. Las joyas con ese material son una especialidad del Ducado de Asein, ¿no?
El Gran Duque de Asein era el abuelo materno de Morres.
Ante las palabras de Edith, Seong-jin inclinó la cabeza.
—¿Acaso hay joyas de oro rojo fueron enviadas directamente desde Asein?
—¿Eh? No, no que yo sepa…
—Entonces olvídalo. No le des más vueltas.
Como el poder del Gran Duque de Asein era tan grande, Seong-jin había escuchado varios rumores sobre él. Algunos decían que era más tacaño que los comerciantes más curtidos.
Pero, aun así, ¡su nieto casi muere y ni una carta de cortesía ha enviado!
No es que esperara que le enviara medicina o cuidados, pero a este nivel, se podría decir que no tiene ningún afecto familiar.
Y encima, ¿acaso pretende que su propio nieto compre joyas de oro rojo para promocionarlas por ahí?
♦♦♦ ╬ ♦♦♦
—[¡Guau!]
—“¡Guau”
Seong-jin y el Rey Demonio, que llegaron frente el Palacio de la Rosa Plateada simultáneamente un suspiro de admiración.
Aunque Seong-jin ya la consideraban como un ángel sin alas que caminaba sobre la tierra, Amelia, vestida con toda intención parecía literalmente una diosa de las rosas descendida del cielo.
Envuelta en un vestido que recordaba intensos pétalos rojos, Amelia sonrió tímidamente y le tendió la mano a Seong-jin.
—¿No me veo un poco extraña?
—… No, hermana. Te queda perfectamente. De verdad.
¿Cómo podía alguien ser tan espectacularmente deslumbrante y a la vez tan pura y delicada?
Era una belleza sencillamente extraordinaria.
El problema era que la apariencia de Amelia era tan abrumadora que incluso Orden, quien había llegado para escoltar a Sisley, quedó completamente hipnotizado y fue incapaz de apartar la vista de ella durante varios segundos.
“¡Oye, imbécil, desvía tus ojos o te mato!”
Cuando Seong-jin le lanzó una mirada feroz, Orden finalmente reaccionó y volvió apresuradamente su atención hacia la pequeña Santa a la que debía escoltar.
¡Qué falta de respeto!
¡Perder la compostura delante de la compañera que debía escolar para mirar a otra persona!
Por suerte, la pequeña Santa, absorta en sus propios pensamientos, no parecía haber notado nada.
—…Es una noche… Hoy es realmente… una noche hermosa.
La santa murmuraba algo sin cesar con sus pequeños labios.
Intrigado, Orden agudizó su oído con su aura y escuchó atentamente, pues la santa repetía una frase una y otra vez.
—Es noche. Hoy es una noche realmente hermosa. Hoy es una noche realmente hermosa.
—¿…?
Orden frunció el ceño por un momento y lentamente extendió la mano hacia la joven Santa.
En ese instante, sin que él tuviera la menor idea, se estaba gestando la antesala de la bomba que explotaría de repente en el salón de la fiesta esa noche.