Capítulo 25

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Capítulo 25

Después de tantos días compartidos, Qiao Qixi, ya transformado en un oso polar, se había vuelto extremadamente sensible al lenguaje corporal de su propia especie. Por eso podía estar seguro de que su interpretación de las expresiones de Odys no era fruto de la imaginación.
Solo que algunas de esas intenciones eran demasiado complejas, incluso para que Qiao Qixi las creyera. Eso era exactamente lo que Odys quería transmitir.

Él solo se permitía comprender lo evidente: en ese momento, Odys, con la mirada, le preguntaba si todavía necesitaba más lamidas.

El pequeño oso se sobresaltó, erizó el pelaje de la cabeza y negó con la cabeza: 

—¡Ya basta! ¡Exagerado!

Ese calor húmedo que lo envolvía con fuerza… no quería experimentarlo ni hoy ni siquiera esta semana.

El incidente de la fuga terminó con más ruido que consecuencias. Qiao Qixi lamió sus patas y se liberó del abrazo de Odys, recordando de repente algo importante.

—¡Uuuu…!  ¡Mmm…! —quejidos llenos de preocupación, mientras corría con paso apresurado hacia el lugar donde su pequeño barril amarillo había sufrido un percance: un angosto hueco entre las piedras.

No parecía profundo, pero tampoco había dónde apoyarse para entrar.

Odys lo siguió inmediatamente. Para responder a los sollozos de Qiao Qixi, emitió un sonido grave, resonante y envolvente, como si fuera un subwoofer de la más alta calidad en manos humanas, destinado a calmarlo.

El oso polar se inclinó sobre el barril atrapado, y como si “compartiera su sentimiento”, lo lamió con delicadeza antes de meter una pata en el hueco.

Qiao Qixi parpadeó y se apoyó sobre el borde del hueco, observando con nerviosismo cómo Odys rescataba su barril.

Por suerte, el tamaño de Odys hacía que aquel hueco fuera fácil de sortear; sin esfuerzo, bajó la cabeza, sujetó el barril con cuidado y retrocedió hacia el suelo, manteniéndolo entre sus mandíbulas y mirándolo fijamente.

Viendo que el barril estaba intacto, Qiao Qixi saltó de alegría. Estaba a punto de recibirlo y agradecerle, pero antes de que pudiera moverse, Odys giró y comenzó a llevar el barril de vuelta al lugar donde descansaban.

—Eh, ¿Odys? —pensó el pequeño, intrigado.

Qiao Qixi trotó detrás de él, algo desconcertado. Era su propiedad privada, algo que Odys normalmente no tocaría, a menos que Qiao Qixi lo obligara. Ahora no lo había hecho… ¿y aún así Odys se mostraba tan diligente? ¿Era una señal de disculpa?

Odys había tardado veinticinco minutos en llegar hasta allí y ahora se movía lentamente de regreso; seguramente tomaría aún más tiempo. Qiao Qixi, que llevaba un buen rato sin comer, miró el mar y tragó saliva.

Al pasar nuevamente por el territorio marcado por la madre osa, recibieron un par de miradas fijas. Al irse, Qiao Qixi no se atrevió a saludar, pero con Odys al frente, respondió con su propia mirada, cálida y firme.

—Si tu madre no estuviera mirando, ¡te habría despellejado! —murmuró Qiao Qixi, recordando cómo Odys lo “acicalaba” todos los días.

Media hora fuera, una hora de regreso… el pequeño oso estaba exhausto: piernas cansadas, hambre, necesitaba tumbarse para sentirse cómodo. Así que los planes de estudio de hoy tuvieron que esperar; no era culpa suya. El cuerpo y la mente habían recibido demasiado impacto.

El pequeño oso, flojo hasta decir basta, se recostó bajo la sombra del árbol y se dio permiso para holgazanear. Miró el cielo, tan azul que casi dolía, se abrazó las patas y rascó su panza, luego echó un vistazo a Odys, que estaba de caza. Tener un “jefe” así que lo cuidara… la vida de oso realmente podía ser buena.

—¿Y la dignidad? —preguntó una vocecita en lo más profundo de su mente, seguida de otra: —¿Y si algún día Odys se enferma y no puede levantarse, podrías cuidarlo como él te cuida a ti?

Dos preguntas que hicieron que Qiao Qixi sintiera instantáneamente culpa por estar ahí rascándose las patas.

Se incorporó de un salto, sacudió el pelaje y decidió que era momento de aprender de Odys cómo cazar.

En el mar, Odys se movía lentamente, buscando un buen lugar para acechar. El pequeño oso, que debía estar dormido, se acercó de repente, captando de inmediato la atención de Odys, que parecía confundido. O, más bien, no quería que Qiao Qixi se involucrara. Dos osos cazando juntos no garantizaba un éxito mayor.

Pero Qiao Qixi, con su torpeza adorable, no captó la indirecta y se mantuvo firme, hasta que el agua casi le cubría la cabeza “es que era bajito”. Para no mojarse la nariz, tuvo que apoyarse sobre unas piedras, en postura erguida. Todos saben que cuatro patas sosteniendo un cuerpo gordito es fácil; con dos patas, el esfuerzo se duplica.

Odys no podía ahuyentar al pequeño, solo movió un poco la nariz, aceptando al “lastre” a su lado. Cazar no era un juego: fallar significaba pasar hambre. Si Odys tuviera aunque sea un ápice de crueldad como una madre osa, Qiao Qixi ya habría gritado “¡Auxilio!” y regresado a la orilla.

Por suerte, el pequeño fue obediente. Se quedó quieto en el agua, solo moviendo los ojos para mirar.

Sus grandes ojos, puros y brillantes, seguían a los peces que nadaban en el agua, dilatando y contrayendo las pupilas según su estado de ánimo, mientras echaba miradas furtivas a Odys. Ah, qué fuerte y alto era. Su mirada fija en la superficie transmitía una seriedad imponente, un aire de rey del hielo que solo entonces Qiao Qixi recordaba.

—Mmm… si yo lo observo así, ¿él también me observa a escondidas? —pensó el pequeño, y a partir de ese momento, no desvió la vista de Odys ni un instante.

Minuto tras minuto… diez minutos después, la prueba estaba clara: Odys estaba completamente concentrado en la ballena, sin siquiera mirarlo.

—¡Increíble! —pensó Qiao Qixi.

Así pasaron los minutos: Qiao Qixi mirando a Odys, Odys observando la ballena. La última vez había fallado en la caza y ahora, con un pequeño oso al lado, se mostraba aún más cauteloso. Solo atacaría cuando tuviera un cien por ciento de posibilidades de éxito.

Qiao Qixi no miraba a Odys por enamoramiento; quería aprender a reconocer las señales que precedían a un ataque.

Aun así, cuando Odys se lanzó al agua, Qiao Qixi sintió que se le escapaban algunos detalles. Odys mordió con rapidez a una ballena blanca, que luchó furiosa agitando su enorme cola. No era lo peor: la zona de combate terminó acercándose peligrosamente a Qiao Qixi, quien recibió un golpe de cola inesperado.

—¡Gracias! —parecía decir su cuerpo completamente desconcertado mientras caía al agua, tragando varias bocanadas de agua salada, áspera y desagradable al extremo.

Se incorporó con torpeza y pudo observar el proceso de caza bajo el agua. Odys era feroz, con colmillos blancos que inspiraban verdadero terror. Qiao Qixi se sentía afortunado de no ser la presa.

Aún así, no tenía prisa por salir a la superficie. Con valentía, nadó hacia la ballena todavía viva y, usando aquel desafortunado ejemplar como práctica, mordió con la misma ferocidad que Odys.

Las ballenas blancas eran resbaladizas en el agua; solo unos colmillos afilados podían atraparlas.

Al ver la osadía de Qiao Qixi, Odys parpadeó bajo el agua y, al instante siguiente, aflojó lentamente la mordida, dejando escapar a la ballena medio muerta. Como es bien sabido, los animales acuáticos, aunque muertos o moribundos, pueden desplazarse a gran velocidad; apenas Odys soltó la presa, la ballena salió disparada.

Qiao Qixi, con los dientes aún aferrados a la ballena, fue arrastrado por el movimiento errático del animal. Ante esta situación inesperada, no se asustó, sino que se mantuvo firme, con la mordida intacta. Una actitud digna de elogio… pero como futuro “oso supremo”, sabía que no podía conformarse con tan poco.

Con determinación, el pequeño luchó contra su miedo al agua profunda, abrió las patas y remó con todas sus fuerzas, intentando contrarrestar la fuerza de la ballena. La lucha fue un tira y afloja: si Qiao Qixi cedía, la ballena lo arrastraría; si la ballena cedía, quedaría en manos del pequeño oso.

Justo cuando la batalla parecía a punto de decidirse, una sombra blanca apareció de repente y mordió con fuerza la zona vital de la ballena. Odys había intervenido, sus ojos fijos en el pequeño que se debatía entre el caos y el esfuerzo.

—…— Qiao Qixi no sabía qué sentir. Quizá eso era lo que se llamaba ser despreciado: —¡Qué fuerte y preciso eres! —pensaba—. Alto, poderoso… ¡ya verás cuando yo sea igual de fuerte que tú!

Cuando la ballena dejó de moverse, Qiao Qixi aprovechó la flotación del agua para arrastrarla con gran esfuerzo hacia la superficie. Odys, como asistente silencioso, solo lo observaba, sin intervenir.

Pero al salir del agua, la falta de flotación hizo que la ballena se sintiera increíblemente pesada. Qiao Qixi, todo un bolita de carne y pelaje, no podía con el peso.

—¡Waaaa! —el pequeño se transformó en un ”gritón suplicante”, volviéndose hacia el gran oso que se acercaba.

Odys, entrecerrando los ojos, nadó hasta él. Extrañamente, Qiao Qixi sintió que el humor de Odys había mejorado; ¿sería por la petición de ayuda?

Odys se acercó, lamió la punta de su nariz y luego mordió la ballena para arrastrarla a la orilla. La habilidad con la que lo hizo, sin esfuerzo aparente, dejó a Qiao Qixi lleno de admiración.

Porque, en la vida, la ternura vale poco frente a la fuerza.

Tras tanto esfuerzo, por fin podían comer. El pequeño oso, recostado sobre la espalda de la ballena, se secó un poco el agua salada de la nariz y pensó, con orgullo, que también había contribuido.

—¡Soy increíble! —se felicitó, y levantó la cabeza para mirar a Odys, como un escolar que muestra sus notas de cien puntos a los padres.

Pero… ¿Odys lo estaba viendo como acompañante o como aperitivo? La situación era extraña: varias veces, mientras comía, miraba directamente al pequeño. Al principio Qiao Qixi pensó que Odys no lo miraba, pero ahora parecía que sí…

El penetrante mirar de Odys hizo que Qiao Qixi bajara la vista, concentrándose en morder la carne. Pero enseguida, el gran oso, sin perder la paciencia, rompió un trozo de grasa y se lo ofreció al pequeño.

—…¡Vaya! —susurró el pequeño, resignado.

Ver aquel pedazo de grasa hizo que se olvidara de todo, solo quedaba el pequeño sibarita mordisqueando mientras Odys seguía cortando y ofreciendo carne.

Tal vez la ballena era demasiado grande; no la terminaron. Quedaba todavía un cuarto. Odys seguía rompiendo pedazos y acercándolos a la boca de Qiao Qixi.

El pequeño, casi a punto de reventar, miraba la ballena intacta en el suelo, eructando y pensando: 

—Parece que no terminar esta ballena… ¡sea culpa mia!!

¿No sería lógico? Después de todo, habían comido hace apenas un par de días; no era lo mismo que tener hambre durante toda una semana y sentirse un pozo sin fondo.

Qiao Qixi enterró el hocico entre sus patas, fingiendo estar lleno. 

—No puedo más, de verdad… ¡ni un bocadito más!.

Odys, sosteniendo un trozo de carne, no se preocupaba en absoluto. Tenía todo el tiempo del mundo y, de vez en cuando, alzaba la cabeza para mirar alrededor, estiraba el cuello, y parecía pensar: —tal vez  si le doy otro pedacito…

—¡Madre mía! —pensó Qiao Qixi, exasperado.

En sueños, Qiao Qixi se sentía rebosante, y de manera muy solemne juró que, si pudiera, donaría diez kilos de su grasa para ayudar a los osos polares hambrientos y desafortunados.

Aunque él estaba lleno, no olvidaba que en aquel continente aún había muchas crías de oso sufriendo hambre. No todos los osos polares eran tan fuertes y excepcionales como Odys; su buena fortuna no era más que un sesgo del superviviente. Cada año, algunos osos lo pasaban mal, mientras que otros sobrevivían con relativa tranquilidad. Qiao Qixi, al estar con Odys, tenía la suerte de pertenecer al segundo grupo.

Como dice el dicho: si uno está lleno, no debe olvidar a los que tienen hambre. Cada vez que Qiao Qixi abrazaba su pancita redonda, se preocupaba un poco por la suerte de sus congéneres y rezaba para que el verano pasara rápido.

—Que la temperatura no suba más —pensaba, sudando junto a Odys. El gran oso, a pesar del calor, se pegaba a él para dormir, y Qiao Qixi sentía cómo su “invierno fresco y verano templado” se convertía en sofoco.

No eran los únicos en rezar para que el verano terminara pronto. Muchas personas genuinamente preocupadas por la supervivencia de los animales polares también lo hacían.

La temperatura máxima estaba a punto de llegar. En algunas costas de Groenlandia, grupos de leones marinos se recostaban al sol abrasador. Su peso y colmillos eran tan impresionantes que incluso un oso polar hambriento pasaba de largo, sin atreverse a acercarse… aunque los leoncitos marinos serían un manjar que aliviaría el hambre.

Los osos polares solteros, aún sin encontrar un refugio veraniego seguro, vagaban sin rumbo, con un aire de completa desesperación. Entre el calor y el hambre, la situación no era fácil.

Este verano, los centros de rescate de la isla también ayudaron a algunos osos en peor situación; con suerte, no serían liberados hasta que llegara el invierno.

Después de un día ajetreado, Qiao Qixi finalmente pudo relajarse. El administrador del foro, que a menudo publicaba sobre Odys y Alexander, compartió noticias recientes de su trabajo. Los miembros del foro devoraban cada actualización con entusiasmo, gracias a la información que él proporcionaba.

Algunas de las crías de oso polar seguidas desde hace tiempo y que tenían un futuro incierto habían sido rescatadas; ¡una gran noticia! Pero lo que más querían saber los seguidores era sobre Odys y Alexander: ¿qué estarían haciendo ahora esas dos bolitas gorditas en la costa?

Era momento de abrir un nuevo hilo:  #Odys está enseñando a Alexander a cazar#

¡El momento que todos estaban esperando finalmente ha llegado! El administrador del foro, muy complacido, anunció un gran avance: Odys finalmente había decidido enseñar a Alexander a cazar.

Esto no era poca cosa.

Antes, Odys prácticamente deseaba masticar la carne por Alexander.

Pero, ¿cómo enseñaba exactamente? Tras ver el video, todos los que lo miraban quedaron con el corazón palpitante, entre la confusión y la incredulidad.

Incluso los veteranos que habían visto docenas de documentales no recordaban que una madre osa hubiera enseñado algo así a sus crías.

En realidad, lo que hacía Odys ni siquiera podía llamarse “enseñanza”: cazaba mientras llevaba al pequeño consigo, porque no le quedaba otra opción.

[—¿Por qué siento que Odys lo hace de cualquier manera?] —comentó uno en el foro.

[—¿Así que esto es todo? ¡Yo pensaba que realmente estaba enseñándole!]
[—¡Ah! En el video de hoy Odys se ve —gay gay—, si no fueran ambos osos polares, juraría que está “coqueteando” con el pequeño].
[—Pero aun así, ¡Odys lo consiente demasiado!]
[—Alexander se escapa para jugar y Odys lo trae de vuelta, jajajajaja].
[—Sinceramente, con un mentor de vida como Odys, Alexander va a ser así toda su vida].
[—Bueno, sólo puedo decir: padre indulgente, hijo flojo. P.D.: sé que no son padre e hijo, ¡no me contradigan!]
[—Espera… “perro cabeza para protegerse” (狗头保命) ¿qué significa?]
[ —Si ves —狗头保命— sabes que es un compatriota de China, jajaja].
[—Es gracioso, sí, pero no podemos ignorarlo: Alexander ya tiene dos años, y los osos polares machos no tienen instinto parental. Idealmente, debería ser criado por una osa].
[—Pero en este caso, ¿dónde encontrar una madre osa para criar a Alexander? Que dos osos sin parentesco coincidan y vivan juntos es ya un milagro].
[ —La situación de estos dos sólo se puede ir resolviendo paso a paso. Viendo a Odys correr detrás de Alexander con la carne, ya no tengo expectativas sobre el pequeño; me recuerda a la crianza saltando generaciones].
[—Si sale bien, gracias a Odys; si sale mal, también gracias a Odys].
[—Pobrecito Alexander, lo han consentido hasta quedarse dormido].
[—No, probablemente se haya quedado dormido por comer demasiado, jajaja].

Nadie se imaginaba que, además de enfrentarse a problemas de calor y hambre de los osos polares, también tendrían que lidiar con un… problema de educación poco convencional.

Todos los seguidores polares del foro sabían que un oso polar macho había recogido a un pequeño, pero no lo criaba de la forma habitual: no le enseñaba a cazar, no lo dejaba trabajar, y lo sobrealimentaba sin parar.

Era un problema serio.

Si continuaban así, incluso después de diez años, el pequeño Alexander nunca sería independiente. Solo se convertiría en un oso ingenuo, tierno y sin habilidades de caza: básicamente, un “hijo de papá oso”.

Gracioso, sí, pero un problema de verdad.

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