Capítulo 160- Tormenta. Parte 1

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La lluvia, que empezó a caer de repente, se volvió cada vez más intensa.

Con el repentino viento que se desató junto con ella, al llegar al salón del banquete, se sentía casi tan acogedor como el propio hogar.

Aunque las numerosas luces seguían esparciendo su brillante resplandor, el ambiente del banquete, tras la emoción del primer día, se percibía mucho más tranquilo en comparación con la noche anterior.

“¿Habían dicho que el banquete principal tenía un carácter un poco más político…?”

Una ocasión donde se podía librar, en cierto modo, una pequeña guerra diplomática, en la que se tanteaban y vigilaban mutuamente. 

Sin embargo, dado que no se trataba de un lugar de negociaciones donde se intercambian intereses, en muchos casos el objetivo era simplemente interactuar y generar simpatía. 

Gracias a eso, el ambiente del salón fluía con suavidad, desmintiendo su supuesta carga política.

Tras un ligero primer baile con Amelia, Seong-jin echó un vistazo a su alrededor con calma. Sentía como si hubiese terminado todos sus deberes. 

Se supone que, por cortesía, uno debe bailar al menos una vez con la persona con quien se conversa sobre matrimonio. Pero la pequeña Chloe no asistió por no haber debutado e Isabella tampoco vino por una lesión en la cabeza. 

Y no había ni rastro de Julia Meyer, eso significa que estaba libre hasta el final del banquete.

—Hace tiempo que no lo veía, Príncipe Morres —dijo un pequeño niño, aprovechando el ambiente tranquilo para acercarse a hablarle.

Un corto cabello, cortado con precisión, mejillas ligeramente sonrosadas por el maquillaje. Era Charles, del Marquesado de L’Aviguri

“¡¿Este niño ya tiene edad para asistir a los banquetes?!”

Los niños de la familia del Santo Emperador crecen altos como hierba empapada en agua, así que ese chico, más bajo que Sisley, tuviera más de 13 años era bastante sorprendente. 

Sin embargo, Charles, que lo había estado observando con evidente alegría, pronto puso una expresión profundamente decepcionada. 

—Mis disculpas, alteza. ¿No fue de su agrado mi regalo?

“Ah, cierto. Este mocoso fue el que regaló la joya de oro rojo”.

—Ya tenía preparada la combinación entre el código de vestimenta y los accesorios desde antes, así que fue una pena no poder usarlo.

Aunque el traje de gala se terminó justo antes del cumpleaños, pero no había necesidad de decirlo.

Sea como fuere, el rostro del niño se iluminó, como si la explicación le hubiera tranquilizado.

—Ya veo. Por cierto, le ruego que me hable con menos formalidad. Me hace sentir incómodo.

—No, eso no puedo hacerlo. Usted, joven maestro, ha venido desde otro país a celebrar el cumpleaños imperial. Es un invitado valioso.

Entonces, en el rostro de Charles apareció una expresión de desconcierto.

—Pero ¿Por qué al príncipe de Rohan sí le habla tan informalmente?

“Ah. Seguramente me escuchó hablando de forma casual con ese idiota antes. No importa. Ese imbécil, desde mi punto de vista, ni siquiera es un invitado”.

Mientras Charles observaba el rostro ligeramente endurecido de Seong-jin, pareció comprender algo y asintió con la cabeza.

Siguió con la mirada de Seong-jin hacia donde estaba Amelia. Justo en ese momento, ella conversaba animadamente con ese idiota de Rohan.

—Sería mejor mantener cierta distancia con ese príncipe. Circulan rumores poco favorables sobre él. —murmuró Charles en tono preocupado—. Dicen que los rumores son como el viento, sin sustancia… pero también es cierto que ninguna hierba brota sin que una semilla haya caído primero.

—Hmm, bueno…

Ciertamente, Leonardo de Rohan no le producía una impresión particularmente buena. 

Aunque había crecido como un príncipe, por alguna razón en sus ojos parecía haber olor a sangre. 

Le recordaba a esos desechos humanos de la Tierra que, en vez de luchar contra monstruos, preferían asesinar a otros cazadores para ganar poder. Por eso, cuando ese imbécil se acercó a Amelia al principio, Seong-jin intentó detenerlo con todas sus fuerzas. 

Además, la imagen de su hermana plantada frente a él parecía, de algún modo, asustada. 

Pero con el tiempo, al ver que Amelia había recuperado su estabilidad emocional, la situación cambió un poco. Aunque siempre mantenía una sonrisa amable con todos, Seong-jin lo notó de inmediato.

La forma en que ella miraba a ese idiota… era como un gato satisfecho mirando a un ratón gordito.

“Ah. Tiene algún plan interesante con ese imbécil.”

Así que, aunque le disgustaba el tipo, Seong-jin decidió observar la situación por un tiempo. Sabía que, pese a su imagen pura, Amelia tenía una personalidad sorprendentemente meticulosa.

“Si a ese idiota le pasa algo, será su propio merecido. Si hizo enojar a nuestra angelical hermana, es porque es peor que un demonio”.

¡Por supuesto, eso no significaba que fuera a apartar los ojos de vigilancia de encima de él! 

Mientras lo fulminaba con la mirada, Charles volvió a hablar con cautela.

—A diferencia de ese príncipe, el primer príncipe de Rohan está envuelto en demasiado misterio. Dicen que nunca ha asistido a un cumpleaños imperial. Según cuentan, es demasiado enfermizo para realizar viajes largos.

Cierto.

Recordaba haber escuchado algo parecido de boca del profesor de etiqueta.

—Los ministros de Rohan deben de estar bastante preocupados. Nosotros, en Bretaña, no tenemos esos problemas, por fortuna. El príncipe Philip es fuerte, trabajador y ejemplar en todos los sentidos. No se le puede señalar ni un solo defecto.

Seong-jin bajó la mirada y observó a Charles directamente.

“¿Eh? Mira este mocoso…”

—Hablas con bastante franqueza, ¿no?

Hasta ahora pensaba que era un niño noble con un lenguaje muy rebuscado, pero Charles sonrió discretamente.

—¿Para qué andarse con rodeos delante de usted? No diré más, alteza. Bretaña será, sin duda, el socio más adecuado para acompañar el camino del Imperio.

—…

Seong-jin desvió la mirada hacia Amelia y Leonard sin responder.

Así que es eso. Pensaba que aún era joven, pero… ¿ya ha llegado a esa edad?

Bueno, al fin y al cabo, ese idiota de Morres ya tiene tres posibles prometidas.

Además, ¿no es Amelia la primogénita de la familia imperial? Teniendo en cuenta la influencia que su matrimonio puede tener en la situación política del continente, no es de extrañar que atraiga tanta atención desde tan pronto.

“Aun así, con dieciséis años, sigue siendo una edad en la que se está creciendo…”

Por algún motivo, el sabor en su boca se volvió un poco amargo.

Mientras tanto, Charles seguía observando a Seong-jin con una mirada tan brillante que resultaba hasta incómoda.

“Por cierto, ¿por qué este mocoso está así conmigo?”

¿Qué espera exactamente de mí? Podría haber ido mejor con Logan, que tiene más posibilidades de convertirse en el próximo Santo Emperador o tal vez… 

Seong-jin echó un vistazo furtivo hacia la mesa principal.

“Hmm, ¿Padre aún no ha llegado?”

Justo en ese momento, la emperatriz Lizabeth, que se encontraba cerca del estrado, cruzó la mirada con Seong-jin y se sobresaltó. Poco después, desvió la cabeza con expresión rígida.

“¿Qué problema tendrá últimamente la emperatriz?”

Seong-jin comenzaba a sentirse incómodo y pensaba en irse, cuando de repente, vio un rostro conocido al otro lado del salón.

“¿Dama Julia Meyer? Así que hoy sí asistió al banquete”.

La razón por la que pudo reconocerla de inmediato, pese a no ser un rostro frecuente en esos eventos, era simple: vestía exactamente igual que siempre.

Rodeada por otras señoritas elegantemente vestidas, ella era la única que llevaba con firmeza su uniforme de gala del cuerpo de caballería, con una expresión un tanto seria mientras sostenía una bebida.

“Ajá, ahí estaba otro cabeza dura como Logan. Bueno, igual hay que hacer los deberes”.

Su hermana le había insistido varias veces en que debía invitar a bailar, al menos una vez, a cada posible prometida.

Tras pedirle permiso a Charles, Seong-jin se dirigió tranquilamente hacia Julia.

Ahora que lo pensaba, su primera impresión de ella había sido bastante buena. Cuando ocurrió el ataque a la Guardia Capitalina, ella le había sido de gran ayuda.

A pesar del caos, fingió no haber visto nada. En realidad, Julia solo estaba disfrutando de ver al capitán de la guardia, con quien se llevaba mal, sufriendo. Pero Seong-jin no conocía esos detalles.

—Dama Julia. Si no le molesta, ¿podría concederme el próximo baile?

Julia giró la cabeza con los ojos muy abiertos, como si no pudiera creer lo que acababa de oír. Abrió la boca varias veces antes de responder con esfuerzo.

—Con el debido respeto, alteza… Estoy vestida con el uniforme de los caballeros.

—Mmm, es verdad.

¿Será que eso complica algunos movimientos del baile? Recordaba que había pasos que requerían levantar el dobladillo del vestido y hacerlo ondear.

—¡Precisamente por eso!

“¡No quiero bailar y estoy tratando de rechazarlo de forma indirecta!” pensó Julia.

Pero el príncipe no mostraba la menor sospecha. Claramente, no tenía idea de nada.

—Ah, ¿acaso estás de servicio ahora mismo? Si es así, lo siento. ¿Estás a cargo de la seguridad del banquete?

—…No, alteza. Hoy estoy de descanso.

¿Entonces cuál es el problema?

Al ver el rostro completamente inocente del joven, Julia suspiró y tomó su mano. No había ninguna ley que prohibiera bailar con el uniforme.

“Mis padres me van a regañar otra vez cuando llegue a casa…”

Una mujer caballero hasta la médula. Una mujer que rechazaba a todos sus pretendientes escudándose en su uniforme. 

A pesar de lo que decía la gente, Julia Meyer no tenía ningún rechazo real a arreglarse y verse bonita.

Porque, aunque no estuviera de servicio, no dejaba de ser un caballero. Lo que ocurría es que, en sus años de academia, estaba tan abrumada con los estudios y ahora con el trabajo, que no quería gastar energía en cosas innecesarias.

Por eso, a pesar de las quejas de sus padres, seguía apareciendo en los banquetes reales con su uniforme de caballero. Era menos molesto que rechazar una por una todas las invitaciones de baile que le llegaban.

Mientras notaba cómo los jóvenes que la observaban desde lejos abrían los ojos como conejos asustados, Julia pensó:

“Tal vez esta sea la última vez que tenga una fiesta de cumpleaños tranquila”.

Bueno, tampoco es que haya otra persona tan descarada como para invitarla a bailar con el uniforme puesto…

—Oh Dios, mire allí.

—Es mucho mejor de lo que pensaba…

Los asistentes del banquete observaban con curiosidad a esta peculiar pareja.

Julia Meyer era una joven de figura alta y delgada, como una rama de sauce. Por eso, siendo que Seong-jin aún estaba en crecimiento, ella era notablemente más alta. Pensaron que se verían algo desparejos bailando. 

Pero un joven apuesto y una belleza esbelta siempre hacen buena pareja, simplemente estando juntos. Con pasos ligeros al ritmo de la música, la pareja murmuraba en voz baja, y parecían bastante armoniosos. Aunque si escucharan su conversación, cambiarían de opinión de inmediato. 

Aprovechando la oportunidad, Seong-jin estaba haciéndole varias preguntas sobre trabajo.

—¿Te refieres al despliegue del Séptimo Escuadrón? —Julia repitió la pregunta, y Seong-jin asintió.

Últimamente estaba considerando qué unidad usar para una redada a gran escala contra el gremio Milo.

—Sí. El Séptimo Escuadrón también tiene como nombre oficial “Guardia de la Capital”, ¿no? Según tengo entendido, su trabajo es similar al de la Guardia Capitalina.

—Eso es cierto, pero… —Julia frunció el ceño con expresión complicada—. Como su alteza bien sabrá, movilizar tropas requiere una justificación oficial. Si no es una orden directa de un alto cargo, como un comandante, normalmente primero hay que presentar una solicitud formal y los artículos legales correspondientes al Ministerio, y esperar la emisión del decreto.

—¿Entonces no se puede movilizar al escuadrón solo con una solicitud de apoyo?

—En principio, no. A menos que haya una coordinación previa entre departamentos y se establezca cooperación de antemano. Aunque, claro, hay casos en los que el comandante o su segundo toman la decisión si consideran que es una emergencia.

—Hmm… —Seong-jin ladeó la cabeza y preguntó—: Entonces lo que estás diciendo es que deberíamos establecer cooperación previa con la Unidad Especializada en Monstruos, ¿cierto? ¿Qué te parece si redactó una solicitud formal y la envió al Séptimo Escuadrón?

La expresión de Julia Meyer se torció visiblemente.

—Ah, pero… ¡por favor, no haga una solicitud formal!

Con el rostro transformado de inmediato en el de una oficinista exhausta por el exceso de trabajo, Julia Meyer suspiró.

—Muy bien, alteza. Aunque los procedimientos administrativos para movilizar tropas son necesarios, reconozco que son excesivamente engorrosos. Y si su alteza está pidiendo apoyo, seguramente se trata de una situación urgente y nada sencilla. En ese caso, creo que podré resolverlo bajo mi propia autoridad.

Considerando lo que había pasado últimamente, sobre el asunto de los monstruos en la mansión Diggory, el caso del portal del Tribunal de Herejía, etc.  Se rumorea que, si el príncipe se involucra, era porque el asunto no era nada común.

Aunque el propio Seong-jin no tenía idea de eso y solo ladeaba la cabeza, confundido.

—Hagámoslo así, Alteza. Si presenta correctamente el informe posterior y asume toda la responsabilidad correspondiente, no hay razón por la que yo no pueda ordenar una movilización de emergencia dentro de mis facultades en cuanto usted la solicite. 

—¿De verdad estaría bien?

Cuando Seong-jin reaccionó con entusiasmo, Julia Meyer habló con una expresión de resignación total.

—Sí. Al menos así se reducirá el papeleo a menos de la mitad, ¿no cree?

El problema de todo asunto es que el proceso de solicitud y aprobación es terriblemente engorroso y lento. Pero una vez que se toma acción, resolverlo suele ser más rápido de lo que parece.

“¡Qué alivio que la ayudante de la Guardia de la Capital fuera tan flexible!” 

—¡De verdad te lo agradezco, Dama Julia! ¿Qué te parece si organizamos una cena interdepartamental para fomentar una cooperación más fluida entre nosotros? ¡En cuanto reciba el presupuesto, enviaré un comunicado oficial al Séptimo Escuadrón!

Todavía es una unidad recién creada, así que tiene cierta libertad con el presupuesto añadió Seong-jin con orgullo. 

Ante eso, Julia puso una expresión incrédula y respondió con voz cada vez más débil:

—…No, es que… no hace falta que envíe un comunicado oficial.

Parecía tener una aversión total a los documentos y cuando terminó la pieza, Seong-jin se despidió de Julia. 

Era la primera vez que conversaban tan directamente, pero parecía una persona con la que se podía hablar bastante bien. Fue un encuentro satisfactorio.

“Aunque ahora que lo pienso…”

Seong-jin, algo inquieto, volvió a mirar inconscientemente hacia la mesa principal.

Y al confirmar una vez más que seguía vacía…

“Hmm…”

Finalmente entendió qué era eso que lo había estado molestando desde hacía rato. 

¿No es un poco raro que Su Majestad el Santo Emperador esté tardando tanto?

¡Ruuuum, boom!

De pronto, con su percepción agudizada, Seong-jin captó débilmente el sonido de un trueno retumbando a lo lejos.

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