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—Parece que he hecho demasiados saltos espaciales —dijo su padre.
¿Cuánto tiempo habría pasado?
El Santo Emperador fue el primero en recuperar las fuerzas. Mientras ayudaba a Seong-jin a incorporarse y lo sentaba en el sofá, habló con naturalidad. A juzgar por la expresión de su rostro, parecía que se había entusiasmado bastante con la idea de permitirle experimentar en persona la Fisura.
—Quédate aquí descansando un rato, hasta que te recuperes por completo
La cara del noble que decía eso se veía algo melancólica, por lo que una leve sonrisa apareció en los labios de Seong-jin.
—Aun así, gracias a eso fue muy divertido. ¿También lo vio, verdad padre? Ese tipo de anémonas ardiendo en llamas… ¡puaj!
—…
Como era de esperarse, una vez más una cascada de poder divino cayó sobre su cabeza.
Entonces, el Santo Emperador caminó con pasos vacilantes hacia Katrina, quien estaba arrodillada en la entrada.
Dama Katrina, que apoyó su cuerpo cansado en su espada, recuperó fuerzas rápidamente al recibir poder divino.Al parecer, aquellas terribles náuseas eran una secuela exclusiva de quienes habían entrado y salido directamente de la Fisura.
—¡Su Majestad! —Katrina se levantó de inmediato y sostuvo al Santo Emperador.
Luego Lewis se despertó, se acomodó la ropa. Poco después, los sirvientes se fueron levantando uno a uno.
Aunque todos estaban desconcertados al no comprender por qué se habían desplomado de repente, no pudieron ocultar su alegría al recibir el raro privilegio de presenciar personalmente un milagro curativo realizado por el Santo Emperador. Con el cuerpo mucho más ligero que antes, los sirvientes regresaron a terminar las tareas que habían dejado pendientes.
—¡Padre, Su Majestad! ¡Está a salvo!
—¡Su Majestad! ¿Qué sucedió? ¿Dónde está el príncipe Morres?
Justo entonces, Amelia y Masain corrieron hacia la oficina. Ellos también recibieron, sin esperarlo, un baño de poder divino por parte del Santo Emperador, quedándose completamente atónitos.
—Vamos directo al salón del banquete.
—Sí, le seguiremos, Su Majestad. —Katrina puso la mano en el pecho y bajó la cabeza respetuosamente.
Cuando el Santo Emperador se disponía a caminar por el pasillo, de repente se detuvo y giró la cabeza para mirar hacia la terraza. Por un instante, un leve brillo plateado cruzó sus ojos.
—¿Acaso Logan estuvo aquí?
—Ah, sí. Venimos juntos, pero salió al jardín persiguiendo a un asesino.
Al escuchar la respuesta de Seong-jin, el Santo Emperador frunció ligeramente el ceño.
—… Se encontraron en el peor momento posible.
—¿Eh?
—Lewis, prepara mantas adicionales y té caliente en la oficina.
Aunque la orden fue inesperada, el jefe de los mayordomos respondió dócilmente con la cabeza.
—Sí, Su Majestad.
—Ustedes también síganme. Dejemos que los niños descansen.
Amelia y Masain intentaron correr hacia Seong-jin, pero el Santo Emperador los detuvo y los llevó de regreso al salón.
—Hmm…
Seong-jin los observó un momento y cerró los ojos. Se sentía aliviado porque todo se había resuelto. Aunque el Santo Emperador parecía un poco débil, la energía que emanaba era tan calmada como siempre. Solo era un poco de mareo y no un problema real.
Así pasó un buen rato tumbado en la oficina. Entonces…
—[Lee Seong-jin.] —susurró el Rey Demonio.
—“¿Mmm?”
—[El segundo príncipe está afuera.]
… ¿Qué?
Seong-jin se levantó sorprendido. Sintió un breve mareo, pero las náuseas ya eran algo soportables.
“¡De verdad, con estos Caballeros Decaron siempre pasa lo mismo! Si no mantengo la guardia completamente alta, soy incapaz de notar su presencia. Si ya regresó, ¿por qué demonios no entra de una vez? ”
—¿No sería que estaba deprimido por haber dejado escapar al asesino? —Seong-jin refunfuñó mientras caminaba hacia la terraza.
Desde la ventana entreabierta, la lluvia entraba dentro de la oficina.
—¿Eh…?
Y entonces encontró a Logan.
Por alguna razón, no tenía intención de entrar. Permanecía inmóvil, contemplando el jardín mientras dejaba que el aguacero siguiera cayendo sobre él.
Seongjin abrió mucho los ojos.
—¡Oye!
Por alguna razón, no tenía intención de entrar. Permanecía inmóvil, contemplando el jardín mientras dejaba que la lluvia siguiera cayendo sobre él.
Seong-jin abrió mucho los ojos.
—¡Oye!
¡Vamos! ¡Se supone que fuiste un Maestro de la Espada! ¿Qué pasó con toda esa aura? ¿Cómo acabaste con el aspecto de un ratón empapado?
Corriendo hasta él de un salto, Seong-jin lo agarró del cuello de la ropa.
La temperatura de su cuerpo había descendido tanto que incluso la mano con la que sujetaba su ropa comenzó a enfriarse.
Arrastró a Logan, goteando agua por todas partes hacia el sofá de la oficina y lo obligó a sentarse. En ese momento, Lewis apareció con una manta seca y se sorprendió.
Corrió hacia ellos y cubrió a Logan con la manta mientras le ofrecía una taza de té caliente. Mientras tanto, Seong-jin y Lewis lo entendieron al mismo tiempo.
“Ah… Así que aquella orden tan inesperada tenía este motivo ”.
Cuando la situación estuvo más o menos controlada, el perspicaz mayordomo principal se retiró discretamente para darles privacidad.
—¿Qué demonios pasó? ¿Lo dejaste escapar? Vamos, tampoco es para tanto que un asesino logre huir.
—…
Logan bajó la cabeza sin decir palabra.
Sus dedos que agarraban la taza estaban pálidos, pero no parecía temblar por el frío. Ante esa señal inquietante, esperó en silencio hasta que Logan habló con voz apenas audible.
—… Lee Seong-jin.
—Sí.
—Fui un cobarde hasta el final. Dejé toda la carga a mis amigos y compañeros… no debí cerrar los ojos tan fácilmente.
—¿Qué…?
—No puedo conformarme con la excusa de ‘no tener otra alternativa’. Mientras yo hacía eso… si pienso en qué clase de sentimientos tuvo que albergar ese niño para decidir recorrer el camino de un asesino…
Logan volvió a quedarse callado, pero con esas palabras Seong-jin entendió mucho.
Parecía que el asesino era alguien que Logan conocía en su vida pasada.
Entonces era natural que aquel muchacho sintiera un profundo odio hacia el Imperio, y había terminado encontrándose cara a cara con Logan, que ahora era un príncipe imperial.
Era sencillamente, la peor de las situaciones.
“No, aunque sea así…”
—No sé todos los detalles de la guerra civil de Ortona, pero tampoco es que tú murieras tan cómodamente, ¿no?
Molesto, Seong-jin levantó un cojín y se lo lanzó a Logan, que ni siquiera lo esquivó.
¡Plaf!
El cojín golpeó suavemente su cabeza y luego cayó al suelo, rodando varias veces.
“¿Este tipo ni siquiera intenta esquivarlo? ¡Qué frustración!”
—¡Oye, idiota! ¡Hasta para sentirse culpable hay un límite! ¿Por qué demonios vas a cargar con una culpa innecesaria hacia la gente que arriesgó la vida para salvarte? ¿Qué? ¿Ese asesino te dijo algo? ¡También hay un límite para ser un desagradecido!
—…No pude evitarlo. Para ellos, yo no soy más que un príncipe del imperio enemigo.
—Claro que no puedes revelar tu verdadera identidad. Pero, dime, ¿qué hizo ‘Logan’ de Delcross para merecer ese odio? ¡Ni siquiera habías nacido durante la guerra civil de Ortona! ¡¿Acaso fue culpa tuya?!
—Pero…
—¡Y además te pasaste todo este tiempo cazando monstruos marinos por el bien de la gente! ¿Crees que cualquiera puede mantener unas fuerzas militares funcionando de esa manera durante tanto tiempo? ¡Eso solo ha sido posible porque eres un príncipe imperial! ¿Tienes idea de cuántas vidas has salvado con tus propias manos? ¡Si eres consciente de ello, empieza a caminar con la cabeza un poco más alta!
Cuando un segundo cojín voló hacia él, Logan se inclinó ligeramente para esquivarlo.
—Aunque haya salvado vidas… su miserable situación no cambia.
—¡Pero tú ya diste hasta la vida una vez! Entonces dime ¿Qué demonios se suponía tenías que hacer más?
—…
Logan, que levantó la cabeza, miró a Seong-jin, que refunfuñaba con ojos ligeramente sorprendidos. Luego curvó apenas sus ojos. Era una sonrisa algo difusa y… profundamente triste.
—Cuando en aquella llanura nos preparamos para resistir hasta el final… ¿puedes imaginar el peso que se impuso por la fuerza sobre quienes fueron obligados a sobrevivir?
Seong-jin frunció el ceño con evidente desagrado.
—No lo sé.
No puede imaginar algo así. Desde el inicio, jamás ha vivido intentando conservar su vida para el futuro.
Logan continuó hablando.
—Cuando la batalla se inclinaba sin remedio, Benicio y yo compartimos muchas charlas mientras bebíamos.
»Finalmente, llegamos a la conclusión de que tomaría mucho más tiempo de lo esperado para que floreciera una república en este continente.
»Que a menos que el imperio cambiará lentamente su conciencia a través de generaciones, este continente no tendría futuro.
»Un gran proyecto que podría llevar cien años…
»No…
» Quizás varias veces más que eso.
—…
—Sí. Te lo diré honestamente, Lee Seong-jin. Cuando morí a manos del capitán Silas, en realidad sentí un profundo alivio.
¿Quién podría cargar con un proyecto tan grande que podría tardar siglos? No tenía la fortaleza para caminar en ese oscuro túnel sin fin en silencio por tanto tiempo.
Logan dejó la taza sobre la mesa con un golpe seco y se frotó la cara con ambas manos mientras continuaba:
—Le pasé esa pesada carga a Benicio y morí libremente. Me consolaba pensando que hice lo mejor que pude ¡Qué acto más cobarde!
Y después de huir hacia la muerte, cuando volvió a vivir, ¿qué hizo?
Pensó que como príncipe enemigo tenía límites en lo que podía hacer, y que no podía traicionar a la familia que había encontrado. Así se justificó y deambuló sin sentido fuera del imperio.
Pero ahora Logan lo comprendía claramente.
La razón por la que había estado ocupado cazando monstruos marinos sin tiempo para pensar. La razón por la que no buscó más activamente a Benicio y su grupo.
—Pensaba que haría cualquier cosa por mi patria. Que ocultaría mi identidad y ayudaría desde las sombras, eso había decidido, pero…
—…
—Solo estaba huyendo.
Tenía miedo de las miradas frías que recibiría y no podía entrar en el camino, aunque conocía el atajo. Pensaba que podría cargar con cualquier deshonra, pero en realidad no estaba preparado para enfrentarme cara a cara con ninguno de sus antiguos compañeros.
Las cejas de Seong-jin se movieron un poco.
“Este idiota. Cuando comienza a cavar un hoyo para enterrar en la culpa, parece no tener fondo”.
—Ah… ¿Así que era eso?
Seong-jin se acercó como para cambiarle la manta, pero en cambio le cubrió la cabeza con ella y le aplicó una llave de cabeza con todo el afecto fraternal.
—¡Gah! ¡Oye! ¡Lee Seong-jin!
—¿Qué tal? Esta es la técnica de Lee Seong-jin, el cazador que podía romper de un solo movimiento la pierna de Blata Mentis.
Mientras Logan forcejeaba dentro de la manta sin atreverse a usar su aura para soltarse, los ojos de Seong-jin, que miraban hacia la terraza, se tornaron cada vez más feroces.
“¿Qué hijo de puta fue? ¿Quién desgraciado se atrevió a molestar a este pobre idiota?”
“Juro que no lo dejaré ir fácilmente cuando lo vea”.
♦♦♦ ╬ ♦♦♦
—¡Achís!
Sede Central del Gremio en la capital.
Greta, la directora de la sede, chasqueó la lengua mirando a Enrique, que estornudaba sin parar.
—¿Qué demonios has estado haciendo para volver completamente empapado? Hoy ni siquiera es el día del informe periódico. ¿Y por qué volviste a entrar al Palacio Imperial?
—Es la celebración de cumpleaños ¿no? Solo ocurre una vez al año, así que podría haber alguna variable inesperada. Hoy tuve suerte. Ocurrió algo muy interesante en el Palacio Principal.
—¿Algo interesante?
—Sí. El mismo fenómeno que ocurrió cuando él entró en la sala de oración apareció hoy en la oficina. El dolor de cabeza era tan intenso que resultaba difícil siquiera acercarse. Quizá sea una pista para encontrar una abertura en sus defensas
—…
Greta le tendió un paño seco y observó un momento el rostro obstinado del joven.
—…Kike.
—Soy el Número 21.
—Sí… Número 21. —Luego suspiró suavemente y preguntó—: ¿No crees que ya es hora de dejar ese odio atrás?
Enrique la miró incrédulo de aquello que acababa de escuchar.
—¿Cómo puede decir algo así? ¿No somos compatriotas que dejamos Ortona juntos?
—Sí, eso es cierto.
Desde la Academia, Greta fue considerada una prodigio y en su juventud se unió a los republicanos con fervor.
Como estratega del ejército republicano, luchó hasta el final para intentar superar aquella situación desesperada.
Al final, bajo órdenes del general Gael, recibió la misión de escoltar hasta el imperio al principe Benicio y a su hijo, Kike.
Así fue como se unió a la compañía de mercenarios Astros, y ahora ocupa un puesto importante en el gremio.
Por eso entiende bien los sentimientos de Enrique.
Desde que era un niño, siempre había seguido a ‘Bart’, de la compañía de mercenarios, como si fuera su sombra, dependiendo completamente de él.
Había ocasiones en las que incluso parecía considerar a Bart su verdadero protector antes que a su propio padre, el príncipe Benicio.
Pero luego descubrió la verdad.
Aquel hombre, Bart era en realidad el príncipe imperial de Delcross, responsable de la destrucción de su patria.
¿Cómo podría explicarse con palabras la traición que sintió el joven Kike en aquel momento?
El problema fue que, precisamente por aquella época, El Santo Emperador, que normalmente respondía amablemente a las preguntas de Kike, se volvió demasiado reservado.
Jamás intentó justificarse.
Jamás explicó por qué había terminado heredando el trono imperial.
Así la brecha entre ambos se profundizó, y Kike, entrenándose para ser asesino, llegó al punto de intentar matar al propio Santo Emperador.
Sin embargo, quienes llevan mucho tiempo en el gremio notaron algo.
El Santo Emperador permitía deliberadamente que aquel agente de información, incapaz de ocultar la intención asesina que dirigía hacia él, continuará a su lado.
Y con la excusa de darles misiones… lo enviaba a investigar la situación política del continente.
En otras palabras. Seguía educando.
Para él, Kike seguía siendo ese niño pequeño que debía proteger, tal como en su primer encuentro.
—Kike, una gran conspiración se está gestando en las entrañas del continente —dijo Greta que acaricio las arrugas que comenzaron a formarse alrededor de sus ojos.
Al principio ella también sintió una gran ira hacia el enemigo de su patria, pero después de tanto tiempo trabajando juntos. Hay cosas que acaba comprendiendo por sí solo.
—¿una gran conspiración?
—Sí —La mirada de la directora de la sede brilló con seriedad al enfrentar el rostro desafiante del joven—. Hay acontecimientos tan enormes que…
Que quizá resulten imposibles de afrontar si antes no se mantiene, aunque sea, esta forma tan irracional del Imperio…
Lo que contemplaban los ojos de aquella mujer sabía, que había dedicado toda una vida a hacer crecer el Gremio…
Era el presagio de una inmensa tormenta que estaba a punto de abatirse sobre el continente.